Summary completo: Crissie es llevada a un mundo desconocido llamado Diman por un dragón desconocido que la rapta. Allí conoce a Lyce, un odioso e inteligente chico que esconde un secreto muy interesante, y ella lo debe descubrir para poder volver a su mundo antes de que sea muy tarde, convirtiéndose en una niña pequeña gracias a un hechizo y haciéndose su amiga para poder ver dentro de él y descubrir todo lo que éste misterioso chico le oculta. Atrapada en el cuerpo de una niña, con los sentimientos de una adolescente… hacia Lyce.

Una historia de romance sobre todo. Y fantasía por el mundo. Hay algunas palabras inapropiadas, pero solo muy pocas. A fin de cuentas, disfruten :3 y dejen reviews... es mi primer fic original y sé que es algo bueno por lo menos. Lo único que influye es el modo en el que escribo, pero intentaré mejorar u_U

Paciencia, saltamontes.


Lyce Green Dragon.

El camino se extendía frente a mí, un ambiente positivo incitándome a recorrerlo. Caminaba hacia mi casa como cualquier otro viernes, la anticipación por el fin de semana crecía mientras más me acercaba a mi hogar. A veces se escuchaba la baja música de los locales cercanos, y sonriendo, adaptaba mis pasos a su ritmo.

En un par de horas me encontraría en camino a un viaje de fin de semana con mis padres, llevaba esperándolo varios meses ya. Finalmente podría ir al parque de diversiones que tanto quería, y ellos podrían hacer las diligencias que deseaban. Todos en paz.

Por alguna razón, me gustaba mucho este camino a casa. No solía tomarlo porque transitaba mucha gente por aquí, pero hoy apenas había encontrado a alguien. Su apariencia no era exactamente del estilo de ciudad. Había unas lagunas a los lados del camino, y también mucha vegetación con flores rosas y azules que solían aparecer en esta época del año. El cielo era tapado por los árboles, haciendo que la luz se filtrase y pareciera un túnel de plantas atravesado por rayos de luz.

Di un par de vueltas sobre uno de mis pies, haciendo que mi falda volase, y comenzando a imaginar el viaje. Sonreí como idiota y emití un silencioso chillido de emoción. Definitivamente hoy era mi día. Nunca me tomaba un viernes tan personal pero, sabiendo lo que me esperaba el fin de semana, no podía evitar sentirme aliviada de salir de la monótona vida de siempre y hacer algo productivo que no fuese: hacer tareas, estudiar y usar la computadora todo el día.

—Se ve feliz, señorita —escuché decir a un hombre anciano parado a un lado del camino.

Me detuve abruptamente. Bajé la mirada, avergonzada por haber dejado que alguien me viera en mis brincos infantiles.

—Esto… pues sí —traté de sonreír.

—¿A dónde se dirige con esa sonrisa? —parecía alguien amable; sin embargo, no recordaba haberlo visto antes. De hecho, las pocas personas que había visto por el camino ese día habían sido ancianos que no conocía.

—Disculpe —esperaba que mi incomodidad no se notara tanto—, ¿es de por acá? No lo he visto nunca, y es una ciudad muy pequeña… —Oh, vaya. Quizá no haya sido lo más apropiado de decir.

Entre todas sus arrugas, pude distinguir una sonrisa tranquila.

—Vivo en la colina, no suelo bajar mucho al pueblo, pero me han dicho que las flores están hermosas por esta época, por lo que vine a verlo por mí mismo.

Así que las casas de la colina estaban realmente habitadas. Era de imaginarse que de por gente mayor.

—Ya veo —admití un poco más aliviada. No solía hablar con extraños—. Bueno, ha sido un placer —me despedí con una leve reverencia antes de empezar a caminar—. Hoy viajaré, esa es la razón de mi estado de ánimo.

—¿Vas hacia la calle Andum? —preguntó de repente.

Asentí con la cabeza. Era obvio que lo preguntase, esta calle desembocaba en aquella mucho más adelante.

