« Mine. Copia, plagia, o algo así… y amanecerás bajo el agua. He dicho.
« Pairing.
Tom/Asia.
« Music.
Kiss me + Ed Sheeran.
Northern Downpour + Panic! At The Disco.
« Mayday, mayday.
Para Lucille. Veamos, this is how it works: todo lo que ella shippea, yo lo shippeo. Y luego lo volvemos OTP. Yatúsabe. (?) Love ya so tanto, Lu -insertecorazónaquí-.
No estoy muy segura de haber logrado el pairing tal y como debía ser, peeeero creo que no quedó tan mal. Creo. Sólo no acaben con mi autoestima, ¿vale? Graciasdenada. Y la verdad es que no tengo idea de por qué quedó tan… sexual, o eso. Comer paletas agridulces a esta hora no me hace bien. Ma faute, je suppose.

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Delusion

« I'm falling for your eyes, but they don't know me yet »

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I. «Hagámoslo inolvidable.»

—Yo no te quiero —murmura ella en su cuello—. No te quiero, Tom.

Lo dice una y otra vez. Se lo repite mientras 'Oh! Darling' suena en el reproductor sobre la mesita de noche. La alfombra bajo su cuerpo se siente caliente, áspera. No como las manos de Tom. Siempre suaves, lentas, lánguidas. Como si tocar el rostro de Asia fuera un trabajo de cuidado y atención. Le gusta pensar que lo es. A pesar del frío afuera, ahí dentro hace calor. Ambos pueden sentir el whisky nadando en su interior, llenándolos, perdiéndolos y al mismo tiempo regresándolos a la misma realidad de siempre. Una en la que están solos, rotos, donde se miran y ella derrama algunas lágrimas, pero Tom canta, ella sonríe, ríe y luego son una puerta con pestillo, dos respiraciones agitadas, un par de muslos sedosos, un cabello revuelto, labios, besos. Dolor en todo ello. Asia se retuerce. Le falta el aire y parece que Tom se lo da. Son víctimas de sí mismos y ni siquiera se dan cuenta. Tom entreabre los labios. Le gustan el sabor, la textura, y los secretos.

«¿Por qué, Asia?, ¿por qué?».

Y nunca contesta.

(Ya no hay música).

Pero sigue allí. No se ha ido. Sonríe y Tom sabe que ha llegado para quedarse. Que por segundos le permite adueñarse de ella. Pero es un sueño, meras ilusiones de cristal. Pronto será un recuerdo, una memoria. Algo efímero que le pareció perpetuo, perfecto.

Eterno.

II. «Entonces dolerá.»

(Tiene miedo).

Así que abraza más a Tom, sintiendo cómo le oprime el pecho. Le quiere, (¿cómo?). No lo sabe. No quiere saberlo. Susurra su nombre en la oscuridad. Afuera, al otro lado de la ventana, Ciudad Gris duerme. Una ligera corriente de aire entra por la rendija de la ventana, provocándole a Tom estremecerse. (Pero se trata de Asia, ¿no lo ves?). Siempre es ella, siempre todo es sobre de ella. Sobre sus lágrimas, sus miradas, las cosas que no le dice. Sobre la manera en que sonríe contra su boca cuando lo besa y todo indica que aquella es su forma de decirle que le pertenece. A Tom no le importa, ¿por qué debería de importarle? Está vacío y ella llena ese espacio. No debería, pero lo hace.

Son dos. Sólo ellos sumergidos en el silencio. Tom quiere sentirla. No, sólo quiere sentir. Algo, lo que sea. (Asía, siempre Asia). Por una vez en su vida, no desea quedarse solo. (Ella le cree). Quiere lo mismo pero no sabe cómo pedirlo. Le toma de la mano. «Tom, estoy aquí. No te haré daño». Él, naturalmente, le cree. Pero la chica se queda callada a pesar de tener los labios cerca de su oído. No quiere susurrarle palabras obscenas como 'te quiero' y sus derivados. Lo quiere a él aunque no sepa lo que eso signifique.

Tom sólo la mira. Pero no suelta su mano.

(Jamás).

III. «Que duela

Asia llora. Las lágrimas le resbalan por el rostro, con el rímel corrido y la sangre hirviéndole bajo las mejillas. Un suspiro. (Se lo ha robado él). Su boca se vuelve insistente. Tom parece ya no ser suficiente. Le hace falta más, todo el tiempo le faltará algo más. Le duele la boca, los besos, las manos, la necesidad, la falta de cariño, el frío y el vacío. El miedo, la inseguridad. (Le duelen ese millón de grietas en su cuerpo de muñeca de porcelana). El dolor es dolor y ella lo sabe. Un beso es un golpe, una caricia es un fino corte en el espíritu. Tom lo siente. También le punza, le quema, le corroe. Lo arrastra, él lo besa. Cree que le pertenece pero no es así. Nada es de él, nunca nada lo será. (Ni siquiera Asia). Entonces también tiene ganas de llorar.

Tom duele.

Asia duele.

—Yo sí te quiero.

No están seguros de quién es dueño del suspiro. Por unos segundos, pueden afirmar escuchar cómo las paredes se tragan el sonido. (Tal vez nunca dijeron nada). Tom la toca con la punta de los dedos otra vez y le pasa el borde de la lengua por las esquinas del alma, (sufrimiento, sueños y vacío, y lápiz labial, música, un par de ojos azules y mentiras). A eso sabe.

Dolor. Una y otra vez.

—No me dejes.

—¿Y a dónde más podría ir?

«Aquí.»

Asia cierra los ojos. Tom tiene las manos tan frías. Una última lágrima moja la alfombra. Desaparece.

(Quizá sólo se trata de un sueño).