I

Originalmente fue la casa de un tal Stephen durante los cuarenta. Me refiero a la casa que está a la orilla del lago, ahora destartalada pero sin ánimos de caerse un día de estos. El viejo pescador, el señor Garth, nos contó lo que sabía de aquella casa. Recuerdo bien, eso ya que ese año pasaron muchas cosas en mi bar.

El viejo Garth nos contó que el tal Stephen la mandó a construir, siendo él un amigo cercano al alcalde de la ciudad y el único que regresó vivo de la guerra, de los miles de soldados del "amado" Cuartel Custer. Stephen llegó a la ciudad como héroe, en poco tiempo sus negocios, una heladería, un estudio fotográfico y el primer cine de la ciudad, lo codearon con los otros "nuevos ricos" de la ciudad.

El día cuando hizo la fiesta por su nueva casa, todos en la ciudad fueron invitados, hasta el equipo de beisbol local. Una orquesta de Jazz como las que se veían en Las Vegas animaba la fiesta, mucha comida y bebida, Garth pescó un salmón enorme, plato principal de la celebración. Es decir todo muy pomposo.

Pero luego de esa fiesta no se supo más del tal Stephen. Dejó de vérsele por sus negocios,de visitar a sus empleados,de pasear por la ciudad,por el malecón,mucho menos se le veía en los juegos de beisbol. Unos decían que cuando le llegó un paquete desde Europa algo cambió en él.

No se descubrió que fue lo que ocasionó el brusco el cambio. Aunque unos lo intentaron, pero fracasaron.

Un periodista con la ayuda de la hermana del mayordomo resolvieron, según cuentan, el asunto, pero esta información se perdió en un accidente de transito cuando estas personas se dirigían al periódico local con evidencias.

Desde ese entonces, ya nadie tocaba el tema del Stephen. Y ese hombre pasó a ser una leyenda más de esta ciudad. Como los valientes que conformaron el equipo de 1.949 de nuestra ciudad, ganadores del torneo estatal de beisbol.

Garth me hizo la señal para una nueva cerveza, la historia culminó. Y la historia de esa noche fue bastante extensa, ya que la comenzó, como siempre, con la pesca del día.

Esa noche estaba Anthony "Ligero" Smith, un descarriado, un joven que estaba dedicado al delito, un carterista de poca monta, codicioso a más no poder.

La gente como él no terminaban bien, por aquellos días cuando el comisario en jefe del pueblo era tan incorruptible. Si su padre lo hubiese visto le hubiese dado una buena bofetada, para hacerlo entrar en razón.

Pero ahora que recuerdo mejor, esa fue la última noche que vimos al hijo del gran jugador de la segunda base que haya tenido nuestro equipo de beisbol. Algunos dicen que su silueta se ve entre lo que queda de aquella casa.

II

Hay unos relatos sobre Anthony Smith y su desaparición. Hay dos relatos, que me parecen los más sensatos. Uno es del viejo Garth, última persona en verlo con vida quien lo llevó hasta la casa destartalada en una noche lluviosa. Según Garth, el muchacho se tragó el cuento del tesoro del tal Stephen y el muy desgraciado se aventuró a buscarlo.

El otro relato es más sorprendente. Al sol de hoy, no creo lo que esa noche me contaron, mucho menos quien me lo contó, pero de que es buena fuente, no lo pongo en duda ni por un minuto.

Alguien llegó a mi bar, hace tres o un año quizás, un canoso señor, su timbre de voz me recordó a alguien. Era el tal Stephen. Finalmente esa noche salió de su casa luego de muchos años encerrado en ella.

¿Sorprendidos? Yo aún sigo así. Y es por esta razón que quiero contar esta historia, quizás no me creerán unos, ni yo mismo estoy convencido del todo sobre la misma. Pero así me la hicieron llegar.

Esa casa desde siempre ha estado ahí, me dijo, solo que él nuevamente la levantó y se hizo cargo de la misma como se lo ordenaron. Pero ¿Quién le ordenó eso? Al parecer un misterioso caballero a quien Stephen salvó en sus días como soldado en territorio italiano.

Stephen salvó a este misterioso caballero de ser asesinado por un misil de artillería, aunque el señor prefirió quedarse en las ruinas a las que llamaba hogar a ser trasladado a otro sitio, un poco más seguro.