—Conozco un atajo para que llegues más rápido.

—¿De veras? ¿Dónde? —pregunté repentinamente ilusionada.

—Hay un puente que cruza una pequeña laguna más adelante, sigue ese camino y llegarás antes a la intersección que da a esa calle. Pero debes fijarte bien de no salirte del camino.

—Claro. No salir del camino, ¡gracias! —me despedí nuevamente y empecé a correr en busca del puente, hasta que lo hallé casi escondido entre unas plantas, al costado del camino.

Las aparté y observé con perplejidad la hermosura de ese pequeño puente. La laguna tenía pétalos flotando en la superficie, y el camino más adelante estaba lleno de árboles de cerezo.

Crucé el puente con una sensación de calidez. Pisé un broche de cabello muy particular, demasiado antiguo, pero lo pasé de largo pensando que a alguien se le habría caído allí y podría tener piojos. Apresuré el paso para llegar antes a casa, admirando todo lo que me rodeaba al paso. En el camino que empezaba después de cruzar, había bancas, un par de fuentes secas pero muy hermosas, y el sendero que parecía bien cuidado.

—¿Por qué no habré visto este lugar antes…? —murmuré para mí misma—. Es hermoso.

Pronto encontré un camino hacia un lado que parecía estar rodeado de más árboles de cerezo. Levanté una ceja. El anciano había dicho que no saliera del camino, pero ese de allí parecía sacado de una revista de jardinería.

—¡Mamá! —avivando la tentación de desobedecer, escuché la voz de un niño pequeño por ese camino.

Me acerqué al cruce hacia ese sendero y me asomé, había un niño pequeño mirando a todos lados (al parecer más caminos) y gritaba "mamá" cada vez mas fuerte.

—¡Eh, niño! ¿Necesitas ayuda?

—¡Mami! ¿Dónde estás? —chilló. Pareció ignorarme, y yo no había gritado para nada bajo como para que no hubiese escuchado.

—¡Eh, niño! —Volví a gritarle aumentando el sonido con mis manos alrededor de mi boca— ¡te ayudaré a encontrar a tu madre, espera allí!

Pero el niño salió corriendo hacia otro de los caminos que se encontraban al fondo de ése, y en un ataque de pánico, lo seguí para asegurarme de que no fuese a perderse más de lo que ya estaba.

—¡Mamá, mamá! —chillaba el pequeño con tristeza. Su tono y movimientos desesperados me hacían sentir como la madre que lo había perdido, y lo compensaba corriendo más rápido.

—¡Espérame, niño, intento ayudarte! —grité intentando alcanzarlo siguiendo su voz a través de muchos caminos que lo veía cruzar a lo lejos.

Pronto dejé de oír la voz del niño me detuve jadeando, sin saber qué otro camino tomar para alcanzarlo. Apoyé mis manos en mis rodillas mientras me apoyaba en ellas.

—Mierda... —murmuré por lo bajo con frustración—, me he perdido —añadí cansada. ¿Ahora cómo encuentro al niño? Si no fuera tan necio, me hubiese dejado ayudarlo o llevarlo a la estación de policía para reportarlo como perdido...

Volví intentando recordar los caminos que había tomado, sin éxito. Parecía un laberinto y no lo había notado mientras perseguía al pequeño. Probablemente por eso el viejo me advirtió sobre el camino. Había entrado en un verdadero laberinto, pero al menos tenía una jardinería envidiable.

—¡Niño! ¿Dónde estás? –Grité esperando oír su voz y así por lo menos no estar sola— ¡pequeño!

¿Sería sordo? Quizás por eso no me oyó. Pero parecía poder hablar muy bien para tener sordera.

Ajusté mi mochila a mi espalda con un gesto de determinación, y caminé al menos quince minutos antes de entrar en pánico y darme por perdida. Traté de asomarme por encima de los arbustos más altos, pero todo lo que veía me parecía igual.

—¿Por qué rayos me pongo a hacer buenas acciones? Veo cómo termino ahora —me lamenté infantilmente. Toda la determinación se había ido.

