94.

-¡¿Veneno?! –chillé desconcertada y con un semblante pálido –¡¿Qué cosas eran esas entonces?!

-Siguen siendo demonios, Leah, pero son una "evolución", llamémosle así –dijo Felton.

-Los demonios sombra que poseen veneno son más grandes, fuertes, sus colmillos son huecos y más alargados. Sus garras también son más grandes –dijo Peter siempre frío y calculador.

-Exactamente –dijo Jack –Usualmente son líderes de los grupos.

-¿Y Luna estará bien? –pregunté asustada.

-El veneno no suele ser mortal –dijo Peter –No si es tratado. La toxina no es muy fuerte, pero su efecto es lo que causa la muerte, pues desconcierta a la víctima y la paraliza, haciendo más fácil su captura, razón por la que Luna no pudo reaccionar. Todo debido al temor –prosiguió sin dejar de ver frente a nosotros, lejos en el horizonte con cierto recelo –Es más para los animales, estos suelen morir en menos de un día y los demonios pueden rastrearlos o seguirles la pista sencillamente. Puede, sin embargo, ser peligroso para los humanos o demás criaturas superiores.

-No debes preocuparte así, Leah, Luna no morirá –dijo Felton –El veneno en los humanos o demás seres causa fiebres muy fuertes pero pueden ser curadas, aun así, tomará un tiempo para que ella recobre fuerzas nuevamente y para que la herida sane.

-La plaza escondida –dijo el trigueño.

-¡Oh, es cierto! –dijo Jack con cierto entusiasmo –Se me ha escapado de la mente –sonrió con cierto alivio –Yo conozco a un hombre ahí que vende plantas medicinales para pociones entre otros materiales para crearlas, o bien, podemos comprarlas ya hechas.

-Ya tenemos un plan, entonces –dijo Xavier –Mejor será apresurarnos por Luna, su fiebre empeorará si comienza a llover y no estamos bajo un techo, demás está decir que el frío no es bueno para su salud.

-Xavier tiene razón –continuó Jack –No debemos detenernos, estamos cerca de llegar y necesitamos encontrar una posada con rapidez al hacerlo. Sé que ha sido una noche agitada y muy cansada –nos dijo a todos –Pero ya no habrán más descansos hasta estar en Erea, ¿Entendido?

-Sí –dijimos la mayoría.

Nos alistamos rápidamente y guardamos todas las cosas que aun se encontraban en el campamento y que no se encontraban estropeadas por los demonios. Sábanas habían sido colocadas en el suelo del vagón, muchas de ellas y Luna había sido recostada en ellas. Todos usábamos nuestras capas pero a la hechicera del grupo se le colocó sobre ella como una cobija para alejar el frío de ella con éxito. Rose y Violet iban, junto con Eleonor y Felton, con Luna, cuidándola preocupados. Patrick manejaría el vagón y David, cansado como todos, tomó asiento junto al profetizo. Jack, Will, Xavier, Peter, Chris y yo caminaríamos, o eso pensé. Antes de partir, todos observamos curiosos como Peter subía en Skalen en un salto y sacaba una de sus pistolas gemelas.

-¿Peter? –llamó Felton extrañado.

-Me adelantaré –dijo simplemente –Hay más demonios al frente, puedo sentirlos –mencionó en voz baja a la vez que sus ojos se tornaban carmesí. Luego miró en nuestra dirección –Despejaré el camino.

-Perfecto –dijo Xavier. Peter asintió en su dirección.

-Ten cuidado –dijeron las gemelas.

-Y suerte –sonrió Felton. Una sonrisa burlona pero un tanto sombría se formó en el rostro del trigueño a la vez que sus ojos relucieron.

-No necesito suerte –y con eso, Skalen relinchó y comenzó a cabalgar a velocidad. No fueron segundos cuando lo perdí de vista entre la ligera neblina del bosque y la obscuridad de la madrugada.

