Diavolo Nuovo es una serie original de Producciones Gran Torre, este Film es una producción diagonal de la serie en cuestión, se prohíbe su reproducción o uso por terceros salvo para material de Fan Fics, Fan Arts y Juegos de Rol.

Pd

Si alguien hace un Rol de esto que me avisen para entrar XD.

Nexos de la Sangre

Serie: Diavolo Nuovo.

Género: Sátira religiosa/Film diagonal.

Fecha de inicio: 16/09/2011, 8:29 pm.

Fecha de término: 30/10/2011, 5:08 pm.

Autora: Silvia Vega Gutiérrez, directora jefe de Producciones Gran Torre.

-o-

Antes del principio de los tiempos había un Dios, un Dios cuya existencia no se cuantificaba porque aun no se había inventado el tiempo, luego este Dios invento el universo y un calendario a partir de allí pero como él era de mucho antes nos quedamos sin saber su edad, origen o demás, es Dios, es todo.

Este Dios no estaba solo, junto a él existía otro Dios que quizás fuera menor, el otro Dios era poco conversador y no hacia gran cosa, al menos hasta que apareció el universo, entonces pareció enfadarse y empezó a llevarle la contraria a todo lo que el primer Dios hacia, si uno creaba el otro destruía, si este encendía una luz aquel llegaba y la apagaba, si aquel erigía una montaña el otro la tumbaba tanto tiempo insistieron con aquel juego de estira y afloja que el primer Dios le cambio el nombre al segundo y le puso "Diablo", esto enfado mucho al otro y un buen día se pusieron a discutir como nunca antes…con palabras.

-No sé qué te altera, solo te puse un nombre nuevo, para que no nos confundan.

-¡Un apodo, eso fue!

-Es una palabra, significa "Opositor"

-Es una palabra que tu inventaste

-No hay otra fuente, vamos hermano, ¿a qué viene esta manía de arruinarme las cosas?, yo no rompo tus juguetes.

-Yo no tengo juguetes, eso es lo que me enfada, todo lo que toco se destruye, eso no es justo.

-Entiendo, pero dos creadores sería demasiado, hace falta equilibrio… ¿Si yo te diera una sustancia…un elemento tan destructivo con el que crear…me dejarías hacer mi trabajo en paz?

-Depende…nunca te dejare del todo, ¿Qué elemento puedes darme?

-El más primitivo: Fuego, será tuyo para crear y destruir.

-¿Cómo funcionaria eso?, quisiera una raza viva.

-La vida te es antinatural.

-La reminiscencia de una vida entonces.

-Lo que queda tras una vida…eso puede arreglarse pues también quiero una raza viva, la luz solo destaca en la oscuridad, te propongo esto, tu fuego alimentara a tu raza y la luz que este produzca dará vida a la mía.

-Con una condición, conserva a uno entero, fuego brillante, que sea de los tuyos pues aunque siempre serás yo puedo dejar de ser, guarda a un ser perfecto que preserve este día en el cosmos.

-Así sea.

Y en el espacio apareció una estrella roja y brillante, Dios la tomo en sus manos dándole forma, la forma de una niñita de largo cabello oscuro y alas negras, profundamente dormida en la mano del señor.

-Su nombre será Lilith…

-Es mía, ¿Quién te dio derecho a nombrarla?

-Es mía pues yo la he creado.

-Un día volverá a mí, un día te causara problemas.

-Hasta entonces será mi mayor tesoro.

-Uno que no repetirás…

-¿Te vas?

-Tengo que hacer…por fin, tengo algo que hacer…

-Recuérdalo, cada flama que enciendas es una luz para mí…

-Toma cuatro por las molestias y nunca lo olvides…ella volverá a mi…

Se separaron, con las cuatro primeras luces Dios hizo nuevos querubines, el primero le salió simple y copio el aspecto general con más personalidad para el segundo, en el tercero fue más ocurrente, con el cuarto se divirtió y cuando estuvieron listos los deposito en un jardín muy grande, preparo algunas cosas extras y ya con todo en marcha los dejo despertar.

La niña abrió los ojos primero, ojos grandes y brillantes, vio a sus hermanos y ella misma despertó al más cercano, el simple, un chiquillo rubio de ojos castaños, se miraron largamente pues cada uno era la primera persona en la vida del otro y eso debía ser recordado.

-Hola…Miguel- dijo ella adivinando su nombre.

-Hola…Lilith- dijo él haciendo igual.

Se sonrieron mutuamente y felices de conocerse despertaron a los demás.

De esta forma el tiempo pudo encausarse y las obras de Dios mantenerse en pie, coloco sus dominios en un plano superior al que llamo "Cielo", un lugar donde podía experimentar al gusto sus creaciones antes de ponerlas en el universo y donde sus ahora llamados ángeles podían crecer y vivir bajo su divina luz.

Diablo por su lado estuvo vagando hasta que encontró un planetoide ardiente que debió gustarle porque allí se metió, no tardo en darle uso a su nuevo don creando una raza de fuego, velar por ellos era lo de menos, solo le interesaba crearlos y por cada flama que encendía una luz surgía en el cielo, pronto su planeta se lleno de demonios sin mayor crianza que su instinto de supervivencia y una innata violencia, Diablo los dejaba estar y miraba a las alturas, para él la única flama valiosa ardía como una estrella en el Cielo.

-O-

Durante mucho tiempo Ángeles y Demonios ignoraron la existencia de sus pares pero todo cambio un día sin número cuando Lilith, dando el primer pasó a su inevitable destino, se asomo por vez primera a la Tierra, el planeta ardiente donde Diablo tenía sus dominios, para aquel entonces ya había dejado atrás la infancia y estaba en su adolescencia, se había convertido en una hermosísima chica de larga cabellera negra y ojos de un rojo cristalino, tenía una mente inquieta que gozaba de curiosear e indagar con todo asique el día que encontró la ventana sola no pudo resistirse a dar una vistazo.

Miguel la encontró mirando por la ventana, un boquete de nubes en lo más bajo del Cielo, él y los primeros ángeles, Rafael, Uriel y Gabriel, habían sido compañeros desde siempre pero la clara diferencia distanciaba a Lilith de ellos cada vez más, Miguel sin embargo siempre había sido el más cercano.

-Lilith- llamo, ella no le hizo caso- ¿Lilith?, ¿Qué miras, hermana?

-Hay alguien allá abajo-dijo sin dejar de mirar.

-¿Alguien?- repitió Uriel, los cuatro se acercaron a mirar- no seas boba, no hay nadie allí…no podría.

La ventana miraba a un lugar muy oscuro, con volcanes haciendo erupción, humo y fuego, a ninguno le pareció posible que algo vivo anduviera por allí y estaba muy seguros de que no había nada vivo en ninguna parte del cosmos pero Lilith seguía mirando con impaciencia, esperando algo, asique ellos también se quedaron a ver cuando de pronto…

-¡Allí esta, les dije!

Una exclamación general recorrió al grupo, de entre las laderas había aparecido la criatura más inusual que jamás hubiesen visto, no se parecía a ningún animal que vieran en el jardín de su Padre, era negra como el carbón con brillos rojos y una gran cresta o coraza sobre la cabeza, caminaba en sus cuatro patas con andar simiesco, tenia cola y también tenía alas, de alguna extrañísima manera se parecía a ellos.

-¿Qué es eso?-pregunto Gabriel.

-¡No es un eso!- replico Lilith algo ofendida- es una personita, ¿no es hermoso?

-Hermana, tienes un gusto de lo más extraño.

-Vamos, Miguel, es asombroso, ¿sabrá que lo miramos?... ¡Hola, amigo!

-No creo que lo sepa- dedujo Uriel- no lo entiendo, ¿Cómo puede algo- Lilith lo miro feo- …o alguien vivir allá abajo?, quiero decir, ¿esta solo?, ¿Qué es lo que come?

-No está solo-dijo Rafael- allí hay otro.

Se inclinaron más sobre la ventana, una segunda criatura negra se acercaba lentamente, de repente se lanzo sobre la primera y se pusieron a pelear con una violencia que ninguno de los ángeles entendió, Lilith ahogo un grito de miedo y le grito a su nuevo amigo que se defendiera, como si le hubiera escuchado la primera criatura se impuso, sujeto a su atacante de la cabeza y le dio un brusco tirón, la segunda criatura cayó muerta, los ángeles no habían visto nunca a algo morir asique no lo comprendían.

-¿Se quedo dormido?- aventuro Gabriel.

-Con esa golpiza tal vez- dijo Uriel- miren, el otro quiere despertarlo.

-Su cabeza se mueve raro… ¡Cielos!- Rafael se echo para atrás antes que los demás, la criatura viva acababa de morder a la muerta en el cuello.

-¿Se lo está…comiendo…?- dijo Uriel atónito.

-…No deberíamos ver esto- dijo Miguel, tomo a su hermana de los hombros- vamos Lilith, ya no mires.

-Pero…pero, Miguel, yo quiero…

-No, esa criatura es extraña, peligrosa, no debemos mirar algo así.

-¿Qué tiene de malo?, tiene que comer, eso dijo Uriel.

-No dije que tuviera que comerse a otro como él, eso es…malo…

-¿Y eso que significa?- pregunto Lilith desconcertada- ¡Deja de empujarme, Miguel!

-No significa nada, circulando, tenemos que llegar a los maitines.

Lilith resoplo molesta y no hizo el propio de andar, Miguel tuvo que empujarla todo el camino, estaba turbado por la grotesca escena que acababa de presenciar, por principio cada ángel era algo más avispado en entender ciertas cosas que otros y el era bueno en entender conceptos violentos, había sido el único en notar que la segunda criatura había muerto cuando lo otros la creyeron dormida, ¿qué clase de ser era ese que mataba a uno de los suyos?

Aquel ser era un demonio y se llamaba Belcebú, el nombre se lo había puesto él solito pues no valía la pena esperar que su Amo el Diablo se molestara en hacerlo, recordaba haber despertado en aquel mundo ardiente siendo solo un pequeño diablillo y desde entonces había tenido que valerse por su cuenta, encontrarse con otros demonios no era buena señal, había que sobrevivir, había que alimentarse y falta de cualquier otra cosa comestible en aquel terreno su propia raza era presa y cazador.

