Réquiem

Capítulo Final: Una Despedida Sin Decir.

Selene no pudo mas que mirar, con lágrimas en sus ojos, a su amado Chorus quien seguía dormido, víctima de un gran agotamiento físico. Sabía que si lo tocaba o que si le decía algo, ella misma se rompería en mil pedazos y sería incapaz de continuar, pero su decisión ya estaba tomada y sabía que era lo mejor.

–Ya está lista la poción.– notificó Echo desde la puerta a espaldas de ella. Selene pudo sentir su corazón dar un vuelco, y a Echo esto no le era indiferente. Él también sentía un gran pesar y deseaba con todas su fuerzas no tener que seguir con nada de eso. –Tendrás que tomarla ya que estés en tu casa, te dormirás de inmediato y cuando despiertes no recordarás nada… así que si quieres decirle algo, esta es tu última oportunidad.–

–Gracias…–musitó ella tristemente y Echo salió al jardín para dejarlos solos una vez más. Sabía que su hermano no despertaría aún pero esperaba que lo hiciera y detuviera a Selene en ese instante. Selene se limpió las lágrimas y se permitió sonreírle al pelirrojo –Esta será la última vez que te vea sabiendo quien eres y sé que odiarás que haga esto sin consultártelo pero solo me resta decirte que lo hago por que te amo.– la joven se acercó a Chorus y depositó un último beso en su frente antes de irse.

Salió de la casa, ahí en la entrada la esperaban Echo y Rythm. Ninguno se veía feliz.

Echo le dio un fuerte abrazo antes de entregarle el frasco violeta donde su padre había depositado la poción del olvido.

–Cuídate. Lamento no haberte podido ayudar más, pero fue un gusto conocerte.–

–El gusto fue mío. Y confío en que seguirás cuidando bien a tu hermano por mí.–

–Por supuesto, tienes mi palabra.–

Rythm abrió el portal sin decir nada y Selene abrazó una vez más a Echo antes de dirigirse de vuelta a su casa.

Estando ya del otro lado, Selene miró al fantasma y le sonrió.

–¿Tú no vas a despedirte de mí?–

–Sería la primera vez que me despido de alguien… no sé hacerlo.–

–Rythm… yo olvidaré todo lo ocurrido pero por favor no vayas a olvidarme tú. Si Chorus quiere olvidarme después, no me importa por que sé que eso calmará su dolor, pero tú… tú por fin experimentaste lo que es vivir y espero que eso jamás lo olvides.–

–Jamás lo haré.– aseguró con gran convicción –Y tampoco la olvidaré a usted, señorita Selene.–

–Te lo agradezco. Confío en ti.–

–Gracias a usted, señorita. Fue un honor servir a su lado.– el fantasma hizo una leve reverencia y luego regresó por su portal.

Selene miró el frasco en sus manos y suspiró. Debía beberlo antes de la media noche pero primero aprovecharía que todos en el departamento seguían dormidos y ajenos en su presencia, y haría una última cosa para asegurarse que todo fuera de acuerdo a su plan.

Chorus despertó sintiéndose algo mareado y desconcertado por que era de noche. Él nunca dormía tanto ni mucho menos durante el día. Se levantó y aunque estaba débil se sentía diferente… como si le hubieran quitado un peso de encima.

–¿Selene? ¿Echo?– llamó poniéndose de pie –¿Rythm? ¿Hay alguien?– continuó llegando a la puerta, entonces Echo se acercó corriendo.

–¡Chorus! ¡Despertaste!– celebró abrazando al menor, esto solo lo hizo preocuparse más.

–¿Qué pasó?– preguntó el pelirrojo.

–Nada importante.– mintió el mayor –¿Cómo te sientes? ¿Estás cansado? ¿Tienes hambre? ¡Te prepararé algo rico de comer!– evitó Echo y soltó a su hermano para dirigirse a la cocina pero una pregunta lo detuvo en seco.

–¿Dónde está Selene?–

–¡Jugo de manzana! ¡Eso definitivamente te hará sentir mejor!– evitó responder nuevamente el mayor por lo que Chorus no pudo contenerse más y salió corriendo a la entrada principal.

