En una cantina del pueblo llamado Aurora, donde jugadores y borrachos se juntaban y el ruido era constante por unos segundos fue sumida a un silencio sepulcral. Una figura no muy alta entró caminando con aires de soberbia.

—Gente del pueblo Aurora ha llegado la solución para su problema ¡El gran cazador de recompensas Mifune Akira!

Conocido en como el lobo del licor, Mifune era un cazador de las tierras orientales, mal hablado, prepotente, busca problemas, mujeriego entre otras "cualidades".

Pero si había una de sus "cualidades" que siempre usaba, era la de oportunista. Había llegado al pueblo en su peor momento, una bruja salida de quien sabe donde y su propósito muy simple, amargarles la existencia a algunos humanos que no conocen los caminos de la magia.

Nadie le hizo caso, con semejante historia en su contra era lo más esperado. La cantina regresó a su algarabía habitual y el cazador oriental caminó hacia la barra.

— ¿Qué le sirvo?—le preguntó el cantinero.

—Si tiene ese licor amarillo que beben aquí en occidente, deme una jarra.

—Aquí lo tiene—le informa el cantinero— ¿Puede explicarme a que ha venido a este pueblo?

— ¿No es obvio? Vine por la recompensa que están dando por la cabeza de la bruja que los aqueja.

—Entonces es mejor que vaya con el sepulturero mi estimado cliente. Todos los de tu tipo que han venido a atender ese trabajo han muerto.

Nuevamente la algarabía de la cantina fue abruptamente interrumpida por el sonido de las espuelas de un nuevo visitante. Una figura alta, de ropas comunes pero oscuras, un sombrero que le ocultaba parte del rostro.

Muchos sabían quien era el nuevo visitante y decidieron marcharse. Hasta el buen pulso del cantinero se alteró al ver como el recién llegado se acercaba a la barra.

— ¿Qué le sirvo señor?—su tono de voz delató su temor.

—Cerveza. Y disculpe por sacarles a todos los clientes.

—No se preocupe, estaba por cerrar el local.

La actitud del recién llegado molestaba a la del oriental. Y no faltó mucho para que su carácter explosivo saliera a relucir.

— ¿Te estas olvidando de alguien? Dime viajero ¿Qué te trae a este pueblo?

— La recompensa por la cabeza de la bruja Meredith.

—Pues has llegado tarde viajero. ¡Ese dinero es mío! Y si no me reconoces ¡Soy el más grande cazador de recompensas del Oriente y ahora de Occidente, el genial Mifune Akira!

El cantinero supo que se presentarían problemas y salió corriendo.

—Entonces, su fama le precede, pero la de hablador de sin sentidos.

Mifune vio detalladamente al hombre que tenía en frente.

—Dime quien eres.

—Con gusto. Thomas Earp, el Pistolero Gris es mi apodo. Le he dado caza a problemáticos tales como: el Lobo Feroz, Peter Pan, La Bruja de Arkansas entre otros criminales.

Thomas mostró su revólver plateado, Akira mostró el mango de su sable en respuesta.

El primero en atacar fue el oriental, con un lance de su sable hizo retroceder a su colega. Thomas sacó su pistola, le quitó el seguro y le disparó a una lámpara que se encontraba en el techo, justo debajo de Akira.

— ¡Estoy aquí!

—Lo sé.

La lámpara cayó sobre el oriental, doblegando su cuerpo al suelo, pero con un último esfuerzo golpeó una tabla floja y golpeó en la entrepierna a su rival.

El viejo sheriff del pueblo, un hombre viejo pero aún fuerte, llegó a lo que quedaba de cantina. Tomó a los dos cazadores de recompensas a la rudimentaria comisaría. Estarían retenidos en la cárcel por unas noches, o hasta que se volvieran locos y se trataran de matar nuevamente.

Akira poco a poco fue volviendo en sí. Entre las extrañas visiones que tuvo, vio una de su pasado. Una de aquellos días cuando trabajaba como guardián de un prostíbulo en la ciudad costera, el lugar de Occidente que lo acogió con los brazos abiertos; por supuesto, gracias a su habilidad de matar.

— ¡Tu el pistolero! ¿Te encuentras bien?

—A pesar de todo, si ¿Qué quieres ahora?

—Estuve pensando una cosa. Vamos los dos juntos por la cabeza de la Bruja Meredith.

— ¿A que se debe tu cambio de actitud tan repentino? Pensé que tan genial cazador podría solo con una criminal de tal calaña.

—En mi historial no hay brujas ¿Qué te puedo decir? A la final creo que necesito algo de ayuda.

— ¿Qué gano a cambio?

El oriental estuvo pensando un poco su respuesta.

—Que tal si nos dividimos la recompensa más todos los regalos que nos den los que viven en este pueblo ¿Qué tal si nos dividimos todo a 40 60?

