*'°'° Todo Menos Tú°'°'*
por Pau S. y Ale G.

Resumen:
Kali esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Bianca es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de la persona que menos espera:
Adrián Rivera, su ex-novio.


Capítulo Tres

Por supuesto que después del numerito, la aguafiestas de Ariana comenzó a regañarme de inmediato con una voz más aguda de lo normal en ella. Me habló sobre las consecuencias del alcohol y de qué hubiera pasado si todo se descubría en aquel momento. No era tan grave, quizás la familia solo se hubiera enterado que por primera vez en su vida, Bianca se había quedado con mis sobras y no al revés, como siempre pasaba.

Como sea, no le tomé mucha atención ya que antes de poder hacer otra cosa, me quedé dormida quién sabe dónde. No sé cómo, ni bajo qué hechizo fue que desperté en mi habitación. Comencé a sentir que todo me daba vueltas y quería vomitar, pero sostuve las ganas de manera heroica, recordando mis días de juerga preparatoriana. Miré por todos lados y pude observar que mis zapatillas y demás ropa estaban perfectamente acomodadas. Seguro mi papá o la compulsiva de Ariana tenían qué ver con el asunto.

Hacía un calor infernal en mi cuarto a pesar de tener aire acondicionado, así que me deshice de mis ropas y me tiré en la cama cerrando los ojos, tratando de comprender todo de una mejor manera. Tenía la leve sospecha que lo que me pasaba era sólo la reacción por haberme encontrado a Adrián de nuevo y nada más. Sonreí gracias a que tal vez al día siguiente, ya no me sentiría tan opacada por la situación o al menos deseaba que así fuera.

En eso, alguien tocó a la puerta. No sabía si hacerme la dormida o abrir, no deseaba ver a nadie. Lo que menos quería es que me sacaran de aquel estado de resignación temprana, así que decidí no abrir.

—Kali, ¿estás despierta? Abre por favor, necesito decirte algo— Era Bianca que tocaba a la puerta.

No le abrí, pero siguió insistiendo.

¡Dios, es tan molesta!

Y aunque no quisiera, terminé por abrirle.

—¿Qué onda?— Le dije mareada por haberme levantado tan rápido de la cama.

— Ups, creo que llegué en mal momento, pero nada más quería decirte que mañana a las nueve salimos a la tienda de vestidos. Tenemos que encontrarte el vestido perfecto.

La imagen de mi misma vistiendo un vestido de algún color ridículo, me aterró demasiado. De nuevo quise vomitar.

—Está bien, pero júrame Bianca Sainz que me dejaras decidir el color. Si no, juro que saboteo tu boda como lo hice con tu fiesta de quince años— Me crucé de brazos.

Algo de historia entre ella y yo: la ridícula de Bianca quería que bailara con ella la canción de "Titanic" el día que cumplió quince. El punto es que camino a la fiesta, Bianca tropezó "accidentalmente" mientras caminaba a mi lado, haciendo así que la fiesta se quedara casi sin quinceañera, evitando a su vez que yo misma me suicidara socialmente con la voz de Celine Dion de fondo.

Ya lo sé, te juro que esta vez no bailarás nada y obviamente tú elegirás el vestido a tu gusto. Es "pinky promise"—Enlazó su meñique con el mío como cuando éramos pequeñas —Tengo que irme— Se acercó a mi viendo luego hacia los lados para ver si no había nadie —No le digas a nadie, pero Adrián se va a quedar conmigo hoy ¡Queremos adelantar la luna de miel!—Dijo entre dientes y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me quedé estupefacta por aquella confesión de Bianca. De pronto estaba hecha un desastre de emociones, me puse histérica. Estuve así durante las siguientes horas de la madrugada. El solo hecho de imaginarme a Adrián tocándola me ponía muy mal, me daba cosa. Mi mente masoquista comenzó a recrear aquellas escenas que probablemente estaban reproduciéndose en el cuarto al final de pasillo. Una escena porno tras otra.