Tomé una bocanada de aire y comencé a dar unos pasos al ver el vagón comenzar a moverse. Eran las dos y doce minutos de la madrugada, pero eso no parecía importarle a nadie, pues todo lo que habíamos pasado seguro nos había arrebatado sueño cualquiera. Mis pensamientos eran descontrolados y si pudiese pensar en diez cosas diferentes a la vez me hubiese sido muy útil. Me sentía mal, como si fuese a caer enferma, pero solo era mi cabeza, y es que no podía evitarlo, todo estaba mal, demasiado mal. Y no podía no culparme. Intentaba no hacerlo pero para mí tal cosa era imposible, ¿Por qué?, por la simple razón de que si yo hubiese estado en esa tienda… yo hubiese sido mordida sin dudar, pero mi ausencia hizo de dañaran a Luna. Era humana y eso hubiera bastado al demonio al momento de escoger… ah, me sentía terrible. Llevé una mano a mi frente y solté un suspiro silencioso, no queriendo que nadie lo escuchase.

En la lejanía pudieron ser escuchados múltiples disparos. Levanté la vista del suelo para ver al horizonte como si esperase que Peter estuviese ahí. Todos esperamos, a medida avanzábamos, ansiosos por otros disparos pero fueron veinte minutos de distancia para poder hacerlo nuevamente.

El cansancio comenzó a llegar en todos nosotros después de caminar por cuatro horas. En medio de estas varios disparos fueron escuchados. La luz del día iluminaba nuestro camino para tal entonces, un cielo azul que era degradado a un color más claro hasta transformarse en naranja, amarillo y rosado de un bello amanecer. Todo esto dejándose ver a través de los árboles del bosque. Las nubes más cerca del horizonte parecían brillar con su propia luz, con contornos rosa y naranja, un espectáculo increíble. Pronto el sol saldría de su escondite. Las aves comenzaban a cantar y los insectos nocturnos apagaban sus cantos. En medio de la trayectoria Xavier se detuvo y nosotros lo hicimos al igual. Antes de poder preguntar, Aledius graznó al horizonte y pudimos comprender. Se escucharon galopes veloces golpeando el suelo con fuerza. Gracias a luz del día logramos ver a la lejanía al caballo acercarse fugazmente en nuestra dirección con su dueño montándole. Feith voló sobre éstos y llegó a nosotros, posándose en el vagón, cerca de Aledius. La niebla parecía más blanca que antes pero aun así no era problema para nuestra visión. Skalen se detuvo frente a nosotros, relinchó y se paró en sus patas traseras, luego dejó caer las delanteras con fuerza descomunal, sintiendo, hasta donde estaba, vibraciones en el suelo.

-Ya estamos aquí –dijo el trigueño con sus ojos carmesí tornándose amarillos. Se bajó de su espíritu protector habilidosamente y caminó al grupo.

-Es un alivio –dijo Chris sincero.

-Y que lo es –le respondió con una sonrisa Felton.

-Tendremos que separarnos en dos grupos –dijo Jack.

-¿Estás seguro? –pregunté preocupada.

-No te preocupes, no es por nada malo, es por precaución –me dijo el localizador.

-Un grupo se quedará con Luna en las afueras y el otro buscará una posada para llevarla ahí –dijo Xavier –Será más fácil así y llamaremos menos la atención.

-Oh, ya veo –sonreí. Mi vista viajó al vagón en el cual Luna dormía con su ceño fruncido debido al dolor y con una mirada decidida miré a Jack –Yo iré –dije ofreciéndome.

-No estoy seguro de eso –dijo Xavier –Erea no es como cualquier aldea, pueblo o ciudad, Leah. Es extremadamente peligrosa.

-Eso no cambiará mi opinión. Yo iré –dije concluyendo con la discusión. El demonio de mayor edad suspiro sabiendo que nadie podría hacerme pensar lo contrario.

-Entonces supongo que tendrás que ir, Pet, además, ¿Quién mejor que tú para conducirnos en Erea? –le dijo Felton. Peter suspiró exasperado.

-Bien, pero si se pierde no es mi problema. No recuperaré su cuerpo muerto –dijo molesto. Le fulminé con la mirada y él hizo lo mismo.