Luego de comer cuanto pudo se dispuso a irse, el olor a sangre podría atraer a otros, debía buscar un refugio para descansar de la pelea asique abandono el cuerpo del demonio vencido y se alejo no sin antes darle una mirada al cielo cubierto de nubes, hubiera jurado escuchar una voz mientras luchaba, la verdad es que desde hacía unos días tenía la sensación de que lo estaban observando más de lo normal, quizás solo fuera el hambre, aquella había sido su primera comida en más de un mes.

Encontró una gruta medianamente fresca y se acurruco, satisfecho consigo mismo, a pesar de ser algo enclenque había sabido defenderse hasta ese momento, sería una buena historia para contar…si hubiera alguien a quien contársela.

-¡Lo encontré!

La Biblioteca del Cielo había abierto sus puertas hacia muy poco, los ángeles y querubines aprendían a leer y escribir pacientemente pero Uriel, cuya inteligencia veloz era destacable, había aprendido en solo dos lecciones asique aparte de enseñar a otros iba de allí para allá entre los millares de libros, aquel era su lugar favorito y a nadie extraño que apenas unos días después del descubrimiento de la criatura anunciara que había descubierto lo que era, les mostro a todos el libro con una ilustración que dejaba a las claras su éxito.

-Se llaman demonios- explico con semblante preocupado- me tarde en hallarlo porque este libro no lo escribirán hasta después del 2000 DC.

-¿Qué significa DC?- pregunto Miguel.

-Después de Cristo.

-¿Y ese quién es?- pregunto Lilith.

-Ni idea pero ha de ser importantísimo si dividen el tiempo en antes y después de él…a la de menos es un huracán de esos devastadores, ¿sabían que los van a nombrar?

-Sí, sí, muy interesante- Lilith le quito el libro-¿Qué más dice de ellos?

-No mucho realmente, están hechos de fuego, viven bajo la tierra, obedecen a algo llamado el Diablo, no pude hallar mucho más, ¿notan que parte del texto esta borroso?, son de esas cosas que aun no deberíamos saber.

-Entonces hay que dejarlo así- dijo Miguel tomando el libro y cerrándolo- si no debemos saberlo entonces no hay que investigarlo.

-Pero yo quiero saber.

-Hay una cosa más, no lo entendí muy bien, el libro dice que son enemigos de los ángeles…pero no entiendo esa palabra muy…

-¡Suficiente!- exclamo Miguel, el si entendía la palabra "enemigos"- Lilith no necesita saber nada de esto.

-Miguel…

-Nada, más bien sal de aquí, tienes que ir a practicar con el arpa.

-D: Pero es aburrida…

-Es una responsabilidad, muévete.

-Jo, está bien ¬¬ pero yo sí creo que es importante saber sobre ellos, ¿Qué tal si nos encontramos un día?

Miguel la llevo a su clase y la observo practicar, últimamente tenía que estar tirando de ella a todas partes pues mientras más crecía su hermana más diferente e impulsiva se volvía y aunque siempre habían estado juntos nunca hasta entonces aquella responsabilidad se había vuelto un lastre, Lilith o no podía o no quería entender que había cosas que ella no debía saber, que no siempre le bastaría con pestañear coquetamente y lucir sus grandes ojos para obtener lo que quería, ponía una cara de frustración mientras tañía el arma francamente adorable.

Resoplo, no podía sacar el asunto de los demonios de su mente, "enemigos de los ángeles" quería decir que si se encontraban los lastimarían asique lo mejor que podía hacer era rezar porque eso nunca pasara, en especial a su hermana, sacudió la cabeza molesto, en realidad no debería preocuparse tanto, los demonios estaba allá abajo y ellos allí arriba, ¿Qué razón habría para que sus caminos se cruzaran?

El día en que las cosas comenzaron a ponerse extrañas empezó con normalidad para Belcebú, al menos con lo que él consideraba normalidad, el alba lo encontró hecho un ovillo en el hoyo que se había encontrado para dormir, unos tragos de agua sulfurosa y unos bocados de arcilla rojiza fueron su desayuno, luego vagar rápidamente, debido a que no tenía sentido de la dirección no podría decirse a donde iba pero Belcebú se había metido entre ceja y ceja la idea de averiguar en donde se metía el sol.

Llevaba las últimas semanas en semejante viaje y ese día continuaría, quería recorrer una buena distancia asique empezó desde temprano cuando diviso a dos demonios a la distancia, su primer instinto le dijo que huyera pues no podría con dos pero en el acto le pareció extraño a ver pensado en ellos como un equipo, no estaba peleando, solo estaba allí juntos, nunca había visto a dos demonios juntos que no se peleasen, temeroso pero interesado se aproximo a investigar.

-Me duele…-decía uno, el más pequeño aunque ambos eran muy jóvenes.

-Te dije que no podías mascar arena, Evel.

-Pero tengo hambre, Aldered, ¿Cómo es que puedo mascar barro y no arena?

-Porque el barro es suave, tiene agua, nutrientes…fierro y mucho zinc, es bueno, la arena es solo…arena.

-¿Cuándo me va a dejar de doler?

-No se…pero esto puede ayudar- tenía un puñado de barro y lo puso en su boca- deja que lo frio te calme las encías.

Belcebú ya estaba completamente encantado con esos dos cuando diviso a un tercer demonio bastante grande acercándose, iba agazapado y en la mirada lucia esa ávida expresión que ya conocía de los desesperados y hambrientos, era un demonio grande, podría matar a esos dos jóvenes, ya estaba muy cerca, salto sobre ellos con un rugido y entonces Belcebú salto a su vez interceptándolo.

Los dos demonios jóvenes se sobresaltaron y solo pudieron ver como los dos más grandes peleaban, el que lucía más enclenque pronto se impuso gracias a su agilidad, tomo al otro del cuello y recordando que eso le había dado buenos resultados antes le dio un brusco giro para romperlo, el atacante cayó muerto, Belcebú se volvió a los jóvenes y el mayor de estos le gruño defensivamente.

-Vengan- les dijo, arranco un trozo del cadáver y se los acerco- hay que comerlo mientras está caliente, antes de que otros vengan…al pequeño le sentara bien.

Ambos le miraron un momento antes de que Evel escupiera el barro en su boca y se acercara, rápidamente dio buena cuenta del trozo de carne y se acerco por más, esto pareció ablandar a Aldered que también se acerco, los tres estaban hambrientos y no hablaron hasta dejar el cadáver en puros huesos.

-No me había llenado así nunca- suspiro Evel recostándose satisfecho.

-Este iba a herirnos- dijo Aldered royendo un hueso- gracias por tu ayuda, nunca imagine ver a un demonio salvándonos de otro.

-Yo nunca imagine ver a dos juntos sin pelearse, una por otra, soy Belcebú.

-Aldered, él es Evel, estamos juntos desde pequeños asique ya nos parece normal, además es mejor cuando hay que defenderse, pareces buen sujeto, únete al grupo y aumentaremos posibilidades.

-Hablas extraño pero no puedo, estoy en medio de algo.

-Dinos que es- pidió Evel- Aldered es listo, puede ayudarte.

-Trato de averiguar donde se mete el sol todas las noches, llevo semanas persiguiéndolo- Aldered se le quedo mirando y entonces soltó una sonora carcajada- ¿Qué?, ¿dije algo tonto?

-El sol no se mete en ninguna parte- explico- la tierra es redonda y gira a su alrededor.

-Un momento… ¿Esperas que me trague que la tierra es la que se mueve?, lo sentiríamos.

-No tienes que creerme pero estoy muy seguro de lo que digo, quédate con nosotros, es el mejor plan.

-No es mi plan- dijo Belcebú con terquedad-y no te creo, voy a seguir, ustedes cuídense y manténganse vivos, cuando descubra donde se mete el sol volveré para contarles.

Se marcho antes de que pudieran decirle algo más, no se acostumbraba a la compañía pues nunca la había tenido y ese Aldered le hacía sentir incomodo, siguió con su viaje otro par de semanas cuando tuvo un segundo encuentro inesperado cerca de las grandes aguas que azotaban la tierra, estaba descansando arrullado por el sonido de las olas cuando distinguió una figura pequeña yendo de un lado al otro de la playa, un diablillo o cría de demonio, no había visto a uno nunca.

-¿A qué juegas, enano?

-¡Aayh!- el diablillo dio un brinco y le miro, no era diablillo si no súcubo, una niña de su especie.

-Anda, no te voy a comer…no lo hare, en verdad, ¿Qué traes?

-¿No me va a comer?

-Ooh, que no.

-¿Por qué es bueno o porque soy una nena?- pregunto desafiante, a Belcebú le dio risa.

-No creo que seas una nena.

-¿Me puede ayudar entonces?-miro hacia atrás nerviosa y no le dio tiempo de responder- ¡Sígame!

Intrigado, Belcebú fue tras ella, se fueron por la costa hasta un grupo de rocas del que venían unos alaridos espantosos, al acercarse vieron a una súcubo adulta dando a luz, Belcebú se asusto, eso era otra cosa que nunca había visto.

-¿Es tu mamá?

-Mi mama se murió, ella me cuida, ayúdela, ¿sí?

-¿Ayu…?, oye espera, ¿Qué crees que yo puedo hacer?

-No sé, algo, use la cabeza.

-…Debí quedarme con aquellos dos…bueno a ver…creo que se que hacer.

Cargo con la súcubo en la espalda y corrieron al pozo de ceniza más cercano, con tanto volcán en el área estaban donde fuera, la enterró a medias y mando a la niña por agua del mar, los gritos atravesaban el cielo cuando paso, algo como un torrente de fuego liquido surgió entre las piernas de las súcubo cayendo y revolviéndose en las cenizas, Belcebú vertió el agua sobre la cosa y esta soltó mucho vapor, la cosa adquirió forma moldeándose en la ceniza húmeda que al secarse sobre su cuerpo endureció y se puso negra, ante ellos había nacido un diablillo muy pequeño que chillaba con fuerza.

-Lo hice…no puedo creer que lo hice…

-¡Ay no!- la niña apoyo el oído en el pecho de la madre-…se murió…

Eso parecía ser muy común, pensó Belcebú, su madre, la de la niña y ahora esto, siempre que una súcubo daba a luz muria dejando solo al bebe pero ahora este bebe necesitaba alimento y según recordaba Belcebú el primer sabor de su vida había sido el sabor de la sangre asique le hizo un corte al cadáver y coloco al diablillo de manera que pudiera apoyar la boca en la herida y sorber.

