Volver no es la palabra más indicada, pero es la primera que se me pasa por la mente ahora mismo.


Aullidos Nocturnos

Observó la tranquilidad apacible que se respiraba; aquella oscuridad absoluta, interrumpida tan solo por leves destellos blancos. Los profundos aullidos se escuchaban salir de la cueva cual llanto melancólico, como si el lobo intentase llorarle a la luna. Tal vez lloraba por lo que se había destruido, puede que por lo que se iba a destruir, o tal vez simplemente lloraba por él mismo y el resto de las criaturas que vivían por aquellas tierras. Escuchando al lobo, entendió que aquella atmósfera irrepetible era, tal vez, como la misma Rain decía; una mera ilusión. Podía ver lejos, al horizonte, un destello verdoso, el verde de lo contaminante, de lo destructivo. Era lo único que desvanecía la magia de aquel idílico paisaje en el que él se había criado. Cuando las estrellas rodearon a la luna en lo alto del oscuro cielo nocturno, lo entendió; él había estado viviendo un sueño, y aquella luz verdosa iba a despertarlo. Y, entonces, por primera vez en su vida sintió miedo. Un miedo verdadero, verídico, del que produce escalofríos y hiela la sangre. Un miedo que paraliza, desgarra y horroriza, produciendo una sensación de impotencia frustrante y envuelta en ansiedad. Era el miedo más común, ancestral y típico de cualquier ser humano. Era miedo a la la madurez. Era el miedo a la realidad.