DieCiNuevE

Se acercaba la medianoche y la fiesta en el club, estaba en pleno apogeo. Devon, estaba sentado con Arissa, bebiendo y observando a su alrededor; después de que sus padres, se marcharan.

Sin embargo, la pelinegra seguía sintiendo como las palabras de Erika, la mamá del rubio, hacían eco dentro de su cabeza.

"—Hace mucho tiempo que no veía a Devon tan contento. —Dijo en un susurro a modo de despedida."

Y desde entonces, no podía deshacerse de la sonrisa tonta, y es que… ¡ella lo hacía feliz! Que mejor sentimiento que ese, saber que puedes hacer feliz a alguien, que su sonrisa, en parte es por ti...

—Al parecer… ya soy todo tuyo. —Devon se acercó a ella con una mirada divertida, sacándola de sus pensamientos.

—¿No más convivencia con fans? —Inquirió con una sonrisa y enarcando una de sus cejas.

—No lo creo —Devon echó un vistazo a la pista de baile donde sus fans estaban bailando—. Parece que Dean se ha ligado a una de ellas —observó como el guitarrista de su banda estaba bailando como poseso—. Y bien, ¿Qué te parecieron mis progenitores?

—Son estupendos —respondió borrando de inmediato su sonrisa—, lo cual me hace sentir peor. Respecto a lo de anoche… —su cerebro quería encontrar una disculpa que sonara lo bastante convincente, pero al parecer el alcohol era malo para estimular la improvisación— Yo… ummm…

—Olvídalo —le puso un dedo sobre los labios—. Ya no importa, ¿si?

Si, era muy mala idea comenzar con lo de anoche, precisamente cuando se la estaban pasando tan bien. Se limitó a sonreír, mientras alcanzaba su copa de champagne.

Al menos eso tenía que agradecer el rubio, la disquera no le pagaba una gira internacional, pero se lució con la fiesta de lanzamiento: champagne de etiqueta cara, tragos exóticos, algunos canapés que solo comían aquellos que ya se sentían medio mareados de tanto tomar. La miró reprimiendo una sonrisa, cuando ella se bebió todo el líquido burbujeante de su copa.

Ella al sentirse observada, lo miró inquisitivamente. Los ojos azules de Devon brillaban, ¿alegres? Si, alegres, o más bien… ¿lujuriosos?

No, ella era quien estaba sintiéndose así al concentrarse en los labios y el fuerte mentón del rubio. El cuello de la camisa enfatizaba la piel del cuello, la misma que en esos momentos quería tocar y besar suavemente. Perdida en su contemplación, se sorprendió al ver que Devon la animaba a ponerse de pie para bailar. El Dj enloquecía a los asistentes con un remix de la canción Fortune, del álbum anterior del rubio. Pegó su cuerpo al de él, consciente de lo que quería lograr. Era algo en lo que pensó parte de la mañana y ya era momento de ponerlo en práctica.

Alcanzó el rostro del rubio y lo besó en los labios, procurando acariciarle la nuca con las yemas de sus dedos. Devon dio gracias de que estaban bailando, porque de otra manera lo habría sentido estremecerse.

La pelinegra, deslizó sus manos desde el cuello de Devon hasta las caderas, mirándolo provocativamente. Mientras, se daba a la tarde de frotar sus caderas con un compás tortuoso, que comenzaba a causar un efecto en él.

Arissa, por su parte, casi podía escuchar su sangre espesa y tibia, recorrerle el cuerpo dejando a su paso un cosquilleo. La música se volvía cada vez más intensa como sus pensamientos de ella, en una cama, con Devon. Antes de que pudieran admitir que estaban entrando en terreno, bastante apasionado, ambos se separaron un poco para poder respirar. El corazón del rubio golpeaba su pecho con fuerza.

—Mañana te vas, ¿cierto? —Preguntó ella, él asintió pesadamente— ¿Cuándo vuelves?

—A fines de mes, pero podré escaparme un par de días, te lo prometo. ¿Puedo robarte esta noche? —Preguntó él con una sonrisa traviesa.

—Mejor te secuestro yo, en mi casa.

De pronto el rubio sintió que sudaba frío. La chispa de deseo que brillaba en los ojos de ella, podía derretirlo en un santiamén y decidió que la mejor manera de empezar el día, sería despertar al lado de ella, después de haberla tocado y besando en todo el cuerpo.

Contribuyendo a su propio secuestro, le pidió ayuda a Mark, para salir del lugar lo más rápido posible. Durante el trayecto en el auto, hacia la casa de Arissa, sintió que flaquearía, pues ella estaba sentada muy cerca de él. Y aprovechaba en algunos semáforos, mientras esperaban luz verde, para besarlo y tocar su pierna.

Las luces de la autopista iluminaban esos muslos que desde temprano lo estaban provocando, y ya podía imaginarse entre ellos. Podía imaginarse, haciendo y diciendo muchas cosas con ella. Para cuando llegaron, el sentimiento no había remitido en lo absoluto así que Devon no solo la ayudó a que se bajara del auto, sino que la cargó en brazos hasta la entrada, provocando que ella estallara en risas.

Cuando llegaron a la entrada, por fin la bajó, para que pudiera abrir la puerta.

—Arianna esta con mi cuñada. —Dijo la pelinegra al entrar a la casa. Todo lucía silencioso y oscura.

La aclaración le hizo hervir la sangre. Hasta podían hacerlo ahí en las escaleras… sin miedo a ser sorprendidos. Antes de que siquiera pudiera proponer su idea, se vio interrumpido por los besos de ella.

