El tren es un gusano negro deslizandose por la inmensa alfombra amarillenta del desierto. De a ratos su chimenea suelta un negro penacho de humo. Viene de Orán y su meta final es Sibi Bel Abbés. Y sus ruedas enloquecidas encienden chispas sobre las vias.

El viaje ha sido largo, demoledor. Pero los hombres en los vagones parecen no sentir el cansancio.

El tren cabecea sobre los rieles mientras el ardiente viento del desierto se cuela por las ventanillas con sus cortantes filos de arenisca latigueando en el rostro impertérrito de Elisha.

Iba en uno de los asientos del cuarto vagon, junto a la ventana. A su alrededor solo hombres se alzaban en cada asiento, incluso a su lado. Muchos tenian ropas normales, otros de legionario… Todos dejaban el pasado atrás y se encaminaban hacia un futuro incierto de muerte y sangre.

La muchacha llevo los ojos jades hacia el frente, dos asientos mas adelante. Dos hombres hablaban y reian entre ellos, parecian compañeros, ambos legionarios.

Uno de ellos se levanto y camino hacia ella, mirandole en todo momento con una sonrisa cruzando su rostro.

— Oye tu, linda. Con mi amigo ahí atrás estabamos charlando de ti y me parecio muy desubicado no saber tu nombre. ¿Nos lo dirias?

Ella clavo sus ojos como quien clava un arpon en los oscuros del hombre y contesto.

— Elisha.

— Elisha, Elisha. Yo soy Gabin y mi otro idiota compañero se llama Latour.

—¿Latour no es un apellido?

—Bingo querida. A decir verdad no me acuerdo el nombre.

El legionario Gabin observo al hombre sentado junto a ella. Tenia la boca abierta y un hedor a podrido salia de su boca. Estaba durmiendo, tal vez soñando con bailarinas desnudas.

Basto una fuerte sacudida y un golpe en la cabeza para retirar al acompañante y robarle el asiento.

—Despampanante manera de demostrar que tu cerebro tiene el tamaño de un mani.

Gabin echo a reir y acomodo su brazo por detrás de la nuca de ella. En la otra mano tenia una botella de licor.

—Sera raro ver a una mujer entre los hombres y mas alla en el cuartel. ¿Te confundiste de tren, no es asi?

—No.

—Una chica de pocas palabras, esta bien. Me gustan asi. Pero dudo que una chica de pocas palabras no tenga un buen motivo como para prestar servicio en el batallon mas bravo del mundo.

—Crei que los mas bravos del mundo no eran tan curiosos. Que solo se limitaban a asentir con sus cabezas y cumplir ordenes.

—Auch. Eres cruel, Elisha.

Gabin observo un pequeño botiquín que la muchacha llevaba entre sus manos, sobre sus piernas. Le guiño un ojo y una sonrisa cruzo su rostro.

—Ya veo. Asistente medica o algo asi, ¿no? Ojala que tengas guantes, amor, porque me duele en zonas no muy higienicas.

El otro compañero de pronto se levanto de su asiento. El tal Latour. Llevaba una densa barba negra sobre su rostro, bastante desaliñada.

—¿Qué ocurre, Latour? ¿Te estas meando?

Pregunto Gabin a su compañero de asiento.

—Me parecio ver algo en las dunas…

—El sol te hace delirar, viejo.

Las ruedas cabalgan sobre los rieles. Acercan el convoy al inexorable punto en que el desierto no arrojara sus dados cargados de tragedia.

El maquinista manotea la palanca de freno. Hay una lluvia de chispas sobre el metal torturado de los rieles. Un chillido de agonia, casi un grito.

El tren se sacudio como un acordeón hacia delante. Todos se quejaron y varios molestos se levantaron de sus asientos con maldiciones en varios idiomas. Elisha, por su parte, se sujeto un poco la cabeza, habia golpeado contra el asiento.

—¡Maldicion!

—¿Qué diablos?

Gabin se levanto enfadado alzando la botella rota que le habia ocasionado esa maniobra tan repentina del tren.

—Estrangulare al maquinista… ¡Mi preciosa botella!

Latour le hace una seña de silencio, se oyen voces a la lejania.

Y de pronto las dunas se coronan de guerreros. El sol arranca destellos en la masa aullante que se lanza ladera abajo.

—¡Mierda! ¡Es una trampa! ¡Fuego!

