VeItiunO

—Entonces… ¿Cómo te trata Nueva York?

La imagen sonriente de Arissa, ocupaba toda la pantalla de la computadora de Devon.

—No muy bien —contestó el rubio frotándose la nariz—. Hace tiempo que no estaba de gira, y bueno ya sabes… siempre hablo más de la cuenta.

—A mi me pareció que te fue muy bien en la entrevista de anoche con Zimmerman.

—No me refería a eso… Se me olvidó decirte un par de cosas —respiró hondo mientras Arissa fruncía levemente el ceño—. La primera es que tuve problemas con Savannah, la mamá de Rose. Tuve que ir con un abogado, es un drama cada vez que voy a visitarla.

La expresión de Arissa cambió totalmente.

—¿Y ya han llegado a algún acuerdo o vas a tener que ir a corte?

—Aún estamos pendientes con eso. Lo segundo que no te he contado es que puse en venta mi casa en Los Ángeles.

—¿Qué? ¿Por qué?

Simplemente no le podía estar pasando lo mismo. Devon respiró hondo, rogando mentalmente por no cometer una estupidez… del tipo verbal. Su especialidad.

—Bueno… Me molesté con Mark por eso. El verdadero motivo por el cual estoy vendiendo la casa…

—¿Qué pasa?

—Yo hubiera querido decirte esto en persona —Devon se dio cuenta de que Arissa contenía la respiración del otro lado de la computadora—, pero estoy pensando en buscar otra propiedad en la que si Arianna y tú quieren… Puedan vivir conmigo.

La pelinegra se tapó la boca con ambas manos, sus ojos se abrían desmesuradamente. Después de unos segundos, que al rubio le parecieron eternos, se quitó las manos del rostro y lo miró con una sonrisa.

—¿Cuándo lo decidiste?

—Cuando desperté a tu lado.

Arissa enrojeció ante el comentario y se sintió presa de una novela romántica de Nora Roberts.

—¿No crees que es algo… precipitado? —Preguntó ella aún sonriente.

—Lo sé —reconoció presintiendo lo peor—, eso mismo dijo Mark. Pero, ¿qué hago? Desde que te conocí, aún cuando me despreciabas por ser un superficial, yo… Siento que soy yo y que tú eres todo lo que necesito.

De no haber estado sentada, probablemente se habría caído al suelo, pues las piernas le temblaban. Toda ella temblaba. Con una mano temblorosa se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja, solo por hacer algo.

—Pues… yo también quiero vivir contigo.

—¿¡En serio!?

—No podría decirlo más en serio.

—Te amo, nena. —Contestó pegando sus labios a la cámara.

—Y yo a ti, aún cuando eres un superficial y desesperado —le hizo un guiño—. ¿Cuándo regresas?

—El martes, me quedaré solo dos días. Y créeme —comenzó a hacer una voz sexy—, los vamos a aprovechar.

—¿Estoy escuchado una amenaza?

—Mitad amenaza, mitad promesa. —Sonrió satisfecho.

—Devon… —dijo de pronto borrando la sonrisa—, estoy segura de que todos nos van a criticar cuando se enteren de que viviremos juntos —el rubio asintió levemente—. Creo que ya que vendas tu casa y encontremos donde vivir, te vas a preguntar como es que llegaste a esto, pero quiero que sepas que… por mi parte, tu vales la pena el riesgo.

La garganta del rubio, se secó como por arte de magia. Quería contestar algo lo suficientemente bueno, pero el nudo en la garganta y las fuertes palpitaciones en su pecho, no lo dejaban pensar en otra cosa que no fuera estar en esos momentos junto a ella, para abrazarla y besarla.

Efectivamente, había sido una terrible idea decírselo por Skype en lugar de hacerlo en persona, pero no tenía muchas opciones y no quería esperar a su regreso.

Se escucharon un par de toques en el marco de la puerta, que captaron la atención del rubio. Era Mark.

—Tenemos una entrevista de radio en una hora y el auto ya está…

Mark se quedó callado al ver los ojos vidriosos del rubio.

