III - Tutor

Bridget volaba por los aires sobre una gran águila mientras arrojaba trozos de queso a una pequeña jaula.

– Toma hermanito – reía mientras tiraba los quesos – Sé que los odias, así que deberás comer mucho para salir de ahí. ¡Come! ¡Come queso!

– ¿Qué coma qué? – preguntó una vocecita mientras paulatinamente todo el ambiente se nublaba hasta emblanquecerse por completo – ¿Qué coma qué Bird?

Al escuchar las últimas palabras, el paisaje a volverse nítido nuevamente y ella veía unos lápices y un cuaderno. Abrió por completo sus ojos y se visualizó en una sala de clases. Efectivamente, lo era; su sala de clases.

– Me quedé dormida – decía mientras frotaba sus ojos.

– Así veo – decía su profesor mientras le daba indicaciones para realizar una operación matemática frente a la clase.

– Maldito seas, Ludwig – murmuraba mientras caminaba de mala manera – Incluso inconscientemente, eres molesto.

Aquella clase fue un total martirio, ya que constantemente le jugaban bromas por las frases que repitió entre sueños. Sin embargo, ella consideraba que no era responsabilidad suya que los números sean tan aburridos.

– Bird – decía su mejor amiga, de nombre Rachel, ya terminada la clase – Según sé Maxi es bueno en matemáticas. Puedes pedirle ayuda.

– ¿Maxi? – decía pensativa – ¡Claro, Maxi! ¿Ese tipo tiene cerebro?

– Claro. Se puede convertir en tu maestro personal – guiñaba el ojo – ¡Qué afortunada eres al tener a un muchacho tan atractivo e inteligente interesado en ti!

– Olvídalo. Renee me golpeará nuevamente.

Aún no terminaba su frase, cuando la mencionaba muchacha apareció. Bridget se puso totalmente nerviosa, aún más al notar que se acercaba a ella.

– Bird – decía animosamente Renee – Bird, Bird, Bird, suena como un pajarito.

– ¡No me digas así...! – decía disgustada hasta que recordó la paliza que le propinó – Es decir... llámeme como desee, señorita Renee.

– ¡Pero qué tímida! Ni que fuera tu peor enemiga – Bridget reía irónicamente – Eres tal como Maxi decía, un encanto. Si quieres ser novia de él tienes toda mi aprobación.

– Pero si tú dijiste el otro día que...

– Toda mi aprobación.

– Entonces, ¿por qué...?

– Toda mi aprobación, dije.

– C-claro... como desees.

– Que bueno que nos entendamos – decía Renee aún sonriente, mientras miraba a Rachel, quien estaba con la cabeza agachada – Las tres podemos convertirnos en buenas amigas. Adiós

– Adiós – repetían las dos aún atónitas por el cambio de actitud de esta. Soltaron una gran carcajada ya que no entendían a que se debía.

– Bird – reía Rachel – no entiendo que fue todo eso, pero te puedo decir que estoy muy feliz por ti.

– ¿Feliz? ¿Por qué? … Espera... ¡llámame por el nombre!

– De acuerdo, lo haré. Pero, ahora ¡tendrás oportunidad con Maxi!

– ¿Oportunidad para qué? Claro, podré estudiar.

– No sólo eso. Además, podrás ser novia de él.

– ¿Quién querría ser novia de ese?

– Bastantes muchachas en el colegio – decía apoyándose en su hombro – Pero, mi mejor amiga Bird se convertirá en la novia de él.

– ¿Novia de él? – decía medio molesta – Olvídalo, ese tipo está completamente loco.

– ¿Por qué? – preguntó media intrigada.

– Suele frotar sus mejillas junto a las mías y hace días me habló de que él sería mi caballero protector...

– ¡Qué romántico!

– ¿Eso es romance? Me parece absurdo. En fin, buscaré al dichoso Max.

No alcanzó a terminar la frase ya que vio al individuo mencionado a lo lejos. El rostro de Bridget se iluminó al verle y corrió hacia él junto a Rachel.

Él conversaba junto a sus amigos y reía a carcajadas cuando vio a Bridget acercándose. Se puso totalmente nervioso y miró en otra dirección para que ella no le viera, cosa que fue inútil porque ella igualmente lo abordó. Él continuaba ignorándola e intentaba desviar la atención de sus amigos hasta que todos éstos notaron la presencia de la niña.

– Oye, Maxi, ¿quién es esa niña? – preguntaron sus amigos que parecían pertenecer a su mismo club de basquetbol.

– Es la hermana de Ludwig – respondió de forma bastante seria mientras se dirigía a Bridget – ¿Qué quieres niña?

– ¿A qué se debe este cambio de actitud? – preguntó sorprendida al notar la brusquedad con la que la trataba – Hace unos días decías que serías mi caballero protector, ¿no?

– ¿Caballero protector? – preguntó uno de los amigos de Maxi mientras todos empezaron a estallar de risa.

– ¡Ya basta! – dijo enojado – Dime, ¿a qué has venido niña?

– ¿Yo? – dijo al fin – Nada, eso ya no importa. Me voy.

– Adiós, Bridget – respondía con el rostro avergonzado.

– Después de todo... – volteó y dijo en voz alta – Mi hermano tenía razón.