-Will, ve con ellos –dijo Jack –Evita el caos por nosotros –le dijo al ver que Peter y yo estábamos listos para pelear. Will rió alegremente como siempre parecía estarlo y se encogió de hombros.

-Como digas –le dijo – ¿Quién más vendrá? –preguntó. Todos se miraron y Jack sonrió.

-Solo ustedes –dijo el localizador.

-P-pero… –dije confusa.

-Comiencen a actuar más como el clan que son –dijo Felton –Además, todos estamos ya viejos, ustedes son los más jóvenes junto con las gemelas pero ellas deben acudir a los cuidados de Luna, por lo que están en su cuenta.

-Serás –gruñó Peter y Felton rió –Buscaremos una posada y luego vendremos por ustedes. No será llamativo de tal manera –y con eso soltó un suspiro al final.

-¿Vamos? –preguntó Will y Peter asintió.

-Leah, ten cuidado, esta ciudad no es segura y esta vez es en serio –dijo Xavier –Haz lo que te digan.

-Sí, sí, entiendo –le dije –No te preocupes tanto –le sonreí. Él lo hizo de vuelta pero había inseguridad en sus labios.

Nos despedimos y con eso, los tres comenzamos a caminar lejos del grupo. Will y Peter iban al frente y yo les observaba desde atrás. Miraba de vez en cuando sobre mi hombro para ver a los demás hasta ya no poder localizarlos entre la niebla que cada vez era más espesa. Al perderlos no vi el caso de seguir haciendo tal acción y me concentré en el frente. El sol salía lentamente y los rayos pasaban entre los árboles con intensidad. Era una hermosa mañana como ninguna otra, lástima que nuestras vidas no eran tan sencillas como para poder detenerse y admirarlo todo el tiempo que queríamos. Pero siempre intentaba y lograba tomar al menos un poco de tal belleza a mí alrededor, pues necesitaba, en mi vida, armoniosas imágenes, más en aquellos tiempos cuando cada vez todo se tornaba más obscuro y doloroso.

-Llegamos –dijo Peter y al mirar hacia el cielo, a las copas de los árboles, pude ver que no muy lejos de nosotros, los tejados de altos edificios y casas se dejaban ver. Una sonrisa cruzó mi rostro pues pronto Luna sería capaz de recuperarse en un lugar correcto y no en un vagón –Pero no entraremos por el bosque –dijo.

-¿Entonces por dónde? –pregunté extrañada.

-Por aquí –dijo mientras comenzaba a caminar diagonalmente a la derecha –El lugar es un jardín –comenzó a hablar –Las personas llegan ahí a relajarse un poco, también es un pequeño restaurante. Pero ya no muchos visitan el jardín, o no a profundidad, pues no tiene sentido.

-¿Por qué no lo haría? –cuestionó Will.

-Hay una entrada a Erea al final de este por donde los viajeros que provenían de Haragón o por este bosque, podían entrar, pero debido a qué tan peligroso era dejaron de ocupar tal camino –dijo.

Verjas altas y de color azabache aparecieron entre la niebla y me asombré al verlas. Peter siguió caminando hasta detenerse frente a una entrada conformada por dos puertas. Las verjas estaban cubiertas de vegetación. Enredaderas, flores, musgo, de todo tipo. Era claro que el lugar había sido olvidado. Una cadena rodeaba y juntaban las dos puertas, siendo sujetadas por un candado oxidado, así como la cadena. Podía ver el bosque entre las verjas. Adentro todo era más sombrío que el mismo bosque. El césped crecía descontroladamente. Las enredaderas habían dominado el lugar. Los árboles creaban una sombra con sus grandes copas casi en todo el jardín y con la neblina, más espesa que afuera de las verjas, creaban un ambiente escalofriante.

