Diavolo Nuovo es una serie original de Producciones Gran Torre, este Film es una producción diagonal de la serie en cuestión, se prohíbe su reproducción o uso por terceros salvo para material de Fan Fics, Fan Arts y Juegos de Rol.

Pd

Si alguien hace un Rol de esto que me avisen para entrar XD.

Juegos Mentales

Serie: Diavolo Nuovo.

Género: Sátira religiosa/Film diagonal.

Fecha de inicio: 28/09/2011, 12:12 md.

Fecha de término: 13/05/2012, 1:39 pm.

Autora: Silvia Vega Gutiérrez, directora jefe de Producciones Gran Torre.

-o-

En medio de los barrizales un muchacho caminaba a paso veloz, la cabeza baja mirando hacia arriba solo lo suficiente para echar un vistazo antes de volver a concentrarse en sus pies, con el cabello rubio atado en una coleta corta, de ojos verdes, a pesar de su juventud tenía un aire maduro que le envejecía el semblante.

-Tranquilo Uriel- iba susurrándose a si mismo-deja el paquete y márchate…no debes hacer nada más… ¡Oh Cielos!

Un par de hombres habían iniciado una pelea sin razón aparente, la gente alrededor se agolpo para mirar sin hacer el propio de ayudar a nadie y azuzando incluso, Uriel sacudió la cabeza exasperado y se alejo tan rápido como pudo sin notar que su reacción había llamado la atención de otro muchacho con coleta pero de cabello negro que desde ese momento le fue siguiendo a distancia.

Entraron a un abarrotado mercadillo, Uriel se deslizaba como un fantasma entre la multitud en busca de alguien cuando se detuvo a pocos metros de un jovenzuelo con un morral que por allí andaba, lo miro brevemente antes de extraer de sus ropas un pequeño espejo de cristal oscuro, acercarse sin ser visto y deslizar el objeto en el morral justo antes de que el chico se alejara, suspiro aliviado y se retiro de la escena hasta encontrarse caminando en una calle solitaria.

-U.U un espejo negro para el joven Nostradamus, mi trabajo está hecho.

-¡Bien!- exclamaron a sus espaldas sobresaltándolo, Uriel giro automáticamente y quien sabe de dónde saco una lanza y apunto al cuello de su perseguidor, el chico de cabello negro y ojos rojos- ahora podemos charlar :)

-Aldered, casi me matas del susto.

-Te juro que no era mi intención, Uriel, aunque te recordaba más sereno.

-No se puede andar tranquilo entre los seres humanos- hizo desaparecer la lanza y reemprendió la marcha- el hombre es el animal de pesadilla más grotesco nunca creado, a veces me pregunto en qué pensaba Padre cuando los hizo.

-Quizás estaba enfermo…oye, ve más lento, ¿tienes que hacer otra encomienda?

-No, me voy a casa, mientras antes abandone este barrizal mejor.

-Oh, vamos, Uriel, nunca vienes y ya te vas, vamos a jugar ajedrez.

-No es apropiado, ni siquiera debería estar hablando contigo asique…-se detuvo pensándolo- ¿sabes jugar ajedrez?

-Y aprendí yo solito con un tablero que me robe, a que te gano.

Sonrió con descaro, Uriel se llevo una mano a la barbilla meditando la propuesta, había una muy buena razón por la cual él y Aldered no deberían de estar en el mismo sitio charlando y la razón era que pertenecían a mundos diferentes, realidades enfrentadas desde el principio de los tiempos.

Uriel era un arcángel, uno de los cuatro pilares de la fe en la tierra, inteligente y calculador, en el cielo era custodio de una Biblioteca que contenía todos los textos habidos y por haber, estaba muy por encima de sus hermanos al menos en lo intelectual pero era reservado, se guardaba sus conocimientos para cuando hicieran falta y nunca había tenido la ocasión ni la tentación de presumir sus habilidades, de hecho esa era quizás la sexta vez en su vida que tenía que bajar a la tierra a hacer algo y no por gusto si no porque se lo ordenaban, no le agradaban las personas, eran torpes y vulgares para sus altísimas expectativas.

Aldered por su parte era un demonio, por principio un demonio cualquiera que debía trabajar duro y luchar por su supervivencia, pero también era astuto, más que cualquiera que conociera exceptuando a Uriel y pasaba la mayor parte del tiempo en el Santuario Arcano, la Biblioteca del Infierno que contenía todos los textos perdidos del mundo, le gustaba probar cosas nuevas y aprendía todo con rapidez demostrando un formidable talento, se vanagloriaba de sus capacidades y no perdía chance para lucirse, a él le agradaban las personas pues eran fáciles de impresionar y podía obtener halagos de ellas en cuanto le apeteciera.

Se habían conocido accidentalmente muchos siglos atrás cuando una serie de circunstancias les llevo a utilizar a sus respectivos hermanos en una evaluación de campo que casi les cuesta la vida y el alma a todos, las cosas habían salido bien al final pero eso no los acerco, su amistad se basaba en un intercambio de literatura entre sus bibliotecas, bien pensado esta era la primera vez que se encontraban desde hacia muchísimo tiempo.

-No, no, no es correcto, me puedo meter en problemas.

-Por favor, es solo una partida de ajedrez, no va a cambiar tu vida si te venzo en un juego de mesa.

-En primer lugar las posibilidades de que me venzas son irrisorias, ni siquiera me molestare en calcularlas.

-Pruébalo entonces, un juego, si gano te tocara admitir que soy más listo que tu.

-Ni en un millón de años…yo juego las blancas.

Fueron a una taberna abierta cerca del mercado donde Aldered coloco su tablero en la mesa y sin más preámbulo empezaron a jugar, el ajedrez era el juego de los intelectuales que aburría al vulgo por su complejidad y lentitud pero en pocos minutos se junto un corro de curiosos en torno a la mesa pues los contendientes movían sus piezas a una velocidad inusitada, concentrados en su juego y al parecer inconscientes del publico a su alrededor.

