El viento furioso agitaba mi capa, mientras yo me abrazaba para no congelarme. Llevaba un buen rato apoyada en la pared de piedra del castillo, al menos una hora, mientras esperaba por Leo. Al principio había ido decidida a parecer misteriosa y extravagante, pero luego me aburrí y mis ensayos de esa personalidad eran un asco, así que me conformé con comportarme tal y como me sentía: asquerosamente asustada y con ganas de volver a casa.

Después de rato, empecé a desesperarme, si Leo no llegaba a tiempo, ¡me convertiría en Crissie y no podría contarle la verdad! Me separé de la pared y empecé a caminar de un lado a otro, soltando suspiros angustiados, dejando ver mi aliento debido al frío anormal que había.

—¡Por qué no llega! —grité con mi voz aguda de Lucy.

Después de otro rato, escuché las hojas de los arbustos removerse, la piel se me puso de gallina y solo se me ocurrió observar la única ventana con la luz encendida, la habitación de Lyce.

Desviando mi mirada otra vez, me encontré con Leo, pasando con dificultad por entre los arbustos, corrí hacia él y le ayudé jalándole del brazo.

—¿Por qué tardaste tanto? —pregunté ansiosa.

—Porque, por si no te has dado cuenta, vigilan el castillo y no cualquier persona puede acercarse tanto, así que tomé un atajo por el bosque hasta llegar acá. ¿Cómo pretendías que llegara tan fácilmente a la parte de atrás del castillo?

—Lo siento —murmuré apenada.

Él solo me miró de brazos cruzados para luego relajarse.

—Entonces… ¿me contarás?

Una tensión invadió mi cuerpo, estaba a punto de revelarle algo importantísimo, ¿cómo sería capaz…? ¿Leo era alguien malo? Solo podía averiguarlo de un modo.

—No soy una niña —confesé algo gruñona, para luego fijarme en el reloj del patio del jardín, esperando a que fuera el momento.

La reina me había indicado que en esa parte del castillo, bajo una de las farolas, los hechizos se destruían, por lo tanto, si yo me colocaba bajo esa luz… me convertiría en Crissie otra vez.

Leo solo rió un poco.

—Entiendo —dijo divertido— entonces, ¿prefieres que te llame pre-adolescente?

—¡No! ¡No es eso! —los nervios me mataban— lo que quiero decir es…—mis labios temblaban, ojeé la ventana de Lyce una última vez para cerciorarme de que no estuviera viendo por casualidad— que… realmente tengo quince años y no once —le miré suplicante, esperando que me creyera— sólo me veo así a causa de un hechizo…

Mis ojos se aguaron, ¿por qué se ponían llorosos por cada tontería? ¡Pero yo estaba muy asustada!

Leo me admiró con ojos incrédulos, me mordí el labio tristeza al admirar su rostro que parecía no creerme.

—¿Cómo sé que no mientes? ¿Acaso ayudas a Lyce a derrotarme, intentando buscarme debilidades?

Negué rotundamente, gritando:

—¡No! —corrí cerca del farol— ¡no te estoy mintiendo! —con otra mirada de angustia, admiré el reloj nuevamente, para darme cuenta de que era el momento, ¡eran las 10:30pm! La hora en que la luz empezaba su efecto.

Iba preparada, mi vestido me quedaba grande y la capa se encargaba de cubrir ese detalle hasta que creciera de nuevo.

De un salto, me introduje bajo aquel artefacto luminoso, bañándome en una luz extrañamente cálida, Leo abrió sus ojos de par en par al observar cómo cambiaba y el grande vestido empezaba a ajustarse mejor a mi cuerpo.

Abriendo los ojos, le miré suplicante y le dije con voz quebrada:

—¿Ahora me crees?

—¿Qu-quién rayos eres…?

Saliendo de la luz, otra vez en plena obscuridad de la noche, intenté calmarme, respirar hondo.

—Mi nombre es Crissianna, pero yo no soy de este mundo.

Intentando no parecer una loca, le conté todo lo que había pasado entre este par de días, sobre el dragón y sobre que Lyce podría ayudarme, pero que antes debía ver que tenía en su cabeza que me pudiese servir, y que necesitaba ayuda para acercarme más a él.

