Capítulo 3: La historia de Esperanza.

Porque toda historia tiene un comienzo.

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Unos años antes….

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Era una apacible noche de luna llena. El más joven de los Van Helsing estaba oculto detrás de la pared de una casa abandonada, mirando con recelo a los alrededores. Había escuchado algo. Fue apenas el susurro de una brisa, pero con años de entrenamiento a sus espaldas, fue lo suficiente para que su cerebro captara el sonido y procesara inmediatamente la orden de esconderse a la espera del peligro. Sacó su revólver del bolsillo interior del abrigo y le quitó el seguro listo para atacar.

- ¿Qué infierno?

Mark desvió la vista de los matorrales, donde buscaba el más mínimo movimiento que indicara que el ruido provino de allí, a la figura de la capa oscura, recostada en la rama de un árbol frente a la silueta de la Luna.

- ¿Pretendes echar olor a pólvora en este preciosa noche, Mark Van Helsing? –cuestionó sosegada una aterciopelada voz. El desconocido apenas giró la cabeza para mirar a aquel que estaba acechándolo desde el suelo.

¿Desde cuándo sabe él mi nombre?

Él rubio salió de su escondite andando con decisión, sujetando el arma.

- ¡No digas mi nombre como si me conocieras!

- ¿Qué pecado has cometido?

Mark lo escuchaba desconfiado, sin saber a qué se refería.

- ¿No estás de acuerdo? Dejaste tu trabajo, tu familia y gastas tu vida en cazarnos. Todos los que llevan el apellido Helsing... Si no es un castigo ¿entonces que es?

- No es un castigo –respondió el chico con sinceridad, armado con su revólver en la mano derecha y su antiguo rosario, en la derecha- Es el destino de mi familia. Derrotarte es la misión que me han encomendado.

¿Seguro? –preguntó con sorna el del árbol, fijando sus brillantes ojos rojos en él.

- Exactamente.

- Entonces, vas a continuar cazándome hasta que uno de los dos muera...

- En el momento en que mordiste a Esperanza con esos colmillos malditos, juré... ¡Qué te perseguiría hasta el final de la tierra y con una estaca de madera que atravesaría tu corazón! –vociferó con rencor.

Recordó aquel día como si hubiese sido ayer. Nunca olvidaría cuando a sus tiernos seis años estuvo cara a cara con el vampiro. La sensación de pánico que le atravesó el cuerpo. Aun no entendía que criaturas andaban por el mundo entre las sombras ni mucho menos sabía el significado del apellido que llevaba.

- ¿Él sabe sobre aquello...? –pensó asombrado el vampiro de pelo cobrizo- Entiendo... Para ellos dos, probablemente pasó hace mucho tiempo atrás...-sonrió cruelmente. Después de veinte años aquel chiquillo volvía para divertirle.

- Muy bien, entonces cázame –soltó una carcajada poniéndose en pie- Y continua con tu juramento y tu misión... Cuando sientas que esa obsesión está matándote, tu odio por mí va a hacer que vuelva. Cuando estés muriéndote de hambre, podrás alimentarte de tu deber. Hasta el final de la Tierra.

- ¡Espera! –exigió apuntándolo con su arma. Pero el vampiro ya había desaparecido.

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Un murciélago negro como el ébano surcaba el cielo nocturno hasta llegar a una enorme y antigua mansión escondida entre la niebla. Al verlo, una joven ataviada con un elegante vestido color borgoña y un chal negro salió al viejo balcón a darle la bienvenida, haciendo una reverencia.

- Bienvenido, lord Edward.

El murciélago se transformó inmediatamente en un atractivo joven de ojos rojos y pelo cobrizo que aterrizó delicadeza sin hacer el más mínimo ruido.

- ¿Estabas despierta? El Sol estaba casi al nacer –Edward entró dentro para dar con una amplia habitación iluminada cálidamente por una chimenea.

- Tardaste tanto en volver que estaba preocupada –contestó tranquilamente, cerrando las cortinas para evitar los futuros rayos de Sol.

- ¿Preocupada? No hay motivos para eso.

Edward se quitó la capa dejándolo en la espalda de un mullido sofá y se dejó caer pensativo en este, apoyando un brazo en el lateral. Ella lo siguió dócilmente y se sentó en un sillón que había al lado.

- ¿Algo bueno paso esta noche?

- ¿Lo has notado? –él sonrió. Si solo supiera…

- Te conozco bien... –ella le devolvió la sonrisa esperando la respuesta.

- Encontré a ese niño del pasado –dijo por fin, como si tal cosa.