-Lo lamento-le dijo a la pequeña- soy Belcebú, ¿tienes nombre?

-Scila, así me puso ella asique creo que yo lo voy a nombrar a él, voy a cuidarlo.

-No eres una nena pero estas chiquita, será difícil.

-Soy fuerte, gracias por la ayuda.

-No fue nada, tengo que irme ya, estoy tratando de ver donde se mete el sol cuando se hace de noche.

-¿En serio?, pero si yo ya se eso, se mete en el agua- Belcebú le enarco la mirada incrédulo- de veras, quédese un rato y le muestro.

El atardecer los encontró en la playa y fijando la vista en la línea del horizonte Belcebú pudo comprobar que efectivamente el sol se metía en el agua con grandes destellos, sintió una enorme satisfacción de sí mismo al pensar que había hecho aquel viaje y tenido éxito pero luego miro a sus espaldas desconcertado, si el sol se metía en allí, ¿Por qué salía del otro lado?, quizás la tierra si fuera redonda, miro a la pequeña que se había echado al bebe dormido en la espalda.

-¿Cómo le vas a poner?

-Su mama de llamaba Malanina asique él será… ¡Malacoda!

-Malacoda hijo de Malanina…tienen futuro =/

-Mientras nadie se lo coma…o lo pise, está muy pequeño.

Belcebú volvió a mirar hacia atrás, ahora se estaba planteando desandar el camino y buscar de qué lado salía el sol, lo que no sería tan fácil por no poder seguir en una trayectoria, pensó en Evel y Aldered que quizás seguían con vida por donde los había dejado y luego volvía a ver a los niños, sonrió, ya estaba bueno de viajes.

-Ya oscureció, busquemos donde dormir- Scila le miro y sonrió feliz, a su modo comprendía que no iban a dejarlos solos esta vez.

Miguel conoció el sabor de la autoridad por la misma época en que Belcebú se echo encima la tarea de ser un padre, en ambos casos todo fue causa de los niños.

Los Querubines, pequeños niños ángeles, eran bastante escasos y no nacían si no que sencillamente una mañana aparecían al pie de la escalinata, niñitos rubios de ojos claros con sus alitas diminutas y sus túnicas de comunión, cuando aparecieron los primeros cinco la mayoría de los jóvenes ángeles se desconcertó pues apenas habían dos hasta entonces, Gabriel fue quien más contento se puso, nunca había terminado de madurar y extrañaba los juegos de su infancia asique Miguel le dio un premio permitiéndole hacerse cargo de los nuevos querubines.

Al día siguiente habían otros cinco en la escalinata y allí comenzó todo, en cosa de dos semanas había una treintena de angelitos que correteaban por todas partes aturdiendo a los mayores con sus risas y cantos al extremo de que hasta Gabriel se sintió abrumado, entonces Miguel decidió tomar las cosas en serio, asigno a un grupo de los más jóvenes y los puso a las ordenes de Gabriel para ayudarle en la tarea de contener el entusiasmo de tanto querubín y de una vez irles enseñando las reglas, estatutos y demás cosas que ellos habían tenido que descubrir a pulso; la mayoría de los ángeles estaban atónitos con la subida de población y se preguntaban que le pasaría a Dios que no dejaba de hacer querubines, Lilith acepto encantada la nueva situación porque en el desorden de los primeros días pudo perder el arpa sin que nadie la culpara, volvió a asomarse a la ventana a la tierra y se enrolo con el grupo de Gabriel, Rafael tuvo que conseguir compañeros también pues los niños inquietos eran proclives a todo tipo de incidentes pequeños y tuvo la previsión de estar listo antes de que llegaran los primeros tobillos torcidos y plumas revueltas.

Sin embargo y para desconcierto general, el primero en poner el grito en el cielo por tanto hermanito nuevo fue nada menos que el Uriel, pasaba tanto tiempo en la Biblioteca que ya la consideraba parte de su identidad y él día que encontró a media docena de querubines escapados de la vigilancia de Gabriel revolviendo sus amados libros, garabateando y rompiendo las paginas fue demasiado para él, preso de una furia que nadie imaginaba posible en él levanto la voz por primera vez en su vida para expulsar a los pequeños invasores, entonces se desato una discusión entre este y Gabriel que no podía excusar su violencia, Miguel tuvo que hacer de intermediario.

-¡Son solo niños!, no puedes tratarlos así.

-Serán niños pero no tienen derecho a comportarse como animales, no pienso tolerar sus destrozos.

-Solo fueron unos torpes libros, Uriel.

-D: ¿Torpes libros?, son nuestra fuente de conocimiento, Gabriel, un día tendrán que aprender a leer y si para entonces no los haz controlado no seré yo quien les enseñe, no quiero ver a un solo querubín en mi biblioteca si no lo acompaña alguien responsable.

-No es tu biblioteca, Uriel- le cortó Miguel pescando la falta- y nada excusa que maltratases a los niños pero te doy la razón, tampoco debe permitírseles destruir la propiedad del cielo, los querubines tienen derecho a entrar en la biblioteca pero hasta que comience su educación tendrán que estar acompañados, Gabriel, consigue refuerzos, Uriel, reúne algunos ángeles de confianza que te ayuden y la próxima vez que quieran ponerse a discutirá a plena vista recuerden que hay niños mirando, hay que dar el ejemplo.

Uriel apretó los puños, furioso con la idea de a ver perdido la privacidad que hacia tan valiosa a su biblioteca pero concedió y se marcho, Gabriel tomo a los niños asustados y se los llevo con el resto del grupo.

-¿Tienes idea de cuantos tenemos ya?- le pregunto Miguel a Rafael.

-Aparecieron siete más esta mañana, ya son más de sesenta.

-Cielos santos…

-No nos damos abasto, Miguel, esto tiene que detenerse ahora.

-No está en nuestras manos, es Padre quien los pone allí y debemos cuidarlos, son nuestros hermanitos a fin de cuentas, ¿Qué otra cosa podría yo hacer?

-Bueno…aun puedes hablar con Padre.

Miguel lo miro esperando que estuviera bromeando pero ya desde entonces sabia que Rafael no era hombre de burlas, lo que le había llamado la atención fue como su sugerencia se había adelantado por segundos a su propia idea, si, podía hablar con Padre, Él hacia a los querubines asique nada le costaba frenar un rato, darles tiempo de adaptarse a aquella nueva situación.

Presa del miedo pues jamás lo había hecho, se acerco a las grandes puertas y no sabiendo si seria respetuoso llamar con la voz toco suavemente, la puerta cedió unos centímetros y Miguel entro con la cabeza baja, le vio las sandalias al Señor y no se atrevió a ver más arriba.

-¿Padre…?

-No temas, hijo mío, dime que te angustia.

-Se trata…se trata de los pequeños, nos hace feliz el soplo de nueva vida en el Cielo pero todo esto llego sin aviso y…es preocupante, por primera vez he visto a mis hermanos pelear con verdadera ira y eso me asusta…asique pensé, ¿no podrías?...no se… ¿dejar de hacer querubines?, solo unos días…mientras nos acostumbramos…

-Miguel, mira allá.

Se atrevió a subir un poco la cabeza para ver como la gran mano de luz indicaba algo a un lado de sus pies, había allí algo como un agujero similar a la ventanita a la tierra, una ventana muy oscura de la que salía despedida una esfera de luz atrapada en una burbuja, Miguel se quedo mirando las burbujas relucientes como alucinado.

-De una luz así surgiste tú y tus hermanos- dijo el todopoderoso- yo las moldeo y les infundo vida, de lo contrario se extinguen.

-¿Vienen de ese hoyo?- pregunto Miguel sin comprenderlo- creía que los creabas tu.

-De mi vino el poder pero no está en mis manos.

-No lo comprendo, Padre.

-No debes comprenderlo, solo aceptarlo, de la forma en que aceptaste la existencia de los seres descubiertos por tu hermana.

-¿Los demonios?

-¿Qué opinas tu de esas criaturas que vagan sin ley?

-Bueno yo…-aquello ya se había salido del tema-no lo sé, son muy extraños, diferentes…me preocupa que Lilith los observe tanto, Uriel dijo que eran nuestros enemigos.

-Y tú comprendes el significado de esa palabra, te he visto estos días, manejaste la situación desde el primer momento, te pusiste a cargo y solo la presión te ha llevado a venir aquí con la cabeza baja, en nombre de tus hermanos, me haces sentir orgulloso Miguel.

-Padre…- estaba conmovido pero no había olvidado sus propósitos.

-En respuesta a tu petición temo que no puedo detenerme, habrá cien ángeles nuevos y ni uno más.

-¿Cómo debo proceder entonces?

-Sigue tu criterio, eres digno de mi confianza y te concedo autoridad sobre todos los ángeles, se que harás lo correcto.

Miguel abandono la sala sin saber que le impactaba más, la idea de que había algo que su Padre podría prever pero no controlar, que fueran a ver cien querubines alborotando en el cielo o que le hubiesen puesto a cargo de la situación, hasta el momento su principio de actuar primero ante cualquier eventualidad era una simple reacción involuntaria, ahora era una responsabilidad.

Al día siguiente había quince querubines al pie de la escalera y siguieron apareciendo hasta que grupo dio cien exactos, fue un alivio para todos el día que amanecieron y no encontraron ningún angelito nuevo, los más escépticos buscaron por todo el palacio a ver si no se habían escondido.

Con el grupo fijo se pudo finalmente establecer un orden, Miguel nunca había pensado en la diferencias entre sus hermanos más cercanos hasta que se hecho a los hombros la pesada labor de separar en grupos a todos, de esta manera separo para sí a los más fuertes para mantener el orden, los más pacientes aprendieron el arte de la curación que Rafael poseía por naturaleza, los más brillantes acompañaron a Uriel en la biblioteca, los más jóvenes se quedaron con Gabriel, cuidaban a los querubines empezando con su educación, con todo aun quedaron algunos rezagados sin calificación y a Miguel no se le ocurrió nada mejor que hacer un quinto grupo y poner a su hermana al frente.

-¡Oh Miguel!- exclamo emociona al enterarse- Oh hermano, ¿significa que ya me consideras adulta?, te prometo que sabré dirigirlos.

-Siguen siendo tus hermanos, Lilith, en todo caso solo los necesitamos como apoyo, puedes ayudarnos a todos.

-¿Nada más?, podemos hacer algo, a los demás les tocaron cosas importantes y no quiero quedarme de apoyo.