Uriel se estaba divirtiendo y eso no le pasaba a menudo, sabia reconocer a una mente a su nivel cuando la encontraba y Aldered era sin duda un digno rival, calculo estar a un movimiento de la victoria cuando un grito de ayuda distrajo su atención y la de todos en la mesa.

-¡No, ayúdenme!

Al levantar la mirada vio que a poco menos de seis metros de ellos una joven se debatía con un sujeto que intentaba llevarse su bolsa, la mayoría volvió a mirar la partida como si aquello fuese normal pero Uriel no pudo ser insensible a las suplicas, tomo una pieza ya ganada y se levanto de la mesa.

-¿Qué haces?- le dijo Aldered- te toca.

-¡No ven que hay una persona en peligro!

-Si te vas me declarare ganador.

Uriel le dirigió una mirada furibunda, se planto en medio del mercado sondeando el escenario, canastos de basura, una polea atascada con un montón de pescados, un puesto de naranjas, en el momento en que el ladrón empujo a la chica, Uriel arrojo la pieza certeramente contra la polea, los pescados cayeron entre los canastos, un canasto salto golpeando el puesto y las naranjas cayeron al suelo rodando y haciendo tropezar al ladrón que ya emprendía la huida, Uriel cayó sobre este y lo sujeto con una llave contra el suelo.

-Lo lamento pero hoy no es tu día- dijo mientras le ataba los brazos con un trozo de cuerda- ¿se encuentra usted bien, señorita?

-Si…si, muchas gracias… ¿Cómo puedo pagarle?

-No la salve por una recompensa, lo hice porque era lo correcto, dejémoslo así.

La chica sonrió, se adelanto y le dio un beso en la mejilla antes de tomar su bolso y alejarse ruborizada, Uriel también quedo algo chocado pues era el primer gesto de afecto espontaneo que recibía desde su tierna infancia, entonces le empezaron a aplaudir y se levanto de un salto, ¿ahora que le pasaba a aquella gente?, si lo único que había hecho había sido evitar una injusticia, algo que cualquiera con dos dedos de frente debió intentar, sonrió a su pesar, era lindo que admiraran su esfuerzo.

-¡Bravo Uriel!- exclamo Aldered- vaya paladín resultaste, y la chica era bonita.

-Ya basta, solo la estaba ayudando, por cierto- se acerco al tablero e hizo su jugada- jaque mate, me voy de aquí.

-¿Qué?- se fijo en el tablero- ¿pero cómo diablos…?, ¡Oye Uriel!, ¿para dónde vas?

-Deja de seguirme, Aldered, he perdido demasiado tiempo.

-Escucha, acepto mi derrota como buen perdedor pero admite que te gusto lo demás, si hasta estas colorado.

-¿Lo estoy?, ¡Digo!, claro que no- se puso derecho sin dejar de caminar- soy un arcángel, es mi deber velar por la paz, la justicia y sobre todo la honradez, asique te contesto que no, no disfrute ser el centro de atención.

-Claaaaro…-caminaron en silencio un rato hasta que Uriel se detuvo de pronto.

-Muy bien, estoy mintiendo- lo miro- fue la mejor experiencia de mi vida, el centro de atención, Dios, nunca había sido el centro de nada y jamás me habían aplaudido ni besado ni…-carraspeo recuperando la compostura- pero como ya dije esto no se trata de mi si no de hacer lo correcto- Aldered soltó una carcajada.

-Siempre creí que los inteligentes eran buenos mentirosos, veo que no eres el caso, ¿Qué tal esta idea?, hay baile mañana por la noche, mantendré vigilada a tu damisela en apuros, veré si tienen una amiga y ya veremos qué pasa.

-No veremos nada, yo regreso al Cielo y de allí no voy a bajar hasta el próximo encargo- le dio la espalda-que espero sea hasta el próximo siglo.

-Como gustes, pero ¡Hey!- Uriel extendió dos amplias alas de plumas y se perdió en las alturas- ¡Si cambias de idea ve a prendiendo a bailar!

Para cuando Uriel estuvo de vuelta en el Cielo su disfraz había desaparecido, lucía una armadura con motivos verdes y una cruz dorada con su nombre grabado al cuello, respiro profundo, hizo aparecer su lanza y usándola como cayado se dirigió a la biblioteca mirando con aire nostálgico el paisaje.

-Bueno, Uriel, ya te divertiste-tenía el habito de hablar para sí, le era más fácil que hablar con otros- ahora da dos pasos atrás y regresa a tu vida de siempre…aprender a bailar- se rio para sí- debe estar demente…si sabe jugar ajedrez, me puso en apuros- en eso sonó una campana, conto los redobles y dio un respingo- ¿Las cinco?, cielos es tardísimo, no voy a llegar a la última misa.

Por dos segundos medito saltársela, total ya había perdido todas las del día, pero al final pensó que eso solo le sumaria faltas asique fue corriendo a la capilla, se deslizo entre los pilares e ignorando las miradas interrogantes se abrió camino hasta la primera banca donde estaban ya sus otros hermanos.

-Gabriel, dame paso- le susurro al menor.

-¿Dónde estabas?- pregunto este dejándole pasar para que estuviera entre Rafael y él según correspondía a su edad.

-Me demore nada más.

-Ssss- dijo Miguel al extremo de la fila, con las manos juntas en actitud de rezar, Uriel se persigno he hizo lo mismo.

La misa de cinco era un acto silencioso y nadie le importuno con preguntas hasta una hora después cuando se hallaban todos en el comedor, era habito que alguien leyera la biblia en voz alta mientras los demás comían y a Uriel le gustaba hacerlo para comer a solas después pero en esa ocasión Miguel se le adelanto, le entrego el libro a otro ángel y le indico tomar asiento, Uriel resoplo molesto, él y el arcángel rojo nunca se habían llevado muy bien.

