Este verano, prometía ser más que eso. Había ciertas señales que seguí como si me encontrara en un extraño laberinto, y todos los caminos, conducían hacia él.

Comenzó a avanzar el tiempo, en cierta parte cómplice de ello, y todo para que cada semana, a la mitad de los siete días, yo tuviera un par de horas solo para mí.

Abrí las puertas de par en par, con la falsa esperanza de que ésta vez, esas promesas podían volverse una realidad. Pero como dije, era tan solo una falsa esperanza.

Sin embargo, como una cruel broma del destino, esa magia de la que me jactaba poseer, se fue esfumando con una rapidez impresionante a medida que el otoño se iba acercando. Yo sabía que tenía que terminar, pero, ¿cómo se supone que le explicas a tu cuerpo que no puedes tener ese contacto? ¿Cómo le explicas a tu mente que deje de pensar en él? ¿Cómo le explicas a tus ojos que no deben llorar porque son lágrimas que derramas en vano?

No hay manera.

Funciona de una manera muy extraña, el corazón; porque aún sabiendo del dolor que se avecina, todo lo da. Nubla la conciencia, idealiza a las personas y oculta las fallas.

Y después de todo el caos, aprende a funcionar de nuevo. Justo eso me pasa a mí.

Incluso, seguía albergando esperanzas de que algún día irías por mí, y me dirías eso que siempre quise escuchar, pero nunca pasó.

Y nunca pasará, lo sé.

Porque es un deseo que solo mi corazón oculta, pero quiero que lo sepas, quiero que halagues a tu vanidad y a tu ego, y sepas que aún no te supero. Que aún recuerdo esos días con una sonrisa en los labios; que a pesar de todo lo que dicen de ti, yo sé que la verdad, en el fondo, es muy diferente.

Pero entonces me preguntó, ¿como haces para continuar tu camino sin mirar atrás, sin darte cuenta de que dejaste un corazón herido? ¿Cómo es posible hacerlo sin sentir nada?

Entonces mi conciencia me dice que puedes hacerlo porque tú en verdad no te enamoraste, jamás pusiste a tu corazón en la ecuación. En cambio yo, tengo una maestría en enamorarme de la persona equivocada. Y resulta que esa persona eres tú.

¿Y que pasará ahora que lo sabes? Seguirá girando el mundo, justo como lo hace ahora, porque no hay manera de volver el tiempo atrás y porque la vida es como una escritora: en algunos capítulos nos une durante el verano, pero al final, siempre nos separa.