Capítulo 1

Ya son mas de las siete de la mañana, un par de chiquillos, un niño y una niña, seguían acostados en la cama que compartían, ninguno daba señales de despertar pronto. Una persona entró a su habitación, tomó de las sabanas y se las quitó bruscamente, los pequeños tuvieron que abrazarse para no sentir frío, frío que anunciaba el invierno.

-Es hora de levantarse o llegaran tarde a la escuela.

-Ya papá, hoy no queremos ir –Dijeron al mismo tiempo.

-Miguel, Miriam dejen de comportarse como niños.

-Por si no te das cuenta aun somos niños –Respondió el mayor.

-Cuando les conviene son niños, ¿verdad? –Ambos rieron por lo bajo –Si así son a los diez no me los quiero imaginar a los catorce.

-¿Entonces yo seguiré siendo un angelito a mis trece?- Le miró dulcemente la niña.

-Lo dudo, se llevarán un año, pero son un tormento juntos –Suspiró derrotado –Vístanse, su madre los llevará a la escuela.

-De acuerdo –Dijeron resignados. Tratar con su padre era una cosa, pero con la madre era muy diferente.

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-Hermana te veo más tarde- Se despidió de ella dándole un beso en la mejilla para después marcharse a su salón.

-Si hermano- Susurró. Una de sus amigas la abrazó por detrás.

-¡¿Qué tal Miriam?- Gritó enérgicamente una amiga suya.

-Hola Sarahí- Saludó. De camino a su salón Sarahí no pudo mantener su boca cerrada hablando de quien sabe que, ella no le prestaba atención pues no decía algo que fuera realmente importante.

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-Te veo mañana Miriam- Se despidió con una gran sonrisa en su rostro.

El día había pasado muy rápido para aquellos niños, así deseaba la pequeña en particular. Le encantaba estar con su hermano mayor, a pesar de que iban a la misma escuela se les tenía prohibido interactuar con los de grados menores, por lo tanto tenia que esperarse a la salida para volver a verlo.

-Hermana- Oyó gritar enfrente, entornó la vista hacia donde había escuchado aquella voz -Hermana- Volvió a insistir, pero aun no conseguía verlo.

-¿Donde estas?- Preguntó dando media vuelta para buscarlo del otro lado.

-Por aquí tontuela- Se escuchó divertido detrás de ella -¿No me viste cuando de llamé?

-Perdón, creo que mi vista me está fallando un poco- Rió nerviosa -¿Nos vamos?- Dijo abrazándolo del hombro. Él asintió y juntos, en esa posición, se marcharon rumbo a su casa.

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-¡Ya llegamos!- Dijeron al unísono, parecía que nadie se encontraba en casa porque no hubo respuesta. Fueron a la cocina, su madre siempre dejaba algún recado en el refrigerador.

'Fui por leche'. Era lo que tenía escrito la nota. Se miraron, tenían la casa para ellos solos por un buen rato ya que la "leche" tardaría en prepararse. Ese día era el aniversario de bodas de sus padres.

-¿Qué quieres hacer primero?- Dijo emocionado el mayor.

-Qué tal jugarle una broma a la señora de los gatos- Respondió igual de inquieta.

-O mejor a la vecina.

-O a las dos.

-¡¿Qué estamos esperando entonces?- Los dos se fueron corriendo a su habitación por las cosas necesarias. Salieron de ella con una armadura de almohadas para la niña y un uniforme de Hokkie para el mocoso. Se miraron y sonrieron maliciosamente, hoy sería un día pesado para las señoras.

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-Demonios, la señora fue muy lista esta vez.

-Pues claro, llevo dos años seguidos de pura travesura suya, cuando lleguen sus padres les irá como en feria.

-Lo sentimos señora Gómez, ¿podría perdonarnos esta vez? –Miriam puso la cara mas linda que pudo, pareciendo que funcionaria pues el semblante de la señora se relajó un poco.

-Bien, pero a cambio irán a cortar el pasto de mi casa durante este fin de semana.

-Es un trato- Ambos salieron del agarre de la señora y se dirigieron a sus habitaciones.

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-Fue muy divertido lo de hoy, aunque o es mi imaginación o la vieja esa a estado entrenando a sus gatos para atacarnos.

-Creo que lo segundo, me duele mucho mi brazo- Se quejó la niña sobándose pausadamente, su hermano le tomo del brazo suavemente para untarle alcohol en la herida provocada por las uñas de los gatos que atacaron a su hermana.

-Así estarás mejor- Le puso un curita de Hello Kitty.

-Gracias- Se quedó mirando el dibujo, cosa que le fastidió un poco –Hermano sabes que a mi no me gusta Hello Kitty.

