Cap. 8

La cena

Recordé cómo el unicornio me protegió cuando era un potro del león que quería llegar a mí, pero ¿Por qué? Su enemigo era el unicornio, no yo.

—El unicornio cambia su libertad por los cuidados de alguna dama hermosa —me dije en voz baja recordando la frase del libro. —Pero él aún sigue libre en el bosque —me dije no muy convencida de esto porque cada vez que iba a el bosque o pasaba cerca de él el unicornio se aparecía. —Sin embargo eso no explica por qué el león quería matarme. —pensé frustrada apartando los libros para poner mis brazos sobre la mesa. Apoyé mi cabeza sobre mi mano derecha. Mi vista se perdió en el paisaje sin ver un lugar específico. — ¿Por qué el unicornio me protegió? —otra frase de los libros vino a mi mente.

"… un unicornio es una montura tan leal que protegerá a su jinete con su propia vida…"

—Yo nunca lo monté —mi cabeza estaba hecha un lío. Ya entendía por qué los querían matar, pero aún no adivinaba quién podía ser la persona que lo quería llevar a cabo, ni la clave, y ahora se sumaba la duda de por qué el león me quería matar.

Las dulces melodías del reloj de la iglesia me despertaron de mi ensoñación. Recogí los libros y me levanté para devolverlos. En el mostrador me encontré con John que al parecer esperaba mi llegada.

— ¿Siempre te vas a esta hora? —preguntó tomando los libros.

—Necesito un lugar al que ir mientras los niños juegan.

—Y ahora los llevaras a su casa —dijo preocupado. Miró por sobre mi hombro. Seguí la línea de su mirada, pero sólo vi el pueblo y al sol despidiéndose de otro día. —Se está haciendo tarde.

—Sí, debo apresurarme para llevarlos con algo de luz a su casa.

—Tu casa queda muy lejos —dijo aún preocupado. — ¿Puedes esperarme media hora?

—Si digo que no, igual me harás esperar —sonrió.

Antes de salir le miré una vez más, él también me estaba mirando, en sus ojos apareció un brillo que me hizo sonreír. Llegué a la fuente con el tiempo justo. Miré a uno y otro lado buscando señales de Emily o Tommy. Los encontré corriendo en mi dirección, al darme alcance se detuvieron para tomar aire.

—Por poco —dijo Tommy al recobrar el aliento.

—Nos salvamos —corroboró Emily.

—Bien, andando —empecé a caminar a la tienda sin decirles explicaciones, esperaba que no notaran el cambio de rumbo.

—Shasta ¿Por qué nos vamos por aquí? —preguntó Emily.

— Genial… —pensé. —Un amigo nos acompañara en el camino.

— ¿Quién? —volvió a preguntar curiosa.

—Ya lo verás.

Afuera de la tienda de la Sra. Flores, estaba John parado, cruzado de brazos, recostado de la pared; nos miró y poco a poco fue acercándose. Los niños mostraron sorpresa ante él. De seguro se esperaban a alguien conocido.

—Niños, él es John Laffontt. John, ellos son Emily y Tom —dije a modo de presentación.

— ¿Eres su novio? —preguntó Tommy. Me puse roja.

—Aún no —respondió con mirada pícara. Emily mostró molestia ante sus palabras.

—Te advierto John que Shasta no sale con nadie que yo no autorice —dijo en un tono que me recordó a la Sra. Rondón. John mostró sorpresa. Me miró y me encogí de hombros.

—Tendré que andarme con cuidado —dijo. Emily se mostró satisfecha.

—Vamos, vamos, que se nos va la luz del sol —dije para cambiar el tema. Todos empezamos a caminar. Los niños iban en silencio, pendientes de cualquier palabra que pronunciáramos.

—Emily, ahora que Shasta tiene novio, tú no quieres… —empezó a decir Tommy un tanto nervioso, pero fue interrumpido por Emily.

—Él no es su novio ¿Verdad? —me miró.

—Bueno… aún no llegamos a eso —de reojo observé cómo John alzaba la comisura del labio.

— ¿Y a qué han llegado?

—Emily, eso no es de tu…

—Claro que sí —me interrumpió. —Ahora es mi responsabilidad cuidarte.

—Pensé que ése era mi trabajo.

—Es que… —miraba a todas partes buscando algo que le ayudara. —Mira, llegamos a casa de Tommy —la Sra. Pinto salió a recibirnos.

—Tom ¿Te divertiste? —el niño asintió. —Shasta, gracias por traerlo —miró con curiosidad a John.

—Sra. Pinto, él es John Laffontt. John, ella es Carline Pinto.

—Un placer —dijo la Sra. Pinto extendiéndole la mano.

—El gusto es mío —respondió cortésmente estrechándosela.

— ¿Nuevo en el pueblo? No vi ninguna mudanza.

—Nos gusta la privacidad, aunque de seguro ya ha escuchado de mis padres.