—Ya tengo que irme… —se volvió rápidamente hacia el monitor— ¿Sabes? Yo por ti me arriesgaría a todo. Te llamaré en cuanto termine, ¿está bien? Te amo preciosa.

—Y yo a ti —contestó con voz estrangulada pero con una sonrisa en el rostro—. Salúdame a Mark. Cuídate mucho.

Devon alcanzó a lanzarle un beso, antes de que la pantalla se hiciera pequeña y después apareció un mensaje de "AlaineK se ha desconectado".

Se levantó y llegó hasta donde estaba Mark.

—Discúlpame por lo ayer —Devon le palmeó la espalda a su manager—, yo entiendo que quieres lo mejor para mi, como persona, no como artista. Y por cierto, ya le dije a Arissa lo de vivir juntos… y dijo que yo valía la pena el riesgo.

Mark simplemente asintió, no era muy común del rubio pedir disculpas. Normalmente, después de una discusión, el ambiente era tenso y con el pasar de los días, se iba disipando.

—Yo solo quiero lo mejor para ambos —habló Mark en tono suave—, y bueno… Si lo mejor es eso, cuentan con todo mi apoyo.

—Gracias Mark… es hora de irnos, ¿no?

—Si, es showtime. —Contestó con una extraña sonrisa.

El frío le azotó la cara cuando salió de la estación de radio. Algunas fans estaban detrás de una valla, esperando a que él saliera. Se acercó rápidamente para dar un par de autógrafos, y de buen talante posó para las fotos. Incluso ayudó a una fan, que por los nervios no podía sostener bien la cámara, así que se puso de espaldas con la fan junto a él, estiró la mano y tomó la foto sin mayor problema.

Cuando entró en la camioneta, el calorcillo que lo recibió lo hizo sentirse algo amodorrado pero también tenía hambre. Así que junto a Mark y los de la disquera, fueron a cenar a un restaurante de comida china, bastante popular en esos días. Más tarde en el hotel, Mark y él, se apostillaron en el bar, con el único propósito de brindar.

—Lo has hecho bien. El zopenco de Phil, ese ejecutivito de la empresa, estaba muy impresionado. Quizás negociemos lo de una gira europea.

—Esas si son buenas noticias. —Apuró el último sorbo de cerveza.

—Y respecto a lo de Arissa, ¡vaya! Ella si que tiene fe en ti —lo miró con admiración—. No lo arruines por favor.

—Ya no estoy para arruinarlo, Mark. ¿Así se siente? —Los ojos grises de su manager lo miraron extrañado— Cuando encuentras a la persona indicada…

—Algo así. Teniendo en cuenta que solo me he casado y divorciado una vez. —Concedió Mark de mala gana. De pronto dio un brinco y se sacó el celular del bolsillo del pantalón.

—Dios, ¡es Linda! —Aclaró al ver la pantalla— Me olvidé de llamarle para que nos esperen mañana en el aeropuerto. Ahora regreso. —Con el celular en mano se alejó de él.

Mientras ordenaba otra cerveza, la última según dictaba su conciencia. Escuchó una voz a sus espaldas.

—Devon. ¡Que milagro encontrarte por aquí! —Jordi se acercó dándole un beso en la mejilla antes de que el pudiera siquiera esquivarla— Por cierto, felicidades por el disco.

—¿Qué quieres? —Con malos modos se levantó de su silla, tratando de poner distancia entre la rubia y él. Sin embargo Jordi le seguía muy de cerca.

—¡Uy que genio! Pensé que te agradaría el cumplido. Me sorprendió la punketa de pelos verdes con la sales. Tiene más talento del que yo imaginaba —el rubio se limitó a apresurar el paso—. Hubieras escogido a alguien con más clase, pero supongo que cobra barato por las composiciones y los acostones…

—¿Por qué no te callas? —Habló entre dientes mientras llegaba al elevador y le lanzó una mirada de desprecio— Para empezar, ni te compares.

—Claro que no lo hago. Yo he sido lo mejor que ha pasado por tu vida.

—¿Y dónde está Leevan? ¿Sabe que andas de acosadora con tu ex novio?—Presionó el botón con insistencia pero el tablero superior indicaba que faltaban al menos cuatro pisos.