-Maté más de una vez en éste lugar –dijo el trigueño –Así como muchos otros asesinos que aun siguen con vida –me volteó a ver con irritación –Cualquier pensamiento de "ir a descubrir" mejor te lo borras, Leah –gruñó –Éste lugar no es como cualquier otro, no puedes descuidarte, no puedes caminar hasta una esquina sin ser amenazada. Siempre hay que estar alerta en Erea y algo muy importante –dijo acercándose a la puerta –No puedes confiar en nadie y cuando digo en nadie significa Nadie.

-¿Ni los niños? –pregunté extrañada. Una sonrisa burlona se formó en su rostro a la vez que tomaba el candado con su mano.

-Depende –dijo con sus ojos tornándose rojos y la misma sonrisa burlista. Haló el candado como si se tratase de estar rompiendo una pequeña rama o como si estuviese separando una hoja de un tallo de una flor; y en unos segundos el candado estaba en el suelo así como la cadena.

¿D-depende? –pregunté un tanto sorprendida por la respuesta y por la acción del candado.

-Si tienes suerte, no lo entenderás –me dijo mientras tomaba las dos puertas y las abría –Vamos –dijo volviendo a su mismo tono frío y semblante calculador.

Tomó las dos puertas y las abrió. Entró y, sin detenerse por nosotros, avanzó. Tragué en seco y miré a Will. Me sonrió y colocó una mano sobre mi hombro, estrujándolo cariñosamente. Le devolví la sonrisa un tanto insegura y luego observé, entre las verjas, el sombrío paisaje. Observé la figura alta del trigueño detenerse y mirar en nuestra dirección.

-No se queden atrás –dijo y sin más que hacer, caminamos unos pasos hasta llegar a la entrada.

El rubio y yo nos lanzamos una última mirada y entré yo primero. Al haber, ambos, cruzado la entrada, Will unió las dos puertas y las cerró, claro, sin el candado o la cadena, pues no servían para nada después de ser separados a la "fuerza". Avanzamos hasta donde el trigueño esperaba, irritado por nuestros retrasos. Estando ya los tres, reanudamos nuestra marcha, pero ésta vez el único en frente era el demonio de cabellos arremolinados. A medida caminábamos, la niebla se volvía más espesa y blanca. Después de unos minutos, una fuente muy alta y de tres pisos apareció en el centro de un círculo careciente de árboles. No caía agua de ésta y, como todo, estaba envuelta en enredaderas, musgo y flores. Lo único que lograba hacer la escena un tanto encantadora eran dos mariposas que reposaban en el tercer piso de la gran fuente. Después de ella, otros objetos fueron apareciendo en el panorama, como escaños en los cuales nadie se había sentado en un buen tiempo, al parecer. Al seguir avanzando, en el horizonte apareció otro escaño, pero, a la vez que nos acercábamos, entre la niebla una figura se formaba, recostando ésta su espalda en el respaldo del largo asiento, dándonos la espalda así como el escaño lo hacía. Apenas tenía forma al principio, pero poco a poco se transformó en la gris silueta de un hombre, un anciano. Al encontrarnos a diez metros de distancia, nos habló.

-Viajeros –dijo el anciano – ¿De dónde vienen, jóvenes viajeros? –nos cuestionó. Su figura seguía oculta por la niebla. Nadie respondió – ¿A dónde se dirigen, viajeros? –preguntó nuevamente. En ese entonces avanzamos lo suficiente para estar ya solo a cinco metros de distancia.

-Sigan caminando –dijo Peter sin voltear a vernos.

-Pocos recorren este camino –prosiguió el anciano –Es peligroso para alguien como ustedes, con tanto por delante que vivir, jóvenes viajeros.

-Ignórenle –gruñó Peter al ver que hesitaba un poco en mis pasos. El anciano, que seguía sin moverse ni un centímetro, rió chillona y estridentemente. Una risa escalofriante de un desquiciado.

-¿Les he molestado, viajeros? –cuestionó burlista –Jóvenes viajeros, debo saber, ¿Cómo es que han llegado? –cambió el tema y luego rió de nuevo. Me detuve por un momento al estar, Will y yo, a dos metros del escaño y el cuerpo inerte. Peter gruñó y giró en nuestra dirección.

-Sigan caminando –repitió. Así hicimos.

