El Fantasma Encadenado es una serie original de Producciones Gran Torre, se prohíbe su reproducción o uso por terceros salvo para material de Fan Fics, Fan Arts y Juegos de Rol.

Pd

Si alguien hace un Rol de esto que me avisen para entrar XD.

La Maldición de la Familia Luxember

Serie: El Fantasma Encadenado.

Género: Ciencia Ficción, fantasmas.

Fecha de inicio: 07/08/2011, 8:01 pm.

Fecha de término: 08/08/2011, 11:52 am.

Autora: Silvia Vega Gutiérrez, directora jefe de Producciones Gran Torre.

-o-

Londres, Inglaterra, 19 de Julio de 1500.

La familia Luxember era reciente, con no más de tres generaciones con un mismo apellido, la familia Luxember era asombrosamente rica para la época, tanto que eran dueños de un trozo de Inglaterra y quienes no esperaban grandes cosas de ellos murmuraban envidiosamente que tal suerte no podía durar mucho más pero el tiempo paso y los últimos miembros de la casta, Lexter y Miriam Luxember, presentaron al mundo a su primogénito, un varón.

Seis años después y sin que nada hubiera perturbado su bonanza recibirían la alegría de otro hijo, lo habían intentado por mucho tiempo sin éxito, incluso se decía que había abortado a una niña que llego en época de heladas, ahora las cosas pintaban mejor, la gestación se había dado sin problemas y las parteras llegaron a tiempo cuando empezaron los dolores del parto pero Lexter, en una actitud típica de padre preocupado, se quedo todo el día dando vueltas frente a la habitación en espera de noticias, su primer hijo lo miraba ir de un lado a otro y pronto se contagio de su nerviosismo.

De súbito un llanto inunda el aire, el fuerte reclamo de una vida dando su primera voz al mundo, Lexter se paró en seco y se quedo mirando a la puerta hasta que una partera sudorosa y con manchas de sangre en la ropa salió y le dedico una sonrisa.

-Felicidades, Señor Luxember, es un varón.

Lexter se quedo mudo dos segundos, luego soltó un grito de júbilo que sobresalto a la partera y levanto a su hijo en brazos riendo y llorando de alegría.

-¡Un varón!, ¿Lo escuchaste, Atolo?, ¡Un hermanito!

-=D

Pronto se propago la buena nueva, una sirvienta abrió una de las ventanas de arriba y grito a los jardineros negros, un hombre viejo y su hijo, que ya había nacido el niño, que era un hermoso y perfecto niño, el jardinero mayor no dijo nada pero el pequeño se alegro muchísimo.

-¿Oíste padre?, tenemos un pequeño amo.

-Sí, otro a quien servir…trae la regadera, querrán flores frescas esta noche.

-Las margaritas acaban de florecer- levanto la regadera y se quedo observando a la ventana del segundo piso donde le habían dicho que estaba la habitación del ama- Bienvenido a la vida, joven amo.

-¡Nao!

-¡Ya voy, padre!

En esa habitación Miriam Luxember yacía en la cama con su nuevo bebe en brazos, cansada pero satisfecha, había cumplido consigo misma y nada podía hacerla más feliz, Lexter entro a la habitación con Atolo, dio un beso a su esposa y contemplo a su nuevo hijo, Atolo tenía el cabello y los ojos negros pero el nuevo bebe había salido rubio como él, se preguntaba si también tendría sus ojos negros azules o habría heredado ese exótico purpura garzo que tenía su esposa.

-Es…perfecto…

-Tenemos que decidir su nombre.

-¿Ya no lo habíamos hecho?

-No le vamos a poner como a tu abuelo Jeremías- se rio- es demasiado.

-Tú querías nombrarlo como a tu abuelo Alastor- también él se rio- ¿te parece eso mejor?

-Segundo, segundo nombre, necesita un primero.

-mmm…Con la emoción no se me ocurre nada…mira su manitas, es tan pequeño, ¿Atolo era así de pequeño?- Atolo estaba a un lado de la cama tratando de llamar sin éxito la atención- ahora es frágil pero crecerá, este niño será fuerte como un león.

-…Laiyonel…Laiyon…sí, eso me gusta.

-Laiyonel Luxember, suena impecable.

-¿Mami?- al final Atolo se subió a la cama para ver bien al bebe.

-Ven, cariño, ven a conocer a tu hermanito…

-Hola hermanito…- el bebe se acurruca con cara de sueño, tiene los ojos cerrados- ¿está dormido?