—Así… que es eso… —pareció creerme, pero luego me fulminó con unos ojos muy fijos y serios— ¿no es una broma, cierto?

—¡Puedo probarlo! Supongo…

—¿Y cómo?

—Yo no tengo la marca Diman.

Se produjo un silencio matador, mientras mi acompañante me admiraba con ojos perplejos, casi perdiendo el aliento.

—Eso es imposible… a nadie le falta la marca… a menos que…

—¿A menos que no sea de este mundo? ¡Eso intento decirte! ¡He sido secuestrada y traída aquí! ¡Necesito tu ayuda! —le rogué con la voz aguda a punto de quebrarse, me incliné en modo de respeto y ruego y le volví a rogar—: ¡Por favor, ayúdame! —sintiéndome horriblemente avergonzada, empecé a llorar— de verdad quiero volver a mi casa… no entiendo nada de aquí… la única persona que me puede ayudar me trata mal y parece odiarme… te lo ruego…

Caí al piso de rodillas, sollozando contra mi voluntad, sintiéndome estúpida, terriblemente estúpida frente a Leo.

Pero no sentí desprecio a mi alrededor, se arrodilló junto a mi, pasando su brazo por mi hombro y atrayéndome a su pecho, para respirar su calidez.

—Está bien —dijo, sonando tan amable y protector que mi piel se erizó, haciéndome estremecer— entonces… tengo que mostrarte algo, Crissianna.

Sorbiendo por la nariz e intentando normalizar mi respiración, lloriqueé:

—Crissie —suspiré hondo para intentar dejar de lloriquear— puedes llamarme Crissie.

/

Leo pareció compadecerse de mí, y luego de un rato, la luz del cuarto de Lyce se apagó, eso significaba solo una cosa, él se había ido a su casa en el pueblo por unos días, puesto que solo pasaba algunos en el castillo para ayudar a los reyes.

Escondiéndonos en cada rincón que cruzaba nuestro objetivo-alias-Lyce, lo seguimos por el camino al pueblo.

—¿Por qué lo seguimos? —le murmuré a Leo mientras lo veíamos tras de un árbol extraño que nunca había visto ni imaginé que pudiera tener esa forma.

—Tu solo observa bien, ya no debe tardar —me dijo en un tono casi inaudible.

Lyce tomó un camino diferente al recto que llevaba directo al pueblo, a lo que enarqué una ceja y observé dudosa a mi acompañante. Tras seguirlo otro rato, ocultándonos cada vez que él volteaba hacia atrás con cara amargada, me di cuenta de que subíamos de nuevo hacia la colina donde se encontraba el castillo, solo que hacia uno de los alrededores, llegando incluso a pasar de largo el mencionado lugar donde residía la realeza —y yo—. Lyce se detuvo justo frente a un gran muro negro que nunca había visto, y lo que había tras el, era algo realmente escalofriante.

Negrura absoluta.

No era el cielo, ya que éste tenía sus combinaciones de azul obscuro con algo de negro, aquello tras ese muro, era apenas la vista de unos árboles que llegaban a su inmensa altura —al menos medía… tres veces lo que yo—, y de resto, tras él, solo negrura absoluta.

Conservando una distancia prudente donde nuestro objetivo no pudiera escucharnos, nos encontrábamos escondidos tras unos grandes y espesos arbustos.

—Aquí —empezó a murmuras Leo— es donde el viene muchas veces, atravesando el bosque justo como hoy.

Sin apartar la mirada de Lyce, entrecerré los ojos como intentando ver algo más de lo que ya estaba allí.

—Y siempre que intento seguirle más allá… —continuó explicando Leo—ocurre esto…

Al tiempo que lo decía, Lyce caminó hacia el muro —¿qué hace? ¿No sabe que chocará contra el?, pensé estupefacta— y lo atravesó, dejándome aterrorizada.

—¿Pero qué rayos…? —susurré a Leo— ¿ha atravesado el muro? ¿CÓMO? —ninguno de los dos dejaba de hablar muy bajo, pero muuuy bajito.

