Holi? MMMM... pues no tengo ganas de escribir, solo digo que me encanta este capitulo... LO AMO... y esop, espero sus reviews, y... puss... esop.

Bye.


Capítulo 16


Excelente, ahora ya sé de donde viene toda mi mala suerte.


Abrí la puerta con cuidado, tratando que Araziel no viera que mis manos temblaban levemente y lo mucho que me estaba costando hacer algo tan simple, debido a las bolsas de las compras. Una vez dentro del departamento de Alexia puede ver a Angélica y a Andrés. La primera miraba el atardecer atreves de los cristales con aire ausente, mientras que él estaba tirado en el sofá con su antebrazo izquierdo tapándole el rostro. Entre rápido y busque con la vista nuevamente a Nikolas, pero no lo encontré. Fui a la cocina y a las habitaciones, pero nada.

- ¿Y Nikolas? – Pregunté, cuando me di cuenta que nadie me lo diría por iniciativa propia.

- No sabemos. – Comentó Andrés. – Se fue hace un rato… no nos dijo a donde iría.

- ¿Y Angélica no lo puede ver? – Preguntó Araziel por mí.

- No. – Comentó con la voz seca. – No puedo ver nada…

- No estará en… – Araziel dejo la oración sin terminar. Te golpeare chico demonio… Juro que lo hare.

- Espero que no. – Volvió a acotar Andrés.

- ¿Estar en donde? – Pregunté molesta.

- Abajo. – Hablo nuevamente Angélica. El sol ya se había escondido. – Supongo… Supongo que ya va siendo tiempo de decirte.

- ¿Decirme que? – Pregunté cabreada. Parecía que en esta conversación no haría más que preguntar.

- Alexia… Ella no podía caer en las manos de los demonios. – Susurró Andrés luego de soltar un suspiro. Tomé una silla y la arrastre un poco para sentarme en ella. Araziel se sentó en el suelo, a mi lado.

- Como tú… ella puede ver nuestras auras. – Continuó Araziel. – Pero además puede ver el futuro de la guerra… es una herramienta. Como tú.

- Si ellos la tienen, podrán ver todo lo que nosotros hagamos o decidamos. Por tanto, ganarían la guerra. – Angélica abrazó sus rodillas con fuerza y oculto su rostro en ellas luego de decir eso.

- Teníamos que estar con ustedes en todo momento. – Dijo Andrés. Seguía en la misma posición. – Como sus ángeles guardianes no están…

- ¿Cómo? – Pregunté confusa… ¿Qué mis ángeles no estaban? ¿Qué diablos?

- Tanto tú como Alexia no tienen ángeles guardianes. – Susurró Angélica, aun entre sus piernas. – Tú no naciste con ellos y Alexia… A Alexia se los quitaron.

Excelente, ahora ya sé de donde vino toda mi mala suerte.

- No podemos perderte de vista a ti ahora. – Comentó Andrés. – También les sirves. No cualquiera puede ver las dimensiones.

- No permitiré que te pase eso. – Dijo Araziel. Baje la mirada… sus ojos tenían un matiz diferente. ¿Siempre habían sido grises? Los recordaba castaños. – Tenemos que recuperar a Alexia, así que te entrenaremos. ¿No tienes problemas con eso, cierto?

Me encogí de hombros restándole importancia a la pregunta. Todo lo que implicaba violencia me llamaba la atención.

- Me alegro. – Dijo él con una sonrisa. – Pero tendrás que atender a las responsabilidades.

- Acepto los términos de condición y uso. – Susurré a modo de broma. Angélica y Andrés se pararon a la vez y Araziel se puso en alerta.

- Algo viene. – Musitó Andrés. – Y no es bueno.

Trague saliva cuando vi como, a lo lejos, una cadena de autos chocaban unos con otros. Todos relajaron sus posturas luego de soltar un largo suspiro y me miraron.

- ¿Qué fue eso? – Pregunté.

- Que te lo cuente Araziel. – Dijo Angélica. – Nosotros tenemos que hacer las contabilidades de hoy día.