-No pero pasara un tiempo antes de que abra los ojos-explico el padre- su nombre es Laiyonel y como su hermano mayor será tu responsabilidad ayudarnos a cuidarlo, tu serás su ejemplo a seguir, se que serás un buen hermano mayor.

-Sí, voy a ser el mejor hermano del mundo- tomo la manita del bebe- te lo prometo-por un segundo algo como una cadenilla de símbolos brillo en la muñeca pero fue tan rápido que nadie lo vio.

Doce años después…

Laiyon cumplió doce años y tuvo una modesta fiesta, casi una reunión de los más allegados, con una cena al aire libre en el jardín frontal; quien viera en lo que se había convertido aquel niño, quien sintiera el aire de ese lúgubre día, sin duda habría creído que las murmuraciones del pueblo al fin se hacían realidad pues aunque la familia conservaba sus tierras y su fabulosa fortuna la propia casta estaba en peligro de desaparecer.

Lexter había muerto en un accidente de casa hacia apenas un año, Atolo estaba casado, tenía un bebe de un año y otro en camino pero era de todos sabido que había pescado una desconocida enfermedad que empezaba a hacer estragos con él amenazando su vida y Laiyon…apenas un mes luego de que su padre muriera había intentado suicidarse, un escándalo que no su aspecto enfermizo y su luto riguroso no lograron ocultar, había sobrevivido para celebrar otro cumpleaños, ¿pero por cuanto más?, solo el destino lo diría.

-¿Laiyonel?

-¿Eh…?, ¿Si, Madre?

-¿Estas cansado, cariño?, ya pedí que pusieran a hervir agua, toma una taza de té y ve a dormir.

-Estoy bien, madre, en verdad- tomo la copa que pusieron frente a él cuando su hermano se puso de pie reclamando atención, en el rostro de Laiyon se reflejo el pánico.

-Deseo ofrecer un brindis, pero antes quiero agradecer la presencia de nuestros invitados esta noche…han sido tiempos difíciles para nuestra familia; nuestro padre, que en paz descanse, nos dejo hace un año y no hace sino unos meses que mi hermano…- Laiyon instintivamente se aferro las muñecas- ¿Pero para que enfocarnos en el pasado?, esta noche es para ti, hermano, feliz cumpleaños, Laiyonel.

Todos brindaron excepto Laiyon que miraba con sospecha su copa, susurro a su madre una apresurada disculpa para retirarse y todavía llevando la copa se dirigió a la mansión, a un lado de la puerta y en actitud de observador casual estaba el ya adulto y ahora jardinero mayor Nao, tenía diez años más que Laiyon y aunque su diferencia de clases les obligaba a mantener las distancias eran buenos amigos.

-Nao…- tendiéndole la copa- ¿Te parece que huele extraño?

-No sé cómo debe oler el vino bueno, señor.

-Ah…cierto…

-¿Se encuentra bien, amo?

-…No… ¿Me acompañas adentro?

-Me prohíben entrar a la casa, amo.

-…Si…lo había olvidado.

Nao observo a Laiyon entrar a la casa hasta perderlo de vista, sin imaginar que seria quizás la última persona en verlo con vida, la ultima en hablarle, porque unas horas después, cuando los invitados se iban y la gente preguntaba por él, una sirvienta entro a la casa a buscarle y lo próximo que escucharon fue un grito de horror antes de verla salir pálida como la cera.

-¡El amo Laiyon!; ¡Oh Dios, el joven amo!

Encontraron su cuerpo recostado al gran manzano del patio central, con una de las cadenas doradas de la escalera fuertemente apretada alrededor de su cuello y los ojos abiertos de pavor, nadie cerraría sus ojos, nadie le pagaría un ataúd, aquella misma noche en la intimidad de lo que quedaba de su familia lo sepultaron a la sombra del árbol sin mayor ceremonia, como a alguien que ha atentado contra su vida no una sino dos veces, y aquel sería tan solo el inicio de la verdadera tragedia.

New York, Estados Unidos, 1° de Enero de 1999.

Un joven oficial de policía que había estado echando una cabezada después de una larga noche en vela despertó sobresaltado, miro alrededor preguntándose que lo habría despertado y vio a otra oficial, una chica rubia, mirándolo con una sonrisa burlona.

-¿Durmiendo en el trabajo, Luxember?