—No lo sé —salió de los arbustos más confiado, dirigiéndose con gran rapidez al muro y tocando la roca negra (y tenebrosa) para luego golpearla sin resultados— yo no puedo hacer lo mismo que él —gruñó con rabia.

—¿Qué hay tras ese muro? Parece un mundo a parte de este.

—Si, ¿verdad? —dijo mientras seguía manoseando las rocas en busca de atravesarlas como Lyce— pero nunca me quedo lo suficiente para ver como sale de allí.

Me acerqué al imponente muro lentamente, y tragando saliva, quise tocar la piedra…

El apoyo que fijé en mi mano fue en vano, pues seguí derecho, atravesando el muro, Leo me atrapó y me jaló devuelta, sin llegar a cruzar mi cabeza por la estructura de piedra.

—¿QUÉ RAYOS ACABAS DE HACER? —gritó consternado.

—¡No lo sé! —le respondí totalmente asustada— ¡lo he atravesado, Leo! ¿Por qué tu no?

—Esto es ridículo —sin salir de su asombro, tomó una de mis manos y la apoyó en el muro, pero ésta lo atravesaba, pero la mano de Leo encima de la mía tocaba la piedra firmemente, quedando solo con la mitad de mí mano mientras mis dedos estaban atrapados al otro lado— ¿cómo puede ser…?

—No lo sé —mi voz tembló— ¿debería entrar y seguir a Lyce?

El negó algo confundido.

—No, ¿Qué tal si encuentras pura negrura y te pierdes? ¿Cómo saldrías?

—Podría dejar un rastro de algo… realmente debo ver a donde va Lyce tras ese muro.

El miedo me comía por dentro, mi voz sonaba tan insegura que dudé que mi acompañante fuera a creer que realmente era capaz de ir yo sola.

—Ten —me dijo entregándome unas bayas de un color amarillo brillante— ocúltalas en un lugar donde tú las veas y Lyce no, o se enterará de que le seguimos. Éstas las tenía de merienda pero creo que les encontramos un mejor uso.

Respiré con frenesí, casi a punto de perder la consciencia, entonces le dirigí una mirada asustada a Leo por última vez.

—Si no vuelvo en una hora, al menos —empecé a decir— dile a los reyes que "Crissie" te ha enviado y cuéntales todo.

No quería entrar allí realmente, odiaba la idea, me asustaba, ¡pero necesitaba saber qué hacía Lyce! ¡Averiguar todos sus secretos!

Leo asintió y con pasos lentos y cortos, me adentré en el muro.

Tal y como lo pensé, era pura negrura, pero oía algo… el eco de unas voces que no distinguía, ya no escuchaba nada de la noche y el bosque donde se encontraba Leo, entonces me invadió una sensación tétrica.

Di un paso en aquello que parecía una dimensión negra, temblando, pero sentí que había pisado pasto.

Pasto…

Tomando una de las bayas, me agaché y la coloqué cerca del suelo —que era difícil de saber que había suelo allí…— y algo luminosa, me dejó ver que realmente aquello era pasto, pasto negro… ¿o era que no había sol allí y por eso no veía el color?

La baya resbaló de mis manos y cayó con fuerza al suelo, haciéndola brillar tenuemente, pero lo suficiente para dejarme ver que alrededor habían árboles y arbustos de aspecto muerto, pero aún conservaban ciertas hojas.

El terror me invadió, ¿qué demonios era este lugar?

Con paso rápido, fui dejando bayas pequeñas en lugares que al ponerme de puntillas podía ver, dejando un camino hacia el muro otra vez.

Caminar allí era como hacerlo a ciegas, la baya, al agitarla, iluminaba decentemente, pero lo que era el frente en concreto y los alrededores eran imposibles de ver, totalmente negros, sin siquiera saber si lo que había en frente era agua o seguía siendo tierra.

Me guié por plantas apartadas por obvia mano humana —si es que podía considerar a las personas de acá "humanos"— y pronto, sentí que iba en bajada, pero por la bajada, veía al fondo algo blanco y algo tenue de brillo (pero al menos se distinguía que era algo diferente a todo lo de ese mundo) por entre las ramas muertas de los árboles.

