Kai se levantó de la cama. Apenas había conseguido conciliar el sueño.

El joven observó a su alrededor. Miruru parecía haberse marchado de la habitación. Quizás ya estuviese trabajando.

- Será mejor que yo también me ponga en marcha.

Justo cuando se disponía a levantarse, alguien golpeó la puerta, abriéndola de par en par.

- ¡Uah! – gritó Kai, quien cayó al suelo asustado por la repentina entrada.

- ¡Ya es hora de...! Oh, si ya estás levantado.

- ¡Sería imposible no estarlo de todos modos! – exclamó él desde el suelo.

- Jajaja...lo siento...

Tras un largo suspiro se levantó del suelo.

- Oye, Kai.

- ¿Sí?

- Quizás sí que sería mejor aceptar después de todo... – comentó la chica bajando la cabeza.

- ¿A qué viene ese cambio de opinión? ¿Es por lo que te conté?

Ella mantuvo la cabeza en la misma posición, sin atreverse a levantarla. Kai se acercó a Miruru y puso una mano sobre su cabeza.

- Me alegra que te preocupes por mí pero ya no soy tan débil como lo era antes.

La chica levantó un poco la vista del suelo.

- De acuerdo, iremos. Voy a necesitar a alguien que me cubra las espaldas, así que espero que puedas echarme una mano – señaló sonriente.

- Buen trabajo – dijo Roland tras haber finalizado.

- Gracias.

- Desde que vosotros estáis aquí esto se ha convertido en todo un éxito y eso que lleváis aquí poco tiempo.

- Tú también estás trabajando muy duro, no creo que seamos sólo nosotros dos.

- Bah, si fuese por mí este negocio no iría hacia ningún sitio.

- Vamos, vamos, no digas algo así.

- Jeje.

Roland observó como Kai se preparaba para marcharse.

- ¿Vais a algún lado?

- Sí, tenemos que continuar con la tarea de ayer.

- Ah, entiendo. Espero que tengáis suerte.

- Yo también – respondió el chico antes de marcharse.

- ¿Tienes alguna idea de donde se encuentra? – preguntó Miruru.

- Bueno, imagino que en la tarjeta que nos dio vendrá algo.

Kai busca en su bolsa hasta dar con una pequeña cartulina cuadrada. Tras esto se dispone a leer lo que se halla escrito en el papel.

- ¡¿Qué diablos?

- ¿Qué ocurre?

- Parece venir el nombre de un local: "Stargazer"

- ¿Ese es el nombre?

- Así es. También está la dirección en la que se encuentra.

- Entonces sólo hay que seguir a la tarjeta.

- ¿Por qué será que siento un ligero escalofrío? – Kai se estremeció ligeramente.

Los dos caminaban por las calles de los territorios del norte, dominados por la Unión Imber, una de las potencias y aquella con menor poder militar de las tres, basando su estrategia en el espionaje y la defensa de asedios. Parecía un lugar bien mantenido pero Kai sabía bien que siempre existía un bajo mundo.

Siguiendo la dirección indicada en la tarjeta, finalmente llegaron frente a unas escaleras que bajaban hasta perderse en la oscuridad.

- ¿Por qué sería que me lo veía venir?

- En cualquier caso ya estamos aquí. Así que continuemos.

Sin más, Miruru comenzó a descender.

- A ver si voy a ser yo quien te tenga que cubrir las espaldas a ti...

Tras un buen tramo bajando escaleras llegaron hasta una puerta de aspecto poco fiable donde había un cartel en el que se hallaba escrito con letras grandes: "ENTRADA".

La chica abrió la puerta cuidadosamente y ambos entraron en lo que parecía un bar. Para estar en uno de los lugares más oscuros de la ciudad el aspecto no era tan malo. Se observaban varias luces de distintos colores que le daban un ambiente bastante íntimo. A lo largo del establecimiento había varias mesas redondas y pequeñas y una gran barra para servir copas en uno de los laterales. Tanto la estructura como los muebles se encontraban en buen estado. A Kai le sorprendió todo aquello.

