Los Cantantes de Navidad

El primer recuerdo de Laiyon relacionado con la Navidad y de paso el más vivido eran los cantantes de villancicos con sus trajes de invierno que se apostaban frente a la mansión para entonar "Noche de Paz" en pleno día, él tenía seis años y junto a sus padres y hermano mayor formaba un cuadro de familia perfecta difícil de poner en duda, era feliz.

Quinientos años después aun esperaba a los cantantes, su familia se había esfumado, su vida se había extinguido brutalmente, el mundo a su alrededor había cambiado mientras él seguía igual, un espíritu con la apariencia de un joven de doce años atrapado en la antigua residencia familiar cada vez más ajada por los siglos y el abandono, sin embargo el seguía esperando a los cantantes, los cantantes que siempre venían a cantar "Noche de Paz" frente al umbral vacio como si fuera un ritual de buena fortuna, sus caras cambiaban cada cierto tiempo pero aun lucían los mismos trajes de invierno que ahora llamaban trajes de época.

Se sentó en el umbral a esperarlos, con su traje negro y ojos oscuros solía asustar a los turistas, a los niños insolentes y a los intrusos pero no se dejaría ver por los cantantes, escucharía sus cantos con el orgulloso respeto que había aprendido de su padre y luego les enviaría una donación por los medios habituales como acostumbraba su madre, así le habían educado, era un Luxember, primer eslabón de una de las cadenas familiares más antiguas y adineradas de Inglaterra, acaricio la cadena en su cuello distraídamente, aun era temprano, tenía tiempo, tenía todo el tiempo del mundo.

Cuatro horas después seguía esperando, el sol había pasado sobre la casa y el umbral estaba en penumbra, Laiyon se revolvió inquieto, los cantantes nunca llegaban tarde, vio a su jardinero Nao barriendo la nieve del camino y tuvo la leve esperanza de que quizás eso los hubiera demorado, quizás el camino que no podía ver desde la entrada estuviera bloqueado por la nieve.

-¡Nao!- llamo.

-¿Necesita algo, joven Amo?- Nao también era un fantasma, de niño había servido a la familia de Laiyon en la tradición de esclavos negro de la época, podría a verse ido luego pero decidió quedarse cuando la vejez le arrebato la vida y quedarse con Laiyon.

-Baja al camino, si está cubierto de nieve quiero que lo despejes también, busca a los cantantes.

Nao se inclino con respeto y bajo el sendero de la colina hasta el camino principal, regreso cinco minutos después e informo apesadumbrado a Laiyon que el camino no estaba tapado de nieve si no cerrado por una cuadrilla de trabajadores que instalaban postes de luz en el camino, pronto podría ver uno desde el umbral si le interesaba.

A Laiyon no le interesaban los postes de luz, ni siquiera sabía lo que eran pero intuía lo que significaban, los cantantes no vendrían ese año y al siguiente habría un extraño objeto desentonando con el paisaje que había sido inmutable desde su niñez, la realidad estaba tocando a su puerta con zarpa de acero; sin decir nada se levanto y volvió a la casa apesadumbrado, asombrado de que el vacio que era su existencia pudiera volverse más profundo, no lloro porque había acabado con sus lagrimas hacia demasiado tiempo, bajo al jardín central y trepo al gran manzano que siempre había sido su refugio, mágicamente verde y florido a pesar de la época; podía pasar arriba de ese árbol semanas si le daba la gana, podía pasarse allí hasta que cambiara el año de no ser por un suceso tan jubilosos como inesperado.

Estaba deshojando una pequeña flor de manzano cuando escucho cantos afuera, no eran los cantantes, estas voces eran infantiles y entonaban un "Blanca Navidad" en medio de risas carente de todo profesionalismo, Laiyon se enfado, no estaba para niños bromistas y menos para malos imitadores, ¿Cómo le habrían hecho para pasar el cierre de los trabajadores?, ¿y porque Nao no los expulsaba?, los cantos se hicieron más fuertes sobresaltándole, estaban dentro de la casa, de su casa, bajo del árbol dispuesto a aparecérseles levitando, con el cuerpo bañado en sangre, eso les daría un escarmiento.