—Si nos dividimos las cosas así…buena suerte con la bruja.

—Bueno, que me dices si lo dejamos todo a la mitad.

—Me parece bien.

En ese momento, entró violentamente el viejo sheriff del pueblo. Con una cara de asustado increíble, como si hubiese visto a Satanás en persona.

Respiraba agitadamente y miraba a los lados, desesperado, nervioso y angustiado. Algo había pasado en el pueblo, algo realmente grave. Sacó de su escritorio su botella de whisky y tomó unos tragos.

— ¿Pasó algo sheriff?—preguntó Thomas.

—La bruja Meredith está haciendo de las suyas nuevamente. Esta vez, viene más molesta.

— ¿Cuánto vale su cabeza?—preguntó Akira.

—Tres mil dólares ¿No me digan que son cazadores?

—Efectivamente—respondió el oriental— ¡Somos el increíble dúo de lo mejor de Oriente y Occidente!

Los dos cazadores salieron de la pequeña comisaría. Era fácil suponer donde estaba pasando todo, en la plaza del pueblo.

Extrañas llamaradas quemaban a las casas de madera mientras una estridente risa se hacía más y más cercana. Finalmente la bruja encontró a los dos cazadores.

— ¿Esto es lo que tiene que ofrecer el pueblo para calmar mis ganas de matar humanos? ¿Dónde está el sheriff?

—El viejo guardián de este pueblo nos encargó en eliminarte y ve aprendiendo estos nombres ¡Yo soy el genial Mifune y él Thomas Earp, el mejor dúo, la mezcla entre oriente y occidente!

— ¿Earp? ¿Dónde habré escuchado ese nombre?

De imprevisto Thomas disparó su revólver. La bala disparada entró en la frente de la bruja y está cayó al suelo rápidamente.

— ¿Qué has hecho? ¡Con ese comportamiento dejas mal al gremio!

—No me gusta las habladurías. Si vamos a trabajar juntos, lo mejor es que te ahorres los discursos. Ve al grano, corta la cabeza del criminal y listo.

— ¡Tranquilos, su sociedad no va a durar mucho!

La Bruja se levantó lanzando por los aires una tabla envuelta en llamas. El oriental la cortó de forma veloz con su sable.

—Ahora lo recuerdo. Earp es el apellido de los temidos cazadores de criminales. Recuerdo que escuché que llevaste ante la ley a mi prima, La Bruja de Arkansas. Con un simple revólver y un extraño sable no van a poder contra mí.

Thomas sacó las cinco balas de su pistola, colocó seis balas totalmente diferentes.

—Si quieres enfrentarnos, pues baja y te enseñaré el poder de mi sable ¡Bruja!

—Me halagas. Pero no me gusta ensuciar mis manos. Prefiero que otros hagan el trabajo.

Después de esas palabras el suelo de agitó, cuatro criaturas humanoides hechas con barro se levantaron.

—Mifune, es tiempo de atacar. Debe esperar un tiempo prudencial para usar su magia.

—Me temo que no te entiendo.

—Ataca a los hombres de barro. Yo voy contra la bruja.

Thomas se fue acercando, lentamente a la bruja. Ella lo vio con desprecio.

—Eres o muy valiente o muy tonto para enfrentarme.

Thomas no respondió, solo levantó la mirada y acomodó su sombrero.

La mano derecha del cazador estaba cerca del mango de la pistola, mientras que la bruja tenía sus manos cerca de la boca, balbuceando algo en una lengua incomprensible. Justo en el momento, Thomas disparó pero algo le pasó a la bruja, la magia le había fallado. Nuevamente cayó al suelo, esta vez de bruces en un chiquero.

— ¿Cómo sabías lo de mi magia?—le preguntó molesta.

— ¿Se te hace familiar el nombre Earp y no conoces de historia? Triste por ti. Me conviene dejarte viva.

De repente la luna salió detrás de una nube, la bruja comenzó a reír.

—Así que eres una Bruja Lunar.

—Efectivamente.

De repente la bruja volvió a caer al suelo, el sonido del redoblar de las campanas doblegó a la bruja.

—Tú y tu amigo se han salvado por esta noche.

La bruja se desvaneció dejando detrás de ella una estela de un humo negro, denso y posiblemente letal.

El oriental se acercó a Thomas y le preguntó.

— ¿Qué ha pasado?

—Pronto tendremos una explicación. Vamos al campanario del pueblo.

La olvidada iglesia del pueblo y su alto campanario aún seguían ahí, la bruja no había pasado por aquel sitio y se podía decir que hasta los aldeanos hacían lo mismo.

Thomas abrió la puerta y las bisagras de la misma estuvieron rechinando. Una vieja se encontraba rezando al frente del púlpito, llevaba un velo negro sobre su cabeza.

