« Mayday, mayday.
Para Majo, Kali y Ellie. Porque aunque el Scarmond sea una de las relaciones más disfuncionales/heartbreaking/dañinas que puedes llegar a leer, ellos son adictivos y, desde luego, otp. (Si no les gusta, me vale ma-). Eso. No, la verdad es que a mí tampoco me gustó, so, se aceptan cualquier tipo de quejas/reclamos/etc.
Todo aquí es mío, excepto por la hija de Majo y el hijo de Ellie. (Ese desgraciado sigue recordándome tanto a tu roommie, Elissa, srsly).
Copia, plagia, o algo así… Y amanecerás bajo el agua. He dicho.

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Harmful

« Y aunque es falso el aire, siento que respiro »

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(No lo quiere).

No lo quiere, pero lo anhela. Porque aunque tense la mandíbula y su lengua suelte palabras cargadas de veneno, el ver esa sonrisa y ese cabello, el escuchar su voz, el sentirlo cerca la obliga a querer estirar las manos, a llorar, a patalear y gritar '¡es mío, sólo mío!'. Porque cuando por la mañana la cama se siente vacía, fría (como ella, como él, como ambos), Desmond se meterá bajo las mantas pero no la tocará. La verá dormida mientras cree que ella mantiene los ojos cerrados, cuando en realidad sólo está pendiente de él, de su respiración. De su silencio, de sus hombros rígidos, de sus dudas.

(Él tiene miedo).

Porque sabe que Scarlett ya no es una niña, y es más que un par de curvas en los lugares apropiados y unos bonitos ojos verdes. Es una mujer, (y es frágil). Se rompe, una y otra y otra vez, y cada una de ellas es aún más difícil recolectar todos los pedazos. (Tiene miedo de no estar ahí para siempre). Le asusta pensar en el día en que ella ya no regrese de su caminata vespertina (porque ha muerto, porque ha huido, o peor: porque ya no lo necesita). Porque ha encontrado a otro. Y entonces se quedaría solo.

(Pero ambos son imperfectos, dañinos. Débiles).

Y todos los días es lo mismo. Gritos, lágrimas, un me largo, un nunca volveré, un portazo y una taza de café frío y mal preparado sobre la barra. Desmond aún recuerda el rímel corrido de Scarlett, marcando su bello rostro con lágrimas negras. Recuerda el delgado suéter con el que se fue y espera que regrese por uno más grueso.

A veces se pregunta si no es demasiado duro con ella. Se dice que debería ser más dulce, más comprensivo. Que debería dejar de decir 'que te den' a cada rato y que quizá ya no debería hacer uso de su dedo medio. Porque aunque él y ella se parezcan en eso, Scarlett es una señorita (de manos fuertes y mandíbula tosca, de mirada tan afilada como una daga y una agilidad digna de envidiar).

Hay mucho que tiene que cambiar, lo sabe (y por supuesto, no lo hará). No puede. ¿Qué caso tendría? (Pero es que es el miedo, ¿ves?), y se asusta porque hay cosas que no comprende. Como que Scarlett sabe sonreír o que él también puede hacerlo. Que no necesitan rebanarle la garganta a cualquier cosa con pulso para poder pasar un buen rato juntos. (No entiende cuándo fue que la piel de la rubia se volvió tan suave, o que su rubio cabello comenzó a oler tan bien). No supo, tampoco, cuando fue que se dijo a sí mismo que no debía verla como a las demás, como un simple par de piernas abiertas y un puesto de sexo gratis ambulante.

(Quizá) es un cerdo. Claro, cuando quiere. Y a veces de verdad le es imposible evitarlo.

Después, están los golpes en la puerta. (Hay un ángel en el umbral, sin alas, caído del cielo) y ya ni siquiera trae suéter encima. Ahora son silencio y dos pares de manos ansiosas. (Tienen los dedos fríos) y el abrazo les provoca estremecerse. El arrepentimiento les cae encima, (lo siento, lo siento, lo siento). La escena es triste y no pueden hacer nada por cambiarlo. Porque mientras Scarlett llora, Desmond la besa y limpia sus lágrimas y cuando todo es insoportable le pide que se calle y eso la hace querer soltar una carcajada.

Más gritos y besos de entre medio. Podrías verlo y darte cuenta de que parece una mala película de romance. Porque eso son, lo que nunca será correcto, lo equivocado, lo que no debe ser y aún así, es. Porque ella no sabe nada, (ella lo ama), pero no es suficiente; él no lo nota y no hay nada qué hacer después. Son un par de ilusos perdidos en una tontería. Pero él se promete no dejarla marchar nunca más, (antes moriría). La mira, la toca, la besa, lo hacen en el recibidor como un par de animales y no les importa. Les dolerá después, pero se tendrán el uno al otro para aliviar el dolor (y es un ciclo, algo inútil, vacío, carente de sentido). Como ellos, como lo que son (o nunca podrán ser).

Y luego están esas tres palabras escondidas bajo la cama. No quieren ver la luz y a veces es tan difícil encontrarlas. («Te amo tanto», «te amo demasiado») y no les conviene. Por son Scarlett y Desmond. Porque algún día todo será por ellos, de ellos, (cada respiración, cada latido); tendrán el nombre del otro grabado en la piel y todo será más difícil.

(Todo se desvanecerá).

Y aunque todo comenzara de nuevo, aunque sus padres siguieran vivos y ninguno de los dos sufriera como ahora lo hacen… Todo sería igual.

Sería el mismo dolor, el mismo miedo, el mismo amor.

(Las mismas cabelleras rubias).

La misma tortura, y el mismo final.