Bien, este es un cuento que escribí y me gustaría compartir con ustedes. Como verán un poco más abajo, tiene dedicatoria. Dividiré el cuento en tres partes, ya que considero que está un poco largo y resulta muy cansado leerlo todo. Espero lo disfruten tanto como yo al escribirlo, porque finalmente, la fantasía es el lugar donde todo puede ocurrir.

Dedicado a Marco
porque la fantasía es el único lugar
en el que puedo amarte sin ningún problema.

Emergencia de amor (1° parte)

Me encontraba sentado en la cafetería, el mismo lugar donde hacía solo dos días le había entregado una carta de amor a Marco, el chico que me volvía loco. Bueno, no sabía si lo que había hecho entraba en la definición de entregar. Lo único que había hecho era depositar el sobre la mesa en la que él estaba comiendo mientras murmuraba un leve "para ti", casi inaudible. Él solamente me había mirado durante un momento sin mudar la expresión de indiferencia que normalmente llevaba sobre su rostro, pero aquello había bastado para que me pusiera extremadamente nervioso.

¿Cómo era posible que me ocurriera aquello? ¿Cómo podía estar condenadamente enamorado de un chico que no daba la menor señal de corresponderme? ¿Cómo podía sentir algo tan fuerte por un chico del que realmente no sabía nada? Y sin embargo, así era, cada vez que lo veía sentía que mi mundo se ponía de cabeza, mi corazón se aceleraba y mi respiración comenzaba a trabajar de forma intermitente. No estaba seguro si quería correr hacia él o lejos de él. Lo único que sabía es que la sola idea de pensar en él me arrancaba una sonrisa sin poderlo evitar.

Y pensando en él se apareció. Iba una vez más a la cafetería. ¿Acaso me esperaba otra cosa? Bueno, en cierta manera esperaba que quizás él decidiría comer fuera de la escuela. No obstante, sabía que era muy probable, casi seguro, que él fuera a la cafetería, o de lo contrario yo no hubiera acudido al lugar. Quería verlo nuevamente. En cierto aspecto él se estaba convirtiendo para mí en una adicción, una poderosa adicción.

¿Él realmente habría leído mi carta? Nada me aseguraba que realmente lo hubiera hecho. Quizás él simplemente se había retirado de la cafetería sin dignarse a echar una mirada al sobre que le había dejado. Eso iría muy bien con la actitud que había notado de él siempre que había intentado acercármele.

Él entró en la cafetería y yo clavé la mirada sobre mi mesa. Me moría por verlo, pero también sabía que si él llegaba a voltear hacia donde yo me encontraba retiraría rápidamente la vista. Lástima que Lula no se encontraba conmigo, ya que así no tenía nada con que entretenerme. Bueno, traía unas copias que debía leer para una de mis asignaturas, pero dudaba poder concentrarme en ellas sabiendo que él estaría cerca de mí.

Voltearía a ver cuando estuviera seguro que él fuera de salida, ya que normalmente se iba a sentar a las mesas que se encontraban fuera de la cafetería. Se tardaría un poco, porque siempre pedía la comida corrida y se tardaba entre lo que le servían y él elegía el plato fuerte y el sabor del agua.

Estaba pensando en eso, cuando alguien se detuvo junto a la silla que se encontraba justamente frente a mí. Levanté la mirada extrañado, para llevarme la gran sorpresa que se trataba de él. Era él, de pie ahí como si se tratara de una aparición divina con sus bellos ojos y su hermoso tono de piel moreno. El aire salió de mi interior con fuerza, ya que sentí como si me acabaran de dar un golpe justo en el estómago. Sencillamente no podía ser cierto, él no podía estar cerca de mí. Quizás estaba soñando.

-Hola -me dijo él con un tono de voz que no estaba marcado por ninguna emoción, demostrándome que no se trataba de ningún sueño. Aquel tono iba muy bien con la actitud indiferente que solía mostrar al mundo. En mis sueños probablemente me habría dicho eso con una enorme sonrisa y con un tono de voz entre amoroso y seductor.

Intenté regresarle el saludo, pero entre que había perdido el aliento y mi corazón estaba palpitando como loco lo único que conseguí fue un sonido ininteligible del que prontamente me sentí avergonzado. Agaché la cabeza y no pude evitar llorar un poco. No fueron muchas lágrimas las que derramé, pero si se alcanzó alguna a derramar sobre mi mejilla.

Pensé que él se retiraría tras esa escena, pero en lugar de eso jaló la silla que se encontraba frente a mí y se sentó del otro lado de la mesa. Yo no podía creer aquello. Lo miré fijamente esperando que se desvaneciera, pero él se encargó rápidamente de mostrarme que era real. Sus labios se torcieron hacia arriba, en lo que parecía una sonrisa, aunque nunca había visto un movimiento que se pareciera menos a una sonrisa. Cualquiera que lo viera diría que no estaba acostumbrado a sonreír en lo más mínimo.