Finalmente, saqué mi celular y marqué al número de emergencias.

—Bienvenido a la operadora de emergencias. Marque uno para comunicarse con la policía, marque dos…—

Y de repente no se escuchó más. Revisé la pantalla para volver a marcar y aparecía que no tenía señal, lo cual me extrañó, ya que había hecho la llamada con señal al máximo. Volví a llamar otras cinco veces, pero seguía sin tener cobertura. Cerré el celular con fuerza.

—¡Eh! ¿Hay alguien? ¡Me perdí! —grité a todo pulmón— ¡Por favor, ayúdenme! ¡Niño, alguien!

Pero nadie respondió.

Unos arbustos se movieron y se me erizaron los vellos de los brazos.

No, no no no. Era una trampa. Seguro hay un asesino en serie en los arbustos, ¡voy a morir! Grité en mi interior mientras no podía moverme en el exterior.

En eso salió un pato de entre los arbustos, y sentí cómo una roca de varias toneladas me caía encima con la palabra "estúpida" bien tallada en ella.

La pequeña criatura sólo me miró por un instante antes de seguir su camino. Lo comencé a seguir a una distancia prudente, pues seguramente me guiaría a una laguna cercana y así podría encontrar un camino hacia la "civilización". Pronto el silencio comenzó a abrumarme.

—He… pato, ¿vienes mucho por aquí? —pregunté nerviosa para matar el tiempo, mientras me acercaba unos pasos a él.

Pero él no respondió, obviamente.

—Yo no. Es mi primera vez en este laberinto, estaba siguiendo a un niño… de este alto —señalé con mi mano—, cabello negro y voz chillona… llevaba una camiseta verde…

Imaginé cómo el pato me respondía que no lo había visto.

—Me pregunto si está bien, ¿habrá cobertura por este lugar? —Imaginé otra respuesta de nuevo, mientras observaba mi teléfono celular color morado colgando de mi mochila escolar—. Sí, bueno, es una pena. Tendré que seguir los caminos hasta encontrar el de regreso —forcé mi voz para que soñara fingidamente angustiada—. Pero por eso te sigo —sonreí guiñándole un ojo, hundiéndome en mi propia cháchara conmigo misma—, pues quizás encuentre el camino contigo y llegue a casa a tiemp...

—¿Podrías callarte y dejar de acosarme? Te voy a picotear si no dejas de seguirme, ¡humana loca!

—¡Pero qué…! —me quedé viendo al pato, que me miraba increíblemente con un ceño fruncido que ni sabía que los patos podían expresar. Sentí una gran confusión y mis ojos estaban tan abiertos como platos—. ¿Un pato que habla? —grité incrédula—. ¿ESO ES HUMANAMENTE POSIBLE? ¡JODER, ERES UN PATO FANTASMA! ¡UN ALMA HUMANA EN FORMA DE PATO QUE LLEGÓ PARA COBRAR VENGAZA DE TODAS MIS MALAS ACCIONES Y… Y…! —olvidé respirar lo suficiente, y me había alejado unos pasos mientras gritaba todo aquello.

—¡Callate! ¿Por qué dramatizas todo? Los humanos son unos tontos, ¡tontos!

—Pero yo no soy tonta… —añadí con molestia—. Es que tú no puedes existir… Debes ser un producto de mi imaginación… —Sí, era eso. He visto tanto anime que ya alucino con animales parlantes…

—Soy real ¡mira, mira! —me rozó con una de sus alas—. Puedes sentirme, ¿lo ves? Y si piensas que soy de tu imaginación, explicaría mucho el que no hayas salido corriendo al oírme hablar.

—Es que te perdería y volvería a estar sola —mi increíble sinceridad ante un objeto probablemente producto de algún experimento satánico llegaba a sorprenderme—, y nunca encontraría el camino a casa… Y debo viajar hoy…

—Calla, ¿quieres salir de aquí? Sígueme.

