Original para Retos Ilustrados
Retos sueltos

N°72: Inocencia perdida.

Advertencia: ligero contenido incestuoso.


Se quedó allí, de pie, sin mover un solo dedo al principio. Parpadeó un par de veces, se frotó los ojos con el dorso de la mano y volvió a observar, abriendo y cerrando la boca un par de veces, más por asombro que por que tuviera algo para decir. Muchas preguntas llegaron a su mente, pero una sutil opresión en el pecho le dijo que ese no era el momento ni el lugar para formularlas, y que no debería estar viendo lo que veía.

Dio un par de pasos hacia atrás, hasta chocar de lleno contra algo; más bien… alguien. Una mano cubrió su boca, ahogando el grito que hubiera resonado sino en todo el pasillo. Cuando la pequeña se calmó, la presión sobre sus labios se aligeró hasta transformarse en una suave caricia. Ella giró lentamente, encontrándose con la mirada gris de su hermano, que se desviaba de la escena que ocurría tras la puerta entreabierta a los ojos interrogantes de Dan. Él la tomó de la mano delicadamente, con la suavidad y el cuidado de quien alza una valiosa pieza de cristal, y la condujo hasta su cuarto, cerrando sigilosamente la puerta luego de que hubieran entrado.

Tuvo que guiarla hasta la cama, empujándola apenas para que se sentara, viéndola tomar la conejita de peluche que le había regalado hacía ya mucho tiempo y estrecharla contra su pecho. Suspiró suavemente al volver a encontrarse con los interrogantes ojos grises fijos en los suyos.

—Dan —susurró Jake, deteniéndose abruptamente antes de continuar. Su cabeza trabajaba más de lo sanamente recomendable, buscando las palabras indicadas para explicarle a la menor lo que sucedía. Entre ambos había muy poca diferencia de edad, él era mayor por escasos minutos, pero de todos modos se tomaba muy en serio el título.

Ella no dijo nada. Continuó viéndolo, instándolo a que continuara. Así lo hizo, aclarándose la garganta antes de continuar.

—Mira… Es algo que acostumbran hacer los adultos cuando se quieren, ¿comprendes? Le llaman "hacer el amor".

Alanis torció ligeramente la cabeza, y un bucle travieso cayó sobre su rostro. Jake actuó de inmediato, acariciándole suavemente la frente mientras corría el mechón, sujetándolo tras su oreja. Acto seguido depositó un casto beso sobre la frente de la niña y la atrajo a sus brazos. Ella sonrió ligeramente, acurrucándose en el pecho del joven.

Ninguno de los dos dijo más nada. La chica no le preguntó exactamente qué había pasado, ni tampoco por qué él lo sabía o cualquier otra cosa concerniente al tema, y él se lo agradeció en su fuero interno al no verse obligado a robarle la poca inocencia que podría conservar luego de lo que había visto.

Pasaron un tiempo considerable en esa posición, disfrutando del embriagante calor del cuerpo que tenían al lado y del cómodo silencio que se había instalado. Cuando decidieron que ya era demasiado tarde la niña besó suavemente los labios del chico y se despidió con un suave "buenas noches" que el otro correspondió y sin más emprendió camino a su propia recámara.


Los mellizos bajaron a desayunar al mismo tiempo. Ambos vestían aún sus pijamas en tonos pasteles, y la chica iba con su peluche asido por una de las manos. Saludaron a su madre y se sentaron a la mesa, observando el plato de yogurt con cereales que tenían en frente.

Ninguno de los dos dijo nada sobre lo acontecido la noche anterior, pero Jake pudo notar el ligero tono carmín que adquirieron al instante las mejillas de su hermana, y se recriminó mentalmente por no haber podido evitar que lo descubriera. Ella pudo sentir las preocupaciones del otro y, aunque no estuviera segura de qué se trataba, le regaló una tierna sonrisa. Él suspiró complacido, pensando que tal vez no todo estaba perdido: Alanis continuaba siendo su inocente hermanita.

~Fin~