¿Qué debía hacer yo? ¿Quedarme ahí y seguir haciendo el oso frente a un chico que obviamente no sentía nada por mí o retirarme del lugar? La respuesta parecía obvia.

No obstante, parecía que él no quería dejarme ir sin más.

-Quiero hablar contigo -me dijo de manera brusca.

De repente me sentí extrañamente acalorado. Había algo en su voz, aparte de su aparente indiferencia, que hacía que mi corazón se acelerase y mi cuerpo temblara.

-¿Sobre...? -inquirí yo, queriendo preguntar "¿sobre qué quieres hablar?", pero el nudo que se me hizo en la garganta me lo impidió.

-Sobre tu carta -me respondió él concisamente.

Una nueva onda de calor recorrió mi ser. De repente me pareció que mi corazón quería salírseme del pecho, y sin lugar a dudas debía de tener el rostro de un encendido color rojo. Mi respiración se hizo más rápida, quizás en un intento de mi cuerpo de sofocar el calor que me recorría por dentro.

-¿Es verdad lo que me cuentas? -me preguntó él mientras yo volteaba a ver sus manos. Ver sus ojos no me ayudaría a tranquilizarme.

Aunque no estaba seguro que mirar sus manos solucionara el problema. Él las tenía puestas sobre un pequeño recipiente de plástico desechable con un sándwich dentro. En ese momento me di cuenta que aquella parte de su cuerpo también me gustaba, también tenía el potencial de volverme loco.

-¿Sientes una atracción sin igual por mí? -me cuestionó él.

¿Era necesario que me preguntara eso? ¿Acaso no podía ver lo que causaba en mí? ¿No veía como mi piel se encendía, mi respiración se ponía como loca y todo mi cuerpo se tensaba? ¿No se daba cuenta que no podía verlo directamente al rostro sin que comenzara a derretirme?

Él movió su mano, yo pensé que para abrir el recipiente en el que venía el sándwich que él había comprado. Sin embargo, su mano se dirigió hacia mi rostro, y antes de que pudiera reaccionar sus dedos me sostuvieron por la barbilla para obligarme a verlo directamente a los ojos. Mi cuerpo tembló con fuerza ante su roce, como si un volcán acabara de hacer explosión dentro de mí.

Sus ojos se clavaron en los míos. Sus ojos eran como un par de profundos pozos negros, insondables. No reflejaban ninguna clase de sentimiento por mí. Y aún así, una parte de mí quería perderse en ellos, convencida que debía haber algo al fondo de aquel chico que valiera la pena, la razón por la cual me volvía totalmente loco cada vez que lo veía.

No me di cuenta de en que momento él acercó su rostro al mío. Mi cerebro se hallaba desconectado, pero aún así hubo una vocecilla de alarma que me avisó antes de que pasara algo más.

-No, no -dije mientras negaba violentamente con la cabeza y me separaba de él, justo en el momento en que estaba a punto de darme un beso.

Las lágrimas se derramaban por mis mejillas, no sabía si porque había evitado lo que llevaba deseando desde el primer instante que lo vi o porque él se había atrevido a hacerlo aun cuando era obvio que no sentía nada por mí.

-¿Por qué haces esto Marco? -le pregunté. Necesitaba saber porqué él quería darme un beso, porque resultaba obvio que no era porque se muriera por mí de la misma manera que yo por él.

Él inclinó la cabeza hacia un lado. Aunque sus gestos no mostraban sorpresa o algo así, de repente era como si estuviera buscando una explicación a lo que yo estaba haciendo.

-Yo... -comenzó él, pero cambió su discurso a media frase. Lo noté, aunque me di cuenta que no hubiera sido nada sencillo para quien no estuviera tan al pendiente de sus labios y sus manos como lo estaba yo en ese momento-. Sus manos se habían cerrado ligeramente y después se habían relajado-. ¿No es eso lo que quieres?

Me sorprendí con su pregunta. ¡Por supuesto que lo quería!

-¿Lo que quiero? -le pregunté con voz aguda-. Me muero por simplemente verte. Es por eso que vengo aquí cada vez que tengo tiempo, con la esperanza de que quizás te llegue a ver.

Me imaginé a mí mismo como un mendigo que rechazara el alimento más delicioso que alguien le ofrecería en la vida. Sin embargo, aquella era precisamente la razón por la que debía negarme. Si seguía con la analogía del mendigo, si probaba ese platillo, el más suculento que había probado en mi vida sin posibilidad alguna de volverlo a probar, seguramente ningún otro plato me sabría igual. Todo lo que comiera posteriormente me parecería insípido.

-No entiendo – me dijo él.

-Un beso sería demasiado -le respondí mientras sonreía melancólicamente. Ahí estaba yo negándome a lo mejor que me habían ofrecido en la vida-. Ya me gustas demasiado con solo verte; cuando me tocaste sentí que me derretiría por eso. No soportaría un beso, porque nada volvería a ser lo mismo para mí.

Miré sus ojos insondables por un momento. Él me regresó la mirada sin problema.

-Y menos cuando es obvio que tú no sientes nada por mí -finalicé.