Asentí tímidamente, y con una obediencia cautelosa, seguí al pato en silencio. No sabía por qué actuaba con tanta naturalidad con él, o por qué había accedido a seguir a un pato parlante, pero estaba tan desesperada por salir que no me importaba si me encontraba en una travesía al estilo "Alicia en el País de las Maravillas".

—Es acá —dijo el pato—. Cruza ese puente y…

—Y no te salgas del camino… ¿verdad? —adiviné, imitando la voz del viejo de hace rato.

—Bueno, en realidad es un sólo camino. Ahora cruza —añadió con una autoridad que comenzaba a incomodarme.

—Pero ¿a dónde lleva esto? —pregunté nerviosa. Aunque no es que el pato fuera a saber de calles.

—Cruza —ordeñó nuevamente. Su voz caricaturesca perdía el encanto.

—Pero ¿y si llego a una calle desconocida? No me sé orientar bien… ¿cuánto tardaré en llegar al otro lugar? —Oh, pero esas preguntas no son algo que un animal pudiera saber responder. Sin embargo, no podía evitar seguirlas preguntando.

–Cruza.

La voz y la manera en que el pato movía su cabeza se me hizo tétrico a medida que lo iba repitiendo. Me estremecí, y con pasos tímidos, empecé a pisar la madera del puente.

—Adiós, señor pato —dije acelerando el paso hasta casi llegar a la mitad del puente—. Y graci…

Con un estruendoso sonido, el puente se rompió debajo de mí formando un agujero y caí al agua. Di un grito ahogado y empecé a chapotear, intentando alcanzar el borde del puente para sostenerme.

Pronto una mano cubrió mi boca e inconscientemente empecé a gritar, expulsando todo el aire que me serviría. La mano me atrajo hacia debajo del agua y agité mis brazos intentando zafarme de lo que fuese que me estuviese sujetando, o de quien fuese.

—¡SEÑOR PATO, AYÚDEME! —grité consciente de que lo que pedía era descabellado, intentando no dejar que me sumergieran por completo.

—No —anunció con firmeza mientras se desvanecía con el viento, como una especie de polvo.

Entré en un pánico nunca antes experimentado, que debilitó mi cuerpo de manera que quien me sostenía no tuvo dificultad para volverme a sumergir. Grité bajo el agua una vez que sentí la ausencia de aire, y no quería voltearme a ver quién me jalaba.

Estando muy profundo, la mano me soltó y me apresuré a nadar desesperadamente a la superficie sin voltear atrás, pero sentí cómo algo se enrollaba en mi pierna y me volvía a jalar, quizás un tentáculo, quizás una serpiente, por lo que sentí; pero empujé con todas mis fuerzas inútilmente para liberarme y salir.

El aire empezó a fallarme y las fuerzas ya no llegaban a mis brazos y piernas. Sentía mis desenfrenados latidos en los oídos. Apreté muy fuerte los ojos y me di cuenta que me jalaban cada vez más al fondo, como si fuera tan liviana como un trapo.

Mi vista empezó a nublarse mientras veía con cara inexpresiva la luz del sol que se filtraba desde la superficie. El agua de la laguna era increíblemente clara y limpia, tan azul desde arriba como desde abajo.

¿Qué pensarían de mí? Que desaparecí. Nadie sabría que el anciano me vio porque seguro volvería a su colina ermitaña y no saldría en meses al pueblo otra vez.

No iría al parque de diversiones, no me graduaría de la escuela, no celebraría los dieciséis, no vería a mis amigas otra vez, ni a mis padres, no vería más anime o leería manga. Sería la chica que salió de la escuela esta tarde y nunca más fue vista.

No quería darle ese dolor a mis padres, ¡yo era su única hija! Introvertida, algo rara, baja, buena estudiante... Pensarían que yo era así por el resto de sus vidas, y que no pudieron ver si cambiaba a más normal cuando fuese adulta y tuviese que trabajar.