- ¿Un... niño?

- ¿No te acuerdas?

Ella lo miró arqueando una ceja. No entendía donde quería ir su señor.

- Entiéndeme, él dijo que me iría a cazar hasta el final de la Tierra...y no pararía hasta que uno de nosotros fuera destruido. Que esto es nuestro destino.

- Una unisón de oscuridad, unida por el odio. Bien… –ahora creía entender algo- ¿Eso quiere decir que no seré más tu compañera?

Él se rió.

- No te quedes tan enfadada, ma chérie –dijo con apenas un susurro colocándole un dedo bajo la barbilla- Ese destino sólo dura hasta la muerte, si a ti no te gusta eso, sólo deberías destruirlo.

El joven salió de la habitación y la chica se quedó reflexionando sobre lo que habían hablado aquella noche.

Mark... Ese nombre me trae recuerdos...

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20 años atrás…

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- Señorita Esperanza. ¿Cómo se encuentra? No se esfuerce demasiado...Por lo menos no hasta que su salud mejoré)...

- No hace falta exagerar –pidió resignada una joven castaña de ojos verdes. Llevaba un vestido celeste y un sombrero para protegerse del Sol- Solo me maree un poco, me siento mejor al aire libre.

- Voy a por un poco de agua.

- Gracias.

La sirvienta se fue a paso rápido. La chica finalmente suspiro aliviada al no tener a alguien vigilándola constantemente. Al alzar la vista vio a un adorable niño rubio con ojos verde esmeraldas de 6 años, vestido con una camiseta blanca, unos pantalones cortos negros con tirantes y unos zapatos del mismo color. Estaba subido a una caja de madera para intentar mirar por la ventana de la iglesia.

Ella se levantó de donde estaba y fue hacia el niño.

- ¿Mark?

El niño se sobresaltó al sentirse descubierto y se bajó de un salto de la caja.

- Soy yo, Esperanza.

- Buenas tardes, señorita Esperanza –la saludó educadamente.

- Si quieres oír el sermón del cura, deberías entrar –dijo la chica extrañada al ver el comportamiento del niño.

- Si entro, ellos van a enfadarse conmigo –contestó triste haciendo un puchero- Por eso me quedo aquí fuera...

- Entiendo –la joven se sentó en la caja donde había estado Mark de pie- Entonces, tal vez yo tenga que oírlo desde aquí fuera también ¿Vale? –sonrió amablemente al niño, invitándolo a que se sentara junto a ella.

El pequeño Mark asintió feliz, sentándose a su lado. No pasó más de un minuto cuando sitió que le caía un vaso de agua encima.

- ¡¿Qué estás haciendo aquí? –exigió saber la sirvienta que se había marchado antes a por agua- ¡No te acerques a la señorita! –le sujetó del brazo y obligándolo a seguirla para llevárselo- ¡Ahora, vete de aquí!

- ¡Para por favor! –pidió Esperanza.

La chica lo apartó de la otra mujer y sujeto con cariño al niño por los hombros para que la mirara- Mark...

- Señorita, no debería... ¡estar tan cerca de ese vástago sin padre! Si dejo que hable con este tipo de niños, el maestro se enfadará conmigo.

Mark cerró dolorido los ojos para retener las lágrimas, deshaciéndose del abrazo de la chica y saliendo corriendo.

- ¿Eh, aquel niño hizo algo? –preguntó uno de los aldeanos que se había acercado a la iglesia para ir a misa.

- El padre de ese niño se fue y nunca más volvió, ¿no? –respondió cotilleando otra mujer de la villa.

- Es mejor no envolverse con él –comentó otro.

La joven agachó la mirada teniendo que aguantar con pesar el corrillo que estaba formándose para cuchichear sobre la vida de aquella desgraciada familia.

El padre de Mark desapareció de repente, hace tanto tiempo atrás que ni él se acuerda. No importaba cuantas veces preguntara donde estaba su padre, su madre nunca le contaba nada. Llamados intrusos, por ninguna otra razón que por la desaparición de su padre, Mark y su madre fueron perseguidos.

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El pequeño niño estaba sentado de espaldas a un árbol en una colina cerca de la iglesia, rezando la oración que había dicho el cura ayer juntando dos palitos, uno más corto y otro más largo; formando una pequeña cruz. Estaba tan distraído que no vio a la persona que llegó a su lado hasta que le habló.

- Mark –lo llamó Esperanza, cerrando la sombrilla

- Todo está bien, no hay nadie aquí –le explicó al ver que Mark se había levantado para irse corriendo- Perdóname, es muy temprano.