-Lo siento, se me acabaron los de Wish.

-De acuerdo, pero en compensación quiero algo.

-¿Qué cosa?

-Cómprame unas papas fritas y un refresco- Le sonrió, Miguel solo rodó los ojos con fastidio y se dirigió a la tienda –Gracias.

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-Siempre hace lo mismo, en su vida me ha dado algo de aprecio- Se dijo a si mismo –Pero hay un Dios que todo lo ve –En ese momento el encargado de la tienda se lo quedo mirando extraño –Lo de siempre Memo.

-Aquí tienes- El sujeto, no mayor a los 19 años, le entregó exactamente lo que su hermana quería –También una barra de chocolate, a ver si con eso se calma si quiera una semana.

-Gracias- Pagó y se fue.

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-Hermana aquí tienes lo tuyo- No tubo respuesta alguna –Tengo chocolate –Sabia que eso llamaría la atención de su hermana, se lamentó por esa idea porque la niña había salido del cuarto de baño DESNUDA, se había metido a bañar. En cuanto su hermana calló en cuenta de su estado, abofeteó a su hermano obligándolo a salir no sin antes arrebatarle sus golosinas.

-Gracias, en un momento me cambio- Escuchó del otro lado de la puerta, su voz sonaba algo nerviosa y avergonzada.

-Lo siento.

-No importa, no lo sabias- Por fin se oía un poco mas relajada. Pasó un momento antes de que la puerta se abriera -¿Quieres?- Le ofreció de su fritanga, su hermano aceptó con gusto.

-¿Qué hacemos ahora?

-No tengo idea, creo que ya hicimos bastante por hoy.

-Pienso igual, vamos a la sala a ver la tele.

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-Estoy mega aburrido- La niña se encontraba de patas arriba en el sillón, su hermano solo tenia su cabeza recargada en una ce las esquinas del mueble.

-¿Creo que no volverán en toda la noche?

-¿Qué crees que hagan en su aniversario?

-No se y no creo que me interese- Fijó su vista en el reloj de pared, eran ya casi las doce –Será mejor ir a dormir, mañana hay escuela.

-¿Quién eres y que le hiciste a mi hermano?- Lo miró de forma acusadora.

-Tengo sueño… como quieras yo me voy a la cama- Bostezó y se fue.

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Ya era de noche, alrededor de la una. Ambos descansaban tranquilamente, pero de un momento a otro la niña se levantó tomando un gato de peluche en sus brazos y se dirigió a la cama del otro, le movió para despertarlo solo que al no conseguirlo decidió acostarse a un lado suyo.

-¿Otra pesadilla?- Dijo su hermano somnoliento

-Aja.

-Ven acá- Alzó su brazo, ella se acomodo frente a él y este terminó por acercarla más en un abrazo -¿Te sientes mejor?- La niña asintió –Bien, a dormir.

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De mañana, tenían que ir a la escuela y eso era lo que mas odiaban, de suerte era fin de semana por que de lo contrario aunque fuera su madre a despertarlos ellos harían una trinchera con tal de no ir. Milagrosamente Miriam se levantó a la hora debida, lo primero que vio fue a su hermano muy cerca de su rostro, ella lo veía de forma adorable, quería mucho a su hermano.

-Miguel- Dijo su nombre antes de acercar su rostro completamente al de él, dándole un inocente beso en los labios.

-Miriam ahora no, es temprano- Se separó un poco abriendo los ojos, solo que al ver la cara que ponía la niña no pudo evitar enternecerse –Bueno, solo uno y ya.

-Si hermano- Sonriente le dio otro beso. Después se levantaron para alistarse e ir a la escuela, su madre los esperaba afuera del carro.

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-¡Hola Miriam!-Volvió a saludarla su amiga Sarahí como de costumbre, un gran abrazo y un grito en el oído -¿Qué tal te fue en la tarde?

-Como de costumbre, ¿y a ti?

-Sin nada que reportar, por cierto mañana es el cumpleaños de Ana, ¿iras a la fiesta?- Preguntó muy curiosa.

-No lo se, es que no le he comprado un regalo- Rió nerviosa.

-Mala amiga- Recibió un zape por eso.

-Mejor vamos al salón o la maestra las traerá contra nosotras de nuevo.

-No sería así se no me obligaras a esperarte y si te levantaras mas temprano- La miró con reproche, recibió otro zape.

A lo lejos su hermano y un amigo suyo miraban divertidos la escena montada por las niñas.

-Te tengo envidia Miguel, tienes una linda hermana.

-Claro, aunque también es un fastidio tenerla a un lado.

-¿Por qué?

-Es como todas las hermanas menores, siempre quieren que las mimen y ella tiene una forma muy particular para eso.