–¡Rythm! ¡Rythm ven acá! ¡Rythm!– llamó el pelirrojo haciendo el esfuerzo por correr afuera buscando a su asistente. –¡Rythm! ¡Es una orden! ¡Ven aquí!– gritó desesperado y como respuesta el fantasma apareció enfrente de él.

–Aquí estoy, amo.– contestó el aludido nada contento. Chorus nunca le daba órdenes de ese modo.

–¿Dónde está Selene?–

–En su mundo.– respondió inexpresivamente.

–¿Qué está haciendo allá? ¿Qué pasó mientras dormía?–

–La señorita ha decidido regresar. Como no pudo obtener más poder de los espíritus decidió tomar una poción que borre todos sus recuerdos de usted.–

–¡Llévame con ella!–

–No.– decidió el fantasma sin titubear, Chorus se sintió ofendido.

–¿Qué has dicho?– cuestionó sin darle crédito a lo que escuchaba.

–He dicho no. No voy a llevarlo con la señorita Selene. Esto es por el bien de ambos, así que no lo haré.–

–¡¿Acaso no entiendes tu posición?! ¡Tú no decides por mí! ¡Abre ese portal y llévame con ella!–

–No.– siguió negando Rythm.

–¿Estás desafiándome? ¡¿Te atreves a desafiarme?! ¡Yo soy tu amo!–

–Y mi único amigo.– declaró el fantasma –Por lo tanto no lo dejaré ir.–

–¡Rythm! ¡Estás agotando mi paciencia!– bramó Chorus sintiéndose cada vez más impotente.

–Yo tengo suficiente paciencia para ambos.–

Chorus no pudo contener más su enojo y disparó una bola de fuego contra Rythm, quien la evitó con mucha facilidad.

–¡Abre el portal, Rythm!– ordenó Chorus nuevamente y, aunque sentía que se partía en pedazos, Rythm no hizo caso –¡Rythm!–

–Lo siento, amo… lo siento.–

A lo lejos pudieron escucharse varias campanadas provenientes de un pueblo. Choros se quedó paralizado y calló de rodillas en el suelo. Era medianoche.

–E-esto es…– balbuceó Chorus tratando de contener las lágrimas que querían salir de sus ojos. Sentía como la energía volvía a su cuerpo y su magia volvía a la normalidad, pero eso no aliviaba su tristeza.

–Ha ocurrido… ella ya lo ha olvidado… realmente lo siento, amo.– lamentó Rythm, deseando tener un cuerpo físico con el cual poder siquiera darle una palmada de aliento a su amigo.

Llegada la mañana a la residencia de los Himmel, Vanessa bajó a la cocina por un vaso de agua pero cual sería su sorpresa al ver a su prima Selene dormida en el sofá.

–¡Selene!– exclamó y corrió con la intención de despertarla y preguntarle mil cosas pero se detuvo al ver en la mesa de té una nota bajo una botella violeta.

Sin despertar a su prima, Vanessa tomó la nota y la leyó. Inmediatamente sintió un hueco en su estómago y como las lágrimas amenazaban con salir. Pero se cubrió la boca y tragó saliva para discretamente volver al segundo piso y dar aviso a sus padres. Su prima jamás volvería a ser la misma de antes.

En su palacio, Silent vio como la flama roja de su hijo volvía a la normalidad.

Los ruidos de la cocina despertaron a Selene. Cuando ella se levantó vio a su tía y a su primo que estaban preparando el desayuno.

–Ah, Selene, buenos días.– saludó su tía alegremente.

–Um… ¿qué hago en el sillón?– preguntó Selene bostezando.

–Te quedaste dormida viendo la tele, supongo.– respondió Harry.

–Ah sí… había algo que quería ver…– trató de recordar ella pero todo le era borroso. Sus familiares se miraron entre sí. –¡Ah ya! ¡Los sábados a media noche pasan películas de terror! Debo haberme quedado dormida antes de que empezara por que no me acuerdo qué dieron.– Selene rió como si nada y buscó la guía de televisión –Me pregunto cuál habrá sido.–

Desde las escaleras su padre y tío miraban sigilosamente, analizando cada palabra y acción de la chica para confirmar si lo dicho en la nota era cierto.

–Oye Selene, ya empezaron a publicar algunas fotos del baile ¿quieres verlas?– ofreció Harry.