-Te esperábamos para las once- le dijo sin dignarse a mirarlo.

-Sabes que tenía una encomienda, Miguel- replico, fingiendo que su plato de sopa era más interesante-no es como que me perdiera de algo.

-Ese no es el punto, ¿Qué te retraso?

-¿Has estado en Francia últimamente?, tienen un grave problema de sobrepoblación y a mí me envían en busca de un niño, habría sido mejor enviar a Gabriel.

-¿Y dejar que rompiera ese valiosos espejo?- Gabriel y Rafael estaban en medio de ellos, el primero cabizbajo y comiendo con rapidez.

-Entonces no me culpes, demore lo necesario para cumplir con mi misión…mastica despacio, Gabriel, te vas a ahogar.

-Lo- tocio- lo siento…

-No estoy culpándote de nada, tan solo digo que…

-Deberían probar el pan de miel- se metió Rafael, como hacia siempre que la conversación degeneraba en disputa, le dio una hogaza a cada quien.

-Gracias, Rafael.

-Gracias.

Pasaron el resto de la cena en medio de un tenso silencio solo interrumpido por algún comentario destinado a mantener la paz por medio de Rafael, a las ocho Uriel pudo finalmente entrar a la biblioteca, dar una mirada cariñosa a las miles de hileras de libros y seleccionar uno al azar para llevarlo a su dormitorio y dedicarle una hora o dos antes de ir a la cama, no se fijo en el titulo hasta a verse puesto cómodo.

-"Danzas folclóricas de…", ¿Qué cosa?- miro el libro de arriba abajo extrañado de a ver tomado uno de baile sin querer- pero si yo estaba en la sección de astronomía…Gabriel ¬¬, sus querubines estuvieron revolviendo mis libros otra vez…bueno, sería triste rechazarlo solo por eso.

Al día siguiente Rafael fue a la biblioteca a entregar una novela que había pedido para distraerse y no había recordado devolver hasta entonces, como no vio a Uriel en su habitual lugar frente al escritorio de la antesala pensó que estaría acomodando libros en medio de las estanterías, no quería molestarlo asique decidió poner el mismo la novela donde estaba pero al pasar por una sección abierta un ruido le detuvo, alguien tarareaba una canción, se asomo con curiosidad y para su asombro descubrió a Uriel no solo tarareando sino bailando con un perchero, el serio de Uriel bailando con un perchero.

-…parararara…rara...rara…-estaba muy concentrado, con un libro a manera de instructivo en una mano y el perchero en la otra-"hágale girar grácilmente…", tara…rarara… tienes pies ligeros, señorita…oh no, no fue nada, solo un patán se mantendría insensible ante…

-¿Qué estás haciendo?

-D: ¡Rafael!- dejo caer el perchero- ¿Cuánto viste?

-No lo suficiente-sonrió porque todo aquello le hacía mucha gracia y fue a recoger el perchero- ¿aprendes a bailar?, es un buen ejercicio pero dudo que esto tenga que ver con tu salud.

-No se lo digas a Miguel, me hará la vida imposible- se fijo que en la novela y se la quito- me preguntaba cuando devolverías esto, ¿Miguel sabe que te gustan la novelas baratas?

-Muy bien, no diré tu secreto, pero oye, no es la cosa más escandalosa del Cielo.

-Alábate pandero- puso ambos libros en un carrito y se los llevo, Rafael fue tras él.

-Y dime… ¿te paso algo interesante en Francia?

-¿Estas interrogándome?

-Es solo curiosidad, tienes suerte de estar siempre a la defensiva o seria sospechoso.

-No estoy a la defensiva-paro para guardar un libro y siguió adelante- no me paso nada, solo llegue, busque al niño, lo encontré, le di el espejo sin que me notase…me marche por donde vine- de a poquito bajaba la voz- me tope con Aldered…

-¿Aldered?

-¿Quién?

-¡Uriel!- le adelanto y detuvo el carrito para encararle- ¿te encontraste con Aldered?, ¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque intuí que reaccionarias de ese modo, no fue planeado, no sé qué estaba haciendo allí.

-¿Evel estaba con él?

-Ya salió el tema- le evadió la mirada-no estaba allí, ¿quieres olvidarlo?, no han intercambiado una carta en ¿Qué?, ¿diez años?

-Cincuenta, desde que Miguel ordeno que no bajáramos a la Tierra sin un permiso y cada segundo me duele.

-Me gustaría que dejáramos de hablar sobre eso- lo empujo con el carrito para seguir- tengo que trabajar.

-¿Tiene que ver con Aldered lo del baile?

-Lo tiene, pero no importa porque no pienso ir a la tierra sin una buena razón y tú tampoco debes hacerlo.

-Lo extraño… ¿no es esa una buena razón?

Uriel se detuvo y le miro reflexionando, de pronto una especie de determinación apareció en sus ojos, estaba pensando en la admiración que había despertado al salvar a aquella chica y que Rafael parecía igual de angustiado, sin decir una palabra tomo a su hermano del brazo y lo llevo casi a rastras hasta la ventana de la tierra, hizo una exclamación aprobatoria al ver que había alguien por allí, no cualquier alguien, Azrael el Ángel de la Muerte que casi nunca andaba en el Cielo pero se estaba preparando moralmente para una plaga por venir; Azrael y Rafael no se hablaban por una cuestión técnica y en lo personal no se soportaban, Rafael odiaba su aspecto moribundo y su lúgubre animo, Azrael se burlaba de su pasividad y poca presencia asique cuando tenían por fuerza que tratarse siempre había alguien en medio para cruzar los mensajes.

-Quiero que vayas allí y finjas dar una mirada-le susurro.

-¿Qué?

-Pon tu arco al borde y déjalo allí, cuando te llame regresa.

-¿Qué estamos haciendo?

-¡Solo hazlo!

