Todo me pertenece. No plagies.

Ella la ve como si fuera un ángel, como si fuera la respuesta a todas sus dudas.

La mira de nuevo y no ve a la chica que le gusta tomar, a la chica de veinte tantos que se comporta como alguien de quince. No, ella ve su futuro.

Está atenta a todos sus movimientos, intenta imitar sus palabras, y piensa que su risa es magnífica. Ella también la quiere hacer reír.

Porque Elethia es como su droga, es como su todo.

La niña no le encuentra nada de humano, la ve como un ser mágico, la ve como lo que quiere llegar a ser.

Y deja pasar todas las imperfecciones, una a una, la lista sigue creciendo…

Con el tiempo es demasiado grande, es demasiado grande para alguien que es la perfección. Y ya no hay nada que hacer.

Entonces la niña se culpa; se culpa por haber entrado tanto en los sentimientos de ella, se culpa por no dejarla ser perfecta.

Y le reclama, le dice que la odia.

El tiempo pasa, las dos crecen, la joven se aleja, y la niña aún no logra comprender que Elethia es solo un ser humano.