–¡Sí! ¡Trae la computadora para verlas!–

–Que recuerdos ¿no? El baile estuvo muy divertido, y vaya que me lucí con mi cita.– presumió él –Aunque claro, no se puede decir lo mismo de ti.–

–Oye, es normal que nadie invitara a la chica nueva, pero eso no significa que no me divirtiera con Vanessa.–

–¿Nada más con Vanessa? ¿Nadie más se les unió?–

–Pues no tenemos muchos amigos… supongo que es algo innato en las brujas como nosotras.– bromeó ella. Su padre no pudo aguantar más, sus sospechas estaban confirmadas y solo había una cosa que podía hacer en ese momento… correr a abrazar a su niña. –¿Eh? ¿Papá qué haces?– rió Selene pero su padre solo la apretó más –Hey, me lastimas.–

–Derek, déjala respirar.– pidió Samuel hablando en un tono casual.

–Lo siento, es que yo…– balbuceó Derek sin soltar a su hija pero al menos no apretándola tanto.

–Sé que me extrañarás pero no es para tanto.– dijo Selene para sorpresa de todos.

–¿Extrañarte?–

–Por lo que nos dijo el consejo… desde antes del baile no he podido hacer magia así que me mandarán con mamá… sé que estás triste pero no es tu culpa, suele pasarnos a los mestizos.–

–¿Recuerdas todo eso?– preguntó Samuel acercándose.

–Duh, pues obvio. Si nomás de eso me ha estado hablando el consejo últimamente.–

–Selene… ¿Qué mas recuerdas de lo que ha pasado los últimos meses?– se atrevió a cuestionar su tía.

–¿Por qué me preguntas eso, tía?– se extrañó la castaña.

–Es que… ya que vas a irte y tal vez no te veamos en un tiempo… quiero asegurarme de que tus recuerdos de mi casa sean felices y no un tormento. Sé que lo has pasado difícil, pero en verdad quiero saber que te sentiste bienvenida aquí.–

–Ay tía.– sonrió Selene con ternura –Sé que me peleo mucho con Vanessa y que a veces molestamos a Harry, pero a todos los adoro… no me acuerdo muy bien qué pasó ese día que Vanessa me dejó inconsciente cuando practicaba un hechizo pero, aunque perdí mi magia, no los culpo de nada. Era algo que tenía que pasar y agradezco el esfuerzo que han hecho tratando que me quede… pero quizás ya es hora de que vuelva con mi mamá.–

–Hija, sobre ese incidente con Vanessa… ¿segura que no recuerdas nada más?– insistió su padre.

–Solo recuerdo que me golpeó algo y me desmayé… y luego ya no podía usar magia.–

–¿Nada más?–

–Nada más.–

Escaleras arriba, Vanessa en su cuarto miraba una y otra vez la carta que su prima había dejado esa noche, y no podía evitar llorar cada rato. Todo eso era culpa suya y no podía siquiera verla a la cara. No sabía como, no sabía qué le diría y no sabía como podría ayudarla o cómo hacerse sentir mejor. Nunca se había sentido tan impotente y arrepentida como en ese momento.

Pasaron cinco meses desde aquel día. Chorus había salido de la casa de Echo pero no había regresado tampoco al palacio. Se enfocaba solamente en su trabajo de recolectar almas perdidas y enviarlas donde su padre. Ni siquiera había vuelto a ver a su progenitor, estaba demasiado resentido con él.

Los días que tenía poco o nada de trabajo, Chorus simplemente vagaba por ahí o se sentaba a ver el paisaje, alejado de cualquier persona. Su única compañía era Rythm a veces, pero incluso le había costado trabajo habituarse a él nuevamente. Desde que Selene se fue, Chorus estuvo molesto con Rythm y Echo varios días y permaneció en su cuarto rehusándose a comer o ver a cualquiera. Se sintió traicionado por todos y quería estar solo. Cuando su cansancio y hambre fueron demasiados, recordó que Selene no hubiera querido verlo así y decidió superar su miseria y volver a ser el de antes… pero todo a su alrededor le recordaba a ella así que cuando recuperó fuerzas se marchó de la casa de su hermano.

Perdonó a Echo y Rythm pero igual quiso guardar su distancia para aclarar su mente.

Chorus había vuelto a ser un vagabundo solitario, tal y como cuando conoció a Selene, pues si ella había decidido olvidarlo, él haría lo mismo y continuaría desde donde se quedó justo antes de conocerla.

