¡Buenas! Aquí os dejo un relato para aquellos que os sintáis solos, un relato que intenta comprender esos sentimientos. De momento, es tan solo un One shot, peró quizás lo siga, no sé, depende.

Sea como sea, espero que os guste y que comentéis muchísimo.


Entre tú y yo

Siempre me he considerado un chico normal. Sí, sé perfectamente que hay muchos chicos normales, demasiados, tantos que sobran. También sé que la gente está cansadísima de oír el adjetivo "normal", porque hoy en día todo es normal, nada sorprende a nadie. Pero lo siento, yo soy de ese montón. Un chico totalmente mediocre. Toda la vida me he considerado modesto, sumiso y muy reservado; me cuesta muchísimo decir lo que pienso. No porque no sepa cómo expresarme, que va, sino porque no hay nadie que merezca escucharlo, nadie que vaya a comprenderme aun que diga mis opiniones más sinceras y mis sentimientos más profundos. ¿No te ha pasado nunca? Eso de que tengas algo realmente ahí dentro guardado, una pequeña crítica, opinión, lo que sea, que te encantaría sacar a la luz; y finalmente lo haces, no aguantas y lo explicas, confías ciegamente y cuentas algo que tú realmente consideras importante, que te ha costado horrores convertirlo en palabras; y va esa persona y te contesta un simple "vale" o te hace una media sonrisa. Gestos totalmente desproporcionados a tus sentimientos. Entonces te arrepientes de habérselo contado, porque ahora esa persona sabe algo de ti que ni siquiera le importa.

Y te sientes irremediablemente solo.

Pues así es como empiezo yo todos los días. De una manera normal. Me despierto, desayuno y voy al colegio, vuelvo, estudio y duermo. Odio ponerme melancólico o filosófico, pero es como si mi vida estuviera incompleta, como si cada persona de mi alrededor estuviera vacía. Por ejemplo cuando llega el fin de semana, me despierto a las siete, como si tuviera que ir al instituto, en realidad no tengo sueño, pero duermo un rato más simplemente para que transcurra más tiempo y el día no sea tan eterno, para no tener que afrontar mirar a la gente y no saber que decir o que explicar a esta. Y cuando al fin me levanto, voy al sofá, pongo la tele, y dejo que la Tierra siga dando vueltas alrededor del Sol, que el tiempo siga transcurriendo y que mis células vayan envejeciendo. O cuando llegas a casa y tus padres te miran como esperando que les cuentes lo interesante que es tú vida, y te preguntan: "Cariño, ¿cómo te ha ido el día?". Pues… normal. Un maldito día más transparente que el anterior, más inútil. Nada emocionante. ¿Qué quieres que me pase? No soy rico, ni guapo, ni tengo novia, ni he sido obsequiado con superpoderes. Una vida aburrida y… NORMAL. En ese momento es cuando caigo en lo terriblemente incomprendido que soy.

Y me hundo el doble.

Pero mi vida es así, levantarse para estar un día más cerca de la muerte. Así de simple. Así de triste. No es que quiera morir, no soy ningún tipo de suicida. No os voy a mentir, alguna vez se me ha pasado el típico pensamiento de decir "¿Dolería mucho tirarme desde este terrado?", pero nunca nada más serio que eso. Porque si hay algo que por muy penoso que sea, estoy seguro, es que sigo teniendo la esperanza de que algún día mi vida cobre sentido y se vuelva completa. Por lo que sea. Por amor, por mi trabajo, por mi familia… Nunca se sabe, hasta que te lo encuentras. Y yo vivo el día a día deseando que ese momento llegue a mi vida, buscando esa felicidad.

Pi, pi, pi, pi

El despertador suena, como siempre. Me levanto y con mi cansancio crónico, me visto deprisa con el maldito uniforme que estoy harto de llevar, porque tan solo hace que mi vida parezca aún mas monótona. Mis padres ya se han evaporado para llegar puntuales a sus trabajos, y yo me limito a calentarme un vaso de leche y bebérmelo de un trago.

Paso a paso, cada vez estoy más cerca del instituto, más cerca del tener que soportar como personas me hablan y tener que corresponderles con palabras amables para no ser odiado, para no ser "el marginado". En verdad no me caen mal, son buena gente, pero no me siento cien por cien cómodo con ellos, como si no fuéramos del todo compatibles y sobrara un poco en el grupo. Sea como sea, tengo mis risas con ellos, compartimos trabajos y a veces vamos al cine. Soy conformista, y por ello me conformo.