En agradecimiento el misterioso caballero le pidió que construyera una casa a las orillas de un lago, y que en la misma depositase una fortuna, la cual se iniciaría al regresar a su país natal.

Stephen no comprendía lo que le pedía aquel señor, muchos menos lo de la fortuna. El señor sacó una moneda de oro, antigua, y le dijo que con una bolsa llena de esas monedas un hombre murió, traicionado por uno de los suyos. Alrededor de esa moneda debía hacerse la fortuna, podía gastar parte de la misma, pero tendría que reponerla pronto.

Si quería liberarse de las pesadillas que desde niño lo atormentaban, tendría que hacer eso. Stephen se preguntó ¿Cómo ese señor sabía de las pesadillas que no le dejaban dormir por tanto tiempo, si apenas se estaban conociendo aquel día?

Cuando construyó la casa, las pesadillas se fueron, pero debía aumentar la fortuna y esperar a otro, alguien que tomaría su lugar como dueño de la misma. Ese misterioso viejo ya había cumplido como dueño de una casa, misteriosa, la cual se alzaba a las orillas de un lago, y le tocaba a alguien más seguir la tradición.

¿Ven las razones por las cuales no creo mucho en el relato? Demasiado extraño en este mundo tan pragmático. Pero se puso peor, el señor Stephen vino hablador esa noche.

III

Stephen me pidió dejar mis dudas sobre él y que prestase atención al relato de lo que le pasó al Anthony.

Efectivamente, el viejo Garth tenía razón, pero no sabía lo que le pasó al muchacho dentro de aquella casa, esa noche.

Los cuentos de la fortuna de Stephen y del tesoro que le llegó de Europa eran ciertos, pero debía conservar ambas cosas si quería salir alguna vez de allí, de las paredes de esa casa. Y según le dijeron, no había nada mejor que el oro para llamar a los codiciosos.

Cuando entró el descarriado joven, la puerta se cerró de forma brusca, hizo muchos intentos, forzándola a abrirse, pero en vano. Cada gota que caía martillaba el techo con fuerza, dejando a entender que de un momento a otro caería.

La sala estaba tenuemente iluminada por las luces que entraban por la ventana y por un gran agujero en el techo que mostraba la luna. Había charcos de agua por doquier.

Y no sabía por donde comenzar su búsqueda. Lo primero que hizo fue buscar su linterna, en el morral que llevaba en su espalda, donde guardaba todos sus instrumentos para su oficio de ladrón.

Pero había algo que no le era natural en el peso que llevaba, que le cayó de repente, sin darse cuenta.

Una pesada mano yacía en su hombro, desde los tobillos hasta el cuello un temblor fue subiendo de forma apresurada hasta su cerebro. No era una persona muy valiente que se diga, irónicamente se dedicaba al oficio al que más agallas había que tener. Quizás por eso, no salía de carterista, le faltaba iniciativa y coraje.

—Buenas Noches.

Anthony solo tuvo dos actos, gritar y salir corriendo hacia la segunda planta de la casa, como alma que lleva el diablo. Sin ver a la persona quien lo saludaba. Se resistió a la curiosidad morbosa de girar y ver quien era.

¿Quién era esa persona? Según Stephen, era su segundo mayordomo, o mejor dicho quien fuese su segundo mayordomo cuando vivía en aquella casa; respondía al nombre de Vladimir. De gruesa y profunda voz, acento de algún lugar de Europa Oriental y un bigote espeso, para colmo un bromista. Según palabras de Stephen, Vladimir era nuevo en el asunto de ser mayordomo.

Stephen me comentó que ni él mismo sabía donde estaba su fortuna, ya que Vladimir se encargó de esconderla, según lo establecía su "educación como mayordomo"

Y los sustos estaban por comenzar para Tony.

IV

Pobre Tony, la verdad.

Aquella casa no parecía habitada, pero lo estaba, lo que más le aterraba era aquel silencio, que apareció después de la lluvia, un silencio que lo ahogaba, que lo perseguía a cada rincón al que fuese de aquella casa. No importaba donde se escondiese, ese silencio lo acecharía, sin descanso.

—Solo debo buscar el tesoro y listo. No pasó nada.

Se dijo a si mismo, con tono amable, compasivo.

Ante sus ojos apareció el dueño de la casa, y no era Stephen. Era alguien más.

—Buenas noches Anthony, hijo mío.

—Usted no es mi padre.