Pero, por más que lo intentara, él no podía olvidarla tan fácil ni podía quedarse tranquilo. Sentía que algo faltaba, que había una pieza suelta fuera de lugar, un asunto sin resolver.

Ese día en particular, mientras descansaba bajo un árbol viendo las colinas de la pradera donde se hallaba, estaba tan concentrado en sus pensamientos que apenas se dio cuenta que Rythm había aparecido tras de él.

–Amo, traigo noticias del palacio, se requiere su presencia ahí.–

–¿Para qué quieren verme si tú puedes decirme lo que ellos quieran?– soltó desinteresadamente sin siquiera voltear.

–Es de suma importancia…–

–¿Y si no voy qué harán? Es más ¿qué harás tú? ¿Te me opondrás y tratarás de llevarme por la fuerza?– dijo desganadamente

–Amo, yo…– la pena era notable en el rostro del fantasma.

–Ah ¿ahora sí soy tu amo?–

–¡Amo Chorus! ¡Por favor! ¡Creí que ya me había perdonado por eso!– insistió Rythm y, si los fantasmas pudiesen llorar, él lo habría hecho entonces. Chorus se levantó y lo miró con una sonrisa melancólica.

–Lo siento, no he debido desquitarme contigo.– se disculpó el pelirrojo –Es que aún me cuesta creer que me desafiaras de ese modo… aunque yo también te dije cosas horribles y me comporté como un hipócrita… siempre he dicho que eres mi amigo pero esa noche te traté como un esclavo.–

–Me lo merecía… estaba negándole verla…–

–¿Aún crees que hiciste lo correcto?– cuestionó Chorus y Rythm cerró los ojos unos segundos, meditando su respuesta.

–Sí.– dijo con algo de pesar.

–Entonces confío en ti.– aceptó Chorus finalmente, recordando que el fantasma nunca había hecho algo con la intención de lastimarlo y que a lo largo de todas sus aventuras siempre había estado a su lado –Vamos a palacio… a ver que quieren ahora.–

–Sí, amo.–

Rythm abrió el portal y Chorus lo atravesó para llegar al gran salón donde Silent conducía las almas perdidas.

–Chorus, es un gusto verte, aunque se te ve más delgado.– saludó su padre, Chorus se arrodilló, aunque no con es mismo respeto que antes sino por que era protocolo hacerlo.

–Y usted se ve igual que siempre, padre.– respondió fríamente el muchacho. Silent decidió ignorar el tono de su hijo y continuó con sus labores mientras hablaba.

–Detrás de ti hay algo que tu madre y yo hemos te preparado como obsequio. Úsalo como más te plazca.–

Chorus se giró y vio a su espalda una mesa alta y delgada sobre la cual descansaban un simple espejo redondo de marco plateado y un sobre.

–¿Qué es esto?– cuestionó el muchacho abriendo el sobre –No entiendo estas letras.– se quejó girando la carta que estaba dentro, buscándole algún sentido a los símbolos escritos.

–Son letras humanas... es la última carta que esa jovencita dejó antes de perder su memoria.– reveló Silent para sorpresa de su hijo.

–¡¿De Selene?! ¡¿Y por qué no me habías dado esto antes?!–

–Otra humana lo tenía y le tomó tiempo encontrar a tu madre para dársela y que la enviara aquí.–

–Vanessa…– supo Chorus de inmediato –¿Y qué se supone que haga con esto si no lo puedo leer?–

–Busca quien pueda traducirlo y luego el espejo te indicará qué hacer.–

Chorus no tuvo que pensarlo mucho ni tampoco Rythm. Se miraron el uno al otro y asintieron mutuamente, sabiendo exactamente lo que el otro pensaba. Rythm hizo un nuevo portal a través del cual Chorus pasó sin dudar. Silent dejó salir un suspiro, deseando que su hijo al fin encontrara la paz que necesitaba.

Vanessa estaba en su cuarto acomodando su cama cuando de pronto se abrió un portal y Chorus saltó de este, asustándola. Rythm no tardó en aparecer también.

–¡Chorus! ¡¿Pero qué…?!–

–¡Léeme esto!– ordenó el muchacho precipitadamente extendiéndole la carta.