-¡Intrusos!, ¡Largo de mi casa!- vocifero con voz espectral, las voces rompieron en carcajadas.

-¡Guárdate eso para Halloween, tío!- replico alguien.

Laiyon se quedo chiquito de la impresión, allí en el umbral estaban tres niños que no eran intrusos pero tampoco debían estar adentro, eran sus sobrinos nietos, Mariana de doce, Adrian de diez y Mathew de cinco, los conocía porque debido a una maldición él había tenido que matarlos a todos pero luego había obtenido su perdón, tenían prohibido entrar así como él tenía prohibido salir.

-¿Qué hacen aquí?- pregunto desconcertado- se meterán en problemas, váyanse.

-Está bien, tío- dijo Mariana acercándose y tomando su mano- venimos a sacarte.

-Tenemos permiso- explico Mathew.

-Solo por hoy- agrego Adrian- es nuestro regalo de navidad, podemos llevarte afuera pero hay que volver antes de que se haga de noche… ¡Oye, reacciona!

-¿Eh?- Laiyon parpadeo, no acababa de creérselo- ¿salir?, jamás he salido- por primera vez en mucho tiempo tenía miedo.

-No te preocupes, estaremos contigo todo el tiempo.

Sin dejar de aferrar su mano, Mariana le condujo a la salido, Laiyon se dejo llevar pero se detuvo en seco al borde de la escalera, no se atrevía a cruzar asique Mariana lo jalo ocasionando que cayera sobre ella y los dos terminaran en el suelo, los niños se echaron a reír, Laiyon se levanto disculpándose con su sobrina antes de darse cuenta de en donde estaba, miro el frente de la casa, hacía siglos que no lo veía y ya había olvidado cómo era, cuando finalmente pudo asimilar la realidad del momento sintió que el pecho se le hinchaba de dicha, estaba afuera, ¡Estaba afuera!

-Tenemos que apurarnos- dijo Adrian- si queremos aprovechar el día.

-¿A dónde te gustaría ir?- pregunto Mariana mientras se sacudía la nieve del vestido.

-¿Están bromeando?, no conozco nada, ¿Londres sigue donde siempre?

-Claro, solo que ahora está más ordenada.

Fueron a Londres, la urbe de callejuelas revueltas seguía teniendo la misma forma de laberinto que cuando vivía pero los niños tenían razón al decir que ahora había un mayor orden, los puestos al aire libre habían sido remplazados por tiendas con coloridas vitrinas, la ciudad estaba más limpia y el Támesis seguía igual, el Big Ben que solo había escuchado de lejos le asombro de cerca y los ruidosos automóviles que había visto pasar de largo por el camino le resultaron graciosos cuando pudo contemplarlos quietos.

A diferencia de él, los niños no estaban encerrados en un edificio, conocían el mundo y podían desenvolverse en él simulando estar vivos, lo que se resolvía dejando ver de ellos todo menos las heridas, a Laiyon le tomo un tiempo cogerle el truco a eso de aparecer a medias y casi provocan un caos cuando una señora lo vio sentado en una banca tal cual era, logro desaparecer antes de que llegara la policía; los niños querían que Laiyon se sintiera a gusto asique le mostraron cosas que deberían parecerle familiares, como el mercado libre con sus alharaca de aromas y sonidos, el viejo teatro de la opera, los edificios más antiguos de la ciudad, pero era inevitable que a cada esquina dieran con una muestra del siglo actual, un auto, una tienda con sus luces brillantes y casi siempre un bendito poste de luz.