Y se fueron. Mire al demonio que estaba sentado cerca de mí. Él soltó una sonrisa socarrona. Mierda, está planeando algo malo.

- "Eso" – Dijo al tiempo que se paraba y me acorralaba en la silla. – Fue un indicio de mal. Como una corazonada.

Su rostro estaba tan cerca que sentí que su olor me asfixiaba, sus ojos estaban clavados en los míos y sus labios rozaban con delicadeza mi boca. La basorexia no tenía ganas de irse, pero yo la mandaría al carajo de una buena vez.

- Ya me robaste un beso, no te daré otro. – Dije tratado de alejarme, pero no pude. Después de todo, estaba sentada.

Su risa fresca llego a mis oídos como un susurro. Deslizo su cabeza hasta apoyarla en el hueco de mi cuello y con su nariz rozo mi clavícula, su respiración me producía un pequeño cosquilleo agradable. Pero eso él jamás lo sabría.

Cuando bajo lo suficiente la guardia escape de ese molesto agarre y me dirigí a la puerta de entrada.

- No es tan fácil... – Susurró él en mi oído, nuevamente su risa llego a mí, y sus brazos rodearon mi cintura. Apoyé mi cabeza en la puerta y dejé mi mano en el picaporte. –…Escaparse de un demonio.

- Aléjate Araziel. – Dije enojada. No me agradaba la sensación que se me estaba produciendo en el estomago. Tampoco me gustaba el hecho que donde me tocaba, ardía. Mucho menos me agradaba que todos esos "síntomas" fueran de la enfermedad del amor.

- Lo lamento, pero no lo hare. – Dijo con sus labios pegados a mi oído. – No te voy a dejar sola. Aunque tú no queras eso.

Bajo su cabeza hasta apoyarla en mi hombro y repartir pequeños besos, hasta llegar a mi cuello. Trate de zafarme paro me era inútil, mis manos temblaban mucho y no lograba reunir la fuerza necesaria.

- Basta. – Chillé con un tono de voz más suplicante de lo que quería. – Te dije que no te daría nada mío.

- Cathy. – Susurró, dejando de en el olvido su anterior tarea. – Mi naturaleza es la de un demonio. – Rió con malicia y me apretó más a su cuerpo. – Amo robar las cosas preciadas de los demás. – Sentí algo removerse en mi interior, e inevitablemente me estremecí un tanto al ver sus alas rodearme y aprisionarme con fuerza. – Pero agradece que no tome algo más importante, como un sueño… una ilusión. – Sus labios rozaron nuevamente mi oreja e inevitablemente temblé. Él aflojo el agarre de mi cintura y me giro para poder verlo a la cara, me empujo contra la puerta con poca delicadeza y beso la comisura de mis labios. – Incluso pude robar tu alma o tu corazón. – Comentó deslizando una de sus manos por mi pecho hasta situarlo en el punto exacto de mi corazón, y hacer presión. – Pero, solo por ser tú, creo que te robare completa. – Y sus labios chocaron con los míos.

Mordió un poco mi labio inferior pidiendo permiso para entrar a mi boca, y accedí. Sus brazos volvieron a aprisionar mi cintura y atraerme más a él. Su lengua paseo gustosa por toda mi boca, aunque no me quede atrás, hice los mismo que el. Y así continuamos, tratando de ver cuál de los dos era mejor, logrando convertir ese beso en una competencia.

Sentí que me faltaba el aire poco a poco, pero lo deje de lado. Tenía que ganar. Aunque, ahora nuestras lenguas jugaban una con la otra y sus manos deslizaban mi remera. No es que yo me quedase atrás tampoco.

Araziel rompió el beso y muy a mi pesar tuve que hacerlo también. Aleje mis manos de su formado torso y mire al suelo, nerviosa. ¿Y ahora qué?

- Parece que logre robarte. – Susurró al levantar mi rostro con su índice y notar mi molesto sonrojo. – Y ahora me perteneces.

Y, por alguna razón, eso no se me hizo una mala idea.