Crystal: La viuda negra

Prometí nunca amar, y cumpliré mi promesa, aunque por hacerlo me llamen "Viuda negra. Chicos, si gustan de jugar con las chicas mejor no se metan conmigo.

¿Quién es?—preguntó el chico inocentemente.

Es la hermana del difunto—respondió un señor de barba canosa.

Es muy hermosa.

No se haga ilusiones, que la señorita Crystal asemeja a una viuda negra. Parece que prometió nunca amar.


Capítulo 1: Crystal

24 de agosto, mañana es 24 de agosto. Se conmemoran tres años de la muerte de mi hermano y además me casaré.

No quiero saber qué pensarán de mí por casarme en un día como este, pero yo no escogí la fecha, no escogí nada de mi boda.

En realidad mi historia es muy poco conocida, pero antes de dar el "sí" me gustaría contarla.

Mi nombre es Crystal Wagner, nací un 28 de octubre en un pueblo sin importancia. Mi madre murió al dar a luz y mi cuidadora era la Srta. Elizabeth, de 52 años de edad.

Mi padre se casó con otra mujer, mucho más joven que él, a decir verdad para ese momento mi padre tenía 42 y ella 29. Nunca entenderé por qué lo hizo, en realidad muchas veces se lo pregunté, tenía una buena relación con mi madrastra, siempre me respondía que fue por amor.

En la inocencia de mis más tiernos años le preguntaba "¿Qué es eso?" y ella siempre me respondía "Es el sentimiento más puro que puede haber, que concentra todas tus alegrías en una persona"; claro que yo nunca lo entendía.

También tenía un hermano llamado Cristóbal, cuatro años mayor que yo.

Veamos, mi relato inicia un día mientras me columpiaba en el patio, contaba yo con solo 15 años. Me divertía, cuando alguien me empuja del columpio y caigo de narices a la tierra.

—¡CRISTÓBAL!

—Ay, no me digas que no te lo esperabas.

Bufé, en realidad mi hermano no era malo, pero ¿qué chico no disfruta haciéndole maldad a su hermanita de vez en cuando?

—Ya te he dicho que no hagas esas cosas—dije incorporándome pero sin levantarme del piso.

—Vamos Cris, no seas llorona—dijo sentándose a mi lado.

—Llorón tú—le di un golpe en el brazo, sabía que lo decía bromeando.

—Dime ¿Qué has pensado sobre el baile? ¿Con quién irás?

—Ya veo a qué venías—se ríe.

—Sí, creo que no fui muy discreto.

—Nunca lo eres.

—Pero bueno, soy tu hermano y es tu primer baile.

—Es un simple baile escolar.

—Igual es tu primer baile y quiero que te prepares bien—reí— ¿Y con quién irás?

—No estoy segura, no quiero ir con ninguno de los chicos que me han invitado.

— ¿Por qué?

—Porque me agradan, son buenos chicos, pero ninguno de ellos me gusta: Y siempre pensé que a un baile se va con alguien que te guste.

— ¿Y quién te gusta?—dijo muy serio, cosa que a mi me hizo gracia, pero aguanté la risa.

—He ahí la cuestión, no me gusta nadie—Cristóbal pareció suspirar.

— ¿Y entonces qué planeas hacer?

—Creo que no iré.

— ¿Cómo que no irás? Tienes que ir, será muy divertido.

— ¿Ah sí? ¿Por qué no me cuentas de tu primer baile a ver si me animo a ir?

—De acuerdo. Estaba en la misma situación que tú, no sabía a quién invitar. Así que invité a una chica a la que realmente no quería, se llamaba Amanda, y fui al baile con ella, y en el baile me enamoré.

— ¿De Amanda?

—No, de la pareja de un amigo, Diana.

— ¡Así fue como conociste a Diana!

—Sí, y como perdí la amistad de Josh también. Fue un momento en el que nos quedamos solos y comenzamos a hablar de música, cine y cosas por el estilo y nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común. Al final de la noche, en el calor del momento nos dejamos llevar y nos besamos, te darás una idea de los problemas que hubo luego.

—Sí, eres terrible—rió.