Subo a mi clase pensando en la mala suerte que tengo de ser uno de los pocos de mi "pandilla de amigos" que le ha tocando estar en el grupo C, solo tengo a un chico más, con el que me siento y hablamos de vez en cuando, se llama Miguel y es un trozo de pan. Demasiado en realidad, porque hay momentos en los que es inevitable pensar en lo tonto que llega a ser. Lo siento Miguel.

—Bueno… lleváis todo el trimestre sentados como queréis y cómo la mayoría no me habéis funcionado bien, voy a cambiaros de sitio.

Suspiro. Genial, ahora no le tengo ni a él. Cómo ya he dicho soy mediocre y no destaco, mi existencia es totalmente discreta y me gusta pasar desapercibido, por lo que no conozco realmente a los demás. Tan solo a una chica que se pegó a mí a principio de curso porqué nuestro camino a casa era común. Paula es muy alegre y divertida, supongo que por eso me enamoré. La verdad es que ella se dio cuenta rápido de mis sentimientos, se aprovechó y me hacía llevarle los libros, dejarle los deberes… Creí que yo también le gustaba, que tenía alguna posibilidad, pero cuando me declaré se rió en mi cara y me dijo que era demasiado friki. A ella le iban los mayores malotes, y poco después empezó a salir con un universitario de primer año. No sé si seguirán juntos. Hablamos alguna vez, pero desde que le dije mis sentimientos no hemos vuelto a subir juntos hasta a casa, ¿qué me esperaba? Fui tonto.

—Paula, a primera fila con Sara. No, el asiento de la izquierda. Ahí, bien.

Los alumnos empezaron a dispersarse por el aula, sentándose en los nuevos lugares que la profesora había adjudicado para ellos. Al fin me nombraron.

—Hugo, a la esquina de la penúltima fila con… —vuelve a mirar el papel forzosamente. Se habrá dejado las horteras gafas rojas que siempre trae en casa— con Tiara a tu derecha, así.

Miro a la chica que se aproxima a mí con una montaña de hojas, carpetas y portafolios en los brazos, y a la cual se le ha caído la mochila y la lleva por el avambrazo, como si pesara toneladas. ¿Tiara, eh?

—¡Wow! —gesticula asombrada— Cuanto tiempo sin saber nada de ti, Hugo.

Se aparta un mechón de su pelo castaño oscuro de la cara, me mira con esos ojos marrón charol brillándole más que de costumbre, y con sus simétricos y carnosos labios, me esboza una sonrisa. Tiara no es preciosa, pero tiene una belleza discreta, de aquellas que no llaman la atención, pero están ahí y es agradable a la vista.

La verdad es que tiene razón. Tiara y yo íbamos juntos a todas las clases del curso durante toda primaria. Éramos amigos, más o menos. En primaria, las chicas de mi clase estaban divididas en dos grupos, las "Super guays", que iban de mayores y esas cosas, y las más normalitas, que iban de lo que eran. Cada grupo tenía sus miembros y sus líderes, y Tiara era la líder del segundo, aun que por entonces no comprendía porque. Ella no era mandona, ni extrovertida en demasía, al contrario, era la persona más buena que conocía. Una vez, la líder de las "Super guays" empezó a acusar a sus propios miembros de tener piojos, aun que eran puras invenciones. Le tocó a una tal Rosa, si no me equivoco. Las afortunadas de no ser las víctimas, se ponían de parte de la líder para no ser las futuras acusadas, la marginaban y la dejaban sola. Entonces Tiara le regaló un caramelo y le permitió unirse a su bando de amigas. Hacía eso con todos los marginados, y ellos, desagradecidos, una vez eran readmitidos volvían a su antiguo bando superficial y pasaban de ella. Pero nunca notaba que se arrepintiera, siempre parecía feliz de admitir a los que eran dejados de banda. Una vez incluso, se juntó con una chica que ni la del bando de las normalitas la querían admitir, y todos marginaron a esa niña y Tiara. En ese momento si que se la notaba triste. Triste, no arrepentida. Pero ahora, si lo pienso, ¿no son esos sentimientos muy maduros para una niña de nueve años? Sea como sea, así es como la recuerdo. Además, aun que no conversáramos mucho, siempre que me sentía más triste de lo normal, me preguntaba "¿Estás bien?". Siempre acertaba. Con todos.