Y tras la seca orden, los fusiles Lebel crepitan su mensaje de plomo en las ventanillas.

—¡Sigan disparando, malditos sean!

Elisha con un grito se escabulle entre los asientos, junta rodillas en su pecho y se tapa los oidos. Los cartuchos vacios caian a su alrededor.

La primera linea de atacantes es arrasada pero algunos logran llegar. Gritos y disparos se mezclan con furia.

Un hombre rubio, enorme en sus condiciones fisicas, tiro del delicado brazo de Elisha hacia fuera de los asientos. Ella le miro a los ojos, esos ojos aguamarinos que se perdio en la marea multicolor de lo que sucedia a su alrededor.

—Quedate quieta y no levantes la cabeza, nos retiramos al tercer vagon.

Ella solo acepto, manteniendo la cabeza gacha, viendo cuerpos en el piso, de legionarios y otro tipo de gente cubierta de mantos negros y blancos. Oia gritos y pedidos de auxilio entre la maquinaria.

Finalmente el corredor torturador termino y se encontro en el resguardo al lado del coloso rubio que la protegia.

—Al fin, se han retirado.

Dijo una voz que no logro distinguir entre los hombres. Y de pronto un coro de voces grito unanime.

—¡Los hemos vencido, viva la legion!

—No se contenten demasiado. Este es el primer acto solamente.

Ahí si reconocio la voz. Un acento vulgar, tal vez frances, no lo sabia. El tal Latour.

—Casi te matan viejo. – Dijo Gabin, mirando a su compañero, André Latour.

—No puedo morir sin cumplir un objetivo que me quedo pendiente… - Le clavo los ojos y un rayo fulminante nacio de sus oscuros orbes hacia Gabin.

Elisha adivino eso pero no dijo nada. ¿Qué diria de todas formas? Alli solo era una mujer en un mundo temible de hombres.

—¿Algun teniente vivo?

Pregunto una voz entre el resto. Todos callaron y abrieron paso al hombre que caminaba entre los legionarios.

—Veo que tendremos que arreglárnoslas sin ellos. Soy el sargento Arbest para lo que no me conozcan y para los que me conocen quiero que sepan que sere sincero. Estamos en un lio. Estamos atrapados. Tenemos doce bajas y ocho heridos… ¿Alguna idea?

Hay preocupación en los rostros. Y nadie se toma el trabajo de ocultarla.

—Si puedieramos sacar esas piedras…

—Podemos hacerlo. Trabajando duro hasta el amanecer.

—Quiero que repartan los fusiles a los que aun pueden disparar. Y quiero cuatro hombres en… un momento, ¿Qué rayos hace esa mujer aquí?

Todos los rostros voltearon lentamente hacia la silueta estupefacta de Elisha. Observaron sus hermosos y transparentes ojos verdes y su delicado y perfecto cabello de oro que bajaba con bucles recien hechos. A su lado, el coloso que la habia salvado carraspeó la garganta.

—Puedo responder por ella. Se llama Elisha y va al fuerte para ser asistente de medico. Supongo que fueron ordenes del coronel.

La mujer atino a sentir frente a todas las miradas intimidantes que la rodeaban.

El sargento Arbest gruño ante la respuesta y se encogio de hombros.

—Si fueron ordenes del coronel… que mas da. Denle un lebel a la muchacha, espero que sepa disparar.

El gigante a su lado le entrego un rifle con sangre. La tierna sonrisa le tranquilizo unos momentos.

—Gra…gracias…

—No me agradezcas, una mujer en apuros no se ve siempre por estos lados. Tuve que lucirme.

—No se tu nombre…

—Smith. Legionario Smith.

Beso la palida piel y la sintio suave como la seda. Elisha se sonrojo.

—Bueno… yo soy, ya lo sabes…

—Escuche la conversación que tuvo con mi compañero Gabin. Lamento pecar de curioso pero no me resisti al saber el nombre de la bella dama que tenia enfrente mio.

Elisha al ponerse nerviosa hablaba de mas y entrecortadamente, no era para menos en una situación asi.

—Gabin, si… creo que su compañero Latour no le cae muy bien que digamos… no es que me interese, pero lo note…

—Oh, un detalle curioso. Somos muchos hombres en las compañias y supongo que uno no puede llevarse bien con todos, pero ahora que lo mencionas… bueno, no quiero entrar en detalles, pero todos tenemos una historia. No veo la hora de que podamos charlar en una situación mas informal.