—Tienes razón, pero no te creas, el que la hace la paga y esto no fue la excepción. Diana y yo comenzamos a salir y al tiempo me dejó por otro con la misma facilidad con la que dejó a Josh. Y he de admitir que me rompió el corazón.

— ¡Qué horrible! ¡El amor apesta! Sabes algo, hasta ahora no me he enamorado, no me enamoraré nunca.

Cristóbal rió de buena gana.

—Dudo que cuando llegue el momento puedas evitarlo. Pero dime algo ¿Te gustaría que yo te acompañe al baile?

— ¿En serio? Claro, me encantaría.

—Entonces no se hable más.

Mi hermano se levantó y entró a la casa. Yo me levanté y me senté nuevamente en el columpio.

En qué pensaba, realmente no lo recuerdo, solo sé que lo que más me alegraba es que podría estrenar mi vestido.

Era blanco, la falda me llegaba a la rodilla, tenía una cinta en la cintura que ajustaba atando con un lazo en la espalda. Y en el pecho una gran mariposa solo hecha con las líneas en negro con escarcha, sin color de relleno, solo el blanco del vestido.

La noche del baile me veía en el espejo con el vestido, me encantaba como quedaba con mi cabello castaño ondulado y mis ojos caramelo. En eso entró mi hermano.

—Te ves muy linda Cristi.

—Gracias.

— ¿Nos vamos?

—Sí, o llegaremos tarde.

Salimos y llegamos al colegio, el baile sería en la cancha. Tan solo con entrar noté como todos se enfocaban en nosotros; supongo que no era para menos: una chica de quince años sin mucha vida social llega a un baile escolar acompañada de un chico de diecinueve años. Muy pocos sabían que éramos hermanos.

Casi inmediatamente llegó mi mejor amiga, Luzmar, con un chico que no conocía.

—Crystal—dijo abrazándome—, que bueno que viniste. Hola Cristóbal. Él es Derek, mi novio. Derek, ella es Crystal y su hermano Cristóbal.

—Ah, son hermanos. Mucho gusto.

—Un placer conocerte.

—Igualmente.

Debo decir que el rumor de que éramos hermanos corrió como pólvora y al poco rato había muchas chicas viendo a mi hermano, de más a decir verdad, dado que casi todas tenían pareja.

Rápidamente Luz arrastró a Derek a la pista de baile y Cristóbal y yo los seguimos. Bailamos un par de canciones hasta que me sentí incómoda por toda la gente que nos miraba.

Salimos de la pista y nos colocamos a un lado. Afuera, a cierta distancia vimos a Luz con Derek.

—Estos niños de hoy—dijo mi hermano moviendo la cabeza de un lado a otro.

—Ja ja, no hables que tú hacías cosas peores.

—Eh, eh; no digas esas cosas que soy tu hermano mayor y tu ejemplo a seguir—dijo con falso aire de prepotencia.

—Sí—dije riendo—. Lindo ejemplo el que tengo.

—Ejem. Disculpen—dijo una chica rubia de ojos cafés, más oscuros que los míos— ¿Bailarías conmigo?

—Sí, claro—dijo Cristóbal seguramente por cortesía y siguió a la chica.

Ya la había visto antes, era de último año. Yo me quedé allí; viendo de reojo a Luz y a Derek. Cuando Luz sale corriendo hacia la escuela mientras Derek volvía tranquilamente al baile. Inmediatamente corrí tras Luzmar, la encontré en el baño, con el maquillaje corrido y los ojos hinchados.

—Luz… ¿Qué pasó?

—Es-es-estaba co-con Derek y-y-y el me dijo que-que no quería seguir co-conmigo porque había co-conocido a una chi-chica más bonita que yo—dijo Luz como pudo en medio del llanto. Insulté a Derek por lo bajo y me acerqué a ella que estaba sentada en el piso.

—Ya tranquila; no llores por ese patán, eres hermosa y él es un tonto que no supo apreciarlo.

—Yo-yo lo quería.

—Lo sé, pero ya no llores, no vale la pena.

Me senté a su lado y la abracé sobándole la cabeza. Realmente no mentía, Luzmar era muy bonita, pelirroja natural, con el cabello liso largo, piel clara y ojos aguamarina, era delgada aunque no muy alta.