-Ja-ja, que chistosa, como a ti no te tuvieron toda la noche patrullando por el Bronx, ¡y en año nuevo!- bostezo- solo estoy esperando a mi reemplazo para irme a casa.

-Pues ese ya llego y se fue.

-¿Por qué no lo dijiste antes?

-Te veías tan lindo durmiendo…

-La eficiencia se te fue con ese noviecito tuyo, ¿verdad?

-=b

Se fue a su casa andando, el aire aun festivo del fin de año lo despabilo lo suficiente, su nombre era Dal Luxember, uno de los dos últimos miembros de la antigua familia Luxember que quedaban con vida, después de perder a su abuelo, su padre y su hermano en la misma noche habían dejado su natal Inglaterra para irse a vivir al nuevo mundo con su hermana mayor y aunque seguían siendo dueños de la pasmosa fortuna familiar casi nunca la tocaban, ambos anhelaban una vida normal.

Al llegar al edificio de departamentos donde vivían descubrió que tenía una carta esperándolo, la abrió, la leyó rápidamente y con las palabras palpitando en su corazón se olvido del elevador y salió corriendo por las escaleras hasta su departamento.

-¡Ana!- entro sofocado- Ana…no vas a creerlo.

-¿Qué no voy a creer?- Ana salió de la cocina sonriendo, también tenía el cabello y los ojos negros- ¿se descompuso el elevador otra vez?

-Nos llego una carta… ¡De Endrich!

La sonrisa se esfumo del rostro de Ana, Endrich era su abogado en Inglaterra, el sujeto que se ocupaba de los asuntos allá para que ellos, y especialmente ella, no tuvieran que escuchar nunca sobre el lugar del que habían huido, Dal recordaba con cariño la gran Mansión Luxember, Ana solía tener pesadillas con ese lugar pero cuando su hermano le tendió la carta estuvo obligada a leer.

"Estimados Señor y Señora Luxember:

Es mi deber informarles que su propiedad en Inglaterra (La Mansión Luxember) se halla en serio peligro, una constructora pretende demolerla y solo la presencia de alguno de ustedes podrá salvar este tesoro histórico, les pido por favor viajar cuanto antes a Londres, no queda mucho tiempo.

Att: Marshall Endrich, abogado oficial."

-¿Te das cuenta?

-…

-¡Debe ser un error!, ¡Esa casa tiene más de quinientos años!

-…

-Hay que empacar, pediré un permiso en mi trabajo y reservare para el primer vuelo de…

-No iremos…

-…la mañana… ¿Qué?

-¡No iremos!... ¡No voy a ir halla!

-Ana…

-¡Olvídalo!, que la destruyan…es lo debieron hacer hace mucho…

Ana tenía los ojos empañados en lagrimas, tomo una foto de la repisa y se metió a su cuarto, su reticencia tenía motivos ya que su hijo de tres años había sido la última de una cadena de trágicas muertes cuando intento habitar la casa, ¿pero de donde venia ese sendero de sangre que había asolado a la familia durante casi cinco siglos?, se decía que los Luxember estaban malditos y todo se remontaba al suicidio del hijo segundo de los fundadores, por razones difíciles de entender el espectro de este joven se había vuelto una fuerza asesina que arrebataba la vida a todos los primogénitos de la familia.

Esto debería de haber bastado para alejar a cualquiera pero Dal era hijo tercero y un rematado exceptivo que creía que quinientos años de tragedia eran meras casualidades, su teoría se fundaba en una falta de sistema pro parte del dichoso fantasma pues algunas víctimas morían en su infancia y otras ya ancianas, muchos llegaron a creer que la maldición se había acabado hasta el triple homicidio…o lo que hubiera sido, de su hermano mayo, su padre y su abuelo; Dal no prestaba atención a esos cuentos pero si lo prestaba a una amenaza hacia el lugar en que había nacido asique por una vez dejo de lado a su hermana, empaco y se fue de América al día siguiente rumbo a su tierra natal.

Desde el aeropuerto de Londres tomo un taxi directo a al lugar, la Mansión Luxember era una enorme edificación cuadrada de tres pisos de altura construida en la cima de una colina que dominaba un pueblito tan al borde de Londres que técnicamente aun era parte de este.

Dal pago el taxi y subió el sendero maravillado de lo bien que lucía la casa después de casi cinco años de abandono, las ventanas brillaban al sol, el jardín a la derecha estaba rebosante y el cementerio familiar a la izquierda muy bien cuidado, fue allí donde vio al viejo jardinero de la familia, no podía creerlo, era un anciano negro tan viejo que Dal habría jurado que ya debía de haber muerto, pero allí estaba, justo como lo recordaba en su memoria.