—¿Cómo te va la vida? —me pregunta ahora sonriendo más que antes.

La acaba de cagar, odio esa pregunta. La odio porque nunca se que responder, y acabo por decir lo más típico y aburrido de siempre.

—Nada, aquí… ¿Y tú?

Entonces ella me contestaría lo mismo, nos quedaríamos sin tema de conversación y pensaría que soy un aburrido amargado. Que es la verdad. Pero cuanta menos gente se dé cuenta mejor.

—¿Yo? Pues veamos… —"Nada…" Vamos, dilo, no hay problema, es lo más NORMAL— Hoy tengo inglés extraescolar… Una mierda. Encima no hay ningún tío que esté bien en mi clase, ¿tú también haces, verdad?

Si mis ojos no se acaban de abrir como platos, he debido poner una cara muy rara. Nadie. Nunca. Saca. Tema. Sobre. Mi. Vida.

—Sí. ¿Cómo lo sabías?

Siento ser tan soso Tiara… Además me has sorprendido. Ella sonríe de nuevo.

—Pues porqué te he escuchado comentárselo a alguna profesora.

Esta vez soy yo el que no pude evitar reprimir una media sonrisa. No ha cambiado, sigue tan observadora como antes, y eso me alegra.

—También me toca hoy, además tengo un parcial y… —me animo a decir, aun que luego me interrumpo porque caigo en que esa información a ella no le importa en absoluto, y que me corresponderá con una sonrisa por quedar bien.

—Dime, dime. Yo el parcial lo tuve el lunes, de vocabulario.

¿Me vacilas Tiara o yo conozco a tan poca gente que tú me pareces totalmente impredecible?

—Y no he estudiado… Mi madre va a matarme —prosigo con naturalidad, sin esfuerzos por caerle bien. Me sale solo.

—Si quieres hacemos suicidio colectivo—me ofrece ella riendo y poniendo la mano en forma de pistola para luego fingir que se pega un tiro—. A mí me tienen que dar la nota.

Joder… Eso de suicidio colectivo ha sido bueno.

—Pues no es mala idea…

Las siguientes semanas al lado de Tiara han sido sin duda mucho más interesantes que las demás. Ella se ha animado a pasarme canciones de rock, e incluso heavy que no puede dejar de escuchar últimamente, me ha contado sobre un vecino rubio en su escalera que la trae loca, sobre su nueva experiencia con el tabaco, la cual confirma que no volverá a probar y también su aventura pintando las paredes de las tiendas con espray, en la huelga general del día 29. No puedo negar que todos sus actos me han sorprendido, y es que ya no es la dulce Tiara que era de niña. "Me he dado cuenta de que ser tan buena persona no me ha servido de mucho, ¿sabes?" me dijo con algo de tristeza. "O sea, no es que vaya amenazando gente o de chuguele por la vida, simplemente he dejado de ser la inocente Tiara de la que todos se aprovechaban". Y nunca sabrá lo mucho que la entiendo. Desde esas palabras, no he podido dejar de mirarla, y si que ha cambiado, es como la si la "base" de su personalidad fuera la misma, pero los "ingredientes" del medio hubieran cambiado. Cuando las mayores se meten con ella por ir mal uniformada, les contesta hasta con insultos peores que los suyos, o si alguien le da con la pelota de básquet ya no es como antes, que se callaba y lloraba en silencio, ahora coge la pelota, da cuatro gritos al que se la haya tirado y con un par de agallas, va y la tira a la basura. "A ver quién es el guapo que la coge" se mofa, y luego se larga de la escena victoriosa, sin importarle la reprimenda del profesor. Pero como he dicho, la base es la misma. Por la calle, apaga los cigarrillos encendidos que ve y empieza a mascullar sobre lo poco que la gente valora su planeta, si ve que alguna de sus amigas está en problemas siempre les ofrece su ayuda, y si hay algún enfermo en las excursiones, se sienta con ellos y se las pierde para que no se sientan solos. Y lo más gracioso, es que sigue siendo amiga del marginado y le da codazos como coqueteando con él para animarle, y cuando el chico le pide amablemente que se siente con él en las clases de plástica porque no quiere estar solo, se sienta y le dibuja caritas sonrientes alrededor de la lámina dónde va a dibujar.