-¿Ignoras a un anciano? –preguntó –Déjame verte bien para recordar tu rostro –luego de eso rió maniáticamente y comenzaba a preocuparme y a aterrarme un poco. Caminé y al llegar a la distancia en la que el escaño estaba me detuve.

-Sigan caminando –remarcó ambas palabras el trigueño con ira creciendo en su interior.

Observé, primeramente, los ojos. Ojos ciegos. Comencé a creer que el hombre deliraba, ¿Por qué?, por la razón que deseaba ver y recordar nuestros rostros sin si quiera ver el bosque en el que estaba para comenzar.

-¿Haragón, Merish, dónde? –preguntó el ciego – ¿Qué vienen a hacer?, es peligroso aquí, jóvenes viajeros –debido a las órdenes de Peter, al terminar de decir el anciano tales palabras, di un paso.

-¿E-está bien, señor? –pregunté temerosa.

-Viajera –me dijo – ¿Cómo es que éste ciego recibe tu compasión? –preguntó con una sonrisa creciendo en su rostro, mostrando dientes amarillos y algunos huecos entre ellos –Tal vez Erea se apiade de ti –y con eso, comenzó a reír. Un gruñido llamo mi atención. Peter seguía avanzando y estaba molesto.

-Sigan avanzando –gruñó en un tono incluso más irritado y grave que antes. Will me tomó del brazo derecho, del lado en el que él estaba, y me haló para que caminara tres pasos.

-¿Ignorarán a un ciego, no recibiré ayuda, joven viajera? –me preguntó girando en mi dirección.

Paré en mi marcha un tanto pálida, pensando que la única manera por la cual había encontrado el lugar en el que me encontraba era por el sonido de mis pasos, o eso quería pensar cuando sus ojos miraban perdidamente en los míos, intentando ver algo. Un escalofrío recorrió mi columna con gran intensidad, sintiendo como los cabellos detrás de mi cuello se erizaban. Will me haló nuevamente, no gustándole la situación, no muy diferente a mí. Logré ver de reojo como el anciano extendió su brazo y fue cuando giré en su dirección para ver como sus largos dedos y uñas estaban cerca mi brazo. Palidecí más, si era posible, y escuché los pasos pero no vi cuando llegó Peter, mi mente solo logró captar una de sus armas frente al rostro del anciano por unos momentos. La risa calló pero la misma sombría sonrisa seguía ahí. Miré impresionada a Peter cuando ya no me encontraba, o no totalmente, en un estado anonadado, pues aunque el anciano no tuviese sus tuercas bien ajustadas, no necesitaba tal trato… pero luego realicé que yo no sabía nada al respecto de todo.

-Ni te atrevas a tocarla, McCoy –gruñó el trigueño. Will y yo nos miramos sorprendidos al escuchar el hecho de que Peter le conocía.

-Ah… –dijo el anciano siempre sonriente –Así que eres tu –le habló – ¿Qué te ha traído por los alrededores nuevamente?, he notado tu desaparición, muchos lo hemos hecho. Te largaste hace más de dos años, ¿Tres tal vez? –comentó –Creaste un vacío –luego de esas palabras rió estridentemente de nuevo. Peter bufó.

-En su estomago –dijo Peter en tono burlista pero en sus labios no había sonrisa. McCoy rió –Pero al parecer siempre será tímido conmigo.

-No se le pasará –rió el ciego – ¿Así que te aburrieron tus trabajos? –preguntó con la misma alargada y escalofriante sonrisa –Comenzaba a beneficiarme, ¡Ah!, pero también he notado más vacíos, ¿Qué le ocurrió a tu jefe, aborrecido de ser ordenado? –comenzó a reír y fue entonces que una medio sonrisa se formó en la esquina izquierda de los labios del trigueño y bufó nuevamente.

-Nunca lo hice por ellos, McCoy –dijo el demonio –Era todo por diversión… claro –dijo halando el martillo de una de sus pistolas gemelas, la que tenía en la mano, haciendo un "click" resonar en todo el lugar –Eso nunca fue de tu incumbencia, como ahora, ¿No crees? –dijo siempre sonriendo burlista –A menos que quieras "verme" de nuevo –se mofó del ciego, acercando el arma al rostro y McCoy simplemente seguía sonriendo.