Ni yo misma había tenido la oportunidad de estar con él de esa manera (Me refiero a lo sexual) Es decir, no digo que no hubiera tenido encuentros cercanos con Adrián, pero nunca habíamos llegado tan lejos. Nunca llegamos a hacer nada porque él me alegó siempre que me respetaba, pero eso no evitaba que cayéramos en la tentación en cuanto teníamos la oportunidad.

De hecho, recordé en aquel momento la primera vez que pasamos a segunda base y por favor, no crean que soy una pervertida una vez que lo lean: Era tarde en el restaurante y para mi mala suerte Miguel me había pedido de favor que cerrara ya que él iba a salir con Jessica. Estaba a punto de decirle que no, pero recordé que gracias a él yo aún tenía trabajo, entonces tuve que aceptar muy a mi pesar.

Ese día tenía planeado ver con Adrián una película en mi departamento/cuarto de vecindad después del trabajo, pero debido a este nuevo inconveniente tuve que llamarlo para cancelar. Él pareció sumamente comprensivo así que quedamos de vernos otro día, sin saber cuándo sería ya que él estaba ocupado casi todo el tiempo. Así que por eso yo contaba las horas para verlo y poder estar a su lado.

En ese tiempo yo era tan romántica, que incluso el recuerdo de su aroma en mi mente me hizo más fácil el tiempo que estuve limpiando la cocina antes de irme. Odiaba a Miguel en ese momento, yo debía de estar al lado de Adrián, acurrucada entre sus brazos en lugar de estar moviendo malditas cajas de verduras.

Pero de repente, una voz proveniente de afuera me asustó mientras cargaba una caja.

¿Necesitas ayuda?

Me llevé la sorpresa de mi vida al ver que Adrián estaba recargado en el marco de la puerta, lanzándome esa sonrisa que tanto me gustaba. Su cabello estaba húmedo por caminar en la lluvia de aquel día, además de que llevaba puestos sus ya conocidos tenis Nike que yo le había regalado de cumpleaños. Se veía tan bien, bueno, al menos comparándolo conmigo, ya que yo traía aún puesta mi filipina sucia de todo el día. Además, juraba que mi cabello olía a ajo, lo cual era malo porque solía abrirme el apetito.

Me sentí culpable por ser tan insignificante a su lado.

—Pensé que nos veríamos otro día.

Se acercó a mí, casi como en cámara lenta.

—Lo sé, pero me di cuenta que no podía pasar un día más sin verte. Quiero estar contigo— Dijo en voz baja.

Sus palabras me enternecieron demasiado, ahora sabía que Adrián sentía algo parecido a lo que a mí me pasaba. Fue algo raro descubrir que por primera vez en mi vida, era correspondida en el amor...o lo que sea que eso haya sido.

¿Lo dices en serio?—

Me odié por el tono lastimero de mi voz, pero Adrián asintió y me besó la frente mientras me quitaba la caja de tomates que tenía en las manos para dejarla a un costado.

Sin esperarlo, me tomó por el cuello, subiendo su mano hasta la raíz de mi cabello, aproximándome más a él. De forma desesperada, buscó mi boca, y ambas se encontraron en un beso apasionado, de esos que yo nunca había dado. Su lengua (¡Qué vergüenza me da contar esto!) se abrió paso dentro de mi boca de una manera traviesa, despertando en mi algo muy extraño.

En cada movimiento de nuestros labios sentía una pequeña descarga de electricidad, las piernas me temblaban haciendo casi imposible mantenerme de pie pero pude lograrlo ya que Adrián me sostenía de la cintura, pegándome cada vez más a él.

Después de un rato, parecía que Adrián no se conformaba con mis labios ya que comenzó a extender sus besos desde el lóbulo de mi oreja hasta lo largo de mi cuello. Con ese nuevo movimiento, sentí que ardía por dentro, tuve de pronto la necesidad de deshacerme de la sucia filipina, pero él ya lo había pensado: deslizó lentamente su mano hacía los botones de ésta pero sin distraerse al besarme. Estaba algo nerviosa ya que las cosas claramente iban a subir de tono, pero no me importó y decidí dejarme llevar. Yo también comencé a quitarle la chaqueta, lentamente la deslicé por sus hombros, tirándola a un lado en el mismo lugar donde ahora ya estaba mi filipina.

