Todo me pertenece. No plagies.

Porque tú la vez por allí, siempre sonriente e inocente. Con su largo cabello negro meciéndose de un lado a otro, y esos ojos avellana chispeantes.

Tiene esa actitud de niña. Es a quien no le importa reír a carcajadas, pedirle a su madre que la acompañe a todos lados porque le da miedo ir sola, o sentarse a hacer pompas de jabón.

Es quien se pone a bailar en el medio de la calle, o a hablar con los animales; quien siempre sostiene un libro en sus manos.

Y la sigues observando, aún sin saber muy bien por qué; y descubres que te tiene algo que te atrae, y eso te asusta.

Estás seguro que tú preferirías salir con alguien que se vista como una "puta", con alguien de mayor estatura y pechos grandes. Pero ella tiene algo, tal vez sea esa sonrisa tan inocente…, algo que te cautiva.

Y te sientes un maldito bastardo al descubrirte fantaseando con ella, acariciando su cintura, y saboreando sus delicados labios color fresa; pero no puedes dejarlo.

Porque la deseas con todo tu ser, no importa que seas unos cuantos años mayor que ella (Ella de solo 17 y tu de 24), la quieres en tu cama lo más pronto que se pueda.

La vez pasar de nuevo con su uniforme, y tienes que hacer uso de todo tu autocontrol para no arrastrarla hasta tu casa y meterla en tu cama.

¡Diablos! Ya no lo soportas más.

Así que tomas tu auto y manejas como un loco para llegar a la casa de tu "novia".

Apenas abre la puerta comienzas a quitarle la ropa, intentando calmar tu necesidad, intentando no pensar en esa chiquilla.

Pero de nuevo fallas.

La escuchas jadear e imaginas que es la otra, que es la pequeña de ojos avellana, que es a la que de verdad quieres tener en tu cama.

N/A: Tantas historias encerradas en esta mente…