Bueno acá como les prometí, les dejo el otro capitulo, con la historia de Umma. Después de este capitulo voy a seguir con la historia de Elena, así que vuelvo a la corrida. Bueno ojala que les gusten, y si quieren que cambie algo no duden en avisar por las reviews. Beso A.P.L.

6. El tiempo distinto

Yo no quería ir a ese barco. Quería quedarme en casa viendo la televisión con mi hermana. Pero mi papá es muy testarudo, y dice que tengo que tomar algo de sol, que estoy más blanca que Casper. Padre democrático.

El mar nunca había sido mi fuerte, y el ir y venir de la marea me disgustaba profundamente el estomago. Pero rebecca, me dijo que nada malo pasaría. Tonta de ella.

Como yo sabía que el barco del hermano de mi papá era grande; me traje algunos libros y decidí esconderme en unos de los rincones del barco. Soñe con el mar; una tormenta, que yo me hundía. Imaginen mi sorpresa cuando mi sueño (mejor dicho pesadilla) se volvía realidad.

Cuando me desperté; subí a la escotilla al ver que el barco se movía inusualmente. La tormenta nos había alcanzado y una gran ola se dirigía a nosotros. Llegue al lado de mi hermana; justo antes de que nos volteara. Todo lo que podía pensar era "Genial, ahora además de blanca, muerta como Casper".

Me desmayé apenas toque el agua, y lo que paso después, solo Rebecca lo sabe. Ella es la culpable cuando lo pienso. Ella no se desmayó y nadó hacia mí urgentemente. Ya había perdido de vista a todos y temía por su vida. Cuando llegó a mi, supo que no había nada que hacer. Yo estaba inconsciente lo cual era un peso muerto; y la tormenta no daba signos de aflojar. De repente, una ola derribo a mi hermana, y cayó conmigo en el fondo.

En el camino, mi hermana ya se había vencido, y no movía ningún músculo a pesar de poder hacerlo. Fue eso, lo que indignó a Sam. En un segundo, envió una burbuja de agua (como en la película de Simbad), salvándonos. Rebecca, no se dejó confiar solo por el hecho de que nos había salvado.

- ¿Quién eres? – preguntó con desconfianza.

- Estoy en shock; ¿no vas a ni siquiera rogar por tu vida? – le ignoró.

- Aléjate de mi

- ¿Estás segura de eso? La perspectiva anterior no era la mejor, Rebecca.

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Como cualquier demonio, cada vez que alguien comete un crimen se graba en la memoria de un demonio. Puede ver todo dentro de la cabeza del condenado, incluyendo su nombre

- Yo jamás cometí un crimen

- No estaba hablando de ti – miró observandome. Mi cuerpo se removió inquieto, como si supiera que lo estaban mirando

- ¡Vete!

- Eres bastante malagradecida para alguien cuya vida acabo de salvar, los demonios no se ubican bastante bien en el mar, fue muy difícil encontrarte Rebecca. Además se razonable, si me voy la corriente te matara, las matara. Y tengo respeto por tu hermana como para dejarla morir

- Me niego a hacer un trato con un demonio

- ¿Tomarías esa decisión por tu hermana?

Rebecca me miró incómodamente. Sabía que no teníamos opciones sin el demonio. El orgullo que expresaba era demasiado grande, sin embargo, finalmente, se vio obligada a tragarlo. El trato ya estaba pactado. Sam nos transformaría en sirenas hasta que lleguemos a casa. A penas toquemos el porche de nuestro hogar el aparecería inmediatamente y reclamaría nuestras almas por 100 años.

Todo hubiera salido medianamente bien si el orgullo de mi hermana no se hubiera interferido en nuestro camino. En vez de nadar a casa, y asegurándose de que Sam no la siguiera, nado hacia costa contraria. En medio del camino me desperté y analicé la situación. Mi hermana me comunicó telepáticamente lo que había pasado y la decisión que había tomado.

Cuando llegamos a costa, agotadas de tanto nado, nuestras colas se transformaron en piernas y volvimos a ser humanas. Por ahora.

- ¿Cuál es tu problema?