Los alrededores estaban iluminados, era una torre cilíndrica blanca de unos diez pisos, me hizo recordar a la de Rapunzel. Aquella torre, tanto sus piedras, su puerta, sus ventanas y las cortinas que las tapaban eran de un blanco inmaculado, ¿tan blanco era que brillaba e iluminaba el suelo alrededor?

Las voces se hicieron más fuertes, pero no podía distinguirlas. Sin saber si hacía lo correcto, me acerqué a la puerta —entre abierta— y me asomé por ella. Por dentro, había color, un decorado exquisito e impecable de un estilo medieval combinado con todos rosas. Me sentí una intrusa al poner un pie en el lugar tras ver que no había nadie.

Subí mi rostro y me fijé en la escalera, de donde parecía que arriba estaban personas —Lyce, pensé.

Atravesando esa hermosa salita femenina, coloqué un pie en el primer escalón de madera para fijarme si chirriaba o no hacía ruido, y para mi suerte, con cuidado no haría ruido.

Subí poco a poco, intentando controlar mi respiración desenfrenada, por mi mente pasaba todo aquello.

Oh por Dios estoy en otra dimensión, en otra dimensión, en otra dimensiooooooón esto no puede ser real, ¡no puede! ¿Cómo todo era negrísimo afuera y de repente encuentro una torre de piedra brillante blanca inmaculada y por dentro hay muebles que no tengo idea cómo fueron traídos acá?

Finalmente, siguiendo las voces y aguantando la respiración por ratos —así sentía que no hacía ruido— llegué al último piso, donde la escalera terminaba justo frente a otra puerta entreabierta, pero nadie me veía, pues apenas dejaba una fina línea de luz de lo casi cerrada que estaba.

Me pegué a la puerta sin apoyarme de ella, y la voz que oí allí me petrificó.

—Sé que es difícil… Odora… —escuché decir a Lyce, mis ojos se abrieron de par en par y me esforcé por no gritar o dejar abandonar todo mi aire de manera muy sonora. Él sonaba entristecido, casi cansado, pero queriendo mantenerse en pie por algo especial.

Odora… —dijo mi mente.

Como un flashback intenso, me vino a la cabeza cosas de la mente de Lyce.

Odora... ¡ODORA!

¡Ella era la hija de los reyes! ¡Aquella que ellos "habían perdido"! Supuestamente… ella estaba muerta, entonces, ¿!Cómo¡? ¿Cómo podía estar viva? Yo había visto un retrato de ella en el castillo, en una esquina lejana y sombría, al fondo de un pasillo obscuro y sin iluminación… casi como un lugar fantasma.

Me apoyé en la pared lejos de la puerta —aunque el espacio era diminuto, puesto que la torre era un cilindro, cada piso era circular, y el cilindro no era muy grande que se diga…— y respiré agitadamente con las manos sobre la boca para no causar más ruido.

Apreté los ojos.

¿Cómo podía ser que una persona muerta estuviera viva en un lugar donde nadie podía entrar? ¿Cómo yo podía entrar?

—Pero… han pasado tantos años… ¡mírame Lyce, no envejezco! He pasado ya más de la mitad de mi vida aquí, en esta estúpida torre, ¡yo solo quiero salir de este mundo! ¡Afuera no hay nada, ni nadie para jugar!

—Tranquila… —ahora Lyce hablaba en respuesta a la chica que acababa de hablar, su voz era hermosa, me hacía sentir que yo hablaba como un mullido de vaca— siempre vengo, ¿Verdad? Sabes que no te voy a abandonar aquí… —oí el roce de la tela, ¿la estaría abrazando? Mi rostro estaba rojísimo al pensar aquello— pero yo no puedo detener la maldición.

—Nunca debí haberte quitado la marca Diman… ¡nunca debí haberle hecho caso a aquellos dragones hace tantos años!

—No podemos remediar eso, ¡no sigas lamentando el pasado, y piensa en lo que sucederá, más bien!