Nos sostuvimos la mirada el uno al otro durante un rato. Un deseo contradictorio recorría mi ser entero. Ansiaba estirar mi mano, tomar la suya, agachar mi cara sobre la mesa y besarlo. No obstante, también quería quedarme donde estaba y que él se retirara antes de que el primer deseo lograra ganar.

-Sigo sin entenderte -me confesó él mientras inclinaba su cabeza hacia el otro lado.

Tendría que explicarle con más detalle.

-Si me das un beso -le contesté mientras cerraba mis ojos para asegurarme que mi deseo por él no traicionaba mis palabras- jamás podré olvidarte. Te clavarás en mi mente y en mi corazón más de lo que ya estás. Y seré un estúpido enamorado eternamente de un chico que no siente nada por mí.

Por supuesto que en mi carta le había dado a entender que quería ser su amigo por lo menos. Sin embargo, como se lo había dicho en la misma carta, ¿realmente podíamos ser amigos con todo lo que él me hacía sentir? Quizás lo mejor sería cortar definitivamente cualquier clase de lazo posible o imaginario.

Llegar a esa conclusión me dolió, demasiado. ¿Por qué? ¿Por qué me mataba pensar en no volver a ver a aquel chico? No éramos nada, y sin embargo mi corazón se negaba a aceptar la idea de perderlo para siempre aunque nunca hubiera sido mío. Mis ojos se llenaban de lágrimas tan solo con creer que nunca volverían a verlo.

Pero no había otra salida. Antes de que pudiera pensarlo con detenimiento me puse de pie y recogí mi mochila con todas las cosas que tenía dentro y salí disparado hacia la puerta de la cafetería.

"¿Qué me sucede?" pensé mientras cruzaba el umbral de la cafetería. Mi primer deseo había sido que él se fuera, y ahora era yo quien se iba.

Disminuí un poco el paso, creyéndome a salvo. Sin embargo, una mano me tomó por el brazo mientras una voz que hacía temblar cada fibra de mi ser exclamaba:

-¡Espera!

-Suéltame -le pedí sin ganas de voltearlo a ver, sintiendo que las lágrimas estaban volviendo a mí. ¿Por qué tenía que hacerlo tan difícil para mí?

-¡No puedo hacerlo! -me dijo con fuerza, para inmediatamente después cambiar de idea-. Está bien, si podría hacerlo, pero necesito que me beses.

En esta ocasión si volteé a verlo. Su expresión seguía siendo insondable. ¿A qué se refería con el "necesito"? ¡Nadie se muere porque no lo bese alguien, y más si ese alguien no significa nada para ti!

-¿De qué estás hablando? -le pregunté sin poder evitar enojarme. Con su petición parecía querer burlarse de mí.

-Sólo bésame, por favor -me dijo él mientras me tomaba de los brazos y se plantaba frente a mí. La fuerza que transmitía era demasiada, y eso me empezaba a asustar.

-¡No Marco! -expresé intentando soltarme, pero realizar un verdadero esfuerzo-. ¿Qué acaso no lo entiendes?

¿Por qué se negaba a entender lo que aquello significaría para mí? ¿Acaso quería hacerlo para poder reírse de mi sufrimiento por el resto de la vida?

De pronto el aplicó más fuerza sobre mis brazos. Su rostro se estaba acercando al mío, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. No tenía la fuerza suficiente para quitarme sus brazos de encima. Me aterroricé. Quizás mis brazos estuvieran incapacitados, pero no así mis piernas.

La punta de mi zapato chocó contra su espinilla. Eso lo obligó finalmente a soltarme mientras se hacía un poco para atrás, pero no lo suficiente como para evitar la cachetada que tantas ganas tenía de darle.

-¿Cómo te atreves? -le pregunté realmente indignado.

-¡Por qué necesito un beso de amor si quiero volver a sentirme vivo! -me dijo él sin más.

Aquello me pareció increíble. Ahí estaba más de la basura del "necesito". Sin embargo, en aquel momento también sentí un pinchazo de duda. ¿A qué demonios se estaría refiriendo cuando había dicho que quería volverse a sentir vivo?

-Pues ve y busca a alguien por quien sientas algo -le contesté silenciando la duda en mi interior al mismo tiempo que me daba la vuelta.

-Ese es precisamente el problema -me respondió él mientras nuevamente me agarraba del brazo-. No puedo sentir nada.

Okey, estaba pinchando mi curiosidad nuevamente. En aquella ocasión me abstuve de golpearle, y volteé a verlo con interés. ¿A qué demonios se estaba refiriendo? ¿Sería una especie de cuento que se estaba inventando? ¿Por qué estaba dispuesto a llegar tan lejos solo por conseguir un beso mío?

-¿A qué te refieres? -le cuestioné.

Él pareció dudarlo por un momento, pero aparentemente al final decidió contarme la verdad.

-Una bruja me maldijo -me dijo-. Me embrujó para que fuera incapaz de experimentar cualquier clase de emoción o sentimiento hasta que no recibiera un beso de una persona que me amara.