Cada vez más confundido, Rafael obedeció, se acerco a la ventana y levanto la cabeza orgullosamente al pasar junto a Azrael, el ángel le miro de soslayo y con desprecio, estaba anotando nombres en un pergamino, Rafael entonces coloco su arco sagrado muy al borde, aunque le preocupaba el claro peligro de que cayera por la ventana, y fingió mirar.

-¡Allí estas, Rafael!- Uriel apareció como si recién llegara- buenos días Azrael, que casualidad verlos juntos.

-No confundas casualidad con mala suerte…-dijo Azrael.

-Lo que quieras, Rafael, ¿vienes un momento?

-Claro…-volvió con Uriel sin entender que pasaba cuando tuvo un mal presentimiento, giro apenas para ver que la Hoz de Azrael había caído junto a la ventana, golpeado su arco y haciéndole caer a la Tierra- ¡Mi arco!

-Pero que horror-dijo Azrael tomando su hoz y haciéndose el inocente- cuanto lamento este terrible accidente…

-¿Accidente?-replico Rafael, las únicas veces en las que hablaban de frente era cuando se peleaban- esa cosa no se tambalea por accidente, fue a propósito.

-La muerte ha hablado…-dijo con garbo y sin más les dio la espalda y se alejo.

-¡Vuelve aquí tu…!

-Déjalo, Rafael, no hay más remedio, habrá que pedirle permiso a Miguel para ir a la Tierra.

Y entonces lo entendió, todo había sido una astuta trampa, porque claro, Azrael con su inmunidad diplomática no hubiera podido resistir la tentación de hacerle una mala pasada, menos cuando se la ponían tan fácil, asique Rafael y Uriel fueron a contarle su versión a Miguel, de mas esta decir que no le hizo la menor gracia y que tras darles el permiso de salir inmediatamente en busca del arco de Rafael fue a buscar al otro para darle su merecido.

-¿Qué crees que le haga Miguel a Azrael?- pregunto Rafael mientras descendían.

-Darle un regaño eclesiástico, ¿Qué más?

-XD Muchas gracias, Uriel, eres increíble.

-¿Eso crees?-pregunto alagado, luego carraspeo- escucha, use la ventana para ir a Francia ayer asique tu arco estará por donde baje la otra vez si el viento no lo arrastro, aprovecharemos la escusa para quedarnos hasta la noche y encontrarnos con Aldered.

-Perfecto.

-No tanto, quiero que me entiendas, si Evel está allí podrás hablarle y si no está puedes dejarle una nota, eso es todo, la última vez que nos involucramos con esos demonios casi mueres, no dejare que te arriesgues de nuevo.

Encontrar el arco de Rafael no les tomo ni diez minutos y como aun era relativamente temprano procedieron a disfrazarse, ir a la ciudad y mezclarse entre la multitud, Uriel iba muy rígido y tratando de no ver nada aparte del piso pero Rafael era más sensible y en lugar de pensar en la ignorancia del vulgo reparo en el hacinamiento de tantas personas juntas, en la enfermedad y el dolor, Francia era una pandemia a punto de explotar.

-Me duele tanto ver a estas pobres personas…

-No estamos en una misión, Rafael, ignóralos a todos.

-¿Cómo puedes ser tan insensible al dolor humano?

-Porque no me importa que sufran.

-¡Uriel!

-Cuando haces una pregunta debes atenerte a que quizás no te gusten las respuestas, no aprecio a estas criaturas ni a lo que hacen pero al igual que tu estoy listo para protegerlas en nombre de nuestro creador, comparto la responsabilidad, no me pidas que comparta tu opinión.

-¿No te sientes muy solo a veces?-Uriel se mordió el labio y no contesto- Uriel, yo realmente creo que…

-Alto-se detuvieron- aquí fue donde estuve ayer, buen lugar para esperar.

Tuvieron que esperar hasta el anochecer para escuchar sobre el dichoso baile de la ciudad que tendría lugar en la plaza mayor, Uriel dedujo que Aldered estaría allí, buscando admiradores desde temprano, convenció a Rafael de esperar otra hora a que se pusiera el ambiente y cuando se presentaron no fue nada difícil hallar al demonio encubierto rodeado de un corro de chicas encantadas con su talento.

-:D ¡Uriel, amigo mío!, ¡Sabia que vendrías!-se fijo en Rafael-y supuse que él vendría, si es que soy un genio D.

-¿Evel vino contigo?-pregunto Rafael.

-Por allá-dijo señalando a los callejones oscuros fuera de la plaza-las chicas le ponen nervioso, no podría culparlo XD

-Rafael-Uriel detuvo a su hermano que ya se iba-te doy hasta las nueve, luego regresaremos, ¿está claro?

-Sí, te lo prometo.

-Palomitas a volar-dijo Aldered zafándose de sus admiradoras y tomando a Uriel del brazo-los caballeros tenemos asuntos importantes-bajo la voz- descuida, galán, no le quite el ojo de encima en todo el día.

-¿De qué estás hablando?

-No te hagas, tu doncella esta por aquí, vino con su nana, es una dulzura.

-Ya basta, Aldered, solo vine por Rafael, dejemos a esa joven en paz… ¡Deja de tirar de mi!

-¿No te agrada?, entonces empujare.

Le dio un empujón, Uriel sintió que chocaba con alguien y se giro automáticamente para disculparse, entonces vio que era ella, la joven del otro día parpadeo sorprendida antes de reconocerle, su rostro se ilumino con una sonrisa que le dejo alucinado.

-Es usted…

-¿Quién?-pregunto Uriel, por primera vez en su vida se sintió como un estúpido-ooU Quiero decir…hola…

-Hola…-se rio-¿A dónde se fue el caballero osado de ayer?

-¡Señorita!-una mujer mayor le reprendió, debía ser la nana-no debe hablar con desconocidos.

-Pero no es un desconocido, es el joven que salvo mi vida ayer…

-Tanto como su vida…-empezó Uriel, luego cerró la boca porque la nana le estaba evaluando con la mirada, el resultado debió ser positivo porque relajo el rostro y asintió.

