He aquí la secuela de Doctora Corazón, centrada mayormente en los hijos de la excéntrica pareja de Ailyn y Ángel. Espero no decepcionarlos ya que es una historia muy diferente. Muchas gracias a todos ;)

Si quieres, entra en mi perfil para leer Doctora Corazón y darte una mejor idea de esta bizarra historia.

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Una última oportunidad

—Me podrías decir Angeline, ¿qué estabas pensando cuando le hiciste esa horrible cosa a tu compañera?—preguntó un hombre maduro con decenas de canas en su cabello castaño, que apoyaba los antebrazos sobre la mesa central mientras entrelazaba sus dedos, exhibiendo así, una falsa pose de autoritarismo.

— ¿Darle su merecido? —inquirió la acechada de ojos grises mientras alzaba los hombros al mismo tiempo que una sonrisa traviesa delataba su culpabilidad.

Su hermano, que se encontraban a su izquierda, se limitó a bajar la mirada negando lentamente, emitiendo un profundo suspiro de resignación.

—Ya me lo imaginaba—soltó el hombre alzando una ceja suspicaz—Y me podrías explicar, ¿cómo es qué lo planearon?

—No lo hicimos, fue algo espontáneo. Creo que fue la adrenalina del momento la que me hizo actuar de esa forma tan insensible—sonrió Angeline con cinismo, provocando que los dos espectadores rodaran los ojos.

Flash Back

—Quiero que esa maldita pague por lo que me hizo—masculló la joven para sí misma, acariciando inconscientemente su cabello dorado, el cual estaba demasiado corto para su gusto. Se encontraba oculta detrás de una pared y cada quince segundos se asomaba para ver una puerta gris que se situaba cerca de la explanada. Fruncía el ceño y luego volvía apoyar su espalda en el concreto.

Alzó su walkie-talkie y lo sostuvo cerca de sus labios.

—Aquí Ice Queen. ¿Cuál es tu diez veinte, buitre sarnoso? Cambio —preguntó por el radio y dejó de presionar el botón.

En otro lado del gigantesco colegio, un chico notablemente alto, imitaba la posición de su cómplice, apoyando su espalda y pie sobre la pared pero de una manera mucho más desinteresada.

Escuchó la voz de su hermana escapar del objeto que tenía en su mano derecha, y reaccionó con un gesto de confusión.

— ¿Mi qué? ¿De qué diablos estás hablando Angie? —preguntó por el walkie-talkie.

— ¡Cállate! ¡No digas mi nombre, tarado! Alguien podría sintonizarnos y descubrir nuestro plan, así que limítate a llamarme por mi nombre clave. Cambio—ordenó con frustración.

—Sí, sí claro Ice Queen. Pero, ¿por qué yo debo llamarme buitre sarnoso? —cuestionó casi con rencor. Su hermana podría tener una imaginación envidiable para cualquier abusivo escolar que deseara colocarse en el primer puesto de la cadena alimenticia, de eso no había duda.

—Simple, tú eres el que se encarga de la carroña, los estorbos y de los posibles testigos. Aparte…te queda bien—escuchó su pequeña risa antes de que cortara su transmisión.

—Claro, como sea—dijo algo malhumorado.

— ¿Cuál es tu posición? Cambio—volvió a preguntar Angie, pero esta vez se escuchaba más seria, eso significaba que era hora de la acción.

—Estoy en el edificio B, cerca de los baños y el cuarto de aseo…Cambio—agregó con esfuerzo después de sentir que le faltaba algo de profesionalismo a su frase.

—Perfecto, no tardará Dawson en llegar en su inspección de rutina diaria. Ya sabes que hacer. Cambio y fuera—cortó y lo dejó con las palabras en la boca. Elliott soltó un suspiró y se separó de la pared con cierto cansancio.

—Por supuesto, por supuesto. Yo siempre soy el que hace el trabajo sucio—masculló por lo bajo cuando se adentró al estrecho cuarto del conserje, en donde guardaba sus utensilios de limpieza: escobas, cubetas, trapeadores, botes de detergente y un montón de trapos sucios.