Le respondió desafiante, quería demostrar valor, pero por dentro estaba aterrado. Algo le decía que esa persona lo sabía tan bien como él.

—Siempre es igual. Soy tu padre, el padre de todo el pueblo que te rechaza. Si prestaste atención a las clases de religión, como todo niño, de seguro debes saber quien soy.

Tony seguía confundido por las palabras de aquel hombre.

—Serás el nuevo dueño de esta casa. Así como lo fue Stephen.

Le comentó aquel hombre.

—No entendí a lo que se refiere.

Aquel hombre soltó una carcajada, una que duró unos segundos; incomodando más al joven Tony.

—Cada día más materialistas. Ya ni saben que son, parecen arrastrarse en las sombras, tratando de caminar.

Un silencio.

— ¿Sabes a lo que has venido?

—Por el tesoro, es bastante obvio ¿No? Soy un ladrón que entró de noche a su casa.

—un pésimo ladrón debo decirte, con todo respeto. Simplificando las cosas, si, pero hay algo más.

— ¿Cómo que algo más?

Respondió Tony molesto.

Otro silencio en aquella sala.

V

La misteriosa persona y el asustado Tony siguieron hablando.

—Quizás no me expliqué en tus términos. ¿Recuerdas la codicia que sentiste cuando escuchaste sobre el tesoro de Stephen? ¿Recuerdas que pensaste que con esa fortuna tendrías el respeto que merecías?

Tony no comprendía. Pero de alguna manera o forma, aquella persona lo conocía, así como estaba al tanto de sus pensamientos.

—Si es policía…no le temo.

Le dijo mientras mostraba su navaja, con su mano temblorosa.

—Sigues sin entender. La fortuna es tuya, finalmente así como esta casa.

— ¿¡En serio!—preguntó emocionado aquel joven al escuchar tales palabras. Seguía sin creer, o entender lo que le decía aquella persona.

Una extraña sonrisa se dibujó en el rostro de aquel hombre.

— ¿Qué tal difícil fue comprender eso? Además, necesitarías algo más que una cuchilla y tus torpes manos para matarme. Retomando el asunto, puedes usar la fortuna a tus anchas, pero debes recordar una cosa.

Aquel comentario despertó el interés del descarriado.

—Debes reponer lo que gastes. Una noche te dejaré ir de aquí, así como tendrás unos invitados.

— ¿Invitados?

—Otros como tú, pero no te preocupes por eso ahora. Asegúrate de tratarles bien.

El resto del asunto no le importó a Tony. La alegría de ser poseedor de una buena suma de dinero lo hacía feliz.

—Otra cosa más—dijo aquella misteriosa persona.

— ¿Qué es?— preguntó con desgano el codicioso joven, sin saber en que se estaba metiendo.

—No podrás salir, a menos de que lo indique o que considere tu labor culminada ¿Podrás tolerar eso?

—Claro que si.

—Me alegra entonces haberte llamado—comentó aquel hombre.

Luego de esa frase se desvaneció.

VI

Así terminó el relato del tal Stephen. Con él fuera de la casa, según, por ser demasiado blando y poco imaginativo con la visita. No entendí, y creo que ni él, comprendimos a que se refería aquella persona con esa frase.

Recuerdo que le pregunte ¿Qué iba a hacer con su vida? Y me respondió, con una sonrisa en su rostro, "Retomaré mi vida como espectador de los juegos de beisbol" y luego de esas palabras se marchó de mi bar. Y nunca lo volvía ver, aunque salió en una foto del periódico local, sentado en una de las tribunas de nuestro estadio, el que se ve detrás en la foto que se tomó nuestro equipo cuando ganaron el torneo regional.

Si lo buscan bien, lo encontrar.

La fama de Tony creció, finalmente logró que se propuso. Se especuló sobre lo que le pasó aquella noche.

Pero para mí, todos esos relatos son mentiras.

El viejo Garth le pidió a su hijo que nombrara a su nieto Anthony, según para evitar mal de ojo y malas pescas. Según él, no hay nada peor que el espíritu de un ladrón detrás de los tuyos. A muchos de los que vivimos en el pueblo y que tuvimos la desgracia de conocer a la "leyenda del ligero" nos molesta que los turistas vengan aquí a preguntar sobre él.

Pero, creo que hasta los peores hombres merecen sus minutos de fama.

Fin