-El caballero iba a llevarme a bailar-dijo entonces la chica con una sonrisa picara, tomo la mano de Uriel y le llevo a la pista, entre las demás parejas y lejos de la vigilancia de su nana.

-Para ser tan joven eres muy atrevida-dijo él saliendo finalmente de su apatía-ni siquiera se su nombre.

-Yo tampoco es el suyo, buen señor, ¿a nombre de quien irán mis plegarias si vuelvo a verme en peligro?

-A nombre de Dios, pues solo el nos salva, yo soy simplemente: Uriel.

-¿Cómo el divino arcángel?

-Tanto como divino…

-Soy Josefine-dijo ella-me llamo Josefine y tengo la teoría de que para sobrevivir una mujer debe ser inteligente…y no dejar que nadie lo sepa-le giño un ojo, Uriel estaba encantado.

Aldered vigilo sus movimientos hasta que vio a Uriel tomar a la chica en brazos tímidamente y unirse a la danza tocada por los músicos del pueblo, sonrió complacido, si es que no se le escapaba nada, dejo a la pareja a su suerte y mientras aquello se cocinaba fue en busca de sus admiradoras.

Rafael se perdió en el callejón, no parecía haber nadie cuando fue derribado por aquel pequeño demonio tuerto, ambos rieron de dicha al verse después de tanto tiempo.

-Creí que Aldered se burlaba de mi-dijo abrazándole, era tan corto de talla que Rafael casi podía cargarlo como a un niño-me estaba volviendo loco por no saber nada de ti.

-Imagina como estaba yo-dijo Rafael besándole- hay tanto que quiero decirte pero no tenemos mucho tiempo.

-Entonces hay que aprovecharlo.

Se acurrucaron lejos de miradas indiscretas, hacia frio en el sucio callejón pero para ellos era el mejor lugar del mundo solo porque estaban juntos, abrazados y contando que había sido de sus vidas durante la larga ausencia.

-Y esa es Sagitario, el arquero-dijo Uriel señalando el grupo de estrellas en el firmamento.

Luego de un rato bailando ambos admitieron que no eran gente de danza y se limitaron a caminar por el lugar precedidos por la nana de Josefine, parecía que esa anciana nunca estaba a menos de tres metros, mientras charlaban Uriel iba interesándose más y más, Josefine era astuta y con deseos de progresar, contrario a la norma de las mujeres de la época que solo esperaban casarse y mantener un hogar; anduvieron hasta un puentecillo donde el cielo se miraba perfecto y cuando ella comento que le hubiera gustado saber el nombre de tantas estrellas, Uriel no tardo en darle gusto, Josefine miraba hacia donde apuntara, prendada de cada una de sus palabras.

-La que brilla allí, esa es Venus.

-¿Venus no es un planeta?

-Una observación correcta, Venus está muy cerca de nosotros y al reflejar la luz del sol le vemos como a una estrella, la primera en aparecer y la ultima en irse.

-Es asombroso…

-Tanto como asombroso…quizás si, las obras de Dios son misteriosas y sublimes.

-Señorita-la nana se acerco-debo llevarla a casa.

-Tiene razón, es demasiado tarde y las calles son peligrosas-parpadeo dándose cuenta de que no sabía cuál era la hora-creo que perdí la noción del tiempo.

-¿Te veré otra vez?-pregunto ella, quien sabe a qué hora habían dejado de hablarse de usted.

-Me temo que no es probable, me reclaman deberes mayores.

-Oh-eso pareció entristecerla pero busco algo en los pliegues de su vestido-en tal caso llévate esto, como una muestra de mi gratitud y un recuerdo de mi persona.

Era un medallón, un medallón de peltre infantil y sin mucha gracia, adornado con un mechón de su cabello castaño, Josefine lo ato a su muñeca con varias vueltas de nudo, más que dar un regalo parecía estarse mofando de la nana que no miraba con buenos ojos el obsequio, Uriel no supo que decirle en cuanto al detalle y no pudo decir nada porque cuando iba a despedirse Josefine se paró de puntitas y le dio un beso rápido en los labios antes de huir ruborizada, con la nana escandalizada pisándole los talones.

-Evel, te estás quedando dormido :/

-Es que se esta tan cómodo aquí…hay que hacer algo por Uriel, para agradecerle.

-Uriel…estoy preocupado por él, mientras intercambiamos cartas solíamos charlar pero luego se fue aislando, siempre lo hace, los verdes son solitarios pero no le he visto congeniar ni con los de su clase, es tan triste.

-Quizás solo necesita conocer a la persona correcta.

-Fue un milagro que yo te conociera, no veo como Padre le daría una oportunidad así a Uriel o porque razón lo haría…-miro al cielo y se fijo en donde estaba la luna-cielos, es casi media noche, ¿Por qué no me ha llamado?- se levanto- no estamos tan lejos.

-)= ¿Tienes que irte?

-No quisiera hacerlo pero es necesario.

-¿Cómo se que no tendré que esperar otros 50 años sin saber de ti?

-Ten fe-tomo su rostro y le beso-jamás vas a perderme.

Respiro profundo antes de abandonar el callejón dejando a Evel allí, la plaza estaba casi vacía, la mayoría de la gente se había ido a sus casas y lo que quedaban eran vagos apostando en las esquinas y apurando sus tragos, ¿Dónde estaba Uriel?, encontró a Aldered jugando a "encuentra la bolita" con un grupo de estudiantes.

-Atentos y listos, la mano es más rápida que la vista, para ganar sean astutos, atrevidos y algo de trampa nunca cae mal ;)

-Aldered-llamo Rafael metiéndose entre el grupo-Aldered, ¿Dónde está mi hermano?

-Gozando de la noche con una bella dama, ¿A ver señores?, un florín es la apuesta mínima.

-¿Dama?, ¿de qué dama hablas?

