Es mi primer último día escolar y ni mi tradición anual de sentarme a ver el amanecer en el sillón-ventana de mi habitación calma los nervios, supongo que son normales mas nunca los había sentido, que estoy experimentando en este preciso momento. No sé cuál sería la verdadera razón de estos nervios pero supongo que es porque recién estoy procesando que este es mi último año escolar. Se siente tan… raro. No es como si amase estar en el colegio o por lo menos no en el que estoy actualmente, sinceramente odié este lugar desde que lo pisé hace un año. Todo es tan distinto a mi vida normal que me siento totalmente marginada e incomprendida. No lo tomen a mal, no es que sea una completa rechazada, es decir, tengo amigos, he tenido uno que otra salida con chicos interesantes pero no me satisfacían emocionalmente y cualquier cosa normal en la vida de una adolescente cualquiera. Sólo que extraño tanto a las personas que conozco desde que comencé mi vida escolar que tengo miedo de perderlos y simplemente terminar esas largas amistades como ya me ha pasado el año pasado al cambiarme de colegio. Esto son los momentos en los que odio tener a mis padres divorciados. A veces pareciera que hacen todo esto sólo para arruinar mi vida.

Un suspiro largo y profundo sale de mis labios al ver como poco a poco el día comienza a aclararse y el sol sale lentamente, permitiendo que algunos rayos entren por mi ventana. Supongo que es el momento de arreglarme y alistar todo para reencontrarme con mis amigas. Suspiro una vez más antes de levantarme del sillón y formar la sonrisa con la que salgo todas las mañanas.

Me miro en el espejo para observar que todo esté en orden: mi ropa bien combinada, mi peinado y el ligero maquillaje. A veces por alguna razón desconocida, por el momento, espero ver a otra persona pero siempre me veo a mí misma, el mismo cabello castaño claro y rizado, mis ojos marrones y mi figura esbelta. Debería dejar de hacer esto… si Emily me viera o escuchara, seguramente me abofetearía para poder dejar este estado tan deprimente. Río suavemente al pensar en una de mis mejores amigas.

- ¡Silvana, hija! ¿Quieres que te lleve? – Escucho el llamado de mi papá desde seguramente las escaleras de la casa. Mmm… Ir en carro y no caminar esas largas cuadras hasta la escuela… Suena tentador.

- ¡Sí, papá! – Respondo al abrir la puerta de mi habitación – ¡Gracias! – Una última mirada al espejo y decido que estoy lista para comenzar el día.

Luego de tomar un vaso de jugo de naranja y una manzana, subo al carro de mi papá y salimos hacia la escuela. Al acercarnos, veo tres siluetas en la esquina.

- Déjame en la esquina, las chicas están ahí – le pido a mi papá, quien baja la velocidad antes de llegar a la esquina.

- ¿Segura? Me sentiría más cómodo viendo que entres al colegio – Resoplo fastidiada… No puedo creer que todavía recuerde ese pequeño incidente del año pasado.

- ¿Las ves? Ellas están ahí. No me voy a escapar, papá. Es mi primer día – Le respondo pacientemente – Por favor, sólo confía en mí. – Le digo con el tono más inocente que pude pronunciar al notar que había, en efecto, detenido el carro en la esquina.

- Hija, sinceramente me sentiría más seguro si conociese mejor a tus amigas – No otra vez… Esbozo una sonrisa inocente y respiro hondo.

- Papá, si tuvieses el tiempo y yo la voluntad, dalo por hecho que conocerías a mis amigas del colegio. Te recuerdo que este lugar es muy distinto al anterior.

- No comencemos de nuevo – Replica con un tono más duro – Ya hemos hablado de esto, es tu futuro del cual hablamos.

- Mira, se me hace tarde, hablamos luego – Sin mirar atrás, abro la puerta del carro y salgo sonriente para no mostrar mi pequeña discusión con mi papá. Acomodo mi mochila en el hombro y avanzo hacía las tres chicas esperándome en la esquina mientras escucho al carro de mi papá marcharse.

- ¡Silvana! – Marissa me sonríe emocionada y me abraza fuertemente – ¡Dios! No te veo hace tanto y además tengo tanto que contarte, pero… – Baja la voz hasta convertirse en un susurro para que sólo yo la escuche – Cuando estemos solas… No tengo problema por Natalia, es Lucía… Sabes cómo es – No lo sabré yo.

Se separa de mí y la observo bien. Juraría que ha adelgazado pero en fin, sigue siendo la misma de siempre, cabello corto, lacio y negro, ojos pardos oscuros y tez blanca… Tan blanca como siempre, ¿no me dijo que se había ido a la playa?

Avanzamos hacia las dos chicas que estaban también esperando. Una de ellas, Natalia, me sonreía divertida y también se acercó a abrazarme, su cabello tan largo y lacio como… ¿Qué?

- ¿Qué te hiciste en el cabello? – Le pregunto sorprendida. Ella ríe y me sonríe aún más.

- No sé, fue algo que sucedió repentinamente. Me hice un flequillo, lo corté en capas y lo planché para que esté lacio. Me aburrí de las ondas de mi cabello. ¿Me queda bien? – Me pregunta insegura.

