Olvidar

Los efectos de la poderosa droga están terminando. El sueño poco a poco disminuye, pero, aun así, es mucho.

En un gran intento, se levanta de la incómoda cama donde duerme el hombre malo. Sus ojitos todavía se le cierran, pero, tratando de sacar fuerzas, sale del lugar a pasos lentos, adormilados y silenciosos.

Como puede, busca la salida, la cual no demora mucho en hallar. Ahora solo le queda tratar de volver a casa, vagando de calle en calle.

Una pequeña y tímida sonrisa ilumina su apagado rostro. Sabe que cuando vuelva a casa, se volverá a reencontrar con mamá y con Grace, su osito de peluche.

Camina, como puede, unas calles lejos de ahí. Se detiene en un pequeño barriecillo que, cree, puede reconocer.

Una brisa helada le causa una un escalofrió. Andar con ese delgado pijama en la madrugada no era una idea muy buena, pero quedarse en esa horrible casa tampoco.

Siente que sus 'partecitas' todavía le arden, pero ella sabe que tiene que sacrificarse si quiere volver a casa.

Trata de orientarse mirando a su alrededor, intentando reconocer alguna casa donde descansar.

De su boca sale un ronco susurro. 'Aquí… Vivíamos…'. Siente que hablar le quema. Deduce que es por todos los gritos que dio durante su encierro.

Con el índice, apunta su antigua casa, la cual muestra señales de abandono. Suspiró. Esa casa le gustaba bastante

Sus ojos se iluminan. Allí esta, junto al camino hacia la pequeña plaza. La casa de su amiga está ahí, igual a como la recuerda.

Como puede, camina hacia la residencia. Sus manos son dirigidas hacia abajo el vientre. Le arde mucho de ahí para abajo, pero sabe que no logra nada haciendo eso.

Se acerca a la puerta y la golpea. Ella sabe que tiene que tocar el timbre, pero está muy alto como para alcanzarlo.

El interior de la casa se ilumina, haciéndole una pequeña ilusión a la niña. La puerta se abre, dejando sorprendida a la mujer, que no cree quien está en la puerta.

'¿Elizabeth?' Se lleva las manos a la boca, no cabiendo en su impresión.

El pijama de la niña tenía distintas manchas. La que más resaltaba era la de sus pantalones, la cual era un gran manchón carmesí entre las piernas. El rostro, antes sonrosado y risueño, ahora lucia unos grandes moretones, resaltados por la pálida piel. Sus muñecas tenían unas notorias marcas rojas, probablemente echas por una cuerda.

La niña trato de hablar, pero lo único que puedo salir de su boca fue un pequeño gemido de dolor.

Tratando de no asustar a la madre de su amiga, sonriéndole de la mejor manera que podía.

'¡NIÑA!, ¡Entra rápido!, Pasa y cuéntame lo que te paso.' Aunque intentaba sonar tranquila, su voz demostró lo alarmada y preocupada que estaba.

La niña trato de caminar lo mejor posible, sin éxito. Luego de algunos pasos, la mujer la tomo en sus brazos para luego llamar a su marido.

Sintiendo el cariño y la protección, la niña se duerme, abrazada a la mujer que la cargaba.

Me recuerda al cariño de mamá… ¿Me extrañara?