-¿Pero de qué está hablando, joven viajero? –preguntó McCoy. La sonrisa en el ciego se expandió así como la burlona del trigueño – ¿Por qué apunta con tal arma a éste ciego anciano? –le cuestionó inocentemente.

-Tú me dirás –le respondió Peter. McCoy siguió sonriente.

-Yo no sé nada, ¿Por qué me amenaza si quiera? –mintió –Jóvenes viajeros, tengan piedad de un pobre ciego, ¡Ah!, pero tengan cuidado, pues, ahora, de mi humilde corazón, les digo que Erea es un peligroso lugar, no salgan de sus casas si pueden, menos al anochecer –concluyó.

Peter bufó nuevamente y alejó el arma del rostro. La guardó y McCoy se carcajeó con esa risa que seguro me perseguiría en mis pesadillas. Con eso, Peter se dio la vuelta y reanudó su marcha. El ciego siguió riendo y sin dudar, Will tomó mi brazo e impulsó con unos pasos, nuevamente, a avanzar para no quedarnos atrás. Miré ciertas veces a donde se encontraba el anciano McCoy, aun riendo y poco a poco, así como apareció, borrándose del panorama gracias a la niebla.

Will y yo nos miramos siempre sorprendidos, curiosos y un tanto nerviosos. El primero en hablar para resolver todas nuestras dudas fue el rubio.

-Así que… se conocen, ¿Eh? –dijo lo obvio y por ello, el trigueño ni se molestó en mirar sobre su hombro.

-No puedo creer que no esté molesto por escuchar tal estupidez –gruñó Peter.

-¡Bueno, bueno! –dijo Will –Al menos dinos algo, ¿No?

-Si, Will, si lo conozco –suspiró irritado el alto de cabellos enmarañados de color azabache –McCoy es peligroso y solo las personas de bajo perfil o "Hijos de las calles", estando en negocios sucios como yo lo hacía o no, lo conocemos –habló –Yo, como saben, cometí asesinatos aquí y McCoy siempre escuchaba y los "veía", aun sin moverse.

-¿Cómo es eso posible? –pregunté interrumpiendo.

-Si te callaras podría decirlo –gruñó Peter.

-Bruto –murmuré cruzándome de brazos. Él negó con la cabeza pero prosiguió.

-McCoy hizo un trato con un monstruo… bueno, más bien un contrato–se corrigió él mismo –El monstruo se llama Eronles, es un demonio y espíritu, de la misma naturaleza que la bestia. El contrato consiste en que Eronles brindaría protección y aun más importante, le permitiría ver, y con eso me refiero a que Eronles sería y es sus ojos, susurrándole las cosas a su alrededor. Eronles, a cambio, desea almas, energía y cuerpos para sobrevivir –explicó con simpleza, como si no se tratase de algo impresionante o aterrador. Will y yo estábamos ansiosos y, más de mi parte, intimidados –McCoy pasa la mayoría de sus días en éste jardín, incluso cuando yo seguía aquí. Es viejo, pero poderoso, bueno, Eronles lo es, así que lo que los conocen tienen cuidado con McCoy porque saben que el monstruo está en él y que de vez en cuando, personas desaparecen, claro, eso suele ocurrir en Erea cada día –se encogió de hombros –Pero cada dos meses, alguna de las múltiples victimas fue asesinada por Eronles, usualmente aquellos que tratan mal a McCoy y que se han ganado su rencor. Él no es un hombre de compasión, sin dudar. Estas víctimas terminan siendo el alimento de Eronles y cuando McCoy dije que tal vez "Erea" se apiadaría de ti, significaba que tal vez Él y Eronles no te asesinarían –dijo mientras giraba en mi dirección.

-O-oh… –murmuré asustada. Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero.

