En el folclor Escandinavo muchas son las historias místicas que se cuentan, pero de entre todas una destaca, la leyenda de Ailur.

Ailur era una criatura misteriosa que recorría los bosques bajo la apariencia de un niño, se decía de él que tenía el poder de cumplir cualquier deseo, pero solo a aquel que lograra capturarle, cosa que era casi imposible ya que Ailur estaba dotado de una gran rapidez y agilidad.
Cuentase que en cierta ocasión, mientras paseaba por los bosques nevados, encontró a una niña a punto de convertirse en la botana de un lobo; Ailur no solía meterse en los asuntos humanos pero sentía debilidad por lo niños y al ver el predicamento en que se hallaba la pequeña no pudo evitar entrar y trabar batalla con el fiero animal.
El lobo era fuerte pero no tan rápido como Ailur que dando mil vueltas a su alrededor lo amedrento hasta hacerle huir asustado. De pronto, Ailur se vio cercado por humanos, ¡le habían engañado!, la niña era solo un muñeco y el fiero lobo resulto ser un animal domesticado; rodeado por todas partes no tuvo más remedio que dejarse atrapar por aquella gente extraña.
Los humanos lo metieron en una jaula y lo llevaron a su aldea, no paso mucho antes de que empezaran a pedir deseos y como su captura se había logrado por un esfuerzo conjunto, Ailur se veía obligado a complacerlos a todos.
Lo que la gente no sabía era que los poderes de Ailur tenían un límite y conforme el tiempo pasaba se acercaban peligrosamente a el.
El único consuelo de Ailur en aquel lugar lo representaba un anciano que se ocupaba de alimentarle; no había estado presente en la captura por lo que no tenía derecho a pedir deseos y sin embargo era quien más tiempo pasaba con él, haciéndole compañía y hablándole, de manera que mientras menos poder le quedaba más crecía su amor hacia aquel sencillo anciano.

-No te ves muy bien-le dijo el viejo una noche.
-Podría decir lo mismo de ti, amigo-le respondió Ailur con una leve sonrisa.
-¿Quieres que haga algo por ti?
-Si, pide un deseo.
-¿Yo?, no puedo…
-Créeme amigo-le dio Ailur sonriendo de nuevo-de todos aquí tú eres el único que realmente logro atraparme, vamos,…me queda suficiente energía para un deseo más…
-¿Y después?
-Me iré.
-En tal caso-dijo el viejo tomando la mano de Ailur-lo que quiero es irme contigo.
-Te la concedo amigo…y gracias…

A la mañana siguiente el cuerpo del anciano fue encontrado junto a la jaula de Ailur pero no había rastros de él.
Algunos dijeron que el hombre se había quedado dormido en la nieve, otros, que el mismo Ailur le había matado antes de huir.

Solo una cosa era segura, Ailur estaba libre y no se encontraba solo; los que lo veían correr por los bosques aseguraban ver a su lado a una gran ave, rápida como un rayo y magnifica como un halcón, que volaba siempre alerta del peligro para proteger a su amigo de la codicia del hombre.

FIN.