-Vamos, hermana, no estamos aquí para ganar cargos, estamos para recibir a nuestra nueva familia, ahora puedes volver tranquila a tus clases con el arpa.

-D: Pe…pero…

-Hazme feliz, ¿está bien?- le dio un beso en la frente- y aléjate de la ventana, ya me dijeron que estas otra vez mirando a esos seres.

-Demonios, ¿sabes que ellos también tienen un montón de niños?

-¿De qué estás hablando?

Por toda respuesta, Lilith le tomo de la muñeca y lo llevo a la ventana, Miguel se asomo preocupado y vio el campo llano de volcanes humeantes atestado de demonios, como no había visto nunca más de dos y tenía la idea de que eran escasísimos se asusto, había casi tantos demonios como ángeles y al acercar la ventana vio efectivamente a decenas de versiones pequeñas de estos, trato de contarlos inútilmente pero ya sabía que habían solo cien de ellos, el mismo número de querubines que el cielo había ganado.

-Antes se atacaban- comento Lilith- ¿Qué crees que los lleva a reunirse?, quizás también quieren cooperar por sus niños.

-O se prepararan para algo- dijo Miguel, se aparto de Lilith sin hacer caso a su mirada interrogante.

Estaba preocupado, la suposición de que había una correlación interna entre los demonios y los ángeles le era difícil de asimilar, ¿pero porque tenían exactamente el mismo número de niños por la misma época?, por otra parte no le daba buena espina ver a esos seres salvajes reunidos de pronto, casi tantos como ellos, temeroso de lo que podía pasar se fue a la capilla a rezar la misma plegaria que había estado haciendo desde que descubriera su existencia, que los demonios aun no se enteraran de la suya.

Las circunstancias que llevarían a los demonios de ser cazadores independiente a una jauría organizada empezaron para Belcebú un día cualquiera, cuando escucho la llamada de su creador, despertó sobresaltado y mirando a su alrededor, los niños también estaban asustados, había escuchado con toda claridad una especie de aliento en su oído que no uso palabras pero cuyo mensaje era terminante: reunirse en el centro del mundo.

Llevaban los últimos meses recorriendo a la inversa el camino que tomara Belcebú mientras perseguía al sol y no habían encontrado a Evel ni a Aldered asique solo siguieron, Scila solía dar muestras de su valor y fuerza dirigiendo la marcha mientras el pequeño Malacoda, que ya hablaba bien pero no había crecido un centímetro, era bastante temeroso y tenía una autoestima baja que Belcebú trataba de subir con halagos y enseñándole a luchar derribando lo que se le pusiera al frente.

El día que escucharon el llamado ninguno supo decir que había sido pero todos sabían que tenían que obedecer asique se pusieron en camino, a este punto se debe comprender que los demonios vivían en una tierra que tenía solo un continente y el resto en agua de manera que para ellos el centro del mundo era el centro de aquella masa de tierra, luego de varias semanas empezaron a cruzarse con otros grupos de demonios pero no atacaron ni fueron atacados, todos tenían la misma determinación de seguir avanzando hacia aquel destino desconocido y finalmente, una noche, Belcebú y los diablillos subieron la ultima colina para ver desde su cima el llano brillante de fuegos con más demonios de los que cualquiera hubiera imaginado que existían; en el centro del llano había una especie de agujero profundo, se suponía que daba al Infierno, la verdadera cuna de los demonios, Belcebú había nacido en el infierno y vivido allí sus primero años, en una cueva olorosa a humedad filtrada, hasta el día en que descubrió una salida al mundo exterior y desde entonces vagaba en la tierra porque la ruta que había usado había desaparecido con la rapidez con la que había llegado, fue de esa forma como cientos de demonios quedaron atrapados lejos de sus hogares.

Según se supieron cuando se integraron a la multitud, el agujero aquel daba al fondo del Infierno pero no podían usarlo porque estaba lleno de una sustancia oscura e imprecisa, tardaron un rato en darse cuenta de que era esa cosa la que los había llamado, un ser tan negro que hacía ver brillantes a las sombras, con exhalaciones de fuego dio vida a los primeros demonios originales y luego de reunirlos creo a muchos más para dejar en claro su poder, el llano se lleno de un centenar de diablillos que quedaron al cuidado de las súcubos y Belcebú pensó que lo mejor que podía hacer por sus niños era dejarlos allí.

-Lo sabia- dijo Scila de mal humor- solo esperabas una oportunidad para librarte de nosotros.

-Oye no seas ingrata y no me estoy librando de nadie, aquí van a estar seguros y tienen con quien jugar.

-Me van a acabar, seguro.

-Entonces no te dejes, Malacoda, sácale provecho a tu estatura y deja de quejarte.

-¿Volveremos a verte?

-¡Claro que sí!, no es como que vaya a desencadenarse una guerra.

Más tarde se arrepentiría de sus palabras porque esa misma noche la sombra del hoyo se dirigió a ellos con nitidez, le vieron alzarse como una montaña, abrillantando la noche con su negrura imposible.

-Mis demonios…el Diablo habla, obedezcan a su amo y vivirán…- Belcebú pensó para sí que una masa de sombra no estaba en posición de amenazar a un millar de demonios pero como todos sus palabras le contagiaron un pánico ciego- esta tierra es nuestra…y la defenderemos…extinguiremos sus luces brillantes…sus ángeles caerán…y Dios llorara en su trono…

La palabra "Dios" provoco una reacción en cadena increíble, Belcebú ahogo un grito al sentir una cortada repentina en el brazo y al mirar descubrió que a todos los demás les había pasado lo mismo, la sombra volvió al hoyo sin dar explicaciones, quizás solo había querido dar una muestra de su poder sobre ellos, Belcebú suspiro de resignación, se anunciaba una batalla.

-¿Qué rayos es un ángeles?- pregunto una voz familiar cerca.

-Ángeles es plural, la pregunta sería que es un ángel- le respondió otra voz también conocida.

-Ya, pero eso no me responde.

-¡Aldered, Evel!

-Vaya, pero si es el demonio trotamundos, ¿encontraste lo que buscabas?

-Sí, señor, el sol se mete bajo el agua- Aldered le nuevo le dirigió esa mirada de extrañeza- ¡Se mete en el agua y punto ):!

-¡Bueno!, se mete en el agua…no vamos a discutir en momentos así…

-Oye viejo- se acerco Evel- ¿tu sabrás que cosa es un ángel?

-No pero suena adorable.

-En eso pensaba yo- agrego Aldered- y sin embargo algo serio deben ser para ameritar esta reunión multitudinaria.

-…Sigues hablando raro…

-Tengo hambre- dijo Evel- si todos estamos aquí para hacer algo juntos… ¿no nos podemos comer a nadie?

La duda de Evel se resolvió prontamente pues el primer demonio que hizo el intento de matar a un congénere fue engullido por la sombra llamada Diablo y ya nadie se atrevió, aguantaron a base de barro y agua sulfurosa, el hambre los atosigaba exacerbando los ánimos y en la mente de todos se perfilo una meta, fuera lo que fueran los ángeles iban a darse un festín con ellos apenas llegaran, acabaron por odiarlos sin conocerlos, ellos les habían puesto en esa situación y ellos pagarían el precio.

Unas semanas luego llego la paloma, quienes miraban de continuo el cielo pensando que quizás sus enemigos se anunciaran con luces se quedaron pasmados al ver una mancha blanca, color que desconocían, sobrevolando el campamento, la diminuta ave dio algunas vueltas como para asegurarse de captar todas las miradas y luego descendió en medio de los demonios, dos millares de ojos le vieron caminar graciosamente hasta el agujero en medio de un silencio aplastante.

-¿Eso es un ángel?- se atrevió a preguntar Evel y luego todos empezaron a hacer preguntas.

-¿Nos lo comemos?

-Pero no más es uno, no va a alcanzar.

-Alcanzara para quien lo cache primero.

-¿Luego vienen más no?

Belcebú se encogió donde estaba con la certeza de que en cualquier segundo la multitud se arrojaría sobre la pobre criaturilla cuando esta hizo un ruido gracioso que restauro mágicamente el silencio.

-Pru… ¿Señor Diablo?- llamo con una vocecita que saco sonrisas del publico- soy la paloma de la paz, traigo un mensaje de Nuestro Señor.

-Tu…señor…

-Por supuesto- acepto la paloma condescendiente- manda a decir el Altísimo que tiene grandes planes para este planeta asique deben desalojar en las próximas 72 horas, dice que no se preocupen, que si lo que les gusta es la violencia ya les dejo listo un mundo nuevo con todo lo que necesitan para que se vayan a instalar, ¿lo comprendido usted?

La respuesta no se hizo esperar, del agujero salió una cabeza de reptil enorme seguida de un cuello largo y un cuerpo enorme con patas grandes, alas inmensas y cola larga, toda ella hecha de fuego que al salir al aire se materializo en un Dragón negro que rugió y sin más aviso se zampo a la paloma de un bocado, los demonios que habían entendido la parrafada del ave vitorearon que la callaran, a Belcebú se le hizo un nudo en la garganta.

-La palomita T.T…-musito apenado.

-Tan bonito que hablaba- le segundo Aldered-pero nos estaba echando, ella se lo busco.

-¿Y ahora que va a pasar?- pregunto Evel.

-Matamos al mensajero de paz, es claro…esto significa guerra.

Miguel había adquirido el habito de acercarse a la ventana dos o tres veces al día, no para mirar si no para asegurarse de que su hermana no lo hiciera, cada vez que la pescaba la mandaba para otra parte sin más regaño pero ese día se acerco justo cuando una paloma se metió a la ventana y la atravesó, Miguel no había supuesto hasta entonces que la ventana podía atravesarse y no resistió observar que ocurría.

Lo vio y lo escucho todo, los demonios sabían de ellos, la paloma solicitaba la Tierra en nombre de Dios y luego una criatura monstruosa que solo había visto en libros se la tragaba al mismo tiempo que en el cielo resonaban las campanas de alerta, sabiendo lo que significaba, Miguel busco una lona y tapo la ventana decidiendo que no permitiría a su hermana saber que podía usarla para ir a la tierra, luego salió corriendo al palacio para llegar a tiempo, las puertas se abrieron y Dios los llamo por su nombre a él, a Rafael, a Uriel, a Gabriel y finalmente a Lilith.