"El amor apesta, ahora si estoy convencida—pensé—no me enamoraré nunca. No sufriré por ningún chico"

Nos quedamos así un rato, sin hablar. Poco a poco Luz fue dejando de llorar.

"Sólo dime todo lo que sientes, quiero que lo intentes one, two, three, go!"

Era en mi celular que sonaba una canción de Belanova. Contesté, era mi hermano.

—Aló.

— ¿Dónde estás?

—En el baño, ahora no te puedo explicar pero ¿Podemos irnos ya?

—Sí, supongo, te espero en el auto.

Como pude convencí a Luz de salir del baño e ir a mi casa. Por el suspiro que dio Cristóbal cuando nos vio advertí que no tendría que dar explicaciones.

Subimos al auto, llegamos a mi casa y nos encerramos en mi cuarto, a ver películas y comer golosinas toda la noche; no era la primera vez que hacíamos una pijamada improvisada, y a nuestros padres no les importaba siempre y cuando avisáramos. Eventualmente se le fue pasando la depresión y yo propuse una gran prueba, ir al parque donde solían ir todos los chicos de la escuela y donde probablemente estaría Derek, ella aceptó.

Fuimos al parque un lindo sábado en la mañana. Era un parque grande y hermoso, con un lago, cerca de él nos sentamos a ver las nubes, los animales y las personas. Al rato Luz fue a comprar unos helados y casi inmediatamente llegó Derek y se sentó a mi lado.

—Hola Crystal.

—Derek

—Estás así por Luz ¿verdad?—no contesté—. Mira, realmente lamento lo que pasó; pero intenté ser sincero con ella, hubo otra chica que apenas la vi me encantó—dijo en tono seductor—, y sencillamente me enamoré de ella, y no me pareció justo para Luz seguir, estando enamorado de otra.

"Patán mujeriego" fue lo que pensé.

— ¿Y sabes quién es esa chica?—continuó en el mismo tono, tomó mi barbilla y me obligó a mirarlo—. Tiene un nombre hermoso, se llama Crystal.

Me sonrojé de pura rabia, pero por su boba sonrisa debió pensar que era otra cosa.

"Perdóname por esto Luz, pero tengo que darle una lección a este patán descarado". Sonreí tímidamente y desvié la mirada.

—Eres tan hermosa Cris—me susurraba al oído—, me gustaría tanto que…

No lo dejé terminar, me levanté y él de igual manera, tomé su mano y comencé a caminar.

—Me gustaría tanto que…

— ¿No vas muy rápido?

— ¿Ah? Bueno, si quieres podemos ir más lento.

—No, no—dije fingiendo nerviosismo—. Es que yo nunca he tenido novio y menos alguien que me dijera cosas tan lindas. —lo miré y sonrió pícaro.

—Pues no te preocupes, que yo puedo decirte eso y mucho más.

—Realmente me gustas, no creí que tú sintieras lo mismo—dije con una sonrisa "soñadora"

—Por supuesto, eres tan hermosa, es inevitable enamorarse de ti.

Probablemente estaría pensando que se consiguió a una "chica fácil", pero ya era hora de bajarlo de esa nube. Lo detuve e hice que volteara hacia mí, me paré frente a él y coloqué mis manos en su pecho.

— ¿Te puedo besar?

—Claro—ya se disponía a besarme cuando lo detuve.

—Espera, será mi primer beso así que ¿puedo dártelo yo?—dije suave y dulcemente, con mis labios a pocos milímetros de los suyos.

—Aja—dijo en una exhalación.

—Cierra los ojos.

Lo hizo y quiso rodear mi cintura con sus brazos mientras yo acercaba un poco más mis labios, cuando lo empujé con todas mis fuerzas, no se dio cuenta de que estaba parado al borde del lago, que estaba detrás de él, no pudo mantener el equilibrio y cayó estrepitosamente al agua.

—Para que aprendas a no jugar con las chicas—dije, di media vuelta y me aleje. A mi alrededor escuché silbidos, pitas, risas, abucheos, felicitaciones, de todo un poco. Caminé rápidamente hacia Luz, que creo observó todo porque tenía lágrimas en los ojos pero una gran sonrisa en los labios.