- Me lo había esperado más..."desordenado"...pero parece que no un simple tugurio.

- Vaya, vaya, así que habéis venido.

Acercándose a ellos estaba Anna.

- Bienvenidos a Stargazer. ¿Puedo ofreceros algo? – preguntó amablemente aunque con cierto tono de ironía.

- No gracias, no hemos venido a beber – respondió Kai sin inmutarse.

- ¿Qué es lo que tenéis?

- Miruru...

- ¡Ah! Perdón, me he dejado llevar...

Kai volvió a dirigirse a Anna.

- Estamos aquí porque queremos la información que puedas ofrecernos sobre la persona que busco.

- Ya me lo imaginaba. Seguidme.

Dicho esto, la mujer los llevó hasta otra habitación apartada del bar. Antes de entrar en aquel lugar, el joven observó a varios clientes entrar al local.

- Bueno, aquí podremos sentarnos a hablar sin que nadie nos moleste – señaló tomando asiento en un sillón de aspecto lujoso, aunque a saber de donde procedía.

- ¿Eres tú la dueña de este local? – Kai y su compañera decidieron permanecer de pie.

- Así es. Este lugar recibe más visitas de las que seguramente te hayas imaginado. Es por eso que resulta fácil escuchar cosas que pueden ser de utilidad.

- Entiendo. Antes de nada quiero que sepas que no podemos pagarte con dinero ya que no disponemos de él.

- Bueno, la verdad es que no es dinero lo que busco esta vez, así que parece que os va a venir bastante bien.

- ¿Qué?

La mujer le lanzó una hoja de papel, la cual fue agarrada por éste en el aire. El chico dispuso la hoja para que Miruru también pudiese leerla.

- ¿Lucha clandestina? ¿Qué diablos es esto?

- No es la primera vez que se hace. Cada dos años aproximadamente, puesto que hay veces que se cambia para engañar a las autoridades, suele tomar lugar este evento. Con él se decide quien será el que rija las reglas del bajo mundo en estos territorios. Por no decir que tendrá cierta influencia para hablar con el máximo mandatario.

- ¿Máximo mandatario? – preguntó Miruru entre curiosa y desconcertada.

- Se refiere al líder de la Unión Imber. No sabía que aceptara a gente del bajo mundo.

- Bueno, quiera o no quiera tenernos en su territorio es algo que incluso al él mismo le conviene para la manutención de los territorios.

- Entiendo. Supongo que la legalidad quedó totalmente atrás en cuanto comenzó la guerra.

- Tú lo has dicho. Y deberías dar gracias de que la Unión no sea dada a la experimentación como el Imperio.

Experimentación de civiles...El joven chasqueó la lengua con desagrado.

- Bueno, continuando con mi propósito, me gustaría que participaras en la lucha llevando mi nombre. Si ganas, te daré lo que quieres.

- Es decir, que como pago tengo que ganar.

Anna asintió.

- ¿No crees que estás siendo avariciosa?

- Siempre puedes negarte, pero cuando el tipo al que busca vino a este lugar parecía muy interesado en hablar con el líder. Quizás si consiguiera llegar hasta él sería capaz de darte más de lo que pudieras pedir.

El chico bajó ambas cejas y la observó seriamente.

- Entonces, ¿hay trato o no hay trato?

Se quedó unos instantes pensando en la propuesta.

- De acuerdo. Lo haré. Pero ni se te ocurra engañarme, si no, no dudes que te mataré.

- Vaya, qué agresivo. No es así como debe tratarse a las damas. No te preocupes, la gente como yo es más fiable que los que dicen ser de "buena clase".

- ...

- Bueno, ya que hemos cerrado el trato procederé a explicarte el resto de detalles. Hay un número límite de participantes, y todos luchan contra todos, sin distinciones, incluso si algunos contratan a varios para que luchen en su nombre, ellos pueden acabar enfrentándose los unos a los otros. Por supuesto también hay un número límite de luchadores que puede enviar un mismo contratista, y ese número es de tres. Por lo demás se podría decir que no hay reglas: puedes golpear donde y como quieras, matar a tu enemigo o abrirlo en canal mientras todavía suplica por su vida, tampoco hay límite de tiempo ni se divide en asaltos. Básicamente, todo acaba cuando quiera el ganador, si es que lo hay. Finalmente sólo uno será declarado como vencedor.

