Estoy frente al mar, sintiendo la brisa, que acaricia mi cara; los recuerdos vienen a mí, todos los recuerdos de mi relación contigo. La brisa se vuelve aire. Es una linda tarde de verano. Me gustaría decir que las memorias que tengo de ti, son como aquella canción de Yuri, como una foto gris que las olas van difuminando, pero no es así. Recuerdo perfectamente tus ojos verdes, como aceitunas, como se delineaban esos labios que aún sigo queriendo besar. Recuerdo perfectamente tu sonrisa blanca, de dientes algo grandes. Esa nariz algo aguileña que a ti solía avergonzarte, pero que a mí me encantaba. Esas cejas negras tupidas, esas pecas doradas que contrastaban con tu piel blanca. Todo lo recuerdo y suspiro, porque no estás a mi lado y no volveremos a estar juntos.

También recuerdo como era todo cuando estábamos juntos. Solíamos reírnos como idiotas de cosas que el resto del mundo veía como algo normal. Veíamos la vida siempre del lado positivo. Sí, teníamos muchas discusiones, pero siempre era en un tono tranquilo, hasta parecía que no discutíamos, aunque el tema fuera algo escabroso. Me enseñaste a ser tolerante y yo te enseñé a tomarte un poco más en serio. Contigo aprendí a reír de verdad y yo puse algo de disciplina en ese desorden que era tu mundo. Nos amábamos, pero no de la manera en que el resto del mundo creía que debía ser el amor, sino en el mutuo respeto de nuestras personalidades.

Por eso es que me duele que no estés a mi lado, compartiendo esta bella tarde de verano, mientras el sol va cayendo y las olas chocan contra las piedras, relajándome un poco y ayudándome con el dolor de haberte perdido aquel día en que un estúpido que bebió de más y creyó que podía manejar sin hacer daño a nadie. Ese idiota está ahora en la cárcel, pero esa justicia no hará que yo te recupere. Solamente espero reunirme contigo, el tiempo en que me toque, ya que siempre hubo un punto en que estuvimos de acuerdo: no suicidarnos si moría el otro. Y gracias a tu recuerdo puedo decir que vivo en paz, porque puedo decir que los veinticinco años que vivimos juntos, mi amado Javier, fueron los mejores de mi vida.