Dejó la puerta entreabierta y esperó a que Dawson pasara como lo hacía día con día, supervisando que todo estaba en orden. Típico de un chico convenenciero e hipócrita, que ocupaba el cargo de presidente en el Consejo Estudiantil.

Pasaron dos minutos más, y escuchó unos pasos aproximarse con tranquilidad. Sonrió internamente, aunque era un trabajo sucio disfrutaba de él, ya que de esa forma, se desquitaba colateralmente de ese chico que pretendía a su hermana, y aunque tratase de ocultarlo, él se daba cuenta en la forma en que la miraba. Era odioso.

En cuanto miró los cabellos rubios y bien peinados de Dawson, éste salió de su escondite, lo tomó del cuello y con otra mano cubrió su boca para opacar sus quejas. Con más brusquedad de la necesaria, Elliott lo empujó dentro del cuchitril, haciendo que cayera al suelo y junto con él, todos los productos de limpieza.

El chico apenas soltó un ligero grito de espanto debido a la acción tan inesperada. Elliott rió lo bajo y cerró la puerta detrás de él, colocando adicionalmente el candado en ella.

Se alejó unos pasos y sacó el walkie-talkie del bolsillo de su pantalón para comunicar que había cumplido con su parte.

—Objetivo número uno, neutralizado.

Angie escuchó su voz de orgullo y comprendió que todo había salido como esperaba. Sonrió abiertamente y habló.

—Perfecto buitre. Ahora el paso dos: la distracción. ¿Rachel está en su posición, cierto? Avísame cuando haga su parte. Cambio y fuera—comentó finalmente y volvió a asomar su cabeza hacía aquella puerta que todavía no se abría.

Elliott asintió aun cuando no pudiera verlo y caminó a paso rápido frente del edificio A, que estaba al costado del edificio B. Miró a su alrededor y alcanzó a mirar a Rachel, que agitaba los brazos al aire y le lanzaba un beso y un giño al mismo tiempo. Giró los ojos y le señaló al grupo de profesores que salían del aula audiovisual. Rachel asintió con emoción.

— ¡Oh, por dios! ¿Acaso esos dos estudiantes se están peleando? ¡No puede ser!—expresó Rachel en voz alta, que fingía magníficamente su sorpresa.

Notó que los profesores la miraban y giraban automáticamente hacía la dirección que marcaban sus ojos. Habían muchos estudiantes caminando por ahí y otro corrían hacía la salida, no se miraba con claridad si algunos de ellos tuviera una riña, pero cualquier cosa que fuera como mal visto en aquella institución, los profesores eran capaces de hacer todo lo posible por eliminarlo.

— ¿Por dónde niña? —preguntó un señor con horrible bigote y expresión de querer castigar a alguien. Seguramente su esposa lo había dejado sin sexo la noche pasada, pensó Rachel con diversión.

—Por ahí, ese grandote que está frente al desadaptado social con lentes—apuntó la chica con naturalidad, haciendo que el maestro la mirara mal. Pero no había tiempo que perder, así que fue inmediatamente hacía aquella dirección, acompañado de los demás destructores de vidas.

Rachel giró hacía Elliott con una ceja levantada y con clara expresión de triunfo. Le giñó de nuevo el ojo y alzó sus dedos pulgares.

El joven de cabellos negros negó lentamente ante su actitud sinvergüenza, pero mostró una casi imperceptible sonrisa.

—Listo. Los profesores tomaron la carnada. Los globos de pintura están en su posición y faltan tres minutos para que cierren el salón de clases—informó subiendo campantemente hacía el segundo piso, para tener un mejor espectáculo de la diablura de Angie.

—Diez cuatro—dijo una jovial Angie.

— ¿Qué?

—Dije "Entendido" lento. ¿Acaso no leíste el libro que te di? Hay venían todas las claves de radio que se requerían para realizar una misión de extremo sigilo—le gruñó.

—Tengo cosas más importantes que hacer que leer un inútil libro—respondió él a la defensiva.

— ¿Cómo qué? Tocar con tu guitarra un montón de notas desafinadas—rió Angie, imaginando su cara de indignación.

—En parte…—dijo Elliott entre dientes.