Pero supe que no sólo la chaqueta le estorbaba, así que de la misma forma quise quitarle la sudadera pero obviamente no iba a ser tan fácil. Adrián paró de besarme y lentamente subió los brazos al aire, como señal para que yo corriera la sudadera por su cuerpo. Admiré por unos eternos instantes su anatomía: no era musculoso para nada pero sin embargo, sus brazos eran firmes. Básicamente, Adrián era un flacucho adorable. Pude ver en su mirada que estaba sorprendido, seguramente no se esperaba esa respuesta de mi parte. Además, pude ver en él algo de lujuria que jamás le había conocido, y debo decir que era sumamente excitante.

Posó su mirada sobre mí.

Ahora es tu turno— Susurró mientras me tomaba de la cintura y me elevaba para sentarme en una de las mesas de la cocina.

Comenzó nuevamente a besarme el lóbulo de la oreja mientras lentamente comenzaba a desabrochar los botones de mi blusa. Lo hacía lentamente y me estaba torturando aquella acción de su parte, pero después de terminar solo quedo expuesto mi corpiño de rayitas multicolores que parecía un maldito desfile de orgullo gay. De haberme siquiera imaginado que algo así pasaría hubiera comprado uno más sexy, pero ya no podía. Me sonrojé de la vergüenza mientras Adrián posaba su mirada sobre mi pecho, inevitablemente me cubrí por la pena.

— ¿Qué pasa?— Me sonrió.

— Nada, es sólo que me gustaría omitir la parte del arcoíris sobre mis pechos.

—No tiene nada de malo, al contrario, a mi me parece adorable.

Ese instante en el que paramos sirvió para que me diera cuenta de lo que estábamos haciendo. Básicamente estaba a punto de hacer aquello con Adrián en la mesa de la cocina, la misma en donde a diario preparaba los sándwiches para su jefe. Totalmente pervertido.

Entonces, entré en pánico empujándolo mientras comenzaba a acariciar mi espalda tratando de que mi blusa terminara de caer al suelo. Su rostro mostró confusión.

— Debemos parar, alguien puede vernos y además, este no es el mejor lugar para esto.

Apenas si pude respirar para decirle aquello. Lo último que deseaba era parar pero sabía que no era correcto, entonces, comencé a abotonarme la blusa nuevamente mientras le daba la espalda a Adrián. No terminé siquiera con el primero ya que él me sujeto por detrás, obligándome a recargarme en la mesa. Sentí que se pegó ligeramente a mi espalda lanzándome su aliento por detrás de la oreja mientras sus manos comenzaban a acariciar mi vientre.

—Tienes razón así que si quieres que paremos...

Con aquello estaba más que pérdida, ahora no querría salir nunca de aquel lugar. Adrián besaba mi cuello y yo no resistí estar más sin sus labios así que ladeé mi rostro para besarlo mientras él seguía detrás de mí. Hacia a un lado mi cabello con sus manos de una forma desesperada mientras que yo con la mía atraía su rostro más a hacia mí.

Su mano izquierda seguía jugueteando en mi vientre, dándome la sensación como si mil mariposas revolotearan dentro de mí. Comenzó a dibujar la línea de en medio de mi torso sin parar de besarme.

Lentamente sentí como su mano se abrió paso por debajo de mi corpiño, y sentí sus dedos deslizándose por la tierna piel de esa zona. Con esa acción, parecía que me faltaba más aún el aire y que mi cuerpo temblaba con cada ligero toque de su mano sobre mi pecho.

Un escalofrío me llenó el cuerpo de la sensación más rara y placentera del mundo.