Se estaba haciendo tarde cuando Mariana les hizo ver que había que regresar, Laiyon asintió cabizbajo, había sido el día más feliz que podía recordar y tener que volver a su encierro lo volvía realmente trágico, sabía que sus sobrinos habían hecho todo lo posible por animarle pero no estaba conforme, entonces lo escucho…

-"Noche de Paz, noche de amor, todo duerme en derredor…"

Levanto la vista, si su corazón aun latiera se hubiera acelerado, los cantantes estaban de pie en un kiosco justo frente a ellos, los compradores de última hora pasaban de largo sin mirarlos, como si fueran tan invisibles como los fantasmas, se puso de pie y camino hasta estar frente a ellos, levanto a Mathew en brazos como lo hacía su padre con él, a su lado Mariana llevaba a Adrian de la mano como hacia su madre con su hermano.

-"Entre los astros que esparcen su luz…"

Sintió algo tibio en la cara, al tocar se quito una lagrima cristalina, la primera que había derramado en siglos y la primera que no era producto del dolor o la pena si no que venía de lo más profundo de si, un dulce sentimiento había despertado a su triste corazón, escucharon la canción hasta su final.

-"Noche de paz, noche de amor, ved que bello resplandor…luce en el rostro del niño Jesús, en el pesebre del mundo la luz, astro de eterno fulgor…astro de eterno fulgor"

-Laiyon…tenemos que irnos.

Laiyon asintió pero primero estrecho la mano de los cantantes, musitando un "gracias" ahogado por la emoción, no pudo decir nada más, volvieron rápidamente a la mansión Luxember con la luz del atardecer colorando los cielos, Laiyon se apresuro en entrar pero entonces quiso abrazar a los chicos por el fabuloso día que le habían dado, no pudo hacerlo, una barrera invisible había cubierto la entrada, les miro apenado.

-De nada, tío- le dijo Mariana con una sonrisa.

-No tienen idea de lo feliz que me hicieron hoy, no lo merecía.

-Claro que si- dijo Adrian- todos merecen ser felices, no solo en navidad sino todo el tiempo.

-Que estés muerto no significa que debas sufrir todo el tiempo- dijo Mariana- eres una buena persona, no estás vivo pero si quisieras podrías tener una vida, piénsalo, de eso se trata esta fiesta, de sacar lo mejor que tienes y ser feliz.

-Lo pensare, gracias de nuevo.

-Feliz Navidad, tío- dijo Mathew apoyando sus manitas en la barrera, Laiyon se agacho y puso las suyas, un centímetro las separaba.

-Feliz Navidad, Mathew.

Los niños se fueron entonando de nuevo aquello de "Blanca Navidad", al final del sendero los trabajadores habían plantado un poste de luz que se encendió al anochecer, Laiyon lo estuvo contemplando largo rato, a esa distancia parecía una pequeña estrella brillando a lo lejos, bien visto el aparato no era tan feo, se propuso pedirle a los cantantes el próximo año que vinieran a cantar de noche a cambio de chocolate caliente y una buena comida, él era un gran cocinero.

Miro la choza de Nao en el jardín donde brillaba una vela, se dijo que si quería hacer eso debía salir de las sombras, se sentía súbitamente inspirado y dueño nuevamente de su destino.

Navidad, tiempo de dicha, Navidad, tiempo de cambio, muchos esperan esta fecha pensando solo en lo que recibirán, para algunos sería mejor pensar en lo que podemos dar, en lo que podemos hacer, en como extender ese momento único y lograr que un día especial nos vuelva especiales, a fin de cuentas la navidad es tan solo otro día del año pero es lindo saber que hay días en que las personas pueden olvidar sus problemas, guardar los orgullos fuera de sitio y los rencores injustificados para sonreír, quizás con hipocresía a veces pero siempre con alivio, el alivio de otro año cumplido y uno nuevo lleno de expectativas.

Asique al mundo entero, a los grandes y a los pequeños, a la gente de nuestras vidas y a la que puebla nuestros sueños, a todos los que son buenos: Feliz Navidad.