-Hijos míos, el destino les ha alcanzado y pronto enfrentaran más pruebas y desafíos de los que nunca imaginaron, conocen a nuestros enemigos, a los que sin motivo les destruirán si les dan una sola oportunidad.

-¿Los demonios, Padre?- pregunto Lilith- son fascinantes, ¿Por qué debemos combatirlos?

-Es lo que debe ser, se han adueñado de una tierra que no les pertenece y por el bien de muchas vidas futuras tenemos que enfrentarlos-frente a ellos aparecieron cinco chispas blancas- me duele en el alma enviar a mis hijos amados a la guerra pero así ha de ser, tomen cada uno un milagro divino…

Así lo hicieron, al tomar las chispas sus ropas cambiaron por uniformes y cada quien gano un arma, Miguel se vio vestido de rojo y empuñando una espada dorada, luego se fijo en sus hermanos, Rafael iba de azul y tenía un arco, Uriel iba de verde y tenía una lanza, Gabriel estaba de amarillo y llevaba una especie de bumerán gigante, entonces se fijo en Lilith al final de la fila, aun tenia la chispa en la mano y esta se había vuelto negra, cuando se transformo vestía de negro y tenía entre las manos un hacha tan grande que casi se va al suelo por no poder levantarla.

-Humildad, Generosidad, Castidad, Paciencia, Templanza, Caridad y Diligencia, estas siete virtudes seran su estandarte y como Arcángeles se regirán por ellas.

-D: No se vale, Padre, no puedo levantar mi arma, ¿así como peleare?

-Tú no vas a pelear-salto Miguel haciéndose cargo- te quedaras en la retaguardia, a salvo.

-Pero Miguel…

-Ya dije, vayan a reunir a sus equipos, tenemos que prepararnos.

A regañadientes, Lilith sujeto su hacha y se fue arrastrándola, dejando una línea de corte en el suelo, Miguel miro a su padre esperando no a ver exagerado en su reacción, bien pensado no debió hacer salir a todos si Él no lo había ordenado.

-Lo estás haciendo bien, Miguel.

-U.U, Gracias Padre.

-Debes dejar de sobreproteger a tu hermana, Lilith es atrevida, osada, algo dispersa, pero sabe defenderse y tiene más poder en si del que puedes imaginar.

-Solo quiero que este a salvo.

-Igual que yo, no temas por el porvenir de Lilith, ella cumplirá su destino, de una manera u otra.

Miguel se inclino y abandono la sala insatisfecho, en ocasiones deseaba que Padre se dejara de acertijos y dijera las cosas como eran, que dejara de dar la historia presente y futura por hecho para así tener la esperanza de lograr algo más, de intentar algo nuevo, pero probablemente habría sido una herejía pedirle eso a Dios.

Se organizo a las tropas, por primera vez el cielo tenia ejercito y este tenía generales, los ahora llamados Arcángeles, divididos en cinco batallones: Miguel encabezaba las fuerzas de ofensiva, Rafael iba atrás con arqueros, luego seguían Uriel y Gabriel con tropas mixtas y al final, en la última fila, estaban los ángeles negros, los que básicamente limpiarían lo que quedaba, estos estaban a cargo de Lilith, tuvieron apenas semanas para dedicar a los entrenamientos y de alguna manera combatir les salió natural, como si la capacidad de violencia estuviera oculta en lo profundo de cada ser y un día…por la víspera de la batalla…

-¡Miguel!, ¡Miguel!-Lilith llamaba desesperada a la puerta de su hermano- ¡Miguel!

-¡Ya voy, ya voy!- abrió la puerta, casi lo tira al suelo al saltarle encima, tenía el cabello revuelto- ¡¿Qué te ocurre?

-¡Miguel no vayas, te lo suplico!, ¡No vayas!

-¿Pero qué estás diciendo?

-¡Ya lo vi!, el dragón, es aterrador te matara…

-¿Fuiste abajo?- le increpo Miguel molesto, pensando que debió ajustar mejor el maldito toldo, la tomo por los hombros- ¿Es que acaso has perdido el juicio?, ¡Pudieron haberte matado a ti!

-Miguel T_T.

-0.0

-No es justo Miguel- era la primera vez que su hermana lloraba- no es justo, tú vas a enfrentare al peligro y yo no puedo ayudarte, hermano, tengo tanto miedo.

-No perderemos…

-¡¿Cómo la sabes?, yo tengo miedo, no puedo imaginarme que hare sin ti, te amo hermano.

Y de pronto lo beso, Miguel se quedo paralizado apenas un segundo antes de corresponder, ¿Qué era eso?, ¿Qué significaba aquella sensación?, ¿era bueno o malo? De algún modo increíble eso ya no importaba, aquello era la legítima perfección hasta que afuera se oyó la llamada de un cuerno.

-¡¿Pero que estoy haciendo?- salto el ángel apartando a Lilith de un empujón, horrorizado consigo mismo- esto…esto no…

-Miguel…

-¡Esto no está bien!- exclamo, salió por la puerta huyendo de ella.

-¡Miguel!

El arcángel rojo salió de palacio y se detuvo al ver a las tropas reuniéndose en el patio, el cuerno significaba que había llegado la hora de bajar a la tierra y enfrentar a los demonios, aun aturdido por lo que acababa de ocurrir, repartió ordenes y se puso al frente de su batallón, aliviado en parte de que en esa posición no tendría que ver a Lilith por un rato, ¿Cómo podía a ver besado a su hermana?...bueno, ella le había besado primero pero él había aceptado y eso lo volvía cómplice de un acto enfermizo.

-Dios mío, apiádate de nosotros.

-Miguel- susurro Rafael a su lado- no te pongas a rezar ahora, nos pones nerviosos.

-¿Qué?- se dio cuenta de lo fuera de lugar que estaba su oración- lo siento, hagamos esto- se adelanto a las tropas para dirigirles unas últimas palabras- ¡Hermanos!, este día dejamos de ser Ángeles y nos convertimos en Soldados de Dios, nuestra causa es justa, el destino esa de nuestra parte y obtendremos la victoria no importa quién se interponga…no les mentiré, es nuestra primera batalla, algunos quizás no regreses…yo mismo tal vez no regrese pero los que vuelvan lo harán con la mirada en alto, pregonando el valor de sus hermanos caídos y recordando este día para siempre, ¡Ganaremos!, por nuestras vidas, por nuestro Dios, por todo lo sagrado, ¡Nosotros triunfaremos!

Con este discurso motivacional los Ángeles se dirigieron a las puertas del Cielo, las grandes puertas de oro que siempre habían estado cerradas no tanto para que nadie entrara si no para que ellos no se vieran tentados a irse se abrieron de par en par dando paso a los ejércitos divinos.

Los ángeles sabían de los demonios y los habían visto, los demonios solo sabían de su existencia pero los reconocieron al instante cuando los cielos se abrieron dándoles paso, no hubo llamada de cuernos ni toques de trompeta, al verlos los demonios azuzados por el hambre y su sangre hirviente de ira se lanzaron al ataque interceptando al primer batallón, en minutos aquello se transformo en una autentica batalla campal.

Belcebú vio a los ángeles y le produjeron el mismo sentimiento de alegría mesclada con compasión que había experimentado al ver a la paloma, como si no fueran reales, como si solo fueran un chiste con triste final, mientras iban apareciendo noto a Evel y a Aldered muy cerca, Aldered se había hecho un corte en la muñeca ofreciéndosela luego al pequeño para que bebiera la sangre.

-Ahora tú- índico en baja voz, Evel se corto la muñeca y se la ofreció.

-¿Esto funcionara?

-Con este pacto de sangre compartiremos nuestra fuerza y si nos separamos sabremos donde está el otro.

Belcebú quiso preguntarle a Aldered de donde había sacado esa idea pero ya los demonios se lanzaban a la batalla, pronto los perdió de vista, se interno en la lucha y el mundo que conocía se destruyo para siempre.

Vio a los demonios y a los ángeles enzarzados en grupo o por separado, vio a demonios tan enloquecidos por el hambre que se lanzaban directo al cuello sin pensar en las armas que podían recibirlos y trataban de devorar a sus víctimas de una vez solo para caer bajo el filo de las espadas, la llegada de arqueros con proyectiles azules aumento el nivel de terror, vio a ángeles que eran heridos pero que con solo sus manos se recuperaban y volvían a la batalla, lanceros verdes y atacantes amarillos, ángeles de negro que no combatían pero remataban a los que agonizaban.

Y en medio de todo el también peleo con saña, quizás era uno de los pocos que no peleaba por ira, por miedo o por carne si no por dos pequeños diablillos que le esperaban y a quienes había jurado cuidar, estaba obligado a sobrevivir y para eso lucharía, rompería cuellos, trituraría huesos, encendería llamaradas, sus dedos parecieron partirse de dar tantos golpes cuando fue golpeado por un ataque de fuego, una llama perdida de sus propios compañeros que le hizo caer desde una gran altura sin tiempo para enderezarse, dio con la espalda contra el suelo.

-DX ¡!- aturdido de dolor, se dio cuenta de que no podía levantarse, tenía la columna rota, sin poder pedir ayuda solo le quedaba esperar a que alguno de los ángeles negros viniera a terminar el trabajo, abrió los ojos y vio que el dragón estaba muy cerca de él, lanzando llamaradas en feroz combate contra cuatro ángeles de diferentes colores.

Miguel, Rafael, Uriel y Gabriel dejaron en manos de los batallones la batalla principal y se encargaron de lo más peligroso, el temible dragón.

Rafael disparo a sus ojos, a pesar de tener una formidable puntería la bestia acorazada evito el ataque por centímetros, Uriel y Gabriel golpeaban de cerca y de lejos pero Miguel se lanzo de lleno con la espada en ristre, logro dar un tajo en el pecho del animal y este lanzo fuego sobre ellos, Gabriel cayó a tierra con las alas en llamas pero al momento comenzó a llover apagándolas, Dios les daba una mano, Uriel fue el siguiente en ser arrojado de un coletazo a una loma y allí se quedo tendido, la distancia mantenía seguro a Rafael cuando la vestía extendió sus alas y al primero al que le dio un zarpazo fue a Miguel, su arma cayó por un lado y él cayó sobre su pecho al lado de lo que parecía un demonio muerto, adolorido trato de levantar cuando el demonio le sujeto.

-Oye…angelito…

-O0!- Miguel se quedo de piedra, no imaginaba que pudieran hablar.