— ¿No hablarás de la nueva doctora?, ¿Ella es tu madre? —dijo muy sorprendida.

—Sí.

—La mencionan en todo el pueblo. Una de las mejores doctoras que hemos tenido, y es tan dulce y conversadora.

—Mamá —habló Tommy.

—Oh, sí, lo siento, a veces me dejo llevar. Casi lo olvidaba, el Sr. Maldonado me dijo que pronto anunciarán la inauguración del circo, te avisaré cuando lo haga.

—Gracias —contesté sin ganas. Nos despedimos y emprendimos de nuevo la marcha.

Emily se puso entre John y yo impidiendo que nos acercáramos, y cada vez que intentábamos hablar nos interrumpía. Jamás me hubiera esperado esa reacción de su parte.

—Parece que no hay nadie —comentó una Emily contenta. —Tal vez mi mamá esté en tu casa —agregó.

—Lo dices sólo para que John no me acompañe.

— ¿Y qué si es así?

—Eres peor que Ellie, al menos ella les daba una oportunidad.

—No quiero que te hagan llorar —se defendió. John me miró extrañado, pero fui incapaz de responderle con la mirada.

—Yo sería incapaz de hacerla llorar —dijo John en su defensa.

—Eso dicen todos —dijo Emily sin dar un paso a ceder.

—Ah, pero no todos lo prometen —la niña le miró curiosa. John se agachó y dejó al descubierto sólo el dedo meñique.

— ¡La promesa del dedito! —exclamó con sorpresa Emily.

—La irrompible —dijo John con una sonrisa. Emily le siguió el juego. Cuando estuvieron sus dedos juntos, John continuó con la promesa. —Te prometo a ti Emily que nunca haré llorar a Shasta.

—Y si rompes la promesa mi papá te meterá a la cárcel —John se mostró de acuerdo. Por primera vez Emily le mostró una sonrisa. —Ahora sí puedes salir con él —me dijo cuando ya estábamos caminando.

—Muy bueno saberlo —le dije.

Al llegar al camino de tierra, ya el sol se había ocultado, a pesar de estar tan oscuro no nos apresuramos, disfrutábamos de la compañía ahora que Emily hizo las paces con John.

—No te alejes mucho, mira que está muy oscuro —le dije a Emily que corría para adelantar camino.

— ¿Tenías muchos pretendientes? —preguntó John un tanto curioso.

—Algunos, aunque muchos de ellos sólo se acercaban para molestar, por eso Ellie los espantaba.

— ¿Quién es Ellie?

–Era la hermana mayor de Emily —dije con voz triste. —Y mi mejor amiga —agregué al final. A pesar del tiempo aún me afectaba hablar de ello.

—Ella…

—Murió hace dos años en el lago.

—Lo siento, esa vez… no tenía idea.

—Tranquilo, además no fue tu culpa —caminamos un rato en silencio.

—Emily parece ser muy sobre protectora —comentó para aligerar el ambiente.

—Sí, también para mí eso fue una sorpresa —dije aún con la voz apagada. Me sorprendí al sentir la mano de John sobre la mía. Mi corazón latió con violencia. Le miré, sus ojos me miraron con dulzura. Nuestros dedos se juntaron.

—Me gusta más verte sonreír —comentó. —Además corro el riesgo de ir a la cárcel si lloras.

—Sobre eso, el papá de Emily es policía, así que no bromeaba con lo de la cárcel.

—Entonces creo que tendré que cuidar de nuestra relación.

— ¿Relación? Apenas nos conocemos.

—Toda relación empieza por querer conocer a la otra persona.

— ¿Ya son novios? —preguntó Emily que se detuvo a esperarnos. Nos miramos haciéndonos la misma pregunta.

—Nos falta poco para llegar a la casa —dijimos al unísono cambiando de tema.

—Aarrgsh —se quejó volteando los ojos, de nuevo se fue corriendo.

—Creo que lo mejor…

—Es que vayamos más despacio —completó. Nos soltamos las manos a regañadientes.

A lo lejos se observaron las luces de una casa. Noté que afuera estaba la camioneta del Sr. Rondón.

—Ya llegamos —dijo alegre Emily entrando estrepitosamente.

—Ya nos empezábamos a preocupar —dijo la Sra. Rondón saliendo a recibir a su pequeña. — ¿Y Shasta?

—Con su novio, en la entrada.

—Emily —le regañé.

— ¿Novio? —preguntó mi madre.

—Genial —pensé con pesar.

—Shasta, no le dejes en la entrada, invítalo a pasar.

—Lo siento —me disculpé.

—Algún día tenía que pasar —dijo restándole importancia.

—No cuando tenemos tres días de conocernos —entramos por completo en la casa. La Sra. Rondón y mi mamá nos miraron con interés.

— ¿Y el Sr. Rondón?

—En la sala —respondió mi madre. Todos nos dirigimos al lugar. El Sr. Rondón estaba parado en medio de la sala con mirada seria. Daba miedo verlo.

