PILEDRIVER

IV

Demian y Roslyn fueron enviados a la misa de las seis aquella tarde. Habían salido de la casa a petición de su madre, ya que al parecer la esperada plática del compromiso al fin iba a tener lugar. Mariet alegó sentirse mal, para que llegada la hora, casualmente ella se encontrara en casa. Archer llevaba dos días en Piledriver y aún no cumplía su cometido. Los Aubrey estaban más que emocionados, y sobre todo, dispuestos a declararse gratamente honrados cuando Archer les diera la buena nueva. Finalmente la audiencia privada se concretó en el despacho del señor Aubrey.

Roslyn se sentía culpable por haber revelado a Archer algo que quizás era la ilusión secreta de la familia. A pesar de esto, los hermanos estaban seguros que al regresar encontrarían la casa pies para arriba, a su madre y a su hermana mayor vueltas locas, preparando una boda que probablemente la familia no podría pagar.

—Gracias a Dios que Archer es rico—dijo Roslyn.

—Y gracias también que es un hombre inocente, que no puede ver que nuestra madre y Mariet se quieren aprovechar de su fortuna—replicó Demian con una sonrisa.

—No lo digas así. Mariet en verdad esta enamorada de él, ¿no puedes ver el amor con que le mira cuando Archer come la sopa?

—Claro que lo veo, pero no por eso lo encuentro menos perturbador.

El carro llegó al patio dirigido por Demian, y al llegar al sendero, pudieron ver a Mariet llorando desconsolada. Roslyn levantó sus faldas y corrió al lado de su hermana.

—¡Mariet! —le abrazó—No me digas que mi padre no aceptó darle tu mano.

Mariet no le contestó de inmediato y se soltó de los brazos de su hermana para comenzar a caminar sin rumbo. Sus sueños e ilusiones se habían derrumbado en la última hora y no había nada peor para ella en aquel momento. Roslyn le siguió, y mientras tanto, pensó en muchas teorías por las cuales su hermana se encontraba en tal estado de pena, pero ella jamás imaginó lo que en realidad estaba pasando. Por alguna razón Mariet no la quería cerca en ese momento.

—Dime qué te sucede, quizás yo pueda ayudarte a resolverlo como siempre.

—¿Por qué habría de consumir mis palabras contigo? Seguramente estas enterada de todo lo que me pasa—Soltó Mariet con desdén, mirando el broche de mariposa que Roslyn había estrenado para ir a misa.

—No sé de qué me hablas exactamente, yo...—Roslyn bajó la mirada—No estaba precisamente feliz cuando me enteré que te ibas. Es una idea que aún me cuesta mucho entender, pero creo que si eso te hace feliz, asumiré con gusto mi desdicha para convertirla en alegría por tu bienestar y el de Archer.

—No tendrás que sentirte desdichada por mí. Yo no iré a ningún lado.

Roslyn pensó la segunda cosa peor que el compromiso de Mariet, y en la que Archer probablemente estaba involucrado.

—¿Archer tiene asuntos pendientes con nuestro padre?

—No se trata de eso.

—¿No?—preguntó Roslyn en automático—Entonces, ¿por qué estás así?

—Archer vino a lo que anunció desde un principio—Mariet hizo una pausa seca y se fue sin decirle nada.

Roslyn estaba confundida y corrió de nuevo a la casa. Pudo ver a Archer caminando en el jardín. Este le miró nervioso y supo que él sin dudas tenía que ver con la desdicha de su hermana, aunque no se atrevió a reclamarle algo. Buscó en la sala, en donde sus padres le esperaban.

—¿Qué está pasando? Nos vamos algunas cuantas horas y todo cambia completamente.

—Tal vez si no te hubieras ido, habrías sido informada con la formalidad que la noticia requería—Su madre hablaba con molestia.

—Madre, termina de decirlo. Me estoy poniendo nerviosa —Roslyn habló, con una sonrisa que no le llegó a los ojos y ciertamente no lo haría pronto.

—Archer me ha pedido permiso para desposarte.

Estaba claro que nadie en la casa de los Aubrey esperaba la noticia, mucho menos Roslyn, que no podía creer lo que acababa de escuchar. No podía ser cierto, de ninguna manera. Ella estaba por cumplir quince años, y no planeaba casarse en un futuro cercano con alguien, mucho menos con Archer.