Maxi la observó mientras tenía una extraña expresión pensativa en su rostro. Sus amigos continuaban sus charlas sobre diversos temas, mas él sólo se disponía a sonreír ya que mantenía la mente en otra dirección.

– ¡Maldición! – decía entre dientes interrumpiendo la conversación de sus compañeros.

– ¿Maldición qué? ¿La formación?

– No, idiota – respondió mientras salía corriendo – Luego los veo.

El destino de él era obvio: Bridget. La buscaba desesperadamente por todo el colegio, preguntándole a cada persona que veía pero, nadie parecía conocerla. Respiraba profundo y continuaba en la búsqueda incluso fuera del colegio. Ahí fue donde vio a Rachel en un paradero.

– Oye tú – gritó impidiéndole tomar locomoción –

– M-maxi – dijo sonrojadísima al ver que éste le hablaba.

– ¿Has visto a Bridget?

– Ha estado en la biblioteca todo el tiempo. – le respondió con la cabeza agachada.

– ¿En la biblioteca?... Claro... ahí no he buscado. Muchas gracias. Adiós.

– Espera – tomándole la manga – No creo que sea conveniente que vayas a verla.

Él soltó rápidamente su mano y nuevamente emprendió la marcha, pero ahora con un destino fijo. Esas palabras debieron haberle preocupado bastante, ¿Por qué no era conveniente verla? ¿Estaría con el corazón destrozado llorando detrás de un estante de libros? Muchas cosas pasaron por su imaginación mientras subía las escaleras y corría sin detenerse.

Finalmente llegó y el cuarto estaba totalmente oscuro producto del atardecer. No sólo eso, sino que además no escuchaba ningún tipo de ruido. Sin pensarlo mucho, entró sigilosamente mientras intentaba observar cada rincón. El lugar era muy amplio, "Demasiado", pensaba para un colegio que no tiene tantos alumnos.

Vio una luz. Era una de aquellas lámparas portátiles que suelen llevar algunos estudiantes que quedan después de clases y estaba sobre una mesa en la parte sur de la biblioteca. Continuó su caminar al ver a Bridget sentada junto a otro alumno que no conocía.

– ¿Entendiste bien el planteamiento del problema? – decía el muchacho que estaba sentada junto a ella.

– Pues, si te soy sincera… – respondió mientras mordía sus labios – Liam, no lo entiendo.

– Vamos, es la tercera vez que hacemos este ejercicio, Bird – le decía mientras suspiraba y ojeaba lo que parecía ser un libro – De acuerdo, analicémoslo nuevamente.

– Lo siento – juntaba sus manos mientras hacía una reverencia en señal de disculpa – Sabes que no soy muy inteligente y... ¡Max! ¿Qué haces acá?

– ¿Max? – preguntaba el muchacho al notar que éste estaba frente a la mesa observando su conversación.

– Bridget – decía Max – Por lo visto estás bien. Te buscaba por todas partes y tu amiga Rachel me asustó diciendo que no sería prudente verte.

– Claro que no es prudente – respondió – Intento estudiar.

– ¿Te gustaría que hablemos sobre lo ocurrido? Te lo explicaré todo.

– ¿Explicarme qué? – preguntó sorprendida – Si tienes algo que decirme, dilo en otra ocasión, ahora intento estudiar.

– Es que no puedo esperar. Sé que debes estar enojada por...

– ¿Enojada por qué?

Max al notar el desinterés y la forma fría en que respondía no tuvo más remedio que acercarse a ella lentamente. Ésta corrió su cuerpo hacia atrás, cosa que fue inútil ya que fue cargada por el individuo y sacada de la biblioteca.

– Suéltame maldito lunático – repetía mientras le daba golpecitos en la espalda.

– No. Lo haré sólo si me escuchas.

– De acuerdo, te escucharé, pero bájame.

Así lo hizo éste mientras la niña se arreglaba el uniforme y esperaba que él hablara. Él puso sus manos en el bolsillo y con bastante nerviosismo dijo:

– Perdón por ser tan frío cuando me abordaste hoy día. Me sentí un tanto descolocado, pero te aseguro que no se volverá a repetir.

– ¿Eso era? – rio – De acuerdo, perdonado. Ahora debo continuar estudiando.

– Espera – dijo evitando que ella se fuera – Eso significa que no me odias.

– ¿Por qué debería odiarte? – continuaba riendo –

Maxi sonrió y sin mucho pensarlo la abrazó fuertemente. Esta quedó sorprendida ante su reacción y decidió soltarse de él, pero algo se lo impidió.

– Tu perfume – decía con la cabeza fuertemente apegada a su pecho – Tu perfume es cálido.

– Por un momento – continuaba apretándola mientras ésta cerraba los ojos – Por un momento... pensé... que te había perdido.

Aquellas palabras la hicieron reaccionar e hizo que ella se alejara un metro de él.

– ¿Perderme? ¿De qué hablas? Nosotros no tenemos nada Max.

– P-pero – decía aturdido – Creí que...

– Esto es ridículo – sonreía – Sólo te abordé porque sabes Matemáticas, pero ante tu negativa busqué a otro tutor. Sinceramente, no tengo ningún interés en ti.

Este ya no le insistió y la vio entrar nuevamente a la biblioteca a continuar su estudio.