-¿Y cual es?

-Mejor no lo sepas- Sonrió. Poco rato después sonó la campana indicando el inicio de clases.

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-Hermano ¿me compañas a comprar algo?

-¿Por qué no le pides a mamá que lo haga?

-Es que yo quiero ir contigo ¿si?- Le suplicó colgándose de su cuello, estuvo así un buen rato hasta que el mayor no pudo seguir aguantando el peso y calló al suelo con su hermana encima -¿Lo harás?

-Ya que, dile a papá que nos lleve.

-¡Viva!- Se fue corriendo al cuarto de sus padres.

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-Bien aquí tienen algo de dinero, los estaré esperando en electrodomésticos- Habló el hombre mayor antes de separarse de sus hijos.

-Bien vamos primero a…

-Nada de eso hermana, es para tu amiga no para ti ¿entendiste?

-Bien- Dijo decepcionada por que la hubieran descubierto –Vamos a la tienda de música.

-Así está mejor- Ambos fueron a la tienda tomados de la mano.

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-¿Me traerás unos dulces de la fiesta?

-¿No quieres venir?- Respondió con otra pregunta.

-No tengo ganas, siempre me usas para huir de ese tipo… ¿Cómo se llama?

-¿Ignacio?

-Eso- Chasqueó los dedos indicando que estaba en lo correcto –Por eso no quiero ir- Se recostó en el sillón dispuesto a leer una historieta.

-Pero… pero seré una niña buena esta vez.

-Eso siempre dices- Ni siquiera se molestó a verla, estaba demasiado concentrado leyendo –Y jamás cumples tu palabra, ¿Qué me hace creer que esta vez será diferente?

-Te daré algo especial.

-Sea lo que sea no me interesa.

-¿De verdad?, sabes que puedo ser muy persuasiva- Por un momento despegó su vista de la historieta.

-¿Qué tienes para ofrecerme?

-Eso lo sabrás si me acompañas.

-Detesto cuando haces eso – Volvió a tomar la revista para leer nuevamente – Esta bien, iré.

-Será muy divertido.

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-¡Miguel ayuda!- Gritaba Miriam siendo perseguida de un niño que tenía varios insectos y lodo en sus manos. El aludido dejó pasar a su hermana, pero cuando el otro estaba justo a su lado Miguel le puso el pie haciendo que tropezara.

-Como te gusta fastidiar a mi hermana- Lo miró seriamente.

-¡Ella inicio!

-Si te creo mucho- Respondió con sarcasmo, tomó a su hermana de la mano y se alejaron de él -¿Es cierto?

-¿Qué cosa?

-Que tu empezaste- Miriam se quedó callada, parecía que era cierto -¿Qué le hiciste?

-Esta vez solo le llené la cara con pastel y un poco de refresco.

-Típico de ti- Se la quedó mirando, la niña creía que la veía con reproche.

-Lo siento- Bajó la cabeza apenada.

-¿Por qué?

-Estuvo mal lo que hice, pero ese… ese… huff me pone furiosa solo con verlo.

-Ya me imaginaré por que- Se agachó un poco para limpiarle la falda de su vestido, ensuciada con algo de tierra –El pastel fue bueno y el refresco es tu estilo, pero yo esperaba otra cosa, algo como gelatina en sus pantalones o hielo dentro de su playera- Intercambiaron miradas de complicidad. Miriam se aferró a su brazo y no se separaron por el resto de la fiesta.

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-Mentirosa.

-Para nada, te tengo tu regalo en el cuarto así que vamos juntos –Lo tomó del brazo y lo jaló a la planta alta de la casa.

-¿Y bien, que es?- Preguntó impaciente.

-Cierra los ojos y no hagas trampa- Cuando se cercioró de que no podía ver nada fue corriendo al armario de donde sacó una caja –Ya puedes abrirlos.

-No puede ser- Se quedó estático viendo el pequeño objeto que sostenía su hermana –Es imposible.

-No lo es- Le sonrió destapando la cajita –Te presento nada mas y nada menos que el disco de edición limitada de Gorillaz –Miguel gritó de la emoción.

-¿Pero como?- No podía salir de su asombro.

-Se lo cambie a Ignacio.

-Pero si tu lo odias, ¿Qué le diste?- Preguntó no muy convencido.

-Eso es un secreto- Puso su dedo en los labios y le guiñó el ojo.

-Como sea, muchas gracias hermanita- Le dio un beso en la frente y otro en la mejilla –Eres la mejor hermana que deseara tener.

-Gracias, ¿me darás otro por eso?

-Pequeña golosa- Tomó suavemente su rostro y le plantó un suave beso en sus pequeños labios –Así es como te quiero.