-¿No te lo dijo?, el buen Uriel tenía una cita con una señorita de clase, se fueron hacia el puente, yo no me metería si fueras tu-Rafael le miro raro y salió del grupo-¡Me lo saludas!, ¡Bueno, quien dijo YO!

Rafael atravesó la plaza y corrió hacia el rio, Uriel estaba solo en el puente contemplando el cielo, al acercar se fijo en el medallón enrollado en su brazo.

-¿Uriel?

-¿Eh?-le miro distraído- Hola, Rafael, ¿no es una noche realmente hermosa?

-¿Qué es eso?

-¿Esto?, un regalo n/n, un regalo para mí.

-¿Te sientes bien?

-Jamás estuve mejor-por fin pareció reaccionar pero seguía sonriendo, era tan raro verlo sonreír- ¿Qué hora es?, ¿volvemos a casa?

-Para eso te buscaba, hay que irnos antes de que Miguel envíen por nosotros.

-Ese Miguel, debería relajarse, ¿no crees?

Se puso a tararear una canción y siguió haciéndolo hasta que volvieron al Cielo, tal y como Rafael temía, Miguel estaba esperándolos, Rafael se adelanto para evitar una confrontación.

-Apenas lo hayamos-se excuso-el viento le arrastro al bosque.

-Estaba por bajar a buscarlos.

-¿Ósea que si nos quieres, Miguel?-dijo Uriel, estaba como por la nubes- pero solo nos distrajimos un rato, ya ves, nada de que alarmase.

-¿Qué es esa cosa en tu brazo?-le sujeto de la muñeca y entonces Uriel dejo de sonreír, se soltó con brusquedad.

-No vuelvas a tocarme, Miguel.

-Hice una pregunta, Uriel.

-¡Lo encontró!-dijo Rafael interviniendo- en el bosque, no le pertenece a nadie, es solo una baratija.

-Correcto-dijo Uriel- solo una baratija, buenas noches.

Les dio la espalda y se fue con el garbo que le caracterizaba, quizás pisando más fuerte de lo usual, se encerró en su habitación y se le hizo un embrollo quitarse la armadura, se sentía terriblemente indignado y furioso pero no lograba precisar el porqué, trato de quitarse el medallón durante una hora antes de rendirse, estaba lleno de nudos y no quería romperlo asique acabo por dejarlo allí y acostarse, tuvo problemas para dormir.

-0

Una semana después…

-Listo, pequeño, solo procura mirar por donde vuelas.

Un querubín se había revuelto las plumas al chocar con un arbusto, Rafael se ocupo de sanarle y lo dejo ir, se disponía a guardar unos frascos de medicina cuando escucho de nuevo la campanilla de la puerta, Uriel se asomo y parecía venir escondiendo algo.

-Por todos los cielos, te ves terrible.

-Eso ya lo sabía-se sentó en la mesa de curas-no he dormido en toda la semana.

-¿Demasiados libros?

-Ojala pero no puedo concentrarme en nada, siento que me falta el aire-cuando hizo ademan de palparse el pecho Rafael vio que aun tenía el medallón enrollado al brazo, le miro con piedad- ¿Qué?, ¿esto?, le hizo un nudo gordiano que ni Alejandro con todo su ingenio podría desatar.

-Alejandro nunca desato ese nudo, lo corto con su espada…lo cual es trampa pero ese no es el punto, ¿Por qué no solo cortas la cuerda?

-Lo arruinaría y es un regalo, nadie me había hecho un regalo nunca…

-Te pego duro, ¿verdad?

-¿Qué?

-Esa chica… ¿Cómo se llamaba?, Joan…Joanna…

-Josefine…-dijo Uriel, la cara se le ilumino de solo decirlo.

-…Wow…-abrió la ventana-¿el coro de ángeles esta ahí afuera?, porque dijiste el nombre y como que te corearon, oye.

-Solo dame algo para dormir, ¿quieres?

-Odio decírtelo pero mi medicina no va a ayudarte, lo que tú tienes es un serio caso de mal de amores.

-No seas ridículo, ¿Yo?, ¿Enamorado?

-Por lo que supe esa Josefine es un caso, ¿es bonita?

-Te oyes como Aldered-se levanto molesto-quizás tu seas un romántico incurable, Rafael, pero yo me rijo por la lógica, es absurdo suponer que una persona, una mortal, sea capaz de causar este trastorno, ¡ni siquiera la conozco!, no sé nada sobre ella aparte de su nombre…y que le gusta la ciencia lo cual es muy novedoso en una mujer…y que no baila nada mal…y que su cabello huele a gardenias…y…-Rafael se estaba aguantando la risa- _ ¡No, señor!, no hay forma de que yo me deje atraer por un ser humano, no en esta vida, ¿me oyes?, ¡No en esta vida!-salió dando un portazo.

Esa noche Rafael encontró una nota bajo su almohada asique se reunió al día siguiente con Uriel en el aviario, una gran pajarera donde exponentes de todos los tipos de aves se paseaban y comían al cuidado de los ángeles.

-Muy bien, quizás estoy algo enamorado, peor estuve investigando un poco y creo que ya se lo que sucede, aparentemente me encuentro atrapado en la "fase de la luna de miel"

-¿Y eso que es?

-Es simple, conoces a una persona y esta se vuele perfección ante tus ojos, una distorsión idealizada por la falta de referencias, pensé que tenía que olvidarme de Josefine pero es justo lo contrario, debo conocerla y así me daré cuenta de que no vale la pena, ella vera que estoy fuera de su alcance, cortamos por lo sano y volvemos a nuestras vidas, todos felices.

-Nunca deja de asombrarme como logras reducir el mundo a una ecuación y para colmo creértela, en primera: ¿Cómo esperas conocerla?, no voy a dejar que Azrael tire mi arco otra vez solo para darte una escusa, terminara rompiéndolo.

-¿Por qué crees que estamos aquí?, ¿olvidas que mantuve una comunicación entre Cielo e Infierno por años?, la tierra está más cerca.