-¿Qué vas a hacer?- pregunto el demonio, por su voz se notaba que estaba agotado y herido.

-Mis hermanos…-musito Miguel.

-Ya veo…no lo lograras…

-Tengo que intentarlo, déjame ir.

-Escucha…te…_ te propongo algo…ya me harte de esta maldita guerra…solo quiero irme de aquí y…ver salir el sol otro día…no me importa de dónde salga…asique escúchame…sé cómo puedes salvar a tus hermanos…

-…Te escucho.

-Debemos hacer un pacto…tu sangre me sanara…la mía te hará fuerte- se abrió un tajo en el antebrazo con la garra- es ahora o nunca, decide.

Miguel vio la herida sintiéndose abrumado, beber la sangre de un demonio…corromperse para salvar a sus hermanos, alzo la mirada justo cuando el dragón atrapo a Rafael con una zarpa y toda la intención de aplastarlo, eso lo decidió todo.

-Por mis hermanos- dijo extendiendo su brazo, el demonio le mordió sin contemplaciones y el hizo lo propio bebiendo la sangre en la herida.

No se detuvo a ver si funcionaba, al instante sintió que un calor le invadía el cuerpo, se puso de pie dejando al demonio atrás, recupero su espada y con un grito de guerra se lanzo contra la bestia que estaba a punto de devorar a Rafael, su espada se cubrió de flamas, dotado de una fuerza salvaje corto de un tajo la cabeza del dragón.

-¡Resiste, Rafael!- Miguel levanto la zarpa de la bestia y su hermano pudo arrastrarse fuera, le miro asombrado.

-¿Miguel?

-No hay tiempo de dar explicaciones, busca a Gabriel y cúralo, yo voy por Uriel.

La batalla se decidió en apenas una hora, el campo de batalla era un lodazal de sangre sembrado de cuerpos, al ver caer al dragón la mayoría de los demonios sobrevivientes emprendieron la retirada, los ángeles les persiguieron cuando la gran sombra del agujero se expandió sobre ellos, parecía que iba a aplastarlos a todos cuando un relámpago cataclismico le golpeo desde los cielos, la sombra se hundió, el agujero se hizo pedazo desde los bordes tapándose de escombros, Diablo había quedado sellado dentro del mundo que se había negado a dejar, la victoria era para los ángeles.

Miguel encontró a Uriel levantándose a duras penas y por alguna razón este no dejo que le tocaran, vio a los demonios que aun quedaba huir perseguidos por los ángeles negros y se acordó de su hermana, aterrorizado con la idea de haberse olvidado de ella en semejante carnicería, pero entonces la vio cerca de Rafael, estaba desarmada y tenía el uniforme cubierto de sangre.

-¡Lilith!, estas herida.

-¿Qué?, oh no, esta no es mi sangre- le tranquilizo con una sonrisa zagas.

-¿Dónde está tu hacha?

-La perdí, no podía con ella asique tome una espada y me defendí, no pudieron conmigo…escuche que estuviste increíble, hermano.

-Claro, increíble- repitió Uriel con sarcasmo, Miguel no entendía porque estaba tan arisco de pronto.

-Ganamos pero aun no terminamos, hay que reunir a las tropas para… ¡.!- soltó su espada y cayó de rodillas, el calor que sentía se había descompuesto en un dolor acuciante que le llenaba todo el cuerpo.

-¡Miguel!- exclamo Lilith sujetándole- ¿Qué tienes?

-Yo…no…no…-cayo inconsciente en sus brazos, Rafael se quito un guante y tomo su temperatura.

-Dios santo, esta hirviendo en fiebre, hay que llevarlo a casa.

-Yo me encargare de las tropas- dijo Uriel, de todos era quien mejor parado había salido- apresúrense.

Belcebú solo espero a sentir de nuevo las piernas para echar a correr, dispuesto a alejarse lo más que pudiera, pero entonces vio a Evel y Aldered a la distancia, rodeados de ángeles, no sabía cómo iba a ayudarlos cuando se tropezó con ella, un hacha de guerra enorme tirada en el suelo, la tomo y la levanto con cierta dificultad a pesar de que como demonio podía levantar el doble de su peso, salto entre los ángeles y barrio con ellos al tiempo que el dragón caía y todos escapaban.

-¡Vámonos de aquí!- les grito a sus compañeros.

Se sintió golpeado por un rayo, se derrumbo sin un quejido, el espíritu arrebatado, y lo último que vio fue a Evel y a Aldered mirándoles asustados antes de perderse en un vacio blanco por toda la eternidad.

Despertó del otro lado y su primera sensación no fue el calor de un sol brillante sobre su cuerpo, el aroma de una brisa que no olía a amoniaco o el tacto de un césped suave que en nada se parecía a los suelos pedregosos que conocía, su primera sensación fue un hambre atroz y la idea de ser muy pesado, abrió los ojos y miro un cielo azul, arboles altos, hierba verde y a su lado a sus dos compañeros mirándole entre alegres y consternados.

-¿Belcebú?- pregunto Aldered- ¿puedes oírnos?

-Comida…

-¿Qué?

-¡Dije que tengo hambre, idiota!

-Oo!, Bueno, Evel, tráele un poco de carne.

Belcebú apretó los puños, lo único en lo que podía pensar era en el hambre que sentía y no se apaciguo hasta que le trajeron algo desconocido y se lo zampo sin intermediarios, aun tenía hambre pero ya con algo en el estomago se apaciguo lo suficiente para darle una mirada interrogante al mundo.

-¿Qué fue lo que me comí?- pregunto primero.

-Un venado…es un animal, lo hay por cientos ahora.

-¿Qué?... ¿Cuánto llevo dormido?

-¿Dormido?- repitió Evel- viejo, delirabas, estabas como loco, diciendo cosas raras.

-La guerra termino hace dos semanas y todo esto- señalo las plantas y el cielo- paso en siete días, estamos en el mismo llano donde peleamos, ¿puedes creerlo?

-Los ángeles nos ganaron, la mayoría de los demonios se fueron para el infierno, hay una entrada en una gruta a varios meses pero nosotros nos quedamos a cuidarte.

-Gracias chicos…- trato de ponerse sobre sus cuatro patas y entonces lo noto, su cuerpo había cambiado- me siento…diferente.

-Estas diferente- le dijo Aldered, le señalo un lago- mírate allá.

Se arrastro y miro su reflejo en la superficie del agua, poco a poco se puso de pie en sus patas traseras mientras su asombro crecía, su cuerpo se había agrandado y ahora era tres veces mayor, sus ojos parecían más claros, se miro el antebrazo y encontró la cortada que se había hecho, de modo que eso había sido, ya no era un demonio enclenque y pequeño.

-Pequeño… ¡Los niños!, ¿Qué paso con Scila y Malacoda?

-Están a salvo, las súcubos se los llevaron abajo, ahora que ya estás bien deberíamos irnos a casa, casi no quedan demonios en la tierra.

-Adelántense- les dijo- tengo que hacer algo.

Los demonios se miraron desconcertados pero obedecieron, le dieron instrucciones para que pudiera llegar a la gruta y se marcharon, ya solo Belcebú recorrió el llano que ahora era todo un bosque hasta que encontró el hacha que había usado, no le costó nada levantarla y pensó que llevarla le ayudaría a acostumbrar a andar en dos piernas asique se la hecho sobre el hombro y camino sin rumbo hasta que el hambre empezó a atormentarlo de nuevo.

En realidad no tenía nada que hacer peor algo lo retenía en la tierra, estuvo unos días en el llano capturando y devorando cuanto animal encontraba con un molesto sentimiento de culpa pues las nuevas criaturas le resultaban hermosas pero no tenía la suficiente voluntad para no comerlas, finalmente se puso en camino hacia la gruta, era el momento de un nuevo viaje.

Lo que había ocurrido cuando Miguel y Belcebú cayeron envenenados por sus sangres mescladas fue que Dios emprendió la tarea de crear al mundo, en siete días aquel planeta agresivo fue domado y llenado de vida, vino el día, la noche, las plantas del gran jardín, los animales y el ultimo día Dios creó a un ser particular que llamo la atención de todos los ángeles, parecía uno de ellos pero no tenia alas, además andaba desnudo, su espíritu no era luz sino calor y su cuerpo había sido hecho de arena de aquel mundo al que ahora llamaban Tierra.

El sujeto recibió el nombre de Adán y anduvo un rato solo por allí nombrando cosas que los ángeles ya habían bautizado, hasta que un día cayó en la cuenta de que todo venia de a pares y al ver alrededor no hallo ningún par para él, cuando alzo los ojos al cielo y pidió una compañera todos lo vieron muy razonable, era cosa de modelar otra personita en polvo y soplarle calor pero Dios no hizo eso, no quería calor para motivar al nuevo humano…quería fuego.

Miguel había estado en capa presa del delirio, a diferencia de Belcebú, para él la transición era terriblemente dolorosa y recordaría cada momento, habían tenido incluso que atarlo a la cama porque trato de atacar a quienes le atendían y separarlo de todos porque en los peores momento injuriaba a los cielos y maldecía a viva voz, al final solo Rafael se atrevía a estar cerca de él, rezaba por su alma y se lamentaba de cómo su mundo idílico se había deshecho en la batalla, como sus hermanos se habían separado.

Por fin un día, Miguel abrió los ojos a la realidad, su cuerpo no había cambiado por fuera pero se sentía diferente por dentro, lleno de una furia sorda y una fuerza nueva, vio a Rafael llorando en un rincón.

-¿Qué tienes, hermano?

-¿Miguel?- le miro asombrado peor no pudo sonreírle- Oh Miguel, tenias que despertar justo ahora…

-Desátame de esta cama y dime que ocurre, ¿Dónde están los demás?

-Afuera…viendo como se llevan a Lilith…

-¡¿Qué?- trato de levantarse tirando de las sogas- ¿De qué rayos hablas?

-Padre dio vida a la tierra que salvamos- le explico desatándole con una parsimonia desesperante- creo a un ser llamado Adán, un ángel sin la gracia divina, y quiso darle una pareja…eligió a Lilith.

-¿Cómo que la eligió?, es un ángel, ¿Qué le hará?

-No lo sé, ella se negó y ahora van a expulsarla…Padre dice que no puedes evitarlo porque así…

-Así debe ser- concluyo Miguel, ya estaba desatado.