—Te recuerdo que yo también tengo una carrera, estoy aquí por eso.

—En ese caso, ¿dónde esta escondido algún fotógrafo? Supongo que estas escasa de titulares estos días —ella soltó una sonora carcajada ante el comentario—. Eres una maldita superficial…

—Mira quien lo dice, no te creas tan diferente a mí —lo miró de arriba abajo como si fuera un mediocre—. Esta época de cantante 'serio' por la que estás pasando no te hace mejor persona.

—Vete al demonio —por fin las puertas se abrieron y entró al elevador vacío—. Dale las gracias a Alec de mi parte, el pobre no sabe lo que el favor que me hizo al liarse contigo. —Devon le hizo un gesto obsceno antes de que las puertas se cerraran.

La cara de indignación de la rubia, valía al menos un par de palmaditas en la espalda, a modo de auto-felicitación.

Para cuando llegó a su habitación, Mark estaba acostado sobre la cama, aún con la ropa puesta y roncaba sonoramente. Era mala idea eso de brindar con él, porque era muy sensible al alcohol.

Fastidiado, fue hasta el otro lado de la habitación y encendió su laptop. Con suerte y Arissa estaría conectada y podría hablar con ella de lo sucedido. Unos cinco minutos después, con la poca paciencia que le quedaba, decidió llamarla. De inmediato lo mandaba al buzón de mensajes.

Ni siquiera se molestó en dejar mensaje y mejor colgó. Después entró a su twitter, y hasta que no revisó con detalle la cuenta de Arissa, se percató de que en esos momentos, ella tenía una presentación. Por eso no contestaba.

Agradeciendo que al día siguiente, saldría muy temprano en la mañana hacia Chicago, se acostó en su cama. Aún con las entrañas hirviéndole por lo sucedido, se acomodo bajo las mantas. Después de unos minutos y gracias en parte al alcohol, se quedó profundamente dormido.

Escuchó el teléfono sonar, maldiciendo por lo bajo y a tientas, logró alcanzar el teléfono.

—¿Diga?

—Buenos días Sr. Miller —saludó una voz educada—, nos pidieron que fuera despertado a esta hora, son las cinco de la mañana.

—Gracias. —Contestó con voz ronca.

—Que tenga buen día.

Se levantó sintiendo la boca seca, quizás por los trago de la noche anterior; y fue hasta el baño. Cuando encendió la luz, y miró su reflejo en el espejo, dio un paso atrás, asustado.

Por un momento, pensó que quizás no había despertado del todo, pero después de pellizcarse el brazo se dio cuenta de que estaba completamente despierto y eso que veía en el reflejo era cien por ciento real.

—¿Pero qué mierda… —Se tocó la cabeza, específicamente donde tenía una parte rapada, justo en la mitad.

—Que bien que ya te… —Mark entraba en esos momentos al baño arrastrando los pies. No puedo terminar la oración, pues el surco en la cabeza del rubio captaba toda su atención.

—¿Qué… te pasó?

—¡Lo mismo iba yo a preguntarte! ¡¿Que puñetera broma es esta?!

—¡Ah, no! —Repuso con gesto ofendido— No creas que yo hice esto.

—¡Que coincidencia! Anoche me dejas solo en el bar y aparece la loca de Jordi, después subo y tu estas inconsciente sobre la cama…

—A ver, a ver —lo interrumpió antes de que siguiera hablando como loco—. ¿Cómo que apareció Jordi?

—Si, anoche en el bar…. Empezó con sus comentarios venenosos…

—¡No puedo creerlo! —Exclamó Mark saliendo del baño.

—¿Qué? ¿Qué estás haciendo? —Lo siguió a zancadas.

—Resolver esto.

—¿Y esto? —Señaló el pequeño camino en su cabeza— ¿Qué se supone que haga? ¿Me pongo crema de afeitar y me lo quitó todo?

—Ya veremos eso después —con ese comentario, Mark se ganó una mirada furibunda de parte del rubio—. ¿Señorita? Necesito al gerente ahora mismo… No, no me importa. Tengo una situación y si no está el gerente en esta habitación en cinco minutos voy a llamar a la policía… Bien, y dígale que traiga a su concierge también.