- ¿Cómo te sientes? –preguntó el pequeño, preocupado por la salud de su amiga.

- Estoy bien, me siento mejor por la tarde –ella sonrió. Le cogió la mano le puso algo al niño en la palma-Toma. Si tienes esto, vas a poder rezar cuando quieras, ¿vale?

- Em, ¿está segura? –preguntó Mark, al ver el bonito rosario que le había regalado.

- Claro. ¿Vas a aceptarlo?

- Gracias, voy a guardarlo con todo mi cariño –respondió feliz, sonriendo.

Ella sonrió por el al niño tan contento. En lo que el pequeño Mark no se fijó fue en unas extrañas marcas que tenía la joven en el cuello.

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Aquella noche él rezó con un rosario la primera vez bajo la mirada cariñosa, aunque triste de su madre. El aspecto de su único hijo le recordaba dolorosamente a su marido desaparecido.

El niño, ignorante sobre los pesares de su madre, rezó por la felicidad de cierta persona…

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- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAH! –Mark se despertó llorando, aterrado en plena noche. Soñó con una amenazadora sombra sobre una bonita casa rodeada de tinieblas.

- ¡Mark! –lo llamó su madre alarmada al oírle gritar- ¿Te has despertado? ¿Estás bien?

- Era un sueño que me daba miedo –explicó el niño limpiándose las lágrimas con sus manitas.

- Ya está... - lo ayudó tiernamente a incorporarse, intentando tranquilizarlo- Estás dentro de casa, no hace falta preocuparse.

¿…Un sueño…?

El pequeño se levantó de un salto de la cama, cogiendo el rosario que le había regalado su amiga por el camino y salió disparado de la casa.

- Mark, ¡¿dónde vas? –gritó su madre, siguiéndole- ¡Para! No puedes salir por la noche...-lo cogió del brazo pero el pequeño brazo del niño se le resbaló en un segundo- ¡Vuelve, Mark!

El niño ignoró los gritos de su madre siguiendo una intuición que no sabía de dónde venía.

- ¡Mark! –lo llamó desesperadamente por última vez antes de ver como su hijo desaparecía por un camino.

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Mark llegó casi sin aliento hasta llegar a la casa que vio en su sueño. Su vista al no estar restringida a las caprichosas reglas de los sueños pudo ver los alrededores de la casa y reconoció fácilmente aquella tranquila vivienda.

¿La casa de Esperanza...?

Al querubín rubio le llamó la atención la figura de un hombre cubierto en sombras con una capa negra encima del tejado. Este saltó hacia el vacio, pero en vez de precipitarse hacia el suelo, levitó hasta acercarse a una ventana del segundo piso. Extendió una mano en una silenciosa petición y la ventana se abrió silenciosamente revelando a una joven de ojos verdes que miraba algún punto del infinito.

- ¡¿Esperanza? –la llamó Mark asustado.

La chica pareció no oírle y cerró los ojos sumida en un apacible sueño cuando el demonio que levitaba en el aire la cogió en brazos exponiendo su cuello.

Mark, sintiendo que algún resorte en su interior se soltaba y que una antigua maquinaria empezaba a funcionar, empezó a recitar una oración con una entonación especial, apenas sin levantar la voz, sujetando su preciado rosario entre las manos.

La gente, alertada por el anterior grito del niño, empezó a congregarse en el patio de la vivienda, contemplando horrorizados la extraña criatura que estaba flotando en el patio de la acaudalada familia.

Edward miró irritado al molesto niño que no paraba de murmurar.

¿Las Sagradas Escrituras? ¿Un Helsing?

Más gente con antorchas se unió al grupo que ya había.

Hm...Él puede utilizar las Sagradas Escrituras con tan poca edad, ¿eh...? Tiene un buen espíritu.

- ¡Monstruo! –chilló un aldeano.

- ¡Señorita! –gritó preocupado otro.

- ¡Qué alguien llame al cura! –pidió otro.

La gente allí reunida seguía chillando desorganizada sin saber muy bien cómo enfrentarse al intruso. Entre aquella multitud, uno empujó a cierto niño que estaba cerca murmurando tan bajo que no lo podían oír.

- ¡Quítate de mi camino, estás molestando!

- Gracias –agradeció eufórico al poder moverse por fin. Sintió su poder llenándolo nuevamente por completo. Miró con desdén con un brillo rojo sobrenatural en los ojos al patético grupo de humanos que ni siquiera sabían cómo plantarle cara- Gracias por parar las Sagradas Escrituras para mí… Y tú, joven Helsing, que sepas...