-Pero no lo hará –me dijo –Eronles puede verme, pero nunca le ha dicho mis apariencias a McCoy, ni se me acerca pues sabe mi naturaleza y me teme, por lo cual, aunque el viejo McCoy quisiera asesinarme, Eronles no haría nada al respecto. Tiene miedo a que le asesine si lo hace.

-¿Qué harías si McCoy se enterara, o si alguien más lo haría por ello? –pregunté temerosa. El trigueño miró sobre sus hombros, sus ojos carmesí entre sus mechones negros y sonrió burlonamente, mostrando sus colmillos blancos.

-Le mataría, por supuesto –dijo a la vez que sus iris relucieron. Giró nuevamente al frente –Ellos saben que mi compasión es nula, así como la culpabilidad y debido a mi poder, Eronles nunca se ha, si quiera, mostrando ante mí. Pero sabiendo que vienen conmigo no se les acercará al igual, no Eronles al menos y McCoy rara vez se aleja de éste jardín. Ninguno de los dos será problema.

-Entonces… ¿Eronles te ha visto matar? –preguntó Will. Peter asintió con la cabeza.

-Lo ha hecho y una vez, McCoy escuchó los disparos, por lo que supo y cuando volvía, el viejo me habló por primera vez, claro, eso no significa que yo nunca le hubiese visto antes, así como Eronles a mí. Dos veces pasaron antes de que me hablara y otras dos veces más pasaron para que mis asesinatos le beneficiaran, tal como dijo.

-Por lo escuchado, debo suponer que les dabas los cuerpos de tus víctimas –habló Will recibiendo otro asentimiento del trigueño.

-Fueron simplemente tres veces, luego de eso, me largué de éste lugar de locos.

-¿Todos? –pregunté curiosa por sus palabras –Creo que eso es exagerar.

-No lo hago, todos lo están a su manera, buena o mala, eso no importa –se volvió a encoger de hombros –Incluso yo lo estoy. Erea transforma a las personas.

-Bueno, si tu lo estas, nosotros también debemos estarlo –sonrió Will –Pero, ¿Realmente es tan peligrosa Erea?

-Aun más de lo que dicen de ella –dijo Peter soltando un suspiro.

-Eso me asusta –les dije –Lo único que he escuchado hasta entonces es que es un peligroso y horrible lugar –dije preocupada.

-Si no haces algo estúpido... –el trigueño se detuvo en sus palabras –Más bien, si no eres tu, todo irá bien.

-¿Qué me estás queriendo decir? –le cuestioné molesta, colocando mis manos en la cadera.

-Que eres una niña idiota, eso –me dijo a la vez que se detenía y giraba en nuestra dirección.

-¡Ugh! –exclamé irritada – ¡¿Por qué siempre eres un brusco maleducado?!

-¡Alto, alto! –dijo Will colocándose en medio al ver que Peter fruncía su ceño molesto, listo para responder con otros comentarios sabelotodo –No es momento de pelear.

-Simplemente no te pierdas por aquí –me gruñó el trigueño –Si lo haces, ni me molestaré en buscarte –gruñó acercándose a mi e inclinándose un poco –No durarías ni cinco segundos aquí, astuta o no –me mordí el labio molesta para no decirle algo, debido a que Will levantó sus cejas, indicándome no hacerlo. Solté un suspiro molesta y volví a cruzar mis brazos sobre mi busto.

-Gracias –dijo el rubio sonriendo.

-De todos modos –se encogió de hombros Peter –Ya estamos aquí –dijo señalando con su pulgar de su mano derecha detrás de él.

Will y yo miramos sobre sus hombros para ver, no a mas de cinco metros, verjas azabache así como las que nos encontramos en el bosque y dos puertas que conformaban una, solo que a diferencia de por donde entramos, estas estaban sin enredaderas y abiertas a cualquiera que deseaba entrar.

-Aquí vamos –dijo Will mientras me miraba ansioso y emocionado, a la vez, al ver que Peter ya había girado y comenzado a caminar a la entrada del jardín.

-Aquí vamos… –afirmé en un murmuro a la vez que los seguía.