—¡Pero Lyce, no puedo! ¡Cada día en este maldito mundo lo lamento! ¡Lamento haber escuchado al rey de los dragones! Si yo no te hubiese quitado la marca… Lyce… si hubieran enviado a alguien más y que tú no fueras quien debía cumplir la misión con tan solo cuatro años de edad, todo hubiera sido tan diferente…

Yo quería entender por qué discutían, parecía que había llegado en el momento oportuno para oír una gran verdad, algo importante que me hacía pensar que lo que yo buscaba averiguar, ellos lo dirían.

Otra vez, el roce de la tela.

Entonces Lyce sonó desesperado y angustiado, casi adolorido.

—¡Pero es gracias a que no tengo esa marca, que te puedo venir a ver! ¿No es cierto? Ya que sólo aquellos sin marca pueden entrar a este castigo… como tú… y yo…

Tú y yo… yo y tú, ¡deja de hablar de eso con esa chica, Lyce! —aquello me irritaba, pero estaba sorprendida, mis ojos estaban de par en par abiertos.

¡Había hecho bien al seguirlo! La razón por la que yo podía atravesar el muro era porque yo no tenía la marca Diman. Odora había sido castigada por quitarle la de Lyce y por eso mismo él podía visitarla. ¿Por qué los reyes no sabían de eso? ¿Qué misión tenía Lyce a los cuatro años? ¿QUÉ COÑO ERA TODO ESTO? —me grité por dentro.

—Perdóname —la voz de Odora se quebró— siempre me disculpo, pero… perdóname… por destruir a tu familia, por destruir tu vida… por tenerte atado a este lugar… perdóname por…

La voz de Odora se silenció, ¿por qué habría sido?, me pegué un poco más a la puerta para escuchar mejor, pero sentí que el alma huía por mi boca al darme cuenta que la había empujado sin querer, dejando una pequeña abertura que cualquiera hubiese podido notar mientras se abría…

Si estuvieran pendientes de la puerta … —pensé al quedarme paralizada, observando como Lyce callaba los lamentos de Odora con un beso…

Con un beso en los labios…

Muy apasionado…

En los labios… —recalcó mi mente mientras sentía mi cara arder.

Me mordí muy fuerte la lengua y mi tensión salió disparada, no sentía las piernas, me quedé sin respiración.

Como una bala, intenté bajar las escaleras lo más rápido que pude sin hacer ruido.

¡No, eso no puede ser! —grité dentro de mí— ¿qué rayos es toda esta historia? ¿qué demonios está pasando? ¿En que me he metido?

Y lo peor de todo… ¡ella era casi idéntica a mí! Solo que más bella… ¡condenadamente hermosa!

Corrí con todo mí ser, recogiendo la bayas brillantes y agitando la mía para localizar las otras, si las dejaba allí, Lyce las vería de regreso y sabría —como yo era la única sin la marca Diman en todo este mundo— que había sido yo la que estuvo allí.

Por fin, encontré las tres bayas alineadas que indicaban que allí estaba el muro, y recogiéndolas como poseída por el demonio, crucé el muro.

/

Las lágrimas bajaban por mis mejillas por mi susto, la impotencia que sentía, por no entender nada, ¡NA-DA!

Leo me miró sorprendido, pero le tomé de la mano y me moví rápidamente sin dejarle hablar.

—¡Vámonos de aquí! ¡CORRE! —mi rostro reflejaba el mismísimo horror, nunca había sentido tanto miedo en mi vida.

—¿Qué ocurrió? —Leo parecía angustiado, totalmente contagiado de mi horror, seguramente pensando que había visto a un monstruo.

Mi voz salió aguda, quebrada, horrorizada.

—¡He visto algo que no debía ver! —grité mientras llegábamos al camino central que llegaba directo al pueblo— ¡he descubierto algo… algo horrible!

Horrible… ¿así lo podía describir? ¿Así lo llamaba porque no entendía nada…?


Gentee T_T unos reviews porfaa *agita un vasito de pocas monedas* porfaaaa ¿Qué tal les pareció? Ha girando la historia de manera sorprendente no? xd

Yo también tendría muchísimo miedo si hubiera oído y visto todo aquello.

si ven errores ortográficos avisenme D: para arreglarlos

y dejen un humilde rev :c necesito saber ke opinan...