- Me pregunto cómo habéis mantenido esto en secreto durante tanto tiempo.

- Ya te lo he dicho. En el fondo esto también el conviene al líder de la Unión. El poder de los territorios del norte se basa sobre todo en el espionaje. Gente como nosotros o los "Spheres", aunque no somos bien considerados por los demás, servimos como fuerza de ataque en esta zona, y a cambio, obtenemos recompensa. Así que en resumidas cuentas, él va en contra de nosotros de cara a sus ciudadanos pero por otro lado...

- Entiendo.

- Bien, creo que no me queda nada más que decir. Dentro de una semana comenzará la lucha, espero que estés preparado para entonces, hay mucha gente con sed de sangre entre los luchadores.

- Lo tendré en cuenta. Vámonos, Miruru.

Kai se dispuso a marcharse, esperando a que la chica siguiese sus pasos. Sin embargo, al darse la vuelta descubrió que seguía allí plantada, observando el papel en el que se anunciaba el evento.

- ¿Miruru?

- Yo también quiero participar.

- ¡¿Qu-qué?

- Que yo también quiero participar.

Anna apoyó el codo en el apoyabrazos del sillón y la cara sobre su mano. Acto seguido la miró interesada.

- ¿Eres buena luchadora?

- Lo soy – respondió decidida.

- ¡Espera! ¡El que ha hecho el trato soy yo! ¡Ella no tiene nada que ver!

- No he sido yo la que la ha incitado a ello, joven. De todos modos me gusta su actitud. Así no estará de más tenerte de mi parte.

- ¡¿Pero qué...?

- Bien, pues está decidido – declaró la chica antes de marcharse.

Kai no daba crédito a sus sentidos.

- ¡Me gustaría que me consultaras antes de hacer estas cosas!

- No recuerdo el tener que consultarte lo que haga o deje de hacer.

Los dos subieron las escaleras, tapándose ligeramente de la luz debido al cambio de ambiente.

- B-bueno, e-eso es verdad. Pero aun así, es peligroso.

- No soy una chica débil.

- No sabemos cómo es la gente a la que nos vamos a enfrentar.

- Confía en mí. He sabido apañármelas por mí misma. Me halaga que te preocupes pero te aseguro que se lo que hago. Además, quiero ayudarte y no me gustaría ver como te metes en esas luchas sin que yo pueda hacer algo al respecto.

- Pero...

- Kai.

La chica se quedó parada frente a él, como si lo estuviese riñendo, y provocando que diese un paso hacia atrás. Su cola se movía de un lado a otro, haciendo énfasis de su estado de ánimo.

- ¿Qu...?

Miruru acercó todavía más su rostro al de él.

- Chst...vale, de acuerdo, no comentaré nada más sobre el tema.

- ¡Eso se parece más a lo que quería oír! – declaró animadamente y emprendiendo el camino e nuevo.

- Ah...parece que he perdido...

- Bien, tenemos que prepararnos para entonces. Quizás convendría practicar un poco.

Ambos se situaban en el salón de la casa de Roland. Era de noche, y la tienda ya se hallaba cerrada.

- ¿Practicar? Yo creo que con el trabajo que hacemos en la tienda practicamos suficiente.

- A la hora de un combate vamos a necesitar algo más que eso...

- ¿Qué sugieres entonces?

- Mm...quizás...podríamos intentar ver nuestros puntos débiles y corregirlos.

- Oh, ya veo. Esa ropa no te pega...

- Obviamente me refería a nuestra habilidades no a cómo nos queda la ropa...

- Ya me lo imaginaba...

- No estoy muy seguro de ello...como sea, supongo que lo mejor sería que cada uno nos dijésemos la debilidad que vemos en el otro, pero puesto que no nos hemos visto combatir demasiado será mejor que cada uno juzgue algún error que haya visto en sí mismo.

- Es lógico.