-¿Señor Luxember?

-¡Nao!, bendito, ¿Qué haces aquí?

-Iba a preguntarle eso mismo, señor.

-¿Qué no es obvio?, vine a salvar la mansión.

-¿Puedo preguntar de que, señor?

Dal miro desconcertado a su alrededor, no había rastros de maquinaria o construcción alguna, lo que si descubrió con un sobresalto fue a un muchacho mirándolo desde el umbral de la casa, un chico pálido, rubio, vestido de negro y con unos grandes ojos de un extraño purpura que lo miraban fijamente.

-Nao…-dijo suave pero fríamente- ¿Con quién hablas?

-¿Y tu quien eres?- pregunto Dal.

-Pregunte primero.

-Y yo después.

-¿Nao?- llamo suspicaz.

-Es…el señor Luxember…amo.

-¿Amo?- repitió Dal sin entender.

-¿Qué es lo que hace aquí?

-No lo sé realmente amo…

-¡Tu!, ¿Qué quieres?

-¿Perdón?, vine por lo de la demolición.

-¡Demolición!- dio un paso al frente sin abandonar el umbral- nadie amenaza mis terrenos.

-Mira, a mi me dijeron que… ¡¿Tus terrenos?, ¿Quién eres?, ven aquí para que te vea.

-Mi nombre es Laiyon Luxember, esta es mi casa y no tengo porque salir para que nadie me vea, lárgate- dio media vuelta y se alejo.

-¡Oye, espera!- Dal persiguió al chico dentro y trato de detenerlo sujetándole el brazo pero Laiyon reacciono en el acto esquivando y apretándole la muñeca con inesperada fuerza- D:

-No vuelvas a tocarme.

-También soy un Luxember y exijo saber de dónde diablos saliste.

-No estás en posición de exigirme nada pero puedo permitir que te quedes- lo soltó- solo no me estorbes, Dal- se fue y esta vez Dal no lo siguió, estaba demasiado asombrado, sin embargo un minuto después…

-Oo!, ¡¿A qué hora le dije mi nombre?

Dal encontró su vieja habitación aseada, como si le hubiera estado esperando, se preguntaba si seria Laiyon el responsable de mantener la casa en tan buen estado, aunque se suponía que eso estaba entre las labores de Endrich…Endrich, más valía que tuviera una buena explicación para lo que estaba ocurriendo.

Se quedo tendido en la cama mirando al techo y tratando de poner en orden la larga y confusa serie de acontecimientos sin saber que le intrigaba más, la carta que le había llevado hasta allí o ese chico macabro, ¿Por qué no había sabido antes de él?, Nao parecía validar su procedencia aunque a Dal le sonaba raro que se refiriera a él como "Amo", y otra cosa, se suponía que del clan Luxember solo quedaban vivos él y Ana, trato de hacer cabos pero su edad, doce años aparentemente, no encajaban con las muertes de su padre asique no imaginaba de donde había salido ese cabo extra, ¿sería un impostor?, todo aquello era demasiado confuso.

Poco después de que desapareciera la luz del día su estomago empezó a sonar, no había probado bocado desde que bajara del avión y si no había logrado encontrar solución al misterio menos iba a hacerlo con hambre asique decidió salir de la habitación y buscar algo que comer, una vez en el primer piso percibió un delicioso olor a comida que le hizo agua la boca y no confiando mucho en su memoria luego de tantos años se guio por el olfato hasta encontrar a la cocina, se asomo sin entrar y se quedo atónito al ver a Laiyon cocinando.

El chico parecía conocer cada centímetro de la cocina de memoria, concentrado en una olla de estofado sus manos daban con todo lo que necesitaba sin necesidad de buscar, por el olor Dal supuso que era una sopa de invierno muy especiada, justo lo apropiado para esa noche, pensando que quizás debía tratar de trabar relación con el joven que se tomaba la molestia de cocinar para él, puso una mano en el borde da la puerta y de pronto un cuchillo volador se clavo entre sus dedos.

-OO WTF!