—Perdóname, Luz.

—No hay qué perdonar; al principio sí pensé que me habías traicionado, pero valió la pena ver como arrojabas a Derek al agua. Gracias—me abrazó con fuerza y yo hice lo mismo.

Nos reímos de eso mucho rato, pero era solo el inicio.

Después de eso me aparecieron muchos pretendientes. Chicos… ¿Quién los entiende? Tiras a uno al lago y te llueven. Pero realmente ninguno de ellos me interesaba. Mantenía mi propósito de no enamorarme nunca. Pero gracias a ellos gané mi fama, y por qué no mi apodo de "Viuda negra".

No me juzguen mal, primero averiguaba como eran los chicos, si eran buenos chicos y solo tuvieron la mala suerte de enamorarse de mí, los rechazaba tan amablemente como podía; si eran como Derek, entonces si me disponía a darles una lección.

De todos los chicos que cayeron en mis manos guardo una colección de nombres: Domingo, Alberto, Carlos, Bruno, y podría seguir, pero no los aburriré con eso. En cambio pienso que les serían más interesantes algunos ejemplos.


Damián

Fue el mismo día que empujé a Derek al lago (repito ¿Quién entiende a los chicos?). Me encontraba sentada a la orilla del lago lanzando piedritas a éste, cuando llega y se sienta a mi lado. Yo sabía quién era, estaba en último año, un chico popular, y con novia.

—Crystal ¿Cierto? Soy Damián.

—Sé quién eres—dije indiferente.

—Oye, le diste su merecido a ese tipo.

—Aja—continué sin interesarme en la conversación.

—Te preguntarás qué hago aquí.

— ¿Qué comes que adivinas?

—Bueno, tal vez hayas oído que no trato muy bien a las chicas, y, aunque me duele, debo admitir que tienen razón—"Qué bueno que lo reconoces" pensé—. Pero realmente quiero cambiar y creo que eres la mejor chica para eso.

— ¿No tenías novia ya?

—Si me quieres dejaría a todas las chicas por ti.

"De acuerdo, Derek es un descarado, pero éste se salió de la escala"

— ¿En serio?—dije dulcemente recostándome de él y sacando un espejo, en el cual vi justo lo que quería ver—. ¿La dejarías por mí?

—Sí, por supuesto.

— ¿Cómo se llama tu novia?

—Yaquelin ¿por qué?

— ¿Dejarías a Yaquelin por mí?—dije un poco más alto en tono de niña pequeña.

—Claro, por supuesto—dijo riendo.

— ¿Ah sí?—dije tomando un puñado de tierra y separándome de él— Es todo lo que quería oír—le arrojé la tierra en la cara y me levanté.

— ¡Pero ¿qué te pasa?—se levantó de golpe limpiándose la cara, su cabello rubio por delante se veía marrón y su cara blanca como la nieve también, creo que lo único que no era marrón eran sus ojos color miel.

Estaba a punto de comenzar a gritarme cuando notó a una chica pelinegra de cabello corto.

—Yaquelin yo…

— ¡¿Pensabas dejarme por esta niña?—gritó.

—No, claro que no.

— ¿Entonces pensabas engañarnos?—dije echando leña al fuego. Damián quedó mudo.

—Con que…grandísimo… —a Yaquelin se le atoraron las palabras de la rabia.

—Ahí te lo dejo linda, y una sugerencia, con el agua se le caerá la tierra de la cara—la pelinegra me entendió perfectamente.

— ¿Sabes qué? Tienes razón—y empujó al rubio que al igual que Derek cayó al lago. Yaquelin se fue inmediatamente, muy molesta.

—Adiós, patán número dos—seguí mi camino dejándolo en el agua.

No se preocupen, no todos terminaron en el lago.


William y Nick

Recuerdo que estaba en la escuela, faltaba poco para mi cumpleaños 16, y en eso pensaba cuando se me acercó un chico de 4º B (yo estudiaba en 4º A)

—Hola Crystal.

—Hola ¿Te conozco?

—No, creo que no, me llamo William, mucho gusto.

Ya había oído de él, con un grupo de amigos gustaban de las fiestas de sábado en la noche y salir con varias chicas a la vez.