—Nunca me haces caso.

—Te equivocas, mi error es que te hago caso en todo, incluso me inmiscuyes en tus problemas.

Angie se quedó con la boca abierta, sin poder decir algo inteligente. Tenía razón, conscientemente o inconscientemente Elliott siempre salía embarrado en todo.

—Ok, está bien. Perdonado buitre.

—Ahora, ¿me podrías decir que le hiciste a Sandy para lograr que se quedara sola en el salón? —cuestionó intrigado mientras posaba sus antebrazos en el barandal blanco del segundo piso.

—Sólo le pegué un chicle a su butaca. Tardaría unos minutos en quitarlo de su falda—explicó Angie alzando los hombros, como si fuera algo realmente común.

—A veces tu crueldad me llega a sorprender más de lo normal Ang… Ice Queen—musitó Elliott poniendo en blanco sus ojos verdes.

—Gracias—agradeció la rubia mirando al suelo. Pero en cuanto levanto la vista, miró que la puerta que vigilaba, se comenzaba a abrir—Se está abriendo la puerta—comunicó por el radio portátil.

—Sí, ya la vi—recibió como respuesta.

—Y la zorra está en la cueva—sonrió con satisfacción.

Miró embelesada cómo su enemiga estaba por atravesar el umbral, cuando los hinchados globos que estaban colocados arriba de la puerta, sostenidos por frágiles cintas y amarrados por simples hilos que al mismo tiempo se enganchaban a la puerta, se desprendieron de la pared y cayeron encima de Sandy, llenándola de pintura blanca y ¿pequeños pedazos sólidos? Eso no lo tenía planeado.

La aludida soltó un chillido horrorizado mientras miraba su cuerpo y su hermoso cabello pelirrojo manchados de esa espesa sustancia.

— ¡¿Pero qué demonios hizo esto? —gritó totalmente estática mientras la pintura escurría de sus brazos.

Esa era la señal para Angie, que salió de su escondite y brincó frente a ella, apuntándola con un dedo.

— ¡Ajá! ¡Toma tu merecido Sandy! A ver si así aprendes a no meterte conmigo y mi cabello—manifestó con presunción y ésta la observó con fuego en los ojos.

—Eres una maldita…—masculló limpiando la pintura de su frente que amenazaba con caerle en los ojos y retirando un inidentificable pedazo de su cabeza con completo asco—Ésta me la pagas Angeline, ¡me la pagas! —chilló antes de correr a toda velocidad lejos de ahí, no quería que nadie la viera en esa humillante situación.

— ¡Ah! —Suspiró con alegría—Es tan dulce la venganza—tomó su compacto radio y habló por él—Elliott, diez veinticuatro.

Su hermano, que miraba todo desde arriba, esbozó una peculiar sonrisa. Esa era la única clave que sabía que significaba, y eso era "Misión cumplida".

—Diez veinticuatro, Angie…diez veinticuatro.

—Por cierto, ¿qué le agregaste a la pintura? —inquirió Angie un tanto extrañada.

—Cabezas de pescado.

Fin del Flash Back

— ¡¿Pintura? ¿Cómo se les ocurre hacer eso? No saben que eso está completamente prohibido—los regañó el director del colegio. Se volvió a sentar en su cómodo asiento giratorio y buscó una manera de minimizar su pésima actitud. No todo podía ser tan malo—Bueno, al menos no fueron al extremo para arrojarle restos de animales muertos.

Los mellizos se miraron mutuamente, ocultando una sonrisa con mucho profesionalismo.

—No seríamos tan malos director—mintió cínicamente Angie con una angelical expresión.

—No me digas eso Angeline. Te he tenido decenas de veces aquí, y sé que eres capaz de cosas más atroces que esta—indicó el director con reprobación.

De pronto, la puerta que estaba detrás de los hermanos se abrió de improviso, y por ella pasó una hermosa y joven mujer. Deslumbrando con un pantalón de vestir gris, una camisa de manga corta de color blanco y encima un chalequito del mismo color que su pantalón. Todo combinado con un encantador peinado recogido, luciendo magistralmente su cabello ligeramente dorado.

