Déjame sanarte

No pensarás que puedes engañar ¿o sí? Si prácticamente me puedo reflejar en ti.

Usas esas sonrisas forzadas que yo tantas veces tejí. Haces esas sonrisas fuertes pero vacías que para tantos chistes utilice.

Tratas de ocultar ese corazón herido que te debe de rasgar por dentro.

Sé que duele, pero déjame llegar a él, yo sé que puedo ayudarlo a sanar.

Vamos, solo déjame acercarme. No te sigas alejando de mí, te he visto hacerlo mil veces con todos los que te rodean.

De acuerdo, esta vez me daré por vencida y me alejaré. Camino hacia la puerta y me detienes ¿Qué sucede?

Aquí está otra vez esta chica. A pesar de que no quiero admitirlo me conoce bien. Mis sonrisas, mis palabras, sabe que son falsas. Pero aún así no entiende lo que siento.

Mi corazón aún late y cada latido me fractura el alma. Tantas cosas del pasado que no logro borrar.

Sin embargo aquí está ella y piensa que me puede sanar y no tiene idea de lo equivocada que está. Mi corazón aún late, pero el suyo está congelado, tan frío como el hielo. Dice poder sanarme cuando ni siquiera pudo sanarse a sí misma.

Es lamentable, debía ser una chica muy dulce. Es atractiva, no lo negaré.

Sus ojos grises reflejan el hielo.

Su piel blanca la fragilidad.

Su largo cabello negro contrasta en fortaleza y soledad.

Y sus bellos labios ligeramente rosados la dulzura misma.

Tal vez deba dejar que intente sanarme, no me dañará.

Ahora se aleja derrotada, como tantas veces debo admitir. Pero esta vez no lo dejaré así.

¿Qué sucede? ¿Por qué me detiene?

No entiendo nada, aunque ahora noto algo en sus bellos ojos café, un leve brillo que, no puede ser…parece a…un momento ¿Dije bellos ojos cafés? No, no, no. Yo estoy aquí para sanar corazones rotos, no para enamorar ni enamorarme.

Siento el calor de su mano acariciando mi mejilla.

¿Qué sucede? ¿Por qué no puedo dejar de ver esos ojos cafés?

Ahora noto que no son solo sus ojos los que me hipnotizan, es cada parte de su cuerpo, su cabello castaño ligeramente oscuro, su tez morena, su sonrisa que por primera vez es sincera.

Vuelvo a sus ojos, el brillo aumenta, creo que…creo que en verdad me quiere. Siento como mis propios ojos se llenan de lágrimas.

—Ahora todo estará bien ¿Verdad?—dice él.

Yo asiento con la cabeza y un suave beso sella sus labios con los míos y acalla toda protesta y todo dolor.

Y así es como fuego ardió

e hielo derritió.

Como un beso terminó

con años de dolor.

Y como un amor

sin querer nació.