—Igualmente.

—Dime ¿tienes algo que hacer esta noche?

—Sí, saldré con unas amigas.

— ¿Y mañana?

—Visitas—ya se veía desilusionado.

— ¿Y el sábado?

—Creo que el sábado estoy libre.

— ¿Te gustaría cenar conmigo?

—Sí ¿Dónde?

— ¿En el café Rossi te parece bien?

—Claro.

—Paso por ti a las…

—No—interrumpí—, encontrémonos allá a las siete.

—De acuerdo, si quieres nos vemos allá—me dio un beso en la mejilla y se fue.

Al día siguiente se me acercó otro chico.

—Hola linda—"Cada uno como que es más altanero que el anterior" pensé

—Hola.

—Soy Nick—"Uno de los 'amiguitos' de William"—, me preguntaba si te gustaría salir el sábado en la noche.

—Por supuesto ¿Cenamos en el café Rossi?—por su cara de consternación se notaba que no estaba acostumbrado a que fuera la chica la que hiciera los planes.

—Claro ¿A qué hora?

—Veámonos allá a las siete.

Estábamos sentados en un banco en el patio que estaba en el centro de los edificios del liceo, yo viendo al frente, cuando acercó su boca mucho a mi oído, tanto que pude sentir su aliento.

—De acuerdo—se levantó y sonrió con picardía guiñándome un ojo. Me sonrojé inevitablemente, pero pasó rápido.

Tuve suerte, darles una lección a estos dos sería sencillo.

A las 7:15 P.M. del sábado llegué a la cafetería Rossi y me encontré con dos chicos discutiendo, uno era pelinegro, de cabello corto, ojos muy oscuros, casi negros, fornido, guapo, debo admitirlo. El otro tenía el cabello medio largo rojizo, ojos caramelo iguales a los míos, un poco más bajo que el anterior. El primero era William y el segundo Nick.

— ¡Idiota!—dijo Nick.

— ¡Tarado!—respondió William.

—Hola chicos.

— ¡Crystal!—dijeron al unísono.

— ¡Dile a éste que viniste conmigo!

— ¡Que ella vino conmigo por última vez!

Nick golpeó a William directo a la mandíbula, e inmediatamente éste le salto encima y lo hizo caer.

— ¡Chicos!—ambos voltearon a mirarme—. Ya veo que a ustedes les gusta que las chicas los compartan pero no les gusta compartir. Espero aprendieran lo que se siente. Adiós—di media vuelta y salí del café, dejándolos con la boca abierta.


—Crystal ¿No crees que estás llegando un poco lejos?—me dijo Luz mientras almorzábamos en el patio del colegio.

— ¿De qué hablas?

—De que rechazas a todos los chicos que se te acercan y a muchos los has humillado o algo así.

—Oye, a los que he decidido hacerles algo se lo merecían.

—Sí, pero igual te estás ganando muy mala fama. Por ahí oí que te llaman "La viuda negra". Cris, te comparan con una araña.

— ¿Y qué hay de malo?

— ¡Qué te comparan con una araña!

—No importa lo que diga la gente, soy como soy y no voy a cambiar porque se les antoje.

—Pero vamos ¿Por cuánto tiempo piensas seguir con esto?

—Por el tiempo que los chicos me sigan.

— ¿Qué? ¿Los rechazarás a todos? ¿Ni a uno le darás la oportunidad de conquistarte de verdad?

—No, nunca me enamoraré.

Luz suspiró, sabía que cuando me ponía así no había persona en el mundo que me hiciera cambiar de opinión.

Otras personas me dijeron cosas similares, amigos, mi hermano e incluso mi madrastra; sí, tan lejos llegó el rumor. Pero yo seguí, no abandonaría mi objetivo así como así.

Del resto mi vida transcurría normal, veía mis clases, estudiaba, compartía con mis amigos, todo lo que hace una adolescente normal.

Me gradué del liceo y entré a la universidad a estudiar derecho. En la universidad los chicos eran aún peores y con uno de ellos daré mi último ejemplo.


Alan

Me encontraba estudiando en uno de los patios del campus, cuando se me acerca un chico.