Resoplando, Mark colgó el teléfono y miró como el rubio estaba de pie, con los brazos cruzados. Reprimió una sonrisa a pesar de que estaba enojado.

—¿Cómo es que no sentiste?

—¿Y tú como es que no escuchaste que alguien entraba a la habitación? —Replicó el rubio— ¡Tu cama está justo enfrente de la puerta!

Devon volvió a mirarse en el espejo y movió la cabeza en gesto negativo.

¡Justo le tenía que pasar eso ahora!

Escucharon como llamaban a la puerta, y Mark abrió la puerta violentamente.

—Buenos días, Señor…

Se trataba del gerente, y venía acompañado de otra persona.

—Soy Mark Geisel, manager del Señor Miller. Ahora… ¿¡Quiero saber cómo demonios entraron a la habitación e hicieron eso!? —Señaló la cabeza de Devon, aunque el rubio dudaba mucho que pasara desapercibido.

Ambos hombres lo miraron solo un instante y después, incómodos o quizás con ganas de reírse, miraron a Mark.

—De verdad, no entiendo cómo pudo entrar alguien… —Habló el gerente en tono afectado.

—Yo menos, pero por lo mismo necesito a un estilista.

—¿Alguien en especial? —Preguntó el otro empleado. Seguramente el consierge.

—No necesitamos a alguien muy exclusivo para que lo rape.

El hombre asintió y salió de la habitación rápidamente.

—Lamento mucho lo sucedido…

—No lo haga —lo cortó Mark con mal gesto—. Necesito que me ayude con las grabaciones, porque supongo que tienen cámaras de seguridad. Necesito saber quien entró en medio de la noche e hizo esto. Agradezca que fue el cabello lo que le cortaron y no la garganta.

Hasta que escuchó esas palabras, Devon dejó de estar enojado. Solo atinó a sentarse y mirarse las manos, como si en ellas encontrara consuelo.

Para cuando llegó el estilista, un hombre no mayor de treinta años con los brazos cubiertos de tatuajes, llamado Richard; el rubio se sentía como si alguien le hubiera pegado con un bate en la cabeza. No sabía si era algo de resaca, mezclado con el coraje. O el miedo que le dieron las palabras de Mark.

Alguien bien pudo asesinarlo.

El gerente se había ido y regresado con un tipo moreno y fornido que parecía militar, conectaron un par de aparatos a la televisión que estaba en la habitación. El rubio no podía ver muy bien desde donde estaba, pero podía ver los ojos de Mark entrecerrarse en completa concentración frente a la pantalla.

—Son las tres diez de la mañana —explicó el moreno—, y es cuando entra a la habitación. Tiene una tarjeta, ¿lo ve? —Mark asintió— Ahora, si lo adelantamos aproximadamente unos cinco minutos, se ve como sale de la habitación. Revise las cámaras del piso superior, y la persona entra en la habitación 628.

—La habitación estaba a nombre de Ivory Wayans, pero hizo su checkout hace una hora.

—El nombre real de Jordi Walker es Ivory Wayans.—Devon habló por primera vez, quizás se debía a que el susto había desaparecido al saber que la rubia era la responsable. Las entrañas comenzaron a hervirle al instante.

—Que estúpida es. —Mark parecía a punto de brincar de alegría.

—Podemos llamar a la policía, tiene pruebas suficientes para entablar una demanda. —Sugirió el gerente.

—No —Devon se levantó de la silla, ahora ya con todo el cabello al ras—. Eso es justo lo que quiere.

—Pero Devon, esto no se puede quedar así… —Mark lo miró atónito.

—No voy a hacer nada, excepto que se refuerce la seguridad, habla con los de la disquera. Gracias por todo —miró al gerente y al tipo de seguridad y se dio la vuelta—. Richard, gracias por el corte, déjale tu tarjeta a Mark, quizás te necesitemos de nuevo.

Y sin decir ni una palabra más, se metió en el baño, con ganas de ahorcar a Jordi.


Hola! Espero que les guste este nuevo capitulo. Perdónenme si ven un par de errorcillos, la verdad es que subí a toda prisa.

Un abrazo y gracias por leer!

Sandy Lee