-Resulta evidente que aun no comprendes cuál es tu posición en esta casa- Laiyon saco el cuchillo y lo puso en su cuello- mientras esté aquí te apegaras a mis reglas y la primera es que NADIE entra a mi cocina, este yo en ella o no, número dos: tengo horarios, el desayuno a las siete, el almuerzo a las doce, el té a las tres, la cena a las seis y no espero por nadie, si tienes hambre ve al comedor y espera allí, numero tres: SAL DE MI CAMINO o la próxima vez podría no fallar.

Dal retrocedió en cuanto dejo de sentir el frio acero contra su yugular, asustado de lo que podía pasar si se atrevía a faltar a la cena se fue al comedor y se quedo bien quieto hasta que Laiyon llego con las fuentes y se ocupo de servir, al final cada quien estaba en una cabecera, Dal se quedo viendo su plato de estofado preguntándose si valdría la pena arriesgarse.

-¿Cómo se que no está envenenada?

-No lo sabes =/

-._.U

-Muchas personas darían el alma por una cena caliente, ahora come antes de que se enfrié.

Dal topo la cuchara, recogió algo de caldo, soplo y se la llevo a la boca, envenenada o no se llevo una grata sorpresa, ¡Era deliciosa!, fuerte de sabor pero sustanciosa, quizás fuera porque tenía mucha hambre pero le supo a gloria, incluso se atrevió a repetir y para su alivio Laiyon no tuvo problemas en darle otro plato.

Ahora que lo tenia de frente y aparentemente calmado, Dal pudo verlo con atención, su primera impresión de que solo era pálido porque vestía de negro contrastante tuvo que cambiar, en realidad tenía un enfermizo tono blancuzco en la piel, como si no le hubiera dado nunca el sol, se preguntaba si padecería algo, el traje le quedaba ajustado y la capa corta parecía un abrigo apenas útil, se dio cuenta de que sostenía los cubiertos con la izquierda y en la muñeca derecha llevaba colgado algo como un gran reloj que parecía muy incomodo.

-Yo recogeré los platos- dijo de pronto rompiendo el silencio que había imperado durante toda la cena.

-Claro…

-Escucha…no me gustan las personas- Dal enarco la ceja, ¿se suponía que eso era una disculpa?- pero somos parientes y eso debe significar algo…quédate lo que haga falta…

Apenas se fue con los platos, Dal salió furtivamente de vuelta su cuarto y hecho la llave, claro que se iba a quedar, pero solo hasta saber cómo sacarlo de su casa, se preparo para dormir cuando tocaron la puerta, al abrir no había nadie pero habían dejado un platito con un trozo de tarta y una nota.

-"Olvidaste el poste"- leyó Dal con desconcierto- "QUE NO SE REPITA" o0?

A la mañana siguiente Dal se quedo al desayudo y salió rápidamente, era hora de buscar algunas respuestas, Laiyon lo vio irse desde la ventana de la cocina.

-¿No cree que se le fue la mano, Amo?- pregunto Nao.

-No, si a quien casi se le va ayer fue a él X)

-¿A dónde se dirigirá?

-No lleva maletas asique va a volver, probablemente buscara a Endrich, me encantaría ver su cara cuando le pregunten por mi…oh bueno, se me antoja codorniz para almorzar, veré si quedan trufas.

Marshall Endrich era el abogado oficial de la Familia Luxember y como casi todo lo relacionado con dicha familia era heredado, su familia había trabajado para ellos desde siempre aunque Endrich era el primero en mucho tiempo que realmente amaba el negocio de la familia; era un abogado joven de la nueva escuela, como abogado de cabecera solía viajar una vez al año a América para mantener en orden las inversiones de la familia pero el resto del tiempo su trabajo se limitaba a proteger el terreno de la mansión y mantenerlo en buen estado, si alguien podía explicarle a Dal lo que estaba pasando era él.

Sin embargo Endrich, aunque se asusto un poco al ver a Dal en su oficina, se mostro tan o más sorprendido que él por la carta, la reviso minuciosamente antes de darle una opinión.

-Yo no la escribí pero es una buena falsificación, no entiendo quien querría jugarle una broma de estas, hace cinco años la casa fue declarada patrimonio británico, solo a un loco se le ocurriría amenazar esa propiedad.

-¿Entonces no hay peligro?

-Ninguno en absoluto, realmente lamento que tuviera que viajar hasta acá para nada, si puedo servirle en otra cosa…

-Pues sí, tengo solo otra pregunta.

-Claro- sonrió nervioso- lo que sea.

-Es algo simple, ¿Quién rayos es Laiyon Luxember?

-._.!

-0-