—Buenas ¿Tú eres Crystal Wagner?

—Sí, soy yo.

—El profesor Echeverría te está esperando en la sala de audiovisuales.

— ¿Qué? ¿Para qué?

—No lo sé, yo solo soy el mensajero.

—De acuerdo, gracias.

Me dirigí a dicha sala. Ya para ese momento yo tenía diecinueve años; mi reputación de "Viuda negra" había crecido y mis lecciones se habían vuelto más elaboradas, por alguna razón los chicos seguían acercándose, nunca lo entenderé.

Llegué a la sala y en vez de encontrar al profesor me encontré con un chico moreno de cabello negro rizado.

— ¿Quién eres? ¿Dónde está el profesor Echeverría?

—No vendrá. Mi nombre es Alan Ximénez, un placer conocerte—dijo besando mi mano.

—Lo siento, tengo prisa—intenté salir cuando me detuvo.

—Tienes fama Crystal, dicen que no has aceptado a ningún hombre.

— ¿Y…?—inquirí.

—Tal vez solo necesites al hombre correcto.

—Sí, tal vez.

En medio de caricias, que debo decir fueron incómodas porque yo no sentía nada por él, conseguí lo que quería, la llave del salón. Lo fui guiando hacia la puerta y al llegar a ahí la abrí, me safé de sus brazos, salí y lo encerré.

— ¡Crystal abre la puerta!—gritó desde dentro varias veces, tanto que un grupo de personas se reunió junto a la puerta.

—Te dejaré salir si respondes a mis preguntas con la verdad.

— ¡¿Qué?

—Es tu única opción.

—Está bien—todos se veían divertidos con la idea.

— ¿Quién eres y cuántas novias tienes?

— ¡ ¿QUÉ?

—Responde o no saldrás, y más te vale decir la verdad porque si mientes lo sabré.

—Soy Alan Ximénez y tengo cuatro novias.

— ¿Quieres a alguna de ellas?

—No.

—Es todo lo que quería saber—abrí la puerta con todos lo que se habían reunido a mi alrededor impactados. Alan tuvo que correr o lo iban a matar a golpes ahí mismo.

Decidí dejar que el rumor siguiera su curso sabiendo que tarde o temprano llegaría a oídos de las novias de Alan.


Me encontraba en una cafetería con Cristóbal, hablando de mi última víctima, el mismo Alan, un domingo temprano. La cafetería era de paredes color crema con mesas de un tono entre vinotinto y marrón, y sillas también de color crema.

—Cris, tienes que dejar esto e intentar encontrar a un buen chico que te guste.

— ¿Por qué todos insisten con lo mismo? Yo nunca me enamoraré y seré una "viuda negra" para siempre.

—Ya basta ¡Ah!—Mi hermano se llevó las manos a la cabeza.

— ¿Estás bien?

—Sí, es solo el dolor de cabeza.

—Deberías ir a un médico, últimamente esos dolores te están dando muy fuertes y muy seguidos.

—Estoy bien. No me cambies el tema.

—Bueno, te decía que no dejaré de ser "la viuda negra"

—Es una locura, no puedes seguir así para siempre, ya casi tienes veinte años y…¡AHHHHH!—gritó sujetándose fuertemente la cabeza.

— ¡Cristóbal! ¡¿Cristóbal qué te pasa?

Pasaron solo segundos que parecieron una eternidad para que cayera desmayado. Yo me tiré en el piso junto a él, sosteniéndolo en mis brazos, mientras gritaba histérica pidiendo ayuda. Sentía que el mundo se me venía encima. Cuando llegó la ambulancia, lo subieron a la camilla, llegamos rápidamente al hospital, lo introdujeron de emergencia al quirófano, pero lamentablemente ya no había nada que hacer.

Sentí el peso del mundo sobre mis hombros, sentía que era mi culpa no haberme dado cuenta de que algo andaba mal.

Juraba que era el final, ya no quería vivir. Pero al poco tiempo aprendí que era solo el comienzo y que aún me faltaba mucho por recorrer, quisiera o no.


Si prometió nunca amar, no tendría ese brillo en los ojos—continuó el chico.

No se fíe de ella, que fácilmente le romperá el corazón.