Smith dio un taconazo en su lugar y se despidio de ella. Elisha se quedo en silencio, con un mar de pensamientos pasar por su cabeza.


Ya era de noche y en el vagon principal, el sargento Arbest se reunia con algunos de los legionarios para formar una estrategia. Se hizo un silencio de hielo cuando hizo la pregunta.

—¿Quiénes son los voluntarios?

Uno a uno los hombres intercambiaron miradas. Parecia ser que Smith iba a ser el primero en hablar pero Gabin le saco la palabra de los labios.

—Yo señor. Quiero que me den una medalla heroica luego de esto.

—Gabin, sabes que no hay posibilidades de que vuelvas…

—Sargento, ni el diablo mismo me querria en sus aposentos… soy insoportable.

—Yo tambien ire señor.

Todos giraron hacia Latour.

—Gabin y André entonces. Mañana al alba comenzara su tarea, les sugiero descansar ahora que pueden.

Un estampido de botas en el vagon y los legionarios partieron cada uno a su tarea. La mayoria estaba afuera en las vias sacando las rocas que obstaculizaban.

—¿Por qué aceptaste venir conmigo, Latour?

—Digamos que no quiero que te maten…

—Eso es algo muy tierno de tu parte.


Elisha, la muchacha enrolada en Paris, escruto las sombras. Todo era nuevo para ella. Las tinieblas fantasmales del desierto eran un velo impenetrable.

Sintio unos pasos acercársele por la izquierda y apunto con su Lebel (o al menos como sabia hacerlo) hacia esa direccion.

—¿Quién anda ahí?

—Tranquila, bleu. Soy yo, Gabin…

—Oh, lo siento… no te reconoci. Con esta oscuridad y esos demonios acechando ahí cerca…

—Manten los ojos abiertos, chica.

—Que es eso… ¿Qué es eso de Bleu?

—Nada formal, asi les llamamos a los novatos, a los nuevos… o en tu caso, a las nuevas.

—¿Y que plan tienen para sacarnos de esta?

Gabin tardo en replicar. La eterna luz burlona de sus ojos se habian congelado.

—Todo esta en orden. Ten calma… mañana saldremos todos juntos.


Ya amanece. Los legionarios han quitado las piedras y el silbato de la locomotora sacude el desierto. Una negra columna de humo escapa de la chimenea y el monstruo de hierro se pone en marcha.

—¡Adelante! ¡Adelante!

Y de pronto ya llega el tropel de cascos. Hay revuelo de mantos en la montaña de arena.

—Oh dios mio ¡ahí vienen! . –grito aterrada Elisha, viendo por la ventana como los jinetes se lanzaban a galope.

—Tenemos el elemento sorpresa…

Dijo el sargento, rezando para que funcione.

Una explosion sacudio el desierto y los jinetes son barridos por completo. Otra explosion, y otra. El caos cunde entre los arabes.

Y entre la humareda aparecen las siluetas de Gabin y Latour, ensangrentadas, erizadas de bayonetas.

La locomotora sigue a toda velocidad. No se detendran a por ellos, ya lo sabian y lo comprendian.

—Con algo de suerte podran regresar al fuerte a pie…

Dijo un legionario entre el silencio. Nadie dijo mas nada.

Y Elisha contemplaba el campo de batalla. Hay algo de simbolo en su rostro tiznado por la polvora. Y comprenden que es mucho el trabajo el que le espera… pero aquí esta. Este es el desierto en donde se esconde su padre y las dunas parecen saludarla con un mil remolinos.

Comentarios del autor: Gracias desde ya a la usuaria "AngelElisha" de Fanfiction por dejarme usar su nombre/nick para el uso de esta historia.

Bien ¿que decir al respecto? Antes que nada nunca fui bueno para los comentarios finales pero siempre quedan bien para darle un cierre mas simpatico a la historia.

En fin, respecto a la historia, primer capitulo, nada relevante. Elisha se topara con cientos de hombres que de un dia a otro pueden desaparecer porque asi lo requiere el destino. Son legionarios despues de todo, gente que muere en semanas, dias o incluso meses. Les aconsejo no encariñarse demasiado con los personajes ya que podrian sentirse un poco mal cuando este no este mas en la historia. Solo eso, espero que le den una oportunidad ya que bien esto empezo un poco flojito, el segundo cap sera mas movido. Gracias y adios.