–¿Q-qué? ¡¿Pasé meses buscando a tu madre para dártela y ni siquiera la puedes leer?!– captó apenas la humana.

–¡Ya! ¡Sólo léelo! ¡Me lo debes!–

–Está bien, está bien. Pero no será bonito.– masculló Vanessa tomando el papel y aclarando su garganta para leer en voz alta. –"Mi querida familia… lo siento, pero no pude completar mi misión con Chorus. Se nos agota la magia y si no hacía algo, ambos podíamos morir, pero me dieron una solución de lo más dolorosa. Tomé una poción que me hará olvidar todo recuerdo de Chorus y de su mundo, cortando así el lazo que nos une y regresándonos a la normalidad. Al hacer esto me he quedado sin magia por completo pero recupero mi fuerza vital. Así que cuando despierte esta mañana no me mencionen nada de él o de lo ocurrido estos meses, confirmen que haya olvidado todo y eviten que lo vea unos meses o el hechizo podría romperse. Vanessa, si lees esto, por favor no te sientas culpable y en vez de eso ayúdame y pídele disculpas a Chorus de mi parte. Los quiero mucho a todos y agradezco de antemano lo mucho que sé que me ayudarán."– leyó la muchacha y se aclaró la voz mirando a Chorus que permanecía cabizbajo, aún sin comprender el por qué le leían algo que ya sabía –Eso es lo que dejó escrito para nuestros padres, pero a mí me dejó algo más.– reveló Vanessa para desconcierto del pelirrojo –Lo descubrí cuando mis lágrimas cayeron sobre el papel, es un hechizo que ella dejó antes de perder su magia para que sólo yo pudiera leer lo siguiente… te envié la carta cuando deshice el hechizo por que pensé que tú lo debías de leer también.– aclaró y tragó saliva antes de leer nuevamente –"Vanessa, luego de nuestra aventura secreta en el baile te debes haber dado cuenta… estoy enamorada de Chorus. Lo he amado ya desde hace un tiempo, él lo sabe y corresponde mis sentimientos. Jamás había sido tan feliz. Cada día a su lado fue mágico y especial. Mi amor por él crece cada día y no puedo imaginar un dolor más horrible que el que algo malo le pase. Odio tener que olvidar todo esto, pues es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero lo amo demasiado y deseo que viva aunque sea sin mí. Sé que se frustrará y le dolerá perderme y que me olvide de él. Yo también sufriría… no, más bien sufro por ello, pero tengo fé en que él estará bien y vivirá lo suficiente para superarme y encontrar la felicidad por su cuenta. Si lo ves, dile que solo le deseo lo mejor y que, aunque yo no lo recuerde, nunca amaré a nadie como a él, pues preferiría morir yo en su lugar y no lo hago por que sé que eso le dolería aún más. Quizás el que yo lo olvide signifique que una parte de mí morirá, pero siempre y cuando él me recuerde, algo de nuestro amor seguirá vivo y eso me consuela. Vanessa, en este punto no puedo mas que agradecerte, pues a pesar de todo… si tú no te hubieras equivocado en ese hechizo, yo no hubiera conocido a Chorus. Gracias… y gracias a Chorus por todo lo que hizo."–

Vanessa terminó de leer y bajó la carta. Chorus se hallaba cabizbajo, una mano en su frente y su cabello ocultándole el rostro. La chica temió que el muchacho fuera a soltarse llorando pero en cambio él tomó un profundo respiro y levantó la cabeza, haciendo su mejor esfuerzo por mantenerse tranquilo.

–¿Dónde está ella ahora?–

–En Perú… hace meses que estudia allá y vive con su mamá.–

–Si no sé exactamente donde está o llevo a alguien que lo sepa, no puedo transportarlo allá.– explicó Rythm a su amo.

Chorus entonces supo el propósito del espejo que le habían dado.

–Mi madre tuvo que enviar la carta de este mundo al mío usando algún método… y mi padre no me daría un regalo si no es con un propósito.– Chorus alzó el espejo frente a sí y envió su magia a él a través de su brazo –Espejo, muéstrame dónde está Selene.– ordenó y el espejo empezó a brillar y flotar por sí mismo. En él se podía ver la silueta de Selene caminando por un parque hacia un edificio, Chorus sonrió para sí –Espejo, llévame con ella.–

A la orden de Chorus, el espejo empezó a brillar más fuerte hasta que su luz cubrió toda la habitación. Vanessa se tapó los ojos y cuando sintió que la iluminación era normal, vio que Chorus y Rythm ya no estaban.