- ¿De que estas hablando? Salve tu vida de 100 años en el infierno

- No, nos condenaste a ser perseguida por un demonio el resto de nuestras vidas. Si es que a esto podes llamarle vida

- Umma, no tenemos tiempo, tenemos que movernos

- ¿A dónde? Estamos en medio de una isla y estoy muerta de hambre

- Tiene que haber algo que podamos comer, yo iré a cazar, prepara una fogata, por la mañana nadaremos, mientras estemos cerca del mar, estaremos a salvo, no puede encontrarnos en el agua. Le es muy difícil

- ¿Y que pretendes? Nadar por el resto de tu vida, sin ofender, pero no tenía en mis planes de vida imitar a Shane Gould.

- Ese es el plan por el momento.

- Acabas de condenar mi vida a un infierno peor que el infierno

Encendí el fuego con rabia, intentando imaginar si sería parecido al del infierno. Tenía miedo de Sam, ya sabía de lo que era capaz. No era la primera vez que lo había visto. Gracias a dios que mi hermana no pregunto por el crimen del cual Sam conocía porque si eso sucedía, toda la fachado que había construido por años se vendría abajo.

No siempre fuimos dos hermanas, solíamos ser tres. Mi hermana Alina. Era la mayor, y aún más responsable que Rebecca. Un día me encontró agarrando unos chocolates antes de la hora de comer y me regañó. Fue una tontería, pero le contó a mamá y ella me envió a la cama sin comer. Estaba enojada con mi mamá, pero odiaba a Alina. Así que con el sigilo de la noche cuando todos dormían, asesine a mi hermana. La tapé con la almohada y solo cuando dejo de retorcerse la solté. Era diabolica. Cuando giré apareció Sam.

- ¿Vas a delatarme a mamá?

- Vi lo que paso, no soy idiota como para cometer ese error.

- ¿Entonces?

- Deseo hacer un trato.

- Habla.

- Tu primer hijo por el olvido de todos tus familiares sobre Alina

- Trato.

Al día siguiente nadie recordaba a Alina. Su cuarto había desaparecido, su cara no se veía en los retrato. Era como si nunca hubiera existido. Pero lo hizo.

Después de comer un conejo vivo que había traído Rebecca (no me hagan pensar en ello), nos quedamos dormidas. Cuando el sol salió, Rebecca decidió que no estábamos seguras en tierra firme, por lo cual me llevó al agua.

Viví en el agua por poco más de un año. La vida como animal acuatico era mucho más placentera que la que tenía como humana. En el agua encontré paz, y la más pura de las amistades. Los delfines se volvieron mi entorno social, ya que nuestro lenguaje acuatico de comunicación era bastante parecido, así que lograbamos entendernos.

Pero más allá de mi inmensa felicidad y alegría en el mundo subterraneo, lamentablemente no estaba en los planes de mi hermana vivir por siempre en el paraíso acuático. Al cabo de un año, Rebecca convencida de que Sam ya se había olvidado de nosotras, me arrastró por la noche a la superficie.

Opuse resistencia (me ate con algas a un coral) pero mi hermana me termino sacando de mis amistades. Cuando toqué tierra firme mis piernas estaban bastante débiles por no haber sido utilizadas por mucho tiempo. Por fortuna no tuvimos que caminar mucho hasta encontrar una choza abandonada en medio de la playa. Pasamos ahí la noche.

En los días que siguieron, no salí de la choza. Rebecca estaba acordando con un jefe de transacciones la habilitación de su herencia. Al día siguiente se reunirían. Ese día a la mañana fue la única vez que mi hermana me perdió de vista, por lo cual aproveche para pasear por la playa. Tome un vestido blanco del armario y salí a caminar.

Caminé bastante hasta llegar a la parte habitada de la playa. Unos muchachos (bastante lindos debiera añadir) estaban jugando volley (¡y sin camisa!). Intentando no babear me senté en la arena a observarlos discretamente. Todos eran lindos, pero mis ojos se habían apoyados en la figura de uno en particular. Era alto, castaño, con pelo alborotado y un cuerpo divino.