- ¡Claro! Me encanta. ¡Lucía! ¡Tú no has cambiado nada! – Le sonrío y también le abrazo. Ella me responde al abrazo con más efusividad.

Lucía, no es tan delgada como nosotras pero igual se ve bien con todo lo que usa. Es más baja que yo por unos poco centímetros y su cabello es también lacio, negro y un poco más largo que el de Marissa.

- Suficiente de abrazos y saludos. Creo que ahora sí se nos hará tarde y no quiero otro problema como el del año pasado – Les digo tomando del brazo a Marissa y a Natalia, Lucía caminando al costado de Marissa.

Suspiro una vez más y antes de que alguien me vea, vuelvo a esbozar una sonrisa, pero una extraña mirada por parte de Marissa me da a entender que tal vez alguien notó mi pequeño cambio de humor. Le sonrío asegurando que todo está bien y entramos al colegio. Me acerco a las listas de último año y busco mi nombre y mi nuevo salón.

- ¿Qué pasa? – Marissa me pregunta al ver la mueca de disgusto en mi rostro. Pero la comprensión llega a su rostro en cuanto ve la lista. – No puede ser… ¿Es en serio?

Natalia se acerca preocupada hacía nosotras y resopla furiosa al ver lo que nosotras vimos. Las miro y no puedo evitar reír un poco. Saludo a las personas que van pasando por nuestro costado antes de que ellos también se reúnan con nosotras luego de ver la lista. Estoy empezando a odiar esa lista.

- ¡Silvana, estamos en el mismo salón! – Me abraza Liliana emocionada – Odio no poder decir lo mismo por ustedes chicas – Dice dirigiéndose hacia Marissa y Natalia – No puedo creer que nos toque con Lucía… ¿Tendré que aguantarla un año más? ¿Por qué? Bueno mirando el lado positivo, tengo la oportunidad de fastidiarla un poco más – Susurra para que Lucía, quien está a unos pasos de nosotras hablando con otras persona no la escuchara y esboza una sonrisa maliciosa, la cual cambia a una ilusionada cuando aparece Raúl a abrazarla por detrás de ella. Le sonreímos amablemente y nos alejamos de la pareja para darles algo de privacidad antes de que un maestro los vea.

Subimos lentamente las escaleras hasta encontrar nuestros salones, el de Natalia al costado del mío y el de Marissa, un piso más arriba. Primero dejé mis cosas en mi salón, mientras Natalia también dejaba las suyas en su salón. Marissa me esperaba en la puerta diciendo que ella mejor entraría justo con el timbre.

- Supongo que las veo en el recreo – Trato de sonreír pero simplemente no puedo. Ellas me sonríen tristemente. Nos sobresaltamos al escuchar sonar el timbre de inicio, me despedí de ellas con pesar – Les mando un mensaje si es que estoy demasiado aburrida pero con Liliana cerca, ¿quién sabe? – Se despiden con la mano y entro al salón donde al parecer ya habían llegado casi todos. Tomé mi asiento al costado de Lucía.

Todo el resto del día sucedió sin ningún tipo de novedad. A pesar de todo, me agrada el salón en donde estoy, mucho más las personas que se sientan cerca de mí además de Raúl, Liliana y Lucía. Todos ellos ya se conocían del año pasado y al parecer dos de ellos están en algo así como una relación ficticia en la cual hablan de matrimonio e hijos… Es completamente divertido escucharlos, sus nombres: Ariana y David. Después dos de los tres mejores amigos de David: Alonso y Facundo, dos personas... interesantes a decir verdad, la forma en la que se tratan pareciera que se conocieran de años y no sólo del año pasado como pasa con casi todos en este lugar. Pero al final del día, hubo alguien que llamó mi atención: Gustavo. Él es el mejor amigo de Facundo y se conocen desde la infancia pero lo que me llamó la atención fue su forma de hacerme reír, lo cual es raro porque en este lugar hay muy poca gente que realmente me hace reír como Sebastián, que podría considerarse como mi mejor amigo de este colegio, Antonio y Samuel me matarían de sólo escucharme decir que considero a alguien más además de ellos como mi mejor amigo, y también están Raúl y Liliana, el simple hecho de que hablan ya me hace reír, son tan raros cuando están juntos parece que ven todo color de rosa.

- ¿Acaso me estás escuchando?

- Pues… – sonrío culpablemente – Lo lamento, Marissa. Sabes que hay momentos en los que sólo me desconecto y pienso en cosas al azar. Pero igual, ¿me decías? – La escucho resoplara y rodar ligeramente los ojos.

- A veces me pregunto por qué venimos a tomar un café cuando sé que este lugar te recuerda tanto a tus amigos – Me lo dice con un tono preocupado – Sé que los extrañas pero tienes que entender que si de verdad te quieren no te van a olvidar o algo por el estilo – Tomo un sorbo de mi café antes de responder.