- ¡Lo importante que eres! –concluyó al borde del éxtasis mordiendo el cuello de la joven que tenía entre los brazos.

La multitud emitió exclamaciones ahogadas y de pánico mientras Mark contemplaba helado la escena sin poder apartar la mirada.

Un par de gotas le cayeron sobre la cara y el rosario que sujetaba pasivamente con ambas manos, manchándolos de rojo…

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Después de esa noche, mi madre me contó sobre mi padre por primera vez... Me dijo que él heredó la sangre de la familia Helsing, los cazadores de vampiros. Dijo que dejó a su familia para cazarlos. Que yo, que corrí fuera de casa después de sentir la presencia de un demonio, estaba unido por la misma sangre de esa familia. Ella me lo contó todo.

El rumor se extendió del alguna forma. Aquellos que sabían el significado del nombre Helsing me culparon...de no haber sido capaz de salvar a Esperanza. Cuando las personas se volvieron violentas, mi madre, temiendo por mi seguridad, me alejó de allí por la noche. Desde entonces nunca más volví a ese lugar.

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-Finalmente lo encontré... –dijo para sí mismo, mirando el rosario que le había regalado 20 años antes su difunta amiga. Estaba descansando después de recordar su amargo pasado, sentado en un pequeño muro de piedra al lado de la casa donde se encontró a aquel monstruo- Encontré a aquel vampiro.

Esperanza...

Esta vez no lo dejaré escapar, estoy seguro...

- ¿Quién anda ahí? –preguntó preparando su arma, listo para atacar.

- No me gusta eso –contestó una voz femenina bajo una capa color borgoña sobre un vestido blanco con un lazo azul celeste- ¿Podrías apartar esa cosa de mí?

Mark se quedó asombrado cuando la desconocida se bajo la capucha.

No podía ser.

Estaba igual. ¡No! Mucho más guapa. No se acordaba de cuanto la había extrañado hasta que la vio frente a él. Había sido como la hermana que nunca tuvo.

-Ya hace mucho tiempo.

- ¿Esperanza...? –preguntó aun sin creérselo del todo.

- Te convertiste en un buen hombre –sonrió cálidamente- Déjame verte bien –le acarició la mejilla con cariño.

Sin apartar sus ojos de los de ella fue procesando lentamente lo que pasaba. La mano que le tocaba la cara fraternalmente ahora se unía a la otra rodeando su cuello. Los labios de la joven que tenía frente a él se elevaron formando una sonrisa en la que asomaban un par de colmillos afilados.

Y sus ojos eran rojos como la sangre.

- Adiós… -se despidió ella fríamente apretando el agarre sobre el cuello.

Helsing, ha llegado tu hora de morir –sentenció al levantarlo al peso y apoyarlo sobre el muro de piedra mientras lo ahogaba.

A Mark se le escapó el revólver entre los dedos al estamparlo contra el muro.

Pero aun conservaba su arma más poderosa.

Sujetando con fuerza el rosario en su mano izquierda empezó a susurrar el fin para cualquier vampiro.

- ¡Muere! –vociferó al final de la letanía, extendiendo el brazo y pegándole el rosario en el pecho a Esperanza.

La chica lo soltó rápidamente un alarido de dolor y lo apartó con un empujón. Miró horrorizada la quemadura que había en su pecho un poco más arriba del corazón.

- Mi... mi cuerpo está...

- Maldito... –rugió, mirándolo con odio- ¡Maldito Hellsing!

El joven Van Hellsing vio dolido y resignado como su antigua amiga se tapaba la quemadura con las manos quejándose de dolor mientras lo maldecía.

- Los humanos nacen del polvo, y al polvo deben volver –siguió, retomando la oración mientras extendía el brazo, sujetando el rosario de cara a ella- Polvo que tomó forma humana...Vuelve a tu forma original.

Tras decir esto la quemadura que tenia la muchacha en el pecho se extendió más, subiendo hasta su cuello. Ella volvió a chillar de dolor abrazándose a si misma mientras Mark la miraba profundamente afligido.

- ¿Por qué estás tan unida a él? –preguntó el rubio sin comprenderlo- El corazón de ese cuerpo ya no late. Haciendo nada, extendiendo tu maldición... Sólo tragando a otros en la oscuridad maldita, una vida falsa... ¿Por qué?

- ¿Por qué...lo dices? –respondió ella sin apenas aliento.