Como si el sintiera mi mirada de repente se giró, y nuestras miradas se conectaron. Nada importaba ya, pues estabamos en un tiempo distinto donde nada podía afectarnos. No me preocupe en contar los segundos (¿o habrán sido minutos?) en que nuestras miradas viajaban en ese tiempo distinto. Las palabras no existían, pues ambos sabíamos que aunque no hablaramos nuestro destino había sido entrelazado mucho tiempo atrás.

Los gritos de mi hermana, me trajeron de vuelta a la realidad. El tiempo se cortó y el desvió su mirada un tanto avergonzado. Cuando llegó me arrastró a la choza de nuevo y me regaño terriblemente por haber escapado. Fue inútil insistir que solo había salido a dar un paseo.

Pensé que jamás podría volver a salir de su vista, y me lamente. Había algo en ese chico que me empujaba a saber más de él… de nosotros. Por suerte fue ese mismo chico el que me dejó ser libre por una vez más, ya que después de haber soñado con él me desperté en medio de la noche. Mi hermana dormía, era mi oportunidad de liberarme otra vez.

Extrañaba mucho a mis amigos, los delfines, así que después de meditar decidí volver al agua a llamarlos. Sabía que no estarían tan lejos; ellos me habían prometido quedarse por los alrededores. Cuando capte un sonido nade lo más rápido que pude hacia lo que pensaba era mis amigos.

Nade tanto, que no me di cuenta que estaba nadando realmente hacia el chico que había conocido. Cuando me dí cuenta era demasiado tarde, apenas pude frenar. Subí a la superficie. El jadeo se fue en el instante en que nos vimos y volvimos a entrar a ese tiempo distinto. Teníamos una conexión innegable. Pasamos horas así mirandonos cuando el abrió la boca.

- Umma

Su voz rompió el tiempo, y las preguntas empezaron a aflorar. ¿Cómo conocía mi nombre? ¿Me conocía? ¿Qué hacía en medio del mar a la noche?

- Tengo muchas preguntas

- Lo sé

- ¿Nos conocemos?

- No directamente, no.

- ¿Entonces como?

El pareció meditar por un segundo y bastante confiado dijó

- En mis sueños, el futuro se presenta

- ¿Cuánto sabes?

- Eres una sirena que viajo con su hermana en el mar por un año

- ¿Y del futuro?

El sonrió

- Amor

Solo eso dijo y yo comprendí. El chico iba a ser la persona que amaría en mi futuro. Tal vez no estaba tan mal volver a la tierra después de todo.

- Sabías que vendría esta noche

- Seguía una corazonada

- ¿Cuándo nos veremos de nuevo?

A penas lo conocía pero sentía que no podía separarme jamás de él.

- Por ahora tenemos el ahora, ya, no te preocupes por el futuro, ese es mi tema

Y así sin más se acercó y me besó. No puedo llegar a describir lo que sentí en ese momento. El más puro de los amores tocó a mi puerta y ya estaba adentro. Forzosamente nos separamos, ya que el amanecer ya estaba cerca y debía volver a la choza.

Cuando llegue a la choza con el cuerpo desnudo y mojado mi hermana no estaba. La reprimenda que seguramente me esperaba iba a ser ejemplar. Aproveche para dormir un par de horas, yendo así a mi cuarto. Pero cuando me metí en la cama ya había alguien en su lugar.

- ¡Sam!

- Es hora de conocer tu destino, Umma

- Yo… no quería escapar, de verdad… por favor no me mates

Él se acercó amenazador y retrocedí como ratón espantado. Pensé que iba a matarme, pero cuando levantó la mirada, me agarró el brazo, me puso detrás, y me susurro de una manera extrañamente seductora.

- La muerte es un castigo demasiado piadoso para tus crímenes

Al segundo siguiente ya no estaba, había desaparecido en el aire, y hubiera jurado que solo fue una ilusión si no fuera por que mi piel todavía sentía su tacto pecaminoso. Escuché un ruido y me dí vuelta para ver si era mi hermana. Me extrañe al ver la puerta cerrada, ya que no recordaba haberla cerrado, pero me alarmé cuando la puerta no abría. Un humo blanco se deslizó por debajo y caí inconciente.