-Te vas a meter en problemas, en verdad no quiero ser parte de esto…

-¿Te comente que podría ser la oportunidad de restablecer comunicaciones con el Infierno?

-…Y… ¿Ya elegiste un ave?, las palomas tienen practica.

-jeje, La tienen pero son pequeñas, su peso está limitado, quizás un halcón.

-¿Quieres matarla del susto?

-Cierto…lo tengo, Lechuzas-un par de bellas lechuzas de cara aplastada descansaban por allí- son inteligentes, fuertes, útiles de día y de noche, tenemos las aves, solo nos faltan las cartas.

-En realidad…-se saco un nota de su bolcillo- tengo varias acumuladas…n/nU

-Muy bien…

Uriel siempre fue ágil para las palabras pero a la hora de escribirle a Josefine se perdió, Rafael le sugirió hacer lo que hacia él, imaginarse que la persona estaba a su lado y plantear los escrito como si conversaran, pensó que era un consejo extraño pero cuando lo aplico las palabras surgieron solas, la doblo y ato con una cinta verde, no muy seguro de si eso bastaba le adjunto una gardenia en el lazo.

Con eso listo ataron las notas a las lechuzas y las soltaron por la ventana a la tierra, ahora solo quedaba esperar.

Josefine se peinaba el cabello al tiempo que ojeaba un libro en su mesita, a su padre no sabía que podía leer, asique aprovechaba su larga cabellera para cubrirse, si alguien entraba solo verían una cortina de pelo castaño el tiempo suficiente para que ella corriera el librito a un lado.

En eso estaba cuando un golpe en su ventana la sobresalto, giro para ver que había una lechuza picoteando el cristal, al principio se alarmo pero entonces noto que el ave traía un rollo de papel atado con una cinta verde y una flor en la pata, se animo a abrir y la lechuza le ofreció la pata pacíficamente, Josefine desenvolvió la carta con creciente emoción, estaba cubierta de una caligrafía precisa y elegante pero como tenia habito de precavida lo primero que leyó fue la firma.

-Uriel…-se le acelero el corazón.

"Querida Josefine:

Te extraño, ¿no es curioso?, pensé mil palabras para empezar esta carta y solo esas dos tuvieron sentido.

Dirás que estoy muy mal, te conozco poco y sin embargo no puedo sacarte de mi mente, causaste una fuerte impresión en mi, ¿qué hacer?, ¿Cómo superarlo?, quisiera ser yo mismo quien te preguntara pero me encuentro tan lejos, asique he ideado este recurso conveniente, la lechuza espera tan solo una respuesta para volver, si te parezco atrevido no tienes más que regresarla con esta nota, yo entenderé, pero si acaso tengo esperanza háblame de ti, déjame conocer a la persona cuyos ojos miro cada vez que cierro los míos.

Te diré algo de mí, mi vida es una lucha en nombre de nuestro señor, junto a mis hermanos vivo y enfrento al mal en todas sus formas, considérame un moderno cruzado, un hombre de fe, un soldado de Dios.

Tu medallón hace que todos me miren, no he logrado desatarlo, jamás había recibido tanta atención.

Atentamente tuyo: Uriel."

Una sonrisa se dibujo en su rostro, ella tampoco le había olvidado, busco su pluma y un trozo de pergamino para responder, la lechuza en la ventana parecía cansada asique le dio un poco de agua mientras escribía.

La otra lechuza se las vio de cucharillas para dar con Aldered y de no a ver venido del Cielo probablemente no lo habría conseguido, el demonio seguía de perdido por la zona, alargando la licencia que había conseguido para salir del Infierno, Evel se había quedado con él, estaba deprimido.

-Vamos, hermano, relájate, bebe algo.

-No gracias…oye, ¿tú crees que Rafael me quiera tanto como dice?

-Honestamente…esa es la pregunta más estúpida que me has hecho-Evel torció el gesto-en serio, no la entiendo.

-Es que…tu sabes…yo aquí, él allá, ¿Por qué no solo se baja y nos quedamos a vivir en la tierra?, así sin presiones.

-No estás considerando los detalles, tu eres solo un demonio más, si abandonas el Infierno nadie va a notarlo, él es un Arcángel.

-Estoy tan harto de esa escusa, su Padre aprobó nuestra relación, ¿recuerdas?, pero Rafael insiste en que guardemos el secreto, ¿Por qué tiene que ser tan acomplejado?

-Problemas de la moral, una vez tratas de definir lo que está bien no puedes evitar notar lo que puede estar mal, por eso yo agradezco ser un demonio con educación, me las se todas y no le debo respeto a nadie ;)

-… ¿Oye, que es eso?-la lechuza bajo junto a ellos y extendió la pata, su carta tenía una cinta azul y una ramita de menta- o.o ¿Eso es…?

-Que cosas, tu príncipe Azul no te ha olvidado.

-:D Rafael- fue a tomar la carta.

-Una lechuza mensajera…Estamos de suerte, el bueno de Uriel encontró la forma de restablecer la comunicación.

-Le voy a poner una veladora.

-Olvida eso, no creo que este pequeño favor tenga que ver con ustedes-sonrió-esto sí que me gusta.

Las lechuzas regresaron casi juntas, Rafael se apresuro a tomar su carta y llevársela, Uriel tomo la suya y al ver que era una respuesta estuvo dándole vueltas hasta la hora de acostarse, solo entonces se atrevió a abrirla, la letra de Josefine era delicada y preciosista, revelaba su educación superior.

"Mi estimado caballero:

Te siento tan lejos y tan cerca a la vez, no lo vas a creer pero llevo días tratando de localizarte, preguntando a todos por el noble caballero de ojos verdes y cola de caballo, madre cree que he estado leyendo cuentos de hadas y ya iba a darme por vencida cuando esa hermosa lechuza toco a mi ventana.

¿De dónde sacaste el ave?, me encantan las lechuzas, sus ojos tan grandes e inteligentes, me has hecho muy feliz, también deseo conocerte.