Escuchó los pasos de los cazadores y se volteó. Thomas y Akira se sorprendieron a ver el rostro lleno de arrugas de aquella persona.

— ¿Qué los trae a este santuario?—les preguntó.

—Queremos saber quien tocó las campanas y nos salvó de la bruja—respondió el oriental.

—Primero, usted joven quítese el sombrero y usted el oriental guarde silencio. Hablaré con honestidad si se apartan de sus armas, instrumentos de la destrucción.

— ¿Puedo pedirle que nos diga quien es mientras nos quitamos las armas?—le preguntó Thomas.

—Con gusto.

Aquella anciana se presentó como la Hermana Connie, la última persona que mantenía el santuario con vida, un integrante de una orden clérigos, La Orden Escarlata. Todos los clérigos de ese pueblo vivían en armonía pero un día esa armonía se rompió cuando la hermana Meredith cayó bajo el poder oscuro y para el Alcalde y Líder del clero el exilio no era un buen castigo, la muerte sería lo mejor para esa descarriada.

Se le quemó viva, se le ahogó en un pozo, se ató en una cruz de madera cerca de cuervos y siempre regresó, cada vez más furiosa y destructiva.

El nombre de la Orden Escarlata resonó en la mente de Thomas, remontándose a sus días en su pueblo natal. Pero así como llegó esa idea, se marchó.

—Hay una cosa que no comprendo ¿Cómo cayó Meredith al poder oscuro?—preguntó el oriental.

—Meredith llevaba la semilla del alcalde, pero él no quería reconocer al retoño, así que la acusó de brujería. Nuestro antiguo líder se dejó llevar por las palabras vacías del alcalde, para luego ser llevado al olvido. Por eso es su odio hacia este pueblo, ya que nadie salió a defenderla.

—Y ahora es una bruja lunar, la clase más difícil de bruja agregó Thomas—debe haber una forma de detenerla.

—Y viva, así tendríamos más dinero—comentó Akira—, aunque el ruido de las campanas logró ahuyentarla.

— ¿De que están hechas las campanas?—preguntó Thomas.

—De plata, joven.

—Con dos balas de plata será suficiente. Y dígame una cosa ¿Podemos usar un fragmento de la campana para hacer balas?

—Claro, hay fragmentos alrededor del campanario.

—Mientras tu haces tus balas ¿Qué voy a hacer?— le preguntó el oriental.

—Algo muy fácil para ti. Provocar a la bruja.

El plan del dúo era sumamente arriesgado. Un error y alguna vida se perderían.

El oriental fue solo a la casa de Meredith, un tenebroso pantano cerca de los antiguos sembradíos del pueblo.

—Otro tonto que viene a mis dominios—le dijo la bruja al oriental.

—Veremos quien es el tonto ahora, tu o yo—Akira le responde sacando su sable—.Tu días asustando a inocentes terminaran esta noche.

El oriental se acercó veloz a la bruja, mostrando una agilidad impresionante con el sable apenas si Meredith podía esquivar los ataques. La afiliada hoja del sable logró cortar unos mechones del cabello de la bruja, luego pasó algo sin sentido. Uno de los lances de Akira hizo lo impensable, le mutiló una mano a la bruja.

— ¡Como te atreves, como te atreves a cortarme mi mano izquierda!

—Te vas a morir por el derrame de sangre dentro de unos minutos. Pero escucha bien lo que te diré; Vine a Occidente a crear fama, así que serás la responsable de la misma.

De repente la bruja comenzó a reírse, con el barro se hizo una nueva mano izquierda y se fue acercando a Akira lentamente.

— ¿Cómo te atreves a mutilarme? Tú, un humano cualquiera con una espadita de hierro. Primero te comeré vivo y luego haré lo mismo con tu amiguito. Finalizaré con el maldito pueblo.

Akira pensaba para sus adentros que demoraba tanto a Thomas. La bruja aun no mostraba señales de fatiga y tener una oportunidad de mutilarle la mano derecha parecía distante. "Pero si debo morir que sea peleando y sobrio, por primera vez" pensó nuevamente.

Thomas hizo acto de presencia justo a tiempo.

— ¿Crees que un disparo en el suelo va a detenerme?—preguntó molesta la bruja.

—Ese no, pero este otro sí—Thomas respondió jalando del gatillo de su pistola.

Un certero disparo de un abala que entró en la cabeza de Meredith, la bruja comenzó a agitarse violentamente, desde el agujero por donde entró la bala comenzaron a salir llamaradas propagándose por todo el cuerpo y finalmente se convirtió en un montón de cenizas.

—La recompensa de Meredith La Luna muerta es la cifra de novecientos dólares—Comentó Thomas.

—Al menos es algo ¿A que se debió tu demora?

—Recordaba como hacer las balas. Vamos a cobrar la recompensa y ver que otro criminal le damos cacería.