- Bien, visto eso, ¿qué ves tú que pueda resultar un inconveniente?

- Yo diría que el autocontrol. Para la gente como yo es muy importante de forma que no se produzca un desequilibrio, además, es algo que conviene practicar en todo momento, supongo. Quizás deba también vigilar mis espaldas. Mi habilidad sólo sirve para aquello que veo delante de mí por lo que puede resultar más difícil el defenderme contra alguien que se sitúa en mi zona ciega.

- Bien, pues intentaremos centrarnos en ello.

- ¿Qué hay de ti?

- ¿De mí? Bueno, quizás el mayor inconveniente proceda de mi habilidad más ofensiva.

- ¿Habilidad? ¿Hay algo más además de los espíritus?

- Bueno, originalmente la habilidad que yo desarrollé era diferente a llamar espíritus. Esto último fue por May.

- Entonces, ¿qué es lo que ocurre con esa habilidad?

- Pues digamos que requiere cierto tiempo para poder ponerla en práctica. Es por eso que en un combate directo prefiero usar a los espíritus.

- ¿En qué consiste exactamente?

- No creo que pueda enseñártelo aquí, probablemente destruiría la casa con ello.

- ¡Uah! – exclamó Miruru, impresionada -. Ahora tengo más curiosidad.

- Mm...hay un lugar donde creo que puedo enseñártelo...

- ¿Huh?

Kai abrió las ventanas de la habitación y asomó la cabeza hacia arriba.

- Ven.

- Esto es como una huida.

- Si fuese una huida dudo que intentásemos subir al techo de una casa.

Tras decir esto, apoyó sus pies en el borde de la ventana y situó sus extremidades sobre dos de las tejas de arriba. Por lo que había podido observar anteriormente, la casa tenía una estructura bastante tradicional, basándose en un tejado hecho de tejas, rectangular y ligeramente inclinado. La inclinación se dirigía en un ángulo de unos 20º hacia arriba hasta finalizar en una plataforma plana con una pared que la bordeaba al igual que una barandilla, dando lugar a una terraza.

El joven escaló hasta la primera parte del tejado, el área ocupada por las tejas. Acostado boca abajo, extendió su brazo para que Miruru pudiese agarrarse a él. La chica consiguió tomar contacto con la mano de él, quien, haciendo uso de su otro brazo consiguió hacerse hacia atrás, dando el suficiente impulso para que ella llegase hasta donde él se encontraba.

Alcanzando el borde de la terraza, ambos entraron en ella. Poniendo los pies en suelo recto.

- Bueno, supongo que aquí sí que podré mostrarlo si causar incidentes.

Miruru estaba algo expectante.

- Será mejor que te alejes un poco. Cuanto más espacio haya mejor.

- Estás empezando a asustarme.

- Bien allá voy.

Kai cerró los ojos. En un principio no se mostró ningún cambio ni en él ni en sus alrededores, sin embargo eso no tardó en cambiar cuando comenzó a formarse un vendaval a su alrededor. Estuvo en dicha posición durante medio minuto más o menos hasta que, de repente dos fosas de color negro aparecieron a ambos lados de él.

- ¿Qu-qué es eso?

Por cada una de las fosas empezó a salir una mano que distaba mucho de ser humana. Su tamaño era aproximadamente como el de dos o tres hombres en pie uno al lado del otro, por no hablar del aspecto esquelético que tenían.

Detrás de las manos aparecieron los brazos, llegando a la altura de los codos, donde finalmente se detuvieron.

La joven estaba boquiabierta sin saber exactamente qué decir. Las mitades de dos brazos de gran tamaño y pertenecientes a un ser cadavérico se habían dispuesto a los lados de su compañero, descendiendo hasta apoyar las palmas sobre la plataforma.

- ¿Qué es eso? – repitió.

- Cuando estaba en Yohei Gakko intentaba tomar contacto con él, pero supongo que no debía de caerle muy bien por lo que la cosa siempre terminaba muy mal a mi alrededor, pero después de entrenar con First conseguí aprender a llamarlo. Fue May quien decidió ponerle un nombre, y este es Hel.