— ¿Cómo está, Sr. Rondón? —le pregunté para aligerar el ambiente.

—Muy bien, Shasta, pero quisiera saber de este chico —me dijo antes de dirigirse a John. —Identifíquese.

—John Laffontt, nuevo en el pueblo, trabajo en la librería de la Sra. Adriana Flores.

—Sí, escuché que una familia se mudó hace poco ¿Cuáles son tus intenciones con Shasta?

—Yo… sólo quiero conocerla.

—Muy bien, pero déjame decirte que cualquier daño, por muy mínimo que sea, afectará tu historial. Yo mismo me encargaré de eso —le amenazó.

—Ya, cariño, no se ve un mal muchacho —intentó calmarle su esposa.

—No podemos correr riesgos —respondió.

—Ya está lista la cena —dijo mi madre cambiando de tema. —John, tendrás que quedarte a cenar.

—Muchas gracias —respondió.

—En verdad que lamento esto —me disculpé mentalmente con John.

—John, mi nombre es Samantha, y soy la madre de Shasta.

—El mío es Katherine Rondón y el hombre gruñón se llama Antonio Rondón, supongo que ya conoces a Emily —le dijo la Sra. Rondón cuando nos sentamos en la mesa. Observé cómo Emily se divertía con la situación. Debía de creer que esto era un seguro perfecto para que John no me lastimara.

— ¿Cómo se conocieron? —preguntó el Sr. Rondón.

—En la librería —respondí.

—Anton déjalo, lo vas a espantar —le regañó la Sra. Rondón. El hombre le dio un gran mordisco al pan para contenerse. En el resto de la cena le preguntaron de sus padres, sus empleos, hace cuánto que se mudaron. Agradecí cuando terminamos con el evento.

— ¿Te irás caminando? —le preguntó Emily a John cuando nos levantamos de la mesa.

— ¿No vinieron en la camioneta? —preguntó mi madre.

—No, nos encontramos en el pueblo y se ofreció a acompañarme.

—No te preocupes, muchacho —le dijo el Sr. Rondón poniendo una mano en su hombro, dándole unas "agradables" palmadas. —Nosotros te llevamos —agregó con una sonrisa de malicia.

Los acompañamos hasta la salida. Antes que se fuera articulé sin emitir sonido las palabras: lo siento. John entendió el mensaje. Esperamos a que la camioneta se perdiera de vista.

—Si el chico vuelve después de esto, es porque en verdad está interesado —comentó mi madre cerrando la puerta con llave.

—No pude hacer más por él.

—Sabes que Anton te quiere como su hija.

—Sí, lo sé, pero pobre, John.

—Veo que te gusta el muchacho.

—No es eso, es que nadie sale ileso de un interrogatorio con el Sr. Rondón.

—Él es la forma más segura para saber cuan interesado está el muchacho.

—Entonces ya sé a quién culpar por quedar soltera toda la eternidad —se rio.

—Alguno habrá que pueda con esos interrogatorios.

Lavamos los platos. Después de hablar otro tanto nos fuimos cada quién a su cuarto. Pensé un rato en John, en la situación tan incómoda en que lo acababa de meter y en si regresaría algún día o me dirigiría la palabra después de esto. En algún momento mi mente se desvió hacia los unicornios y la información que había obtenido de ellos. Por más que busqué en los libros no encontré un dato que me dijo mi padre, y era sobre el nacimiento del cuerno y la purificación o renovación de esos seres.

Escucha bien, Shasta, los unicornios cuando nacen no tienen cuernos.

¿Y cómo les crece después?

Cuando un unicornio nace, nada hay que lo diferencie de un caballo, pero al llegar la primera luna llena su cuerno crece, dándoles fuerza y pureza.

¿Cuándo nacen están indefensos?

Sí, y como no pueden defenderse se camuflagean como los camaleones entre los caballos.

¿Y si el unicornio nace en luna llena?

Son muy raros los casos, pero si se da, entonces ese unicornio es muy poderoso porque en su nacimiento crece su cuerno y le da un poder increíble. Entre su especie obtiene el rango de un líder o sabio.

¿Conoces alguno?

Sí.

¿En serio? ¿Puedo verlo?

Hay que esperar a la luna llena.

¿Por qué?

Porque es cuando ellos salen a dejarnos algo de su pureza con ayuda de la luna. Su resplandor al dar en su cuerpo purifica la zona en donde se encuentran y cuando nosotros lo pisamos nos sentimos en paz.

¿Pero ellos no se vuelven vulnerables al darnos su poder?

No nos dan todo su poder, sólo nos dan un poco, y sí, se vuelven vulnerables por un corto período de tiempo.

¿Y si alguien quiere lastimarlos?

Ellos saben dónde tienen que ubicarse para que eso no pase, además recuerda que sólo se dejan ver a los puros de corazón.

¿Y nosotros podemos verlos?

Sin duda, de eso no te preocupes.

Di unas vueltas en la cama antes de dormirme meditando sobre el tema.