Deseaba a Adrián con todo mí ser, no importaba que estuviéramos en la cocina de mi trabajo, ya no me importaba nada. Por mi telenovelesco que sonara, quería ser suya en ese momento, necesitaba serlo. Supe que él deseaba lo mismo cuando sentí un pequeño bulto detrás de mi trasero, indicándome que ya estaba algo emocionado...muy emocionado.

Me acomodé para besarlo de frente mientras trataba de desabrocharle el pantalón con desesperación. Había que comprobar si lo que había sentido detrás de mí no era un sueño salido de película porno.

Ese era por mucho el momento más excitante de mi vida. Tener a Adrián pegado a mí de esa manera era como el cielo, no quería ni imaginarme qué iba a pasar si llegábamos a terminar aquello.

Estaba a punto de pasar la línea, iba a meter una mano delante de los pantalones de Adrián pero justo cuando iba para abajo…

— Izzie, buenas noch…

El desgraciado de Miguel llegó a aquella escena. Así como entró por la puerta se salió sumamente apenado, desde afuera lo escuchamos gritar lo siento. Si claro que lo sentía, justo cuando había acabado con el momento más enfermamente sensual de mi vida. Me puse colorada como los tomates de la caja y me cubrí el pecho jadeando. Comencé a reír nerviosa, Adrián me siguió y me abrazó mientras lo hacíamos. Me besaba la frente cuando ambos apenas estábamos recuperando el aliento.

— Lo siento, creo que no debimos hacer esto aquí ¿verdad?— dijo mientras él mismo me abotonaba la blusa.

— ¿Te arrepientes de algo?

Si me dices que sí, me suicido pensé. Sin embargo Adrián soltó una carcajada con el rostro hundido en la sudadera cuando se la ponía.

— ¿Bromeas?, esto fue sin duda memorable. No, fue más que eso, fue totalmente fuera de este mundo. Estaría loco si me arrepintiera— Y se acercó a besarme, pero ahora de manera tierna.

Nos vestimos rápido para salir a donde estaba Mike sentado en la calle, parecía que estaba más apenado que nosotros. No podía ni vernos a la cara.

— Miguel, mira en verdad lo sent…— me interrumpió.

No, no se preocupen muchachos, yo no vi nada. La verdad que sólo venía por unos papeles.

—¿Seguro?, ¿no me vas a despedir?— Le tenía que preguntar.

Para nada, váyanse tranquilos. Pasen buenas noches, más aún — Comenzó a reírse nervioso.

Nos reímos de su actitud tan rara el camino hacía mi casa. Aquel recorrido tomados de la mano por las calles fue hermoso. No dijimos nada y obviamente no terminamos lo que comenzamos en la cocina porque lo que había pasado no era un simple acto de cachondez del momento.

Nos detuvimos en un semáforo un momento y sin más, Adrián dijo algo que no me esperaba:

— ¿Linda? Te quiero— Soltó sin siquiera verme, parecía apenado.

— Y yo a ti Adrián— Las lágrimas quisieron salir de mis ojos, pero ya saben, soy fría como el hielo — Ok, pasemos, está en verde— Dije para disimular.

Vi en ese momento que Adrián significaba mucho más para mí de lo que hubiera imaginado. No era sólo su apariencia que me encantaba, ni que pareciera no ver todos mis defectos, sino que me hacía querer ser mejor persona.

Supe que desde aquel momento y para toda mi vida, estaría enamorada de él. Lo sabía aún después de cinco años y con aquel recuerdo en mente, confirmé que no podía engañarme: aunque me doliera admitirlo, aún quería a Adrián Rivera con toda mi alma.


Ok si, bueno...no tengo mucho qué decir más que agradecer a Adri por acordarme de esta historia. Hacía un buen que ya tenía este capítulo así que nada, terminé por subirlo para ver si a alguien le interesa. Es una historia que tiene de todo: romance, drama, comedia, sensualité y mil cosas más, asi que les pido que no la encasillen en un solo género. Eso sería muy burdo. Saludos a todos los que leyeron y bueno, me voy...lean, comenten, qué sé yo!
Ale