Gracias a Aiko Kimura por corregir la historia.

"Mi nombre es Mary, Mary Sue.

Mis padres murieron en un accidente automovilístico cuando yo tenía seis años, pero crecí de una manera completamente normal porque mi tío, que es cinco años mayor que yo y trabaja como modelo, cuidó de mí.

Claro, ¿quién necesita padres cuando tienes al hombre perfecto cuidando de ti?

Oh, no tenemos una relación consanguínea, claro. Eso arruinaría mis planes… es decir, lo quiero como a cualquier otro familiar. Sobra decir que no sé diferenciar el amor de la paternidad, porque, como dije, mis padres murieron. ¿Mencioné que crecí felizmente, a pesar de saber que sus muertes fueron lentas y dolorosas?

Mis padres, que eran biólogos marinos (se conocieron durante una investigación en Hawái), pensaron siempre en mi bienestar. En dos años, cuando cumpla la mayoría de edad, recibiré la herencia que ellos dejaron; algo así como más de un millón de dólares... No lo sé exactamente porque soy torpe en matemáticas, por suerte, mi mejor amigo de la infancia (quien es el chico más popular de la escuela) me ayuda a estudiar. No sé qué pasa con él (es que soy idiota) que cada que mi tío se porta cariñoso conmigo le da por enfadarse.

Otros diez chicos que aún no he conocido tienen fuertes sentimientos hacia mí, pero no siento nada por ellos".

—Bien, basta —dijo la razón, que había leído el diario de Mary por largo tiempo.

— ¿Tú quién eres? ¡No me hagas daño! Soy hermosa y virgen —respondió Mary, mientras su cabello rubio hondeaba con el viento.

—Mira, pasa esto: nos jodes, nos jodes a todos y estoy harta —dijo la razón, con un tono amargo en su voz.

— ¿No podemos ser amigas? —preguntó la rubia despampanante, mientras que de sus ojos empezaban a salir lágrimas. Se acercó a la razón con los brazos abiertos, dispuesta a hacer amistad con alguien a quien no conocía de nada y tenía intenciones de asesinarla.

—Oh, vamos… no hagas esto más difícil, Mary —La razón sacó un ladrillo de su bolso. No planeaba manchar el accesorio con sangre, así que decidió dar un golpe de forma limpia y rápida.

Mary, por desgracia, no dejaría que nadie terminara con su vida. No sin antes conocer el amor de su apuesto tío, por el cual no sentía absolutamente nada (pero lo haría, tarde o temprano). Se abalanzó contra la razón, arrebatando el pesado objeto de sus gastadas manos. Dio un golpe, luego otro, y otro más en la cabeza de su adversaria.

La razón quedó tendida en el suelo, para no despertar de nuevo. Con una sonrisa tan dulce que sólo ella poseía, Mary pronunció unas últimas palabras en honor al reciente cadáver.

—Jamás intentes robarme protagonismo, perra.

Y con una perfección inigualable, limpió la escena.