–Buena suerte, Chorus.– deseó ella con todo su corazón.

Chorus y Rythm aparecieron tras unos arbustos en lo que parecía ser un gran parque. Por fortuna no había mucha gente y nadie se dio cuenta de su presencia, sin embargo por puro instinto permanecieron ocultos esperando ver su objetivo.

–Ahí está.– señaló Rythm y Chorus giró a su izquierda. Sintió sus latidos acelerarse cuando vio a la hermosa chica caminando con varios libros en sus brazos. Su largo cabello castaño se movía con el viento y usaba un hermoso vestido veraniego lila que le daba un aire apacible. La sonrisa que ella mostraba cuando saludaba a algún conocido que veía pasar le dio a Chorus un sentimiento de nostalgia. –Amo ¿qué va a hacer? Ella viene hacia acá.–

–No lo sé… ella se ve tan feliz…– el pelirrojo dudó por unos momentos pero al ver que ella pasaba por enfrente lo hizo sentir de nuevo que ella se volvería a ir sin decirle nada y eso era algo que él no resistiría. –¡Espera!– Por puro instinto salió corriendo detrás de ella pero se tropezó con sus propios pasos y terminó cayéndose y tirándola a ella también. –¡Ah! ¡L-lo siento! ¡No fue mi intención!– se disculpó torpemente levantándose y apresurándose a ayudarla, pero cual sería su impresión al verla reír como si nada.

–Está bien, tranquilo.– dijo Selene sacudiéndose el polvo de la ropa –Seguro que no te vi entre tantos libros ¿Querías algo conmigo?– preguntó ingenuamente.

Chorus se quedó sin habla. Selene no había mostrado reacción alguna al verlo. Al menos no las que él hubiera deseado. No había sorpresa, sonrojos, tristeza ni seña alguna de que intentara ocultar algo. Estaba cien por ciento seguro de que la mujer enfrente de él no tenía idea de quien era.

–No… yo… ahm… está bien así… lamento haberte molestado.– se disculpó el muchacho ayudándola a levantarse y entregándole sus libros –Parece que estás muy ocupada.– su boca lo traicionaba… aunque su mente le decía que debía irse cuanto antes, él deseaba estar con ella por lo menos un poco más.

–Sí, un poco.– admitió ella sonriendo tímidamente –Mi mamá trabaja en esta escuela y le estoy ayudando mientras me regularizo e ingreso. ¿Eres estudiante aquí?–

–Soy extranjero.–

–Ah, ya veo. Por eso tu cabello rojo ¿no? Es muy peculiar pero se te ve bien. Si vienes a estudiar deberías tomar clases con mi mamá, es la doctora Himmel, da biología.–

–Lo tendré en cuenta.–

–Bueno, debo irme, estos libros no se entregarán solos. Cuidado con andarte tropezando con extraños ¿eh? Fue un placer charlar contigo.–

–Igualmente… adiós.– se despidió Chorus tratando de ocultar su tristeza.

–Adiós.– sonrió Selene antes de continuar con su camino. Cuando la perdió de vista, Chorus volvió donde Rythm.

–Amo ¿Qué pasó? No le dijo nada.–

–Está bien así, Rythm, ella no me recuerda.–

–Pero si le dijera algo…–

–Mírala, es muy feliz ahora, ha vuelto a vivir con su madre que es lo que ella quería… no voy a arrebatarle eso.–

–¿Y qué pasará con usted?–

–Voy a ser feliz también.– decidió Chorus –Por la Selene que me amó y por mí mismo.–

–¿Está seguro?–

–Sí… ahora que la he vuelto a ver sé que es lo que me hacía falta… tenía que decirle adiós.–

–Ya veo.– Rythm comprendió que la frustración de Chorus residía en ese simple hecho… él estaba dormido cuando todo ocurrió y no tuvo un cierre apropiado para ese capítulo de su vida… por lo menos no hasta ese día.

–Vamos a casa.– pidió el pelirrojo así que Rythm abrió un portal. Antes de atravesarlo, Chorus echó un último vistazo a Selene y sonrió cálidamente –Adiós, Réquiem.–

FIN