Todo me pertenece, no me plagies.

X.

Ella se siente en la arena, y juguetea un poco los holanes de su vestido. Está sola de nuevo.

"Cómo siempre debí estarlo" Se dice a sí misma, mientras frunce el ceño.

Lleva días sin poder dormir bien, tiene pesadillas… horribles pesadillas sobre cosas reales. Se ve cansada, con los ojos hinchados de tanto llorar, y unas ojeras amoratadas.

— ¡Oh! Si solamente me hubiera quedado callada— se lamenta.

Aunque sabe que eso no le sirve de nada, porque lo que pasó, pasó, y nadie va a cambiarlo.

—Ella me odia, estoy completamente segura de que ella me odia. Nosotros estábamos bien, si tan solo hubiera mantenido mi boca cerrada…— la voz se le quiebra, y de nuevo solo se escuchan las rítmicas olas.

Eran amigas, sí, se puede decir que lo habían sido, siempre juntas. Pero eso mismo, el estar todo el tiempo la una con la otra, el tener una pequeña obsesión por verse diariamente, por abrir su correo a la misma hora, fue lo que las destruyó.

Porque se estaba volviendo una amistad insana, dependían demasiado una de la otra. Katherine no salía sin Audrey, y Audrey apenas y si comía, dormía o hacía sus deberes.

Katherine era la grande, le llevaba por varios años, y tenía la mala costumbre de estar pegada a su amiguita. Pero para sorpresa de todos los papeles se invertían, porque era la niña quien cuidaba de su amiga grande, era quien la defendía.

Y fue eso mismo, la dependencia, la diferencia de edades, lo que destruyó su amistad, su bonita amistad.

Y ahora Audrey se lamente sola, y se culpa. Mientras Katherine tiene a los demás, a sus amigos grandes, a su novio…

Ahora la niña está sola, "como siempre debió estarlo"