—Disculpa, Hank. He llegado tarde de nuevo, pero es que estaba en medio de una junta importante—habló la elegante mujer que miró con reproche a los jóvenes que se encontraban sentados de modo cohibido ante su presencia.

—No hay cuidado Ailyn. Por favor, toma asiento—señaló el hombre con su mano la silla que estaba al lado derecho de Angie. En cuanto se sentó, la adolescente se tensó y evitó por completo retirar la vista de sus manos, que jugaban nerviosamente entre ellas.

— ¿Ahora qué hicieron? —Comenzó Ailyn a deducir— ¿Lanzaron bombas de agua? ¿Iniciaron una guerra de comida? ¿Hicieron un grafiti en la entrada principal? ¿Rallaron el auto de un maestro? ¿Activaron la alarma de incendios?

—Algo un poco más drástico, esta vez fueron directamente a agredir a una alumna. La bañaron con pintura blanca—explicó el señor mirando de modo nada agradable a Angie y Elliott.

La madre de estos chicos abrió la boca y miró a sus hijos con reprimenda.

— ¡¿Qué? ¿A quién le hicieron eso? —preguntó mirando más a Angie que a Elliott.

—A Sandy—respondió ella con timidez.

—Sandy—susurró aquel nombre, hasta que recordó quién era. Sonrió ligeramente y se inclinó un poco a su hija— ¿Y le cayó en el cabello?

Angie dejó atrás el semblante castigado y le sonrió a su madre de la misma perversa forma.

— ¡Sí! ¡Le empapó toda la cabeza!

— ¡Eso es genial…!—alabó Ailyn, pero en cuanto vio al director observándola con incredulidad, recuperó la compostura—Digo, ¡eso estuvo mal Angeline! Y tú también Elliott, no debiste ayudarla. Ya les he dicho que no deben de lastimar a un ser de mayor tamaño que un gato, ¡es ilegal! Aun por más irritable, detestable y totalmente indeseable persona que sea, no debes de agredirlos—cuando terminó de hablar, miró de reojo al hombre para comprobar que su regaño había estado bien. Éste asintió vagamente.

—Perdón mamá, ya no utilizaré pintura para molestar a alguien—musitó Angie cabizbaja.

—Ni otro objeto punzocortante, sustancia tóxica o elemento que se pueda utilizar para dar una paliza.

—Bien—accedió con un cargado suspiro después de cruzar sus brazos.

—Siento mucho lo que sucedió Hank, de verdad. ¿Será el mismo castigo de siempre? —inquirió con confianza, ya que había estado ahí decenas de veces y ya sabía la rutina que acostumbraba dejarles: servicio comunitario por varias semanas según la gravedad de sus fechorías, o en extremos casos, la suspensión. Le parecía justo, ella sola no era capaz de controlarlos.

—Lamento informarte que esta vez tengo que pasar a algo más radical, Ailyn—dijo Hank posando una mano en su barbilla.

— ¿Más radical? ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó temerosa la joven madre.

—Creo que han roto bastantes cosas del reglamento del colegio, y yo he tolerado bastante de sus travesuras por ser alumnos de alto promedio, pero…Creo que debo expulsarlos definitivamente.

— ¡No! ¡Por favor no haga eso director! Juro que ya no haré nada malo, ¡lo prometo! —respondió Angie de modo dramático, levantándose de su asiento.

Ailyn la miró mortificada y tomó aire antes poner en acción su persuasión.

—Hank… sé que es un gran esfuerzo soportar a mis hijos, y sé que es bastante difícil hacerlo. Pero no creo que quieras quedarte sin dos de los chicos más inteligentes del colegio. No se vería muy bien… Pero si les das otra y única oportunidad más, te prometo que estos incidentes no volverán a pasar. ¿Qué dices? —indicó mirándolo penetrantemente con sus orbes verdes, haciendo que Hank se pusiera nervioso de sólo verla. Un rápido y muy sugerente pensamiento cruzó su mente, al notar con más claridad de la normal la belleza de la mujer.