La verdad es que cada acto suyo, me tiene alucinado, y cada cosa que me cuenta, más cercano.

—Hugo, ¿tienes planes esta tarde?

—No.

—¡Vamos a dar una vuelta!

Lo dijo con una ilusión que me hizo sentir realmente feliz. Todo porque alguien me necesitaba, porque alguien prefería pasar su tiempo conmigo que con otra persona. Por segundos, fui un Hugo completo.

—Entre tú y yo; me gusta Helena —me sincero con ella sabiendo que me sonreirá, felicitará y se alegrará por mí. En realidad no es amor, es... no sé, como una nacesidad de querer a alguien, y entonces ese alguien se convierte en mi punto de apoyo donde dirijo mis sentimientos, aun que ni siquiera hable con esa persona. Es muy raro.

—¡¿Al iguaaal? —pregunta como si fuera imposible.

—No finjas, se que lo habías notado.

Ella me mira desaprobatoriamente y me niega con la cabeza.

—Deberías haberme seguido el rollo —dice actuando como si estuviera disgustada—. Es guapa —asegura después—. Pero muy creída.

—Quizás…

—¿Por qué te gusta?

La verdad es que siempre he querido que alguien me pregunte eso, porque tengo una de esas explicaciones en mi interior de las que creo que nadie se merece oír, pero con Tiara… ella es diferente, ¿no? Seguro que me entenderá. La he estado observando. No es que sea muy popular en nuestro curso, y no es de las "Super guays" en mi clase, pero sí que es muy querida por todos, y un montón de chicas le piden consejo, asegurándole que cómo ella no hay nadie, porque sabe ponerse en el pellejo de todo el mundo. Decido darle mi voto de confianza. Se lo diré.

—Verás, ¿no tienes tú esa necesidad de estar enamorado de alguien aun que en realidad no lo estés tanto, tan solo porque el depender de esa persona, el tener alguien por el que luchar y alguien en quien depositar tus sentimientos, te hace más completo?

Al fin lo he soltado, mirando al suelo, no he podido evitarlo, pero me siento aligerado. Al menos hasta que poso mi vista en sus ojos castaños de círculos más claros en la pupila y más oscuros en la orilla del iris, y noto como me mira como si fuera una especie de bicho al que aplastar. Entonces, como siempre, me arrepiento de haber abierto la boca.

Debería habérmelo imaginado. Las personas que comprenden todos los sentimientos no existen.

—Sé de qué me hablas —contesta al fin, haciendo que la mire con esperanzas que ya se habían hundido—. Pero me parece penoso.

Abro los ojos como platos. Me ha dicho que soy penoso y se ha quedado tan fresca. Voy mejorando a cada amiga que escojo.

—Déjalo, no me entiendes.

—Piensa bien lo que dices, Hugo. Está bien enamorarse, es precioso. Pero que tontos encaprichamientos sean tu razón de vivir, es muy triste.

La miro reflexionando en sus palabras.

—Tío, nadie te pide que encuentres una razón para vivir tan pronto. Tampoco debes pedírtelo tú, eso es algo que tiene que venir. Si lo buscas ¿qué gracia tiene? ¿No lo hace forzoso? Tenemos dieciséis años, busca cosas que te hagan feliz, amigos, un hobbie, lo que sea… y céntrate en ellas. Ya encontraras una chica por la que dar tu vida. En serio, no bases tu vida en sentimientos falsos, menos aún por Helena, no te merece, eres demasiado bueno.

Tiene toda la razón, pero como he oído por ahí: "La verdad duele, la duda tortura y la mentira mata". Yo, que estoy en la primera fase, me siento realmente mal, pero no es arrepentimiento, sino como si sintiera pena por mí mismo. Siento que ha dicho las palabras correctas, las que siempre he necesitado oír.

Y todo cobra sentido.


*Un poco de publi:

Si te ha gustado la narración, ¡pasate por mi otro fic! Diente de león. Son muy diferentes, ¡pero la escritora es la misma!

Nos vemos, gracias por leer :D