- Tienes razón, pero igual… En fin, no estaba pensando precisamente en ellos – Le digo mirando hacia otro lado – En serio, ¿qué me estabas diciendo? – La miro directamente y ella se pone nerviosa, y comienza a jugar con sus manos entrelazando sus dedos y mirando hacia cualquier lado menos hacia mí.

- ¿Recuerdas que me dijiste que no podías venir a mi casa de playa porque ibas a salir con Emily, Amy y Hannah? – me pregunta por fin mirándome. Yo asiento levemente – Pues… conocí a alguien. Se llama Gonzalo, es amigo de mi primo.

Wow. Eso sí fue totalmente inesperado.

- ¡Estoy tan feliz por ti! Me tomaste por sorpresa pero eso no quiere decir que no esté feliz. Me alegra verte feliz también, Marissa – Le sonrío sinceramente – Sólo espero conocerlo pronto.

- Sí, tal vez – Responde insegura – Mis papás no lo saben. Pero, Silvana quiero pedirte un favor muy grande – La miro expectante, esperando que ella continúe – Por favor, no se lo digas a nadie, no quiero que nadie lo sepa aún.

Antes de poder responderle la respuesta que ya me imaginaba que me diría, mi visión se nubla completamente al ver como una par de manos se asoman sobre mis ojos. Me pregunto quién será… Toco esas manos y me doy cuenta que son de hombre, sonrío divertida al darme cuenta de quién es… A decir verdad, es el único chico que haría eso.

- Adivina quién te está tapando los ojos, Silvana – Me dice agravando su voz para tratar de no reconocerlo. Río un poco más y finjo pensar al fruncir el ceño y posar un dedo sobre mis labios.

- No lo sé… Pero me imagino que se trata de cierta persona a quien no veo desde el año pasado y que ni siquiera se molestó en llamarme estas vacaciones… Estoy en lo correcto, ¿verdad, Sebastián? – Volteo a mirar su rostro sorprendido cuando retira sus manos de mis ojos.

- ¿Cómo es que siempre adivinas que soy yo? En todo el año que te conozco, siempre adivinas. No es justo, Silvana. ¿Marissa le dijiste que yo me acercaba? – Acusa injustamente a Marissa quien niega con la cabeza y ofendida, rueda los ojos. Sebastián toma asiento a mi costado antes de poder decirle que estábamos esperando a alguien más.

- Claro, Sebastián. Siéntate, no estábamos esperando a nadie. Eres totalmente bienvenido – Le digo sarcásticamente. Él se ríe y rodea mis hombros con uno de sus brazos.

- Gracias por la invitación, Silvana – Me sonríe traviesamente – No pensaba quedarme mucho pero como estás insistiendo. Me quedaré.

- Creo que necesito otro café. Ya regreso – Marissa se levanta y yo asiento dándole a entender que sí la escuché y que no estoy ignorándola.

- Eres insoportable. Hiciste que Marissa se vaya – Cruzo mis brazos sobre mi pecho – Ahora que lo recuerdo… ¿Y Melissa? No la he visto el día de hoy – Su mirada se oscurece y posa ambos brazos sobre la mesa.

- Ella y yo… nos hemos dado un tiempo – Dice en voz baja y evitando mi mirada. Ups.

- Sebas, lo lamento. ¡Qué insensible de mi parte! – Poso mi mano sobre el dorso de la suya y lo miro preocupada – ¿Quieres hablar?

- No, así estoy bien. Al parecer, ella no era la única que necesitaba reevaluar nuestra relación. Igual gracias, Silvana – Esboza una media sonrisa triste y sus ojos dejaron de tener el brillo travieso que tenía cuando llegó.

- Sabes que estaré aquí cuando lo necesites, ¿cierto? – Le pregunto insegura. Él me mira y me sonríe, esta vez de una manera más sincera y cariñosa.

- Lo sé. Yo también estaré aquí cuando me necesites – Me asegura – Gracias. Bueno, supongo que interrumpí algo y antes de que Marissa me asesine, me iré – Dice más animado. Se levanta de su asiento y se arregla la casaca que tenía puesta – Cuídate ¿sí? Nos vemos mañana – Me besa en la frente y se despide de Marissa quien recién llegaba a la mesa con su café.

Lo veo salir algo cabizbajo y me comienza a preocupar más de lo necesario. Sebastián es capaz de hacer lo que sea por Melissa y por más que ella fue mi primera amiga en este lugar, por lo general me llevo mejor con Sebastián. Marissa me sigue contando sobre Gonzalo mientras seguimos esperando que Natalia aparezca con Liliana y Raúl porque todavía no me siento con el humor de llegar a la casa de mi mamá, donde a pesar de que le falta poco para dar a luz, no me siento cómoda viendo toda esa situación con mis ojos. Al verlos llegar y comenzar la pequeña reunión que habíamos coordinado días antes de empezar el colegio, sólo se me vino una pregunta a la cabeza:

¿Qué será de nosotros este año?

¿Seguiremos igual que como estamos en este preciso momento?

Sinceramente, no tengo las respuestas en este momento, pero… supongo que sólo tendré que quedarme a ver qué nos depara el futuro.


Bien. Aquí va el primer capítulo.

¿Qué opinan?