Detrás de esos ojos grises.

Arriane tomó su bolso, su celular y las llaves de su casa.

Por enésima vez se miró al espejo de cuerpo completo que había a la entrada de su hogar.

-¿Saldrás con Thomas otra vez? -le preguntó su mamá desde la cocina.

-Sí -respondió mientras se arreglaba la parte superior de su teñida.

-Hija, ese chico no es para ti... -comenzó su madre.

-Me voy mamá, besos -Arriane le estampó un beso en la mejilla a su madre y salió del departamento.

Odiaba cuando su madre empezaba a nombrar la larga lista de defectos que Thomas, el chico de cabello negro y ojos grises, tenía.

Se sonrió a si misma, el cumpleaños del chico había sido hace ya una semana, pero no había tenido la oportunidad de verlo.

Balanceó con cuidado su bolso, temiendo por el delicado contenido.

Como típica muletilla al estar nerviosa, comenzó a rebuscar algo en su cartera, sin estar muy segura de qué.

Tomó el primer taxi que vió y se encaminó a su destino.

Dentro del susodicho automóvil, sacó una pequeña caja de plástico. Sonrió maravillada.

Había logrado hacer el corazón de chocolate perfecto.

Ahogó un pequeño chillido de emoción y volvió a guardar el envase.

Se bajó del taxi a la siguiente calle, miró su reloj, todavía habían veinte minutos para llegar.

Sacó su libro nuevo de El nombre del viento y comenzó a leer de camino.

"Volvía a ser de noche. En la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple..."

Arriane se preguntó como sería un silencio triple.

Llegó justo a la hora a su destino, como siempre, Thomas no estaba ahí, se había atrasado por x motivo.

Se sentó en una banca y continuó con su lectura. Debes en cuando ponía su cabello castaño detrás de su oreja, para que no le dificultara la visión.

Sus ojos color chocolate se movían con velocidad, leyendo en un mundo que no le pertenecía.

El suave apretón en su hombro la sacó de su ensoñación.

Sus dulces ojos se toparon con el rostro del chico, frunció un poco el ceño al ver que el cabello de él tapaba sus ojos.

Thomas siempre decía que sus ojos eran verde oscuro, casi grises.

Arriane siempre le preguntaba porqué no le dejaba ver sus ojos.

Él contestaba con alguna broma para evitar el tema y no tener que darle explicaciones.

-Hola Tom -dijo con una sonrisa en su rostro.

-Hola Arriane -dijo él, sonriendo de medio lado.

-¡Tengo tu regalo! -anunció sonriente, el chico mostró un poco de sorpresa.

-Ya te había dicho que no era necesario...-Arriane sacó la caja de plástico de su bolso y la puso enfrente del rostro de Thomas.

Tom frunció el ceño confundido.

-¿Una cajita?

-El contenido de la cajita.

Thomas abrió la caja de plástico, un pequeño y casi imperceptible sonrojo apareció en su rostro.

-Un corazón de chocolate -una sonrisita surcó su rostro.

-Sí, le puse mucho empeño, espero que haya quedado rico.

Caminaron por ahí, y como siempre, Arriane se afirmaba del brazo de Thomas, y él ni se inmutaba.

-Oye... -susurró Arriane para llamar su atención.

-¿Hm?

-Quiero un abrazo.

Thomas nunca había sido un chico exactamente 'de piel', no estaba acostumbrado a dar muestras de afecto.

-P-pero... -tartamudeó en busca de una excusa, Arriane sabía que no la encontraría.

-Me lo debes, no me diste regalo de cumpleaños.

Thomas suspiró, Arriane supo que había vencido.

Entraron a una heladería medio vacía, pidieron un par de helados y se sentaron uno a un lado del otro.

-¿Pasaste el fin de semana con tu primo? -preguntó ella, buscando tema de conversación.

-Sí, se fue hoy en la mañana... -Thomas miraba su helado fijamente-, ¿Tú viste a tu prima?

Siempre le había resultado divertido que Thomas y Simon, el primo de Tom, eran la versión masculina de Arriane y Sophie, tenían la misma edad, ambos eran primos y habían veces, en que competían por quien conocía más a su primo, Arriane siempre hallaba la manera de ganar. O Thomas siempre le permitía el primer puesto.

-Sí, vuelvo a su casa más tarde.

Se quedaron en un pequeño silencio. Por alguna razón nunca resultaba incomodo.

-Me debes mi abrazo -le recordó la chica castaña. Thomas casi se atraganta con el helado.

-E-eh... Estamos sentados, no se puede -se excusó, una sonrisa felina cruzó los labios de Arriane.

-Dame tu brazo -ordenó, Thomas obedeció por inercia.

Con total calma pasó el brazo del chico por sus hombros, y depositó su cabeza en el pecho del chico, que miró sonrojado.

-A que no es tan difícil.

Comió un poco de helado y luego dirigió su vista hacia arriba, pudo ver un poco de los ojos del chico.

-Oye... -dijo nuevamente.

-¿Q-qué? -se notaba nervioso, Arriane anotó eso mentalmente.

-¿Muéstrame tus ojos?

Thomas miró hacia un costado.

-No -no lo dijo fríamente, ni tajante, simplemente... no le apetecía.

Un impulso cruzó el cuerpo de la chica.

Se elevó un poco y acercó su rostro a el del chico. No lo besaría, no era su estilo.

-Vamos, quiero ver tus ojos -rogó sonriente.

Sintió su respiración intranquila, nerviosa.

Otra nota mental: Al parecer, lo pongo un tanto nervioso.

Dejó el helado a un costado. Con delicadeza, removió el cabello que tapaban sus ojos.

En efecto. Eran verdes, casi grises.

Le llamó la atención lo apagados que se veían.

-¿P-por qué...?

-¿Por qué mis ojos se ven tan apagados y sin vida? Quien sabe.

Los ojos son las ventanas del alma.

¿Por qué era que su alma estaba tan muerta?

De manera muy impulsiva, lo abrazó. Hundió su rostro en el cuello del chico y comenzó a sollozar.

Había visto más de lo que quería.

Le reconfortó sentir los brazos de Thomas alrededor de su espalda.

Había algo que ella nunca comprendería.

-¿Por qué es que no quieres tener novia? -otro impulso.

Sintió los músculos del chico tensarse. Volvió a su puesto original, sentada a un costado.

-Ya te lo dije, todo tiene un principio y un final. Empezar algo con alguien solo significa ser feliz para luego sufrir.

Arriane apretó la tela de sus pantalones.

-Eso depende de ti. Tú decides cuanto dura algo -alzó la vista para encararlo-. Si tus relaciones pasadas no funcionaron, fue culpa tuya por tu pesimismo y poco interés en una relación.

-¿Ves? Eso nos dice que es mejor que no me meta en temas románticos.

Arriane sintió una presión en el pecho.

-Wow, eso duele -miró nuevamente el piso, huyendo.

-¿Eh?

-Duele, que una quiere algo contigo, y a ti ni te importa.

Sus ojos amenazaban con empezar una lluvia interminable.

Repitió en su mente: Los ojos son la ventana del alma ¿Puedes ver como me rompes?

Se levantó incomoda. Dejó un poco de dinero para que Thomas no tuviera que pagar su parte, y con todo lo que le pertenecía en mano, se fue.

Thomas lo vio. El dolor en sus ojos. Y todo era su culpa.

Arriane era la primera y única chica que hacía que la palabra 'amor' no fuera tan molesta para él, incluso le agradaba un poco.

Se levantó de la mesa y corrió.

~Final abierto~

Se los dejo a su imaginación.