El pasar de los años me ha enseñado, eventualmente, a aceptar las cosas como son. Quizás no del todo, pero se podría decir que he llegado a un nivel de resignación suficiente como para tomar estas cuestiones con cierta naturalidad. Sin embargo, no faltan en mi haber noches como ésta, en las que reposo mi cabeza en la almohada, intentando dormir, y termino permitiéndole volar hacia ese lugar recóndito de mi mente (y tal vez mi corazón), donde guardo todos estos sentimientos. Es en ese recoveco oscuro donde me hallo de frente a mis anhelos más profundos, a mis decepciones más desgarradoras; al dolor, la tristeza, la frustración.

De vez en vez te veo a los ojos y me pregunto qué hay allí. Tenés unos ojos hermosos, de forma redonda, enormes y oscuros, enmarcados por esas pestañas ébano que tanto quisiera haber heredado. Tan brillantes e inocentes, que a veces pienso, sólo pueden llegar a ver lo más concreto de este mundo. ¿Pero es realmente así? Después lo medito, y me doy cuenta que tus ojos esconden una profundidad que estoy segura, si quisiera adentrarme en ella, me absorbería por completo. Y lo sé, no dudaría ni un segundo en sumergirme en ellos. Porque lo he intentado tantas veces, que se terminó convirtiendo en esa espina clavada en mi corazón que nunca logré sacar. Esta interminable frustración de observarte y ser conciente que sí, estás escondido allí dentro, esperando pacientemente que algún día pueda hallar la manera de rescatarte.

Y te imagino, muy surrealistamente, sentado en un rincón en penumbras, angustiado, observando cómo ese mundo que tanto deseás conocer pasa por tus ojos, y vos sin poder hacer nada. Porque estás preso de vos mismo, atado de pies y manos. Mudo, doliente, esperando.

Se puede decir, también, ¿qué mundo? ¿Este lugar caótico en el que vivimos, infestado de los vicios más dañinos, las palabras más hirientes, a toda esa decadencia que nos pudre lentamente? Muchos podrían pensar que estás mejor así, y yo a veces también lo pienso, y te envidio por ignorar esta realidad que se me hace tan insoportable. En infinidad de ocasiones te veía reír mientras todo se desmoronaba alrededor de nuestra familia, y envidié totalmente esa coraza protectora de pura felicidad, e incluso llegó a sorprenderme la sabiduría contenida en ella. Y pensé: si tan sólo yo pudiera ser así, si todo pudiera ser así, tan simple. Si todo se rigiera bajo los principios que gira tu vida: el amor y la tranquilidad, ¿no sería todo mejor?

Y acá está el quiz de la cuestión, es la única razón por la que no puedo descubrirte por completo. Es extraño, pero pese a que la misma sangre corre por nuestras venas, somos de mundos totalmente distintos. Y ninguno de los dos ha encontrado la manera de entrar al mundo del otro. Y esa es mi frustración, porque no hay nada más que desee en mi vida que conocerte por completo, mi hermano, de pies a cabeza. Aunque se me permitiese sólo un segundo, poder ver todo de la manera que vos lo ves, y viceversa. Satisfacer ese deseo egoísta que me persigue desde el primer momento que lo supe; llenarme de toda tu sabiduría, entrar en esos ojos hermosos que a veces me miran de manera tan vacía y decir, aunque sea por una vez, que me miraron con el brillo del compañerismo que tanto anhelo ver. Que pudieras contarme las miles de historias que sé que morís por contar, que riamos juntos, que nos entendamos. Porque eso es lo único que quiero, que por una vez, hablemos de par a par, que no haya filtros ni interferencias.

No pretendo que alguien entienda de lo que estoy hablando, solamente necesitaba decirlo. Simplemente estoy plasmando en palabras un deseo que cualquier persona que haya atravesado o atraviese esta situación entenderá, porque es inevitable el sentirlo. Eventualmente pasa, camuflado en esperanza (a la que nunca voy a renunciar), pero es difícil lidiar con él. Y ésta es una de esas maneras.

A pesar de que tu complejidad sea tan abrumadora para mí, nunca voy a abandonar mi meta de adentrarme en tus hermosos ojos oscuros y verte por completo. Te prometo que te voy a hacer feliz, te voy a proteger, me voy a encargar que este mundo oscuro pueda apreciar la simple sabiduría que esconde tu sonrisa y aprenda de ella. Que aprenda que el hecho de ver el mundo de otra manera, comunicarse por otros canales, no te hace defectuoso, ni menos que nadie.

Te amo con mi alma, Horacio.

8/11/11 - 3.15am