Morir a los quince, ahogada por un pulpo de laguna… O algo con miembro largo y resbaloso, por haber seguido a un pato de polvo parlante. Mi mente quería pensar que era un mal sueño, una tonta comedia de mal gusto escrita sin coherencia alguna, pero...

Miré abajo con la poca visión y consciencia que me quedaba, y el poco aire que sostenía se me escapó cuando abrí la boca y grité en el agua al ver un dragón muy largo color blanco y verde aguamarina. Que nadaba hacia una especie de luz hacia el fondo del agua. Me sostenía la pierna con su cola y su manera de nadar era como el detestable movimiento de una serpiente.

Volteó y admiré unos ojos verdes que no supe entender, ¿estarían molestos, o así miraría normalmente? ¿Por qué yo pensaba en esto antes de morir?

Y lo más importante, ¿los dragones existían? ¿Moriría devorada por un dragón marino de una laguna perdida que nadie nunca vio? ¿El dragón podía ver mi ropa interior si mi falda se subía porque me jalaba hacia abajo? ¿El uniforme se achicaría bajo el agua? ¿Dónde estaba mi zapato? ¿En qué momento lo había perdido?

El dragón volvió a ver hacia el frente en dirección a la luz, y poco a poco todo se fue oscureciendo, hasta que no pude sentir nada, hasta la falta de aire me produjo un potente dolor en el pecho. Me ahogué, ¡y qué muerte tan extraña!

/

El aire corría por mis pulmones nuevamente, la superficie donde estaba acostada boca abajo se movía demasiado, como un toro mecánico. Sentí que estaba recostada sobre algo peludo a lo cual mis dedos se aferraban.

—¿Pero qué…?

Miré consternada que me aferraba a unos pelos verdes similares a los del dragón que vi…

El dragón... Esperen... Yo...

Análisis lógico:

Dragón: Criatura que no existe, que vi mientras me ahogaba y que ahora voy encima de él en el cielo, con el riesgo de caerme a quién sabe dónde…

Cielo: Lugar donde la gente va al morir si fue buena.

Morir: Según recuerdo, morí ahogada.

Morir (versión actualizada): ¡MIERDA, HABÍA MUERTO!

Levanté la cabeza y observé el resto del escamoso cuerpo blanco del dragón y su cabeza más adelante, luego volteé y vi que estábamos en el cielo, volando.

—¡AAAH PERO QUÉ...! —sentí que el alma de me iba por la boca y las preguntas abarrotaban mi mente: ¿DÓNDE ESTOY? ¿HE MUERTO Y ME TRAJE AL DRAGÓN AL CIELO… Y ME HA SECUESTRADO INCLUSO EN MI MUERTE? Mi cabeza me dolía, el vértigo no ayudaba nada. Nunca me había sentido tan perdida y asustada. Mis dedos se aferraron con tanta fuerza al pequeño camino de pelaje, que esperaba que le hubiese dolido.

El dragón, ahora que lo notaba, era unas dos veces más grande que yo, si yo medía uno cincuenta, él quizás medía unos tres y medio. Era delgado, y pude ver un par de patas adelante, cerca de mí, y otras atrás. De la cabeza del dragón sobresalían dos largos bigotes que se bamboleaban con el viento al igual que mi cabello, y unos pequeños cuernos ondulados.

Intenté sentarme, no sé por qué, y me sostuve con toda mi alma a esos pelos, rogando por no soltarme. Al final no lo logré. El dragón miraba al frente mientras se desplazaba por el cielo, azul y soleado, como si nada.

Bajé la mirada y probablemente me volví azul o verde al ver que ni siquiera podía ver la tierra de lo alto que estábamos, sólo nubes, y absolutamente nada bajo ellas. Me volví a aferrar al dragón enganchada como un mono y apreté los ojos fuertemente.

—Debo estar soñando, debo estar soñando. Esto no puede ser real… el dragón no puede ser real —murmuré como una loca mientras lágrimas de adrenalina y de todos los sentimientos posibles bajaban por mis mejillas.