—…Bien—aceptó con conformismo—Pero ésta es la última oportunidad, la última chicos. Si cualquiera de ustedes hace algo indebido, por mínimo que sea, tengas por seguro que serán expulsados del colegios.

Ambos hermanos asintieron, y partieron junto a su madre a casa. En el transcurso del camino, no se hicieron esperar las preguntas, que sutilmente Ailyn preparaba desde el momento en que la llamaron a su oficina.

— ¡¿Como es qué te metiste en este embrollo Angeline? —cuestionó una vez que comenzó a conducir en su antiguo pero magnífico Avenger negro.

—Perdón mamá, pero esa maldita de Sandy ya me tiene harta. ¿Ya te dije lo que le hizo a mi cabello? ¡Me cortó más de quince centímetros! —dijo tomando un mechón de su cabello, que caía poco más abajo de los hombros.

Hacía dos días que había recibido aquel doloroso golpe a su autoestima. Recordaba que se había quedado dormida en una de las clases aburridas de Historia del profesor Monroe. Tenía un poco pesado el sueño, así que no se percató que Sandy había cortado su cabello hasta que se despertó al finalizar la hora. Fue algo horrible.

—Sí, me di cuenta antes de que me lo dijeras. Pero debes comprender que estás en la cuerda floja, otra cosa más y adiós para siempre—hizo un ademán su madre, sujetando el volante con una sola mano.

— ¡No quiero que me expulsen! Todos me aman ahí—expresó tocando su corazón con ambas manos.

— ¿Te aman? —inquirió Elliott con un levantamiento de ceja, claramente en contra de lo que había dicho Angie.

—Aunque no todos lo demuestren…—respondió recelosa.

—Bueno, si en verdad no quieren ir a una escuela pública, será mejor que se comporten—continuó Ailyn sin despegar la vista de la carretera.

—Espera… ¿Escuela pública? —reaccionó Angie abriendo sorpresivamente los ojos.

—Así es. Es la única forma de intimidarlos lo suficiente para que me obedezcan.

—A mí me da igual—comentó el chico de cabellos negros que miraba distraídamente por la ventana. Angeline lo miró como si dijera una blasfemia.

— ¡A mí no! Tú no tienes verdaderos amigos, sólo desperdicias el tiempo con ese delincuente de tu amigo—habló con cierto desprecio acerca del amigo de su hermano: Byron Logan. No le caía nada bien.

—No es un delincuente—respondió Elliott mirándola con enojo.

—Como sea, lo parece—cortó enseguida y se dirigió a su madre—Pero enserio mamá, no a una institución pública, quién sabe qué malandrines habrán ahí.

—Todo depende de ustedes, sólo de ustedes.

— ¿Acaso quieres que sea la niña de la todos abusan? Si alguien se llega a enterar que no puedo hacer nada por defenderme, se arrojaran a mí como chitas hambrientas. Mamá, ¿sabes lo cruel que pueden ser los adolescentes de hoy?

Ailyn la miró con expresión divertida.

— ¿Así como tú? Vaya, ahora sí temo por ti—bromeó soltando una melodiosa risa, que por un momento dejó aturdida a Angie.

—Enserio, mis enemigas me destrozarán. Con esa amenaza del director me ha condenado, es como si tuviera las manos atadas—juntó sus muñecas para darle mayor credibilidad a su discurso.

—Quizás eso te ayude a recapacitar, entender que no puedes ir por ahí destrozando vidas ajenas.

—No destrozo vidas…—se quejó con un semblante de indignación.

—No claro que no, sólo destrozas la autoestima de los demás—se entrometió Elliott, colaborando con las bromas. Angeline se giró del asiento del copiloto y lo fulminó con la mirada.

—No es cierto—gruñó.

—Sí lo es.

— ¡Que no!

— ¡Basta, chicos! No peleen—intervino Ailyn haciendo que pararan enseguida. Ambos sabía a lo que se enfrentaban si le daban la contra a su madre. Usualmente era tranquila y bromista, pero cuando se enojaba, era toda una pesadilla viviente—Mira Angie, no puedo hacer nada para ayudarte. A partir de mañana, tendrás que sumergirte a ese mundo adolescente y tratar de sobrevivir.