Los gritos llegaron desde afuera, Miguel se cubrió los oídos, grito el mismo para no oírlos pero no pudo resistirlo, salto de la cama donde Rafael seguía llorando de pena y corrió al exterior, se asomo tímido entre la multitud que miraba, Lilith tenía el pelo revuelto, nueve ángeles la arrastraban fuera del cielo con cadenas y ella no paraba de gritar, sin embargo no lloraba, había agotado todas sus lagrimas cuando le dieron la noticia, ahora no albergaba más que ira.

-¡PADRE!, ¡Dime que no es verdad Padre!, ¡Yo no pude haber nacido para esto!, ¡No quiero ser su esclava, no quiero!, ¡Padre por favor, soy más que esto!, ¡SOY MÁS QUE ESTO!... ¡Miguel!-Miguel no se movió, paralizado de miedo y estupor solo pudo dirigirle una mirada suplicante-¡Miguel, ayúdame!, ¡Hermano!, ¡No dejes que lo haga hermano, por favor!, ¡Miguel!- el arcángel aparto la cara-¡Miguel!, ¡CREI QUE ME AMABAS MIGUEL!, ¡MIGUEL!, ¡MIGUEL!

Sacaron a Lilith y las puertas se cerraron tras ella, Miguel sintió que una furia demoledora subía por su cuerpo hasta su corazón, corrió al palacio de Dios pero se detuvo con las manos en las puertas, se miro el brazo para encontrar la cicatriz ovoide de una mordida que debió desaparecer al curarse y no lo hizo, estaba marcado por un pecado similar al que estaba a punto de confesar, se recostó contra la puerta sintiéndose completamente desolado y sabiendo que no tendría el valor de hacerlo, que su amor no era mayor a su miedo, que había fallado en proteger a su hermana pues podía defenderla del mundo entero pero no de las decisiones de Dios, ¿Qué podía hacer él entonces para seguir sintiéndose útil?, para asegurarse de no ser castigado por sus pecados, por el deseo culpable que se permitió hacia su hermana y por el estigma que ahora cargaba en la sangre.

La respuesta le llego con un golpe de inspiración diabólica, corrió a la ventana, tiro el toldo por un lado y miro en busca de algunos demonios, encontró a un grupo pequeño y tomo una decisión, volvió a su habitación para ponerse la armadura de arcángel, reunió a algunos de sus soldados y los hizo bajar con él, quienes vieron al escuadrón del ángeles rojos atravesar la ventana no tuvieron duda de que Miguel, aun enfermo quizás, había ido a rescatar a Lilith, pero cuando miraron lo vieron caer sobre un grupo de demonios que no se lo esperaban, ordeno a sus soldados capturarlos vivos.

-Traigan a ese- ordeno señalando a una súcubo, dos ángeles se la acercaron sujetándola bien- corten sus alas.

-¡Miguel!- exclamo uno de los que la sujetaban- la guerra acabo, no tenemos que…

-¡Yo les diré lo que tengan que hacer!- le corto- y les recuerdo que soy su capitán asique exijo respeto, guerra o no los demonios son nuestros enemigos, portadores del mal que solo merecen ser destruidos- desenfundo su espada- si hay que dejarlos con vida lo mínimo que merecen es arrastrarse por la tierra como las alimañas que son.

Dejo ir su espada y corto de cuajo ambas alas, la súcubo aulló de dolor, luego procedió a hacer lo mismo con todos los demonios capturados, su presencia causaba tal pánico en sus tropas que nadie se atrevió a llamarlo por su nombre de nuevo ni a desobedecerle, cuando volvieron al Cielo cargando con varios pares de alas sangrantes algunos estaban al borde del llanto pero otros se mantuvieron estoicos, Miguel dejo marchar a esos pero se encarnizo con los débiles.

-Vayan a asearse y reúnan al resto de la tropa, saldremos de nuevo mañana, y el día siguiente y todos los que hagan falta para que maduren, reserven su piedad para los indefensos que nuestros enemigos no la merecen.

-Hermano…-susurro Rafael a sus espaldas, ni siquiera lo había visto- hermano, ¿Qué estás haciendo?

-Por lo visto terminaste de enloquecer- dijo Uriel- mira a tus soldados, son tus hermanos también y los traumatizaste.

-Les hago ver la realidad, mientras los demonios existan jamás estaremos a salvos, somos ellos o nosotros.

-Que no seas capaz de vivir sin Lilith no te da derecho a empezar otra guerra, ¡Ella no volverá!

-¿Cómo te atreves?- lo sujeto del cuello.

-¡Hermano, no!

-¡Dejen de hacer eso!-suplico Gabriel.

-¿Qué?, ¿Vas a cortarme las alas también, Miguel?, solo atrévete.

-No me faltan las ganas, Uriel- le soltó- contén esa lengua tuya o te meterás en problema, quiero que organicen a sus tropas nuevamente, en lo que a mí respecta esta guerra no ha terminado.

-La buena noticia es que con esa mirada nadie se atreverá a desobedecerte, al final serás el único responsable.

Cuando se fueron, Miguel levanto su espada y trato de mirar su reflejo en la hoja dorada sus ojos castaños se habían vuelto rojos, Uriel tenía razón, desde ahora sería responsable de sus actos y se aseguraría de hacer lo correcto, barrería con la maldad de la tierra sin importar que tan hondo hubiera que llegar ni a qué nivel tendría que corromper su propia alma.

Mientras en el Cielo Miguel comenzaba su campaña de terror, ajustándole la soga a una disciplina tiránica, en la tierra Belcebú descubría encantado el nuevo mundo, tres veces al día tenía que detenerse a comer algo pero recién había descubierto que algunas plantas y frutas podían comerse asique eso le aliviaba la conciencia, sin embargo el invierno llegaba, la nieve era encantadora pero las plantas escaseaban obligándolo a matar para vivir otra vez.

Un día estaba en la ladera de una montaña, apenas llevaba un día sin comer y ya no aguantaba.

-¡TENGO HAMBRE!- grito a voz de cuello.

Su voz hizo eco y lo siguiente vio fue una pared de nieve yendo hacia él a toda velocidad, apenas le dio tiempo de cubrirse cuando alguien salto frente a él y con algo que solo podía catalogarse como su fuerza hecha onda detuvo la avalancha dispersando la nieve en todas direcciones antes de desplomarse, atónito, Belcebú se acerco a mirar a su salvador, era un demonio y no estaba inconsciente sino profundamente dormido.

-¿Hola?- lo sacudió y este se puso a roncar- que cosa más rara…mis disculpas- lo agarro dispuesto a comérselo.

-¡Oye, gran ingrato!- grito alguien, otro demonio venia, tenía grandes brazos y le dejo ir un puñetazo brutal que casi lo noquea- ¡¿Te lo ibas a comer, desgraciado?

-D: No…yo…bueno, sí pero…

-¡Te voy a matar, bastardo!

-¡Amón!- grito una voz deteniéndolo, otros dos demonios venían, uno atractivo como una súcubo y otro alto, terriblemente flaco y de ojos verdes- déjalo en paz.

-¡Se iba a comer a Belfegor, Asmodeo!

-Viejos hábitos- trato de excusarse Belcebú- tengo hambre, nada más.

-Con ese tamaño- dijo el alto mirándole con avidez.

-Hay que dejar que nos acompañe entonces, Leviatán- dijo Asmodeo- nosotros tenemos comida para compartir y Calime me está esperando.

-Eso me encantaría.

-Que estupidez- escupió Amón apartándose, cargo con Belfegor y se fue bajando la montaña junto a Leviatán.

-¿Cuál sería tu nombre, gran amigo?- le pregunto Asmodeo con gentileza.

-Belcebú…oigan, no es que me quisiera comer a su amigo, me salvo la vida y fue tremendo…pero no me aguante n_nU

-No debes disculparte, soy Asmodeo, viajo con mi compañera pero me encontré con estos chicos hace poco, les hace falta guía.

-El de los brazos grandes me iba a dar una paliza.

-Amón tiene un temperamento terrible- empezaron a bajar la montaña- Leviatán es más tolerable si puedes aguantar que te mire como si quisiera arrancarte el pellejo.

-Y ese Belfegor…

-Difícil decirlo, el pobre se gasto todas sus fuerzas en la guerra, se la vive durmiendo pero cuando se pone en ello es capaz de lo increíble.

-Me di cuenta, ¿van hacia la gruta?

-Venimos de allí, vivíamos en el Infierno pero lo dejamos para explorar esta nueva tierra, ¿Por qué no et quedas con nosotros?, pareces de nuestro tipo, un inadaptado por la guerra X)

-No sé, yo si quiero volver a casa.

Sin embargo se quedo con ellos todo el invierno, resultaba más fácil atrapar la comida y en ese tiempo se hicieron buenos amigos, a la única que por alguna razón nunca vio fue a la tal Calime, Asmodeo le explico que la hacía mantenerse lejos de la vista pues no terminaba de confiar en sus compañeros.

Cuando el sol recupero su fuerza y la nieve se derritió, Belcebú dejo al grupo y se puso de nuevo en camino, algo en el aire acrecentaba su feroz hambre, mezclada con la soledad y la culpa llego a sentirse realmente miserable, trato de ayunar para demostrarse que aun tenia control de sí mismo y lo que logro fue enfermar terriblemente hasta que un día se encontró cerca del mar rojo, tendido y agonizante, solo deseando morir.

Cayó en un profundo sopor que se extendió tres días cuando una voz poderosa hablo a su mente.

-Belcebú, llevas la sangre de los sagrados y un gran dolor que agobia tu alma.

-Piedad…déjame morir…

-El camino a la paz no está en la muerte si no en lo que hagas con tu vida- puso una imagen en su mente, la de una joven hermosa de cabello oscuro-Lilith…mi amada hija…búscala y protégela como si fuera tuya, allí está tu paz.

Despertó sin hambre, sabiendo exactamente cómo proceder y dueño de una determinación que le venía del alma, se puso de pie y llego a las orillas del mar rojo a tiempo para ver a Lilith cercada por un grupo de demonios, se lanzo sobre ellos y los hizo huir con un golpe de su hacha, luego se dirigió a la joven.

-Tú no deberías estar aquí…- le dijo.

-Lilith… ¿Quién eres?

-Me llamo Belcebú- se inclino- considérame tu siervo, esta tierra es peligrosa, déjame llevarte con mi Amo, el puede protegerte.

-Diablo…

-Ya te conoce y te esperaba.

