Dedicado al monstruo que guardó mis fantasmas.

Gracias por todo lo malo que me diste, y me hizo crecer, aprender y, ante todo, vencer.


Querido desconocido.

Querido desconocido, hoy vagaban mis ojos por tus ondas invisibles, y la distorsión irreal que los nublaba se resistía a marcharse, impidiendo a mis pies tocar del todo el suelo. Con los ojos entrecerrados y la mirada entre fija y perdida en los últimos resquicios de fantasía, golpeaba la realidad mi frente llamándome a voces, y haciendo de tí una mera aura que ya no existe. Notaba como en lo más profundo de mi deseo infantil, la sombra de mi inocencia se aferraba a tu recuerdo clavando sus uñas en un pasado que murió junto con ella, y notaba como el yo que resurgió de aquellas cenizas de sueños rotos desechaba las opciones de algún tipo de retorno. Con los primeros signos del calor ahogando los recuerdos, notaba como un ciclo terminaba, al fín, y otro comenzaba de nuevo al compás de un nuevo círculo estacional. Desconocido fuiste, desconocido eres y desconocido serás, así por siempre, a no ser que, tal vez, la espiral de casualidades que cruzó nuestros caminos y los separó en un pestañeo de instantes decida jugar con nosotros de nuevo, moviéndonos como títeres hacia un destino no muy prometedor. Pero, para eso, un nuevo círculo tendrá que cerrarse, porque para éste que ahora se abre, dejando ver sus alas coloridas plagadas de buenas esperanzas, tú ya llegas demasiado tarde.