« Mayday, mayday.
Para mi R. Porque Annam es OTP y así. Hope you like it, dude.
Todo aquí es mío. Sí, incluso Adam. (?) No, la verdad es que é les hijo de R. Pero sé que me lo prestará de vez en cuando :3.
Uh, sí, menciono a Harry. BUT THAT'S SO NOT THE POINT, K.
Copia, plagia, o algo así… Y amanecerás bajo el agua. He dicho.

Flowers for a ghost

«Who will I belong to when the day just won't give in?
And who will tell me how it ends and how it all begins?»

Una foto de Annie descansa en su regazo. Es ligera y, sin embargo, es como tener el mundo encima. Adam no llora, (no hay más lágrimas, así como tampoco está ella. Se las llevó todas consigo, todas. Hace mucho tiempo ya). Duele aún; hondo, sordo, como una patada en el estómago. Le falta el aire, siempre lo hará. Porque Annie ya no está, y la verdad no hay mucho qué hacer sin ella. Ver sin en realidad hacerlo, oír pero no escuchar. Comer sin saborear. Es una sed de algo que nunca se saciará. Porque ya no puede beber de su boca, y la de Harry a veces no es suficiente, (bueno, al menos no siempre).

Se sienta en el suelo de la habitación. Las paredes están desnudas, la cama está deshecha y la habitación es un desastre. Un nudo en su garganta comienza a asfixiarlo. El peligro está ahí, (acarícialo, Adam, hazlo tuyo). Quiérelo, deséalo. Hazlo porque sólo eso hay. Y muerte, (tan hermosa, tan fría, tan llena de ironía). No hay sangre en sus manos pero la extraña. Matar, matar, matar y sonreír; tiene las manos frías y le arde la memoria. («Annie, cielo, ¿eres tú?»). No. Es un fantasma. Una sonrisa de cristal y millones de sueños rotos. Un amor que se perdió en el tiempo y que Adam jamás será capaz de olvidar.

Aún lo anhela, lo siente. Sigue ahí y no es capaz de soltarlo. Extraña sus besos, su cariño y su cabello. Ese aroma tan propio de ella y los ojos soñadores. Extraña el "¡Adam, vamos!" y su sonrisa. (Annie, ¿cuándo volverás?), y nadie le contesta. Adam sabe que Harry está detrás de la puerta de su habitación, tratando de escucharlo y listo para entrar cuando menos lo piense. Se levanta y echa el pestillo. No lo quiere ahí; (raro, pero cierto). Annie está por llegar y quiere estar a solas con ella. Tarda, asegura que estará pronto a su lado. No puede verla, no puede tocarla, y mucho menos sentirla. Pero sabe que ya está ahí, frente a él, probablemente sonriendo o haciendo una que otra cara graciosa. O quizá esté comiendo un pastelillo. Quizá esté llorando, quizá esté gritando.

Como Adam. (Siempre gritando por dentro, ¿verdad?)

Se escucha un sollozo. Adam está solo y lo sabe debido a eso. Se siente como si no tuviera a nadie más. (Harry, afuera, golpea la puerta con fuerza; «¡Adam, déjame entrar!»). La negativa se pierde en su garganta. (No, error). Annie se la ha arrebatado. La ha tomado y la ha hecho pedazos. (No le agrada Harry, nunca le agradó), y a Adam le hiere que hayan pretendido lo contrario durante tanto tiempo. Y lo siguen haciendo, puede verlo en la (no) sonrisa de disculpa por parte de ella. Adam levanta la mano lentamente y sus dedos, al final, rozan el aire.

(Annie, no me dejes).

Afuera, la noche cubre Ciudad Gris. Es un manto de olvido, un telón cerrándose. Un día menos de vida, uno más cerca de ella. La foto está rota, destrozada, igual que su cabeza. La cordura viene y va, pero a Adam no le interesa ponerle una correa. La quiere a ella, (todo el tiempo será ella).

(Annie, vuelve).