- Por él. Por más que esta vida sea falsa o sin significado. Simplemente viviré con él, con esta apariencia que capturó sus ojos –cerró los ojos recordando la primera noche que entro por su ventana. Su sonrisa cautivadora y seductora. Aquella que prometía una eternidad de aterciopelada oscuridad. Un futuro donde no estaría subyugada a su frágil salud junto a alguien que la amaba- No necesito la salvación –declaró con resentimiento- Porque aquella noche, elegí a aquel hombre por encima de todo.

- Si es así, entonces..., de acuerdo con la creencia de mi familia, debo matarte.

- ¿Matarme? –preguntó con ironía- ¡Me pregunto si lo conseguirás! –boquiabierta notó que estaba paralizada. No podía moverse.

Mark terminó la oración anterior para dejar al vampiro congelado.

- ¡Las Sagradas Escrituras! –pensó ella aterrorizada al saber lo que vendría después- Este es... el poder que solo tiene la familia Helsing, que puede destruir a las criaturas de la oscuridad.

- Existe sólo una manera de destruir a un vampiro –explicó el joven Van Hellsing recuperando su revólver y apuntando al corazón de Esperanza- Perforando su corazón con una estaca de madera o con una bala de plata.

- P-para –pidió tartamudeando.

Solo esa familia tiene ese poder... Entonces él era el único...De cualquier forma estoy atrapada por las Sagradas Escrituras. Si por lo menos pudiera hablar...

- ...Mark...M-Mark….p-para –gimió con los ojos anegados en lágrimas.

- Esperanza... –pensó con remordimiento. Completamente atormentado por lo que había estado a punto de hacer, bajo el arma.

¡Lo conseguí...!

- ¡Ahora muere! -se abalanzó hacia él victoriosa al notarse libre de la parálisis.

Su mano ya convertida en una garra se quedó a un milímetro del cuello de Mark cuando se escuchó un disparo.

- Descansa en paz…

- L…lord...Ed...ward... –consiguió pronunciar con las pocas fuerzas que le quedaban.

Su cuerpo cayó hacia delante y Mark alargó los brazos para intentar cogerla. Pero cuando el vestido cayó solo había un puñado de cenizas dentro.

- Cuando el espíritu deja el cuerpo, los humanos vuelven a la tierra a la que pertenecen –empezó a recitar una voz socarrona que Mark conocía tan bien- En ese día, sus recuerdos también morirán... "Los humanos son como espadas, y su brillo como flores. Las hojas marchitan, y sus pétalos caen."...Todas las palabras escritas en la Biblia son las Sagradas Escrituras. De todas formas –continuó- la única manera de convertirse en una amenaza para nosotros...es con una entonación especial y con una fe inigualable. Eres brillante, como siempre, es lo que parece.

Mark Van Hellsing miró con odio a Edward mientras sujetaba con fuerza el vestido y el rosario que una vez pertenecieron a una persona muy querida para él.

- Llegas tarde, vampiro –dijo, esperando por fin verle poner otra cara que no sea de superioridad o diversión.

- Eso no es cierto –contestó de lo más tranquilo- Ya estaba cansado de ella, mataste a Esperanza por mí.

- ¡Fuiste tú quien la mató! –exclamó furioso y con cargo de conciencia por lo que se había visto obligado a hacer.

- ... Cierto –sonrió cínicamente- En aquella noche yo paré el tiempo para ella, ¿pero ella no siguió existiendo en este mundo? Si quieres llamar a eso muerte, es tu elección, pero, eso es temporal, una vida es una vida. Quién robó eso de ella fuiste tú y no yo. Mark Van Helsing.

- No te lo perdonaré... ¡Vampiro! ¡Jamás te perdonaré! –siguió vociferando, temblando de rabia- ¡Por toda la eternidad! /

- Has dicho... ¿eternidad?

El vampiro se acercó a él de un salto, quedándose cara a cara. Proyectaba una oscura sombra sobre el rubio ya que estaba flotando unos centímetros sobre el suelo.

- Para un mortal... que no conoce la eternidad, ¿aún así lo juras?

- Ah, no... –pensó el joven asustado. Ahora era él el que no podía moverse.

- Entonces, ese cuerpo debe saber –se inclinó sobre el cuello del cazavampiros- cómo juraste...

No importa cuántas veces caigas, tu odio por mi va a levantarte. Deberás cazarme hasta el final de la tierra. Por toda la eternidad.

El rosario que agarraba tan firmemente resbaló de su mano, donde dejo una quemadura en forma de cruz…

Y así empezó nuestro destino…

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Siento que te haya hecho llorar el anterior capítulo ^^u

En compensación espero que te rias mucho con este xD

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Bye, bye~!

Hasta el próximo capítulo!