-No me siento bien…me duele el estomago…

Belcebú se inclino sobre ella y le coloco una mano en el vientre, Lilith reacciono en el acto sujetándoselo, a través de la piel el demonio sintió una vida surgiendo, un minúsculo corazón latiendo desbocado.

-Ya veo-dijo- cálmate, no estás enferma…estas en cinta.

-¿Qué?

-En cinta…tendrás un bebe- ella le miro asustada y entonces rompió a llorar en sus brazos.

-DX ¡Fue un accidente, no quería que esto pasara!

-Está bien, lo entiendo…

-No fue mi culpa…no lo fue…)X

-Nadie dice eso, no tengas miedo, yo voy a protegerte.

-¿Por qué…porque me quiere él?

-Él no te quiere, pero puede cuidarte, llevas algo que le importa, en el Infierno puedes librarte de ese cuerpo humano y ser tu otra vez.

-Llévame, llévame allá, no quiero que me regresen con él.

-Está bien, sígueme si no estás muy cansada, hay una entrada a unos días de camino.

Apenas pasaron dos horas cuando el hambre regreso con más fuerza que nunca, tanto que Belcebú no pudo seguir andando, cayó al suelo sujetando su estomago y conteniendo las lagrimas, realmente había esperado no tener que pasar por eso de nuevo.

-¿Qué te ocurre?- pregunto Lilith asustada.

-Tengo hambre…

-Oh…entiendo…

-No, no entiendes…siempre la tengo, cada minuto, no importa cuánto coma no se va…es horrible, no puedo pensar en nada más que en el hambre, me doy asco yo mismo…

-…Quizás debas dejar de pensar en el hambre…y concentrarte en el sabor de la comida- traía puesto un traje de ramas y hojas, al palparlo encontró dos zarzamoras prendidas de este, más tardo en mostrárselas que Belcebú en arrebatárselas pero al ver su mirada se las regreso y hundió la cabeza entre los brazos- está bien.

-Soy una persona horrible T_T

-No es cierto, eres muy bueno, solo necesitas ayuda…mira, hagamos esto, ten- le dio una zarzamora- ¡No te la …! tragues, vamos de nuevo- le puso la otra zarzamora en la boca- con calma, siente su forma y sabor, mastica con suavidad, no pienses.

Belcebú cerró los ojos y lo hizo, con su lengua sintió la forma redonda y algo grumosa de la zarzamora, al morder saboreo el jugo acido y dulce, trago la frutilla sintiéndose realizado, la miro a ver si tenía otra pero como no era así solo le sonrió.

-Ya atrapare algo :)

Una vez acabo con los escrúpulos de toda su fuerza, Miguel procedió a extender la disciplina militar en todo el Cielo, al punto de que cuando dejo de bajar a cortar alas de demonios y la vida recupero cierto grado de normalidad casera pudo abrir los ojos y darse cuenta de muchas cosas que debieron conmoverlo a su momento pero que ahora apenas le llamaban la atención.

Cayo en la cuenta de que Uriel y él ya no se hablaban como un fuera para discutir, que Gabriel rehuía su presencia como si el temiera y que Rafael había adquirido el habito de seguirlo a todas partes como una sombra silenciosa de la que apenas se apercibía; no se había dado cuenta antes del nivel de tención que había provocado porque cada nueva noticia de abajo lo llevaba a forzar más aquel rigor innecesario.

Cuando supo que Lilith se había escapado del Edén para irse al Infierno por su propio gusto creyó perder la cabeza y se entrego a una campaña de exterminio tan brutal que unos meses después estaba convencido de a ver expulsado a cada demonio que quedaba sobre la tierra de vuelta a su mundo de sombras, se dio cuenta entonces de que las cosas iban inusualmente bien y llego a creer que le estaban ocultando las novedades, se volvió paranoico y descargo su rabia contra los desocupados ángeles negros que habían aprendido de su hermana el habito de mirar por la ventana cuando no se debía, que para Miguel era siempre, los puso en fila frente a todo el mundo y con Rafael siguiéndole los pasos los acuso abiertamente de ser inútiles a la causa, irresponsables e indignos.

-Padre les mira y se avergüenza de ustedes, su desidia entorpece nuestras obras, su curiosidad malsana nos expone al peligro, no sirvieron en la batalla más que de escarmiento y no nos están sirviendo ahora, ni siquiera creo que merezcan ser llamados ángeles.

Y los ángeles negros, que si algo tenían era un exceso de carácter, apretaban los puños y callaban pues sabían que Miguel era implacable y estaban rodeados de soldados rojos listos para defenderle.

En eso el Arcángel sintió que Rafael se le acercaba más de lo usual, volteo a ver que deseaba cuando este le abofeteo, se hizo un silencio de asombro durante el cual Miguel solo acertó a ver atónito a su hermano y Rafael lo miro a él con los ojos azules relampagueando de ira, todos esperaban que de un momento a otro le gritara algo pero en vez de eso se dio la vuelta y se alejo volando de allí.

-Rafael…-parpadeo como si despertara de una pesadilla- ¡Rafael!

Los persiguió hasta encontrarlo en una de las torrecillas del palacio de Dios, con la cara entre las manos y llorando de pena igual a como lo había hecho cuando le anuncio que se llevaban a Lilith, no sabía que decirle, Rafael era la última persona que se esperaría agrediera a alguien y su golpe le había hecho reaccionar.

-Lo siento…-dijo este primero, mirándole con lagrimas en los ojos- no debí hacerlo…no fue apropiado pero ya no podía soportar escucharte insultar a nuestros hermanos, no eres justo, Miguel y no estás siendo sensato…asique lo siento, espero me perdones…

-Soy yo quien debe pedir perdón, Rafael…

-0.0

-Dios- se recostó contra la pared a su lado- ¿en qué me he convertido?, no sé qué es lo que estoy haciendo.

-¿Aun no lo vez?, extrañas a Lilith, todos lo hacemos pero solo tú decidiste hacer algo radical al respecto…lo que de verdad me asusta, hermano, es que de tanto combatir a los demonios, de tanto pensar en ellos…te estás volviendo como ellos.

-¿Es así como todos me ven?, quizás ya he perdido la fe.

-Aun no, creo que lo sabría- estaba sentado al borde de la torre- y entonces tendría que matarte.

Miguel se sobresalto, no por las palabras de Rafael si no por la indecible carga de amor que sintió en ellas, por eso le seguía a todas partes, por eso había tolerado sus arbitrariedades hasta entonces, su hermano estaba custodiándole con la sola idea de estar allí el día en que se convirtiera en un monstro y no permitirle existir así.

-Rafael yo…- De súbito empezó a temblar, Rafael resbalo de la torre y Miguel le atrapo del brazo- ¡Hermano!

-D: ¿Qué está sucediendo?

-¡Sostente!- lo jalo de nuevo arriba, la torre se sacudía asique se aferraron a ella muy cerca uno del otro hasta el temblor termino- ¿estás bien?

-Eso creo…

-¿Pero qué diablos fue eso?

Descendieron a ver que había pasado, los querubines estaban bastante asustados pero nadie había salido herido no había daños, Uriel había ido a la cámara de Dios en busca de noticias, regreso media hora luego con pinta de consternado.

-¿Qué paso?- le pregunto Miguel, por una vez Uriel no le miro de mal modo antes de contestar.

-Lilith tuvo un bebe.

Miguel se quedo sin habla, aquello era diez veces más impactante que Rafael abofeteándole, se dio cuenta de que todos le miraban en espera de una reacción pero solo puso retroceder y alejarse, lo dejaron estar y eso fue lo mejor, Miguel estuvo deambulando sin rumbo por días, descuido los entrenamientos y no le oyeron decir ni una palabra hasta el día que Rafael lo encontró llorando en la vieja habitación de Lilith, derramando todas las lagrimas que se había guardado sobre su almohada, no trato de consolarlo, solo cerró la puerta y se aseguro de que nadie entrara hasta que pudiera vaciarse del veneno que le quemaba las entrañas.

Ese niño podía ser suyo, al no conocer la dinámica del amor pensó que un solo beso era suficiente para pensarlo, quizás esa había sido la razón de que la expulsaran del Cielo a vivir como una mortal, quizás él mismo era responsable de lo ocurrido a su hermana, clamo perdón a los cielos y cuando sus lagrimas se agotaron se sintió mejor, dejo la habitación y cerró la puerta con crucetas de madera decidiendo que nadie volvería a poner un pie allí, en el cuarto de su hermana quedaría para siempre encerrado su secreto.

Cuatro años después ella misma se presento en el Cielo, Miguel la miro a distancia, estaba cambiada, su dulzura se había perdido pero a cambio lucia más fuerte, más desafiante y más seductora que nunca, llevaba al niño en brazos y cuando lo deposito en el suelo pudo ver a una versión en masculino de su madre en la niñez, que no se le pareciera en nada no le alivio, por el contrario, le ocasiono una punzada de decepción.

Sin embargo la mayor sorpresa no fue ella si no su acompañante, llego custodiada por un demonio de gigantesco tamaño que cargaba con su hacha de arcángel y resistía con calma, casi de buen humor, la luz celestial que hubiera destruido a cualquiera de su raza, Miguel lo estuvo observando con atención, pensando que se le hacía ligeramente familiar, pero eran tanto los demonios que había matado y mutilado que quizás solo lo veía distinto por su tamaño.

-¿Alguien sabe si ese mastodonte tiene un nombre?- susurro.

-Belcebú- contesto Uriel- lo vi en un libro- Miguel asintió, por principio se podía confiar en lo que Uriel leía.

-Belcebú…

En ese momento el aludido que sondeaba la cámara con curiosidad volteo en su dirección y sus miradas se cruzaron un breve instante, Belcebú siguió observando a Miguel por el rabillo del ojo, reconociéndolo por lo mucho que Lilith hablaba de él pero nada más, la guerra era un instante borroso en su memoria asique no pudo identificar al ángel cuya sangre compartía, sin embargo sonrió, algo en él le daba alegría.

-Otro angelito- musito para sí.

Antes de que se marcharan y aunque no lo supieron entonces, Belcebú y Miguel quedaron marcados por un pacto de rivalidad para siempre, el tiempo se encargaría de poner las cosas en su sitio, de encararlos, enfrentarlos y darles un pasatiempo de por vida, hasta que se encontraran nuevamente en la guerra final por sus almas.

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