Hábilmente, le quitó la chaqueta y la camisa, acariciando su piel y besándolo intensamente. Hubiese podido observarlo mejor, pero dado que la casa se encontraba algo oscura, sus manos estaban dándole la idea principal de todo. Además ya lo había visto semidesnudo, en una revista.

—He querido hacer esto —dijo deslizando el cierre del vestido lentamente—… toda la noche.

El vestido resbaló sobre los hombros de Arissa. Rápidamente cayó a los pies de ella, quedando solo en ropa interior. Dio gracias a que no había luz, porque ella no tenía una figura, precisamente perfecta. No era como esas actrices de Hollywood que daban a luz y volvían a tener una figura envidiable. Ella tenía un poquito de pancita, que disimulaba de vez en cuando con spanx; y un par de estrías, a las que ella siempre se refería como el ataque de un tigre.

Se abrazó a Devon, sintiendo esa electricidad recorriéndole el cuerpo, y jadeó en su boca al sentirlo recorrer con sus manos grandes sus muslos, su trasero, su espalda… abarcaba todo al mismo tiempo, dejándola completamente desubicada y más ansiosa que nunca.

Por muy interesante que pareciera la idea de hacerlo en las escaleras, en ese momento el rubio no sabía exactamente como llevarla a cabo. La ansiedad quizás le estaba nublando la razón. Además, era la primera vez que estaban juntos. Requería de algo más especial.

La tomó en brazos otra vez, y subió las escaleras con rapidez. Sólo recordaba donde quedaba la habitación de Arianna, pero no la de ella. Al parecer la pelinegra le adivinó el pensamiento, y con su mano, señaló una puerta a la derecha. Solícita, ella abrió la puerta, dejando ver el interior de la habitación, apenas iluminado.

Avanzó hasta la cama, donde la depositó con suma delicadeza, y se recostó a su lado.

—Eres tan hermosa… —Dijo echando un vistazo al cuerpo de la pelinegra.

Ella de inmediato se ruborizó.

—Y tú… eres perfecto.

Devon coló una de sus manos por debajo de la espalda y con destreza desabrochó el sostén. La imagen de sus pechos tensándose frente a él, era exquisita. Volvió a besarla, para después hacer un caminito bajando por su cuello hasta llegar a sus senos. Mientras pasaba su lengua sobre uno, acariciaba con las yemas de sus dedos, la delicada piel del otro.

Volvió a sus labios ahogando un jadeo. Los siguientes minutos fueron algo confuso, no supo exactamente como pero ambos, ya estaban completamente desnudos

Entró en ella inconscientemente, lo supo porque la sensación lo tomó por sorpresa haciéndolo temblar. Ella arqueaba su espalda y se empujaba hacia él, disfrutando de la sensación que se colaba en su intimidad.

Lo miraba con una sonrisa, mientras que él la embestía con suavidad. La sensación era increíble. Nunca se había sentido tan completo con una persona. La oleada de calor comenzó a darle un placer indescriptible. Siguió embistiéndola, un poco mas rápido, y ella comenzó a reprimir algunos de sus gemidos, hasta que llegó un punto en el que ya no pudo contenerse.

Ambos se unieron en una sinfonía corporal llena de magia…

Las embestidas fueron cada vez más y más rápidas, la sintió estremecerse y decir su nombre entre jadeos. Antes de que pudiera reaccionar, el rubio se vio envuelto en una especie de voltereta en la que ahora él termina con la pelinegra sobre él.

La imagen acalorada, con los mechones negros, enmarcándole el rostro, era como de película. Después de dedicarle una sonrisa y comenzar a moverse suavemente sobre él, Arissa lo besó en los labios. En el proceso, su cabello también le acariciaba el rostro.

—¿Sabes lo que estás haciendo? —Devon le regaló una mirada brillante y llena de deso, sin embargo, Arissa se limitó a sonreír mientras seguía moviéndose suavemente— Me estás volviendo loco.

—¿Y eso es bueno o malo? —La sonrisa en su rostro era divertida e inquietante.

—Es maravilloso.

Devon la rodeó con sus brazos, apretándola, casi al punto de no dejarla respirar. Después sus manos fueron hacia los muslos contraídos de la pelinegra, para luego afianzarse en su trasero que subía y bajaba clandestinamente, haciéndolo vibrar. El rubio comenzó a cooperar más de lo que era debido, empujándose contra ella. Justo entonces es cuando Arissa arquea la espalda, exhibiendo sus pechos tensos y generosos, mientras de su boca, sale su nombre entre gemidos de placer. Y justo entonces él también se une a ella, gritando su nombre y sintiendo como todo dentro de él, explota. Explota una y mil veces más, abrazándose a ella, fundiéndose en su piel suave y caliente.

—Te… amo. —Devon la besó en los labios.

—Yo te… amo más.

Ella se quedó con su rostro pegado al de él, el cabello se le pegaba en la nuca y a la frente por el sudor. Podía escuchar el corazón acelerado, latir bajo el pecho cubierto de sudor de él. Hizo el intento de recostarse a su lado, pero Devon la apretó con fuerza.

—Quédate así, por favor.

Arissa no dijo nada, y se limitó a lanzar un suspiro que al rubio le provocó escalofríos. Cerró los ojos, deseando que pudieran quedarse así, para siempre; pero al día siguiente se iría. Y ahora, después de que ella había sido suya de todas las maneras posibles, estaba seguro de que sería un completo infierno sin ella.