—Pero, yo…

Roslyn era una niña terca que nunca se quedaba callada, excepto por esa ocasión. No sabía qué decir. Sabía que tenía qué oponerse porque en su vida había pensado en tener una vida como la de su madre. Ese sueño era el de Mariet, no el de ella.

—Quizás Archer se equivocó—La señora Aubrey rompió el silencio, dirigiéndose a su marido que hasta aquel momento, no había dicho nada—Deberías hablar con él y decirle que nuestra pequeña no está aún en edad casadera, si sabes a lo que me refiero.

—¡Madre, por favor!—Roslyn se tapó los oídos para evadir la conversación.

Sabía que despertaría en cualquier momento, o al menos eso era lo que esperaba.

—Es la verdad, Roslyn Abigail. Tú aún no eres una mujercita hecha y derecha, pero en cambio tu hermana…es otro asunto. Ella está lista para ser una dama de sociedad, igual que yo.

Los delirios de la señora Aubrey no esperaron a la hora de exponer a la mejor de sus hijas. Sobre todo porque sabía que Roslyn, si es que llegaba a aceptar la propuesta de Archer, no aprovecharía las ventajas de estar casada con alguien de la altura de aquel hombre.

—¿Es por falta de amor? Porque si es así, yo soy testigo de que este crece con el trato de los días y los años—La señora Aubrey continuó—Mírame, adoro a tu padre y me dio en su mayoría a los hijos que siempre quise tener.

—Quizás tienes razón, pero no es la falta de amor la que impide que acepte semejante locura. Es más bien la falta total de interés en James Archer. Quizás él signifique mucho para ustedes, pero para mí no significa nada en absoluto.

La puerta de la sala se abrió en aquel momento, Archer había escuchado todo. Roslyn no se sentía culpable por haber dicho aquello. Era mejor que él se enterara de todo de una buena vez y le evitara la pena de rechazarlo tajantemente. Ser su esposa estaba fuera de cuestionamientos.

—Si quiere una esposa y no una niña, ahí tiene a Mariet. Vaya por ella, está llorando como una Magdalena en el camino—Se dirigió hacia Archer y luego, salió de la sala, disculpándose para ir a su cuarto.

Antes de siquiera llegar a las escaleras, Archer le detuvo:

—Roslyn, espera.

Roslyn aguardó nerviosa. No sabía cómo tratar los asuntos de "romance", porque no pensó que algún día tendría la necesidad de hacerlo. Ni siquiera leía las novelas de Mariet porque le parecían aburridas. Los cortejos y el amor a primera vista eran para ella burlas inventadas por los románticos no correspondidos. Sabía que si algún día decidiera casarse, lo haría solo con un explorador tan famoso y aventurero como Francis Drake, y James Archer estaba lejos de serlo.

—Por favor, debo hablar contigo.

—Señor Archer, ya sé lo que me va a decir y no quiero ser grosera, o mostrarme desagradecida porque usted ha hecho mucho por mi familia, pero repetiré lo que dije en presencia de mis padres: de corazón, no estoy interesada. Verá, yo aún juego con muñecas; las muñecas que usted apenas me envió el año pasado ¿Cómo espera que acepte ser su esposa si aquello jamás se ha cruzado por mi mente?

—Tienes razón, la diferencia de edades puede ser un impedimento pero no puedo evitar querer estar contigo. Yo...he esperado tantos años este día, y he venido con el corazón abierto a pedirte que de todos los hombres de la tierra, me escojas a mí.

—Archer, no solo se trata de la edad, se trata de la increíble falta de respeto que sugiere que pida mi mano sin siquiera haberme preguntado antes. Lo es más si espera que le diga que sí.

—Sé que es prematuro, pero al menos podríamos pasar tiempo juntos, sería como si viviera en Piledriver otra vez.

Archer pensó que los viejos recuerdos provocarían en Roslyn la felicidad que le provocaban a él, pero esto por supuesto, no pasó en absoluto.

—Por favor, deje de jugar y cásese con mi hermana, aún está a tiempo.

Roslyn retiró el broche de su vestido negro de domingo y se lo entregó nuevamente a Archer, para luego marcharse a llorar a su cuarto.

Acababa de tener la conversación más difícil y complicada de su vida.

FP es un asco...al igual que este capitulo que no esta del todo editado u.u Ale ;)