« Mayday, mayday.
Este es para Lucille y para R. Porque sus hijos son bien perfectos juntos y adjkadk.
Y nada más para que sepan, ESTE FIC ME COSTÓ UN PINCHE OVARIO. Así de mucho las quiero, por consiguiente déjenme un review aunque sea con un maldito 'lo leí, bye' para hacerme sentir bien. Graciasdenada.
Séh, menciono a Marek. Pero… uh, ignórenlo/ódienlo. (No, no lo hagan. Yo lo amo ;-;). Y también salen Annie y Harry. Yay! (?).
Copia, plagia, o algo así… Y amanecerás bajo el agua. He dicho.

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Not yet.

«Dime que me quieres.

He llegado a pensar que lo necesito.»

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Duele no saber qué es querer. Isis conoce la sensación, aunque no haya lágrimas en sus ojos. No sabe lo que es llorar por no ser querida. (O quizá sí y simplemente no se ha dado cuenta). Quizá no quiera darse cuenta. Quizá lo sepa y prefiera dejar todo eso de lado, ponerse el bonito collar de perlas que Marek le ha regalado y contemplarse al espejo mientras observa cómo se sonroja al tratar de contener las lágrimas. No le duele (no aún). Repasa la fina seda azul hielo de su vestido con la punta de los dedos y después de un par de vueltas le sonríe a Adam de esa forma que dice 'no estoy bien, pero ahora estás aquí'.

(Nada más importa).

Él la quiere (pero no lo sabe). No se ha dado cuenta. Se dice a sí mismo que debe protegerla, porque Isis tiene encima unas manos que no son suyas (no son suaves, no son cuidadosas; están sucias), que la asfixian, que la rompen y que no la dejan ser. Ella está a punto de ser más que mil pedazos y cuando Adam llora (porque ve a Annie, porque ama a Harry), también llora por Isis. Pero ella le dice que no, que no es necesario porque cuando él le sonríe de esa manera tan encantadora, ya no tiene miedo. Ya no siente el frío y la habitación se llena de luz. Se siente bien. Bromea, ríe, se sonroja. (Está viva). Se permite ser aquella muñeca de porcelana que revive debido a que el príncipe la invita a bailar sólo una noche.

(Y bailan Jazz. No hay otra cosa por bailar).

No está mamá para decir 'Isis, camina derecha' y tampoco está papá para decir 'Dedícate a estudiar'. No está la hermana que sí baila ballet y tampoco el hermano que la protege en silencio.

(No hay quien sepa decirle 'te amo'.

No aún).

Y cuando Adam la escucha reír es como si todo el dolor se alojara en él. (Es tragar vidrio roto; tener los oídos llenos de ese sonido y los ojos llenos de su rostro). Es saber que, de alguna manera, lo merece. Lo soporta. Es lo que obtiene por hacerla feliz un rato, sólo hasta que el reloj marque las siete y él la acompañe a tomar un taxi, uno que la llevará de nuevo a su prisión. Que la llevará de nuevo con Marek, con el collar de perlas y con aquellos fríos, vacíos y costosos lujos que, Adam sabe, él nunca podría darle. Entonces Isis vuelve a sonreír. (Yo sólo te quiero a ti, Adam, murmura ella, sintiendo la ligera llovizna golpearle con suavidad la piel del rostro).

Y no hay más dolor. Sólo están ellos dos, siendo la sombra de una mano sobre la otra, las lágrimas no derramadas de Isis y todos los 'te quiero, te amo' que Adam debe de decir pero no lo hace (no aún). Tienen miedo, así que se toman de la mano una vez más. Esta vez Isis no piensa en pañuelos bordados, ni en jabones aromáticos o en su perfume de vainilla (y Marek está lejos, muy lejos de ahí). Adam no ve a Annie (no la escucha, no la siente) y no responde a las llamadas de Harry. El momento es de ellos. Son un 'te veré mañana' y la promesa que mantienen sin necesidad de recordárselo el uno al otro.

Isis prometió sonreír.

(Adam prometió hacerla feliz).