Te diré algo de mí, mi padre piensa que no se leer, aprendí de niña cuando me escapaba al convento y escuchaba las lecciones de las novicias, el solo quiere que me case con un hombre trabajador y honesto que se ocupe de mi mientras yo cuido el hogar pero no soy esa clase de persona, mis ambiciones llegan más allá.

Desde ahora suya, Josefine"

Aquello fue el inicio de todo, durante los siguientes tres meses Uriel y Josefine intercambiaron una emocionante correspondencia que no sirvió para hacer que Uriel afirmara su teoría de una fascinación pasajera sino todo lo contrario, en el cielo empezaron a notarle algo raro, quizás solo era que pasaba menos tiempo en la biblioteca, le dio por explorar, por vagar con aire de soñador extraviado, sonriéndole al universo, jamás fue mejor ángel ni se le vio tan feliz.

Miguel, que solía estar con los cinco sentidos atentos a cualquier anormalidad y además no se llevaba bien con Uriel, lo tuvo en la mira hasta el día en que le encontró asomado a la ventana a la tierra con un bulto bajo el brazo, lo espió desde una nube y entonces vio que lo que llevaba escondido era una lechuza enana a la cual dejo caer por la ventana, cuando se hubo marchado se asomo para saber que miraba, la ventana enfocaba una acomodada casa francesa, la lechuza volaba hacia la ventana y daba unos golpecitos antes de que esta se abriera y una bella joven la dejara entrar.

-¿Pero qué significa esto?

Fue al aviario y allí supo que Uriel había estado sacando lechuzas de diversas clases desde hacía meses con la escusa de un estudio de vuelo, tomo una jaula y regreso a la ventana donde se acomodo y espero pacientemente, con la misma seriedad de un cazador esperando que la presa cayera en su trampa, cuando la lechuza volvió la atrapo, le arrebato el pergamino y la metió a la jaula para regresarla al aviario.

-Ahora veamos en que estas metido, hermano-desenrollo el pergamino y no reconoció la letra- "Mi adorado caballero…" o0?-leyó toda la carta son acabar de creérselo-esto debe ser una broma…-de pronto sonrió-asique el señor perfecto…esperen a que todos lo sepan.

Los motivos por los cuales Uriel y Miguel no podían estar en el mismo cuarto sin que el nivel de tención en el aire se fuera por las nubes eran tema de debate, estuvieron bien y hasta se puede decir que se querían antes y durante la gran guerra donde ángeles y demonios se enfrentaron a muerte por primera vez peor luego de esta todos habían sufrido uno u otro trastorno y el de Uriel parecía ser no tenerle respeto, le obedecía a regañadientes porque Miguel era el líder pero era bien sabido por todos que se disputaban el puesto y que el verde no perdía chance para exponer porque sería mejor líder de los arcángeles que su hermano mayor, asique estaba peleados pero mientras que Uriel tenia mil y un cosas que decir sobre Miguel, Miguel nunca había encontrado como devolverle los ataques salvo mandándole a callar, pero ahora sí que iba a enterarse quien mandaba allí.

Al día siguiente y como todas las mañanas los ángeles se reunieron al Capitulo, normalmente Uriel ley algún pasaje igual que durante las comidas pero ese día le paso el libro a otro, estaba tenso por alguna razón, seguramente le preocupaba no saber de su amiga humana se dijo Miguel con displicencia, se acerco al ángel lector y le indico un pasaje en especifico.

-Hermanos, pido la atención del Capitulo-solicito, en la sala se hizo silencio para oír- Mateo 5:27-28.

- "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometas adulterio.' Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. "

-Gracias, hermano- los ángeles se miraron con desconcierto, cuando se pedía un versículo en particular era para darle una indirecta a alguien-se preguntaran porque llamo su atención sobre este párrafo-camino entre ellos con Rafael a la zaga- probablemente hallan notado cambios tan repentinos como inesperados en uno de nuestros hermanos, uno que siempre ha sido conocido como ejemplo de corrección y moderación.

Y allí les cayó el veinte a todos, Uriel se puso rígido, los ángeles le estaban mirando, ya habían dejado de preguntarse a que venía el medallón ornamentado en su brazo pero la sospecha hizo que lo notaran de nuevo.

-¿Acaso me estas acusando de algo, Miguel?

-Dímelo tú, Uriel, ¿no es cierto que has estado usando a las lechuzas del aviario en un supuesto "estudio de vuelo"?

-No es supuesto y hasta donde se ninguna ley me impide disponer de las aves siempre que les trate con respeto.

-Es cierto, no hay ley sobre tratar con las aves pero si hay una sobre tratar con seres humanos.

-…Me parece que no te comprendo.

-Tú no me comprendes-dijo recurriendo a su exasperante habito de plantear las preguntas como si fueran afirmaciones- quizás esto esclarezca las cosas.

Saco el rollo de pergamino de su bolcillo, una nota con una cinta verde y una gardenia prensada, Uriel sintió que el mundo se le venía encima, ¿Cómo había podido ser tan estúpido?, tan distraído estaba por pensar en Josefine que no tomo las precauciones para evitar ser descubierto, ahora se daba cuenta de su error, Rafael le dirigió una mirada asustada, Uriel negó imperceptiblemente para indicarle que estaba a salvo porque había enviado esa última carta en privado, no había como ligarle con ella.

-¿Y bien, hermano?-pregunto Miguel-¿confesaras o prefieres que lea esto frente a todos?

-No te atrevas-mascullo apretando los puños.

-Violaste la ley de no interferencia, sabes que no podemos comunicarnos directamente con los seres humanos y esto…bueno, más que directa dirá que es una comunicación personal.

-Te lo advierto, Miguel…

-Es en verdad interesante-desenrollo la nota- "mi adorado caballero…"

Entonces paso lo más inesperado, sin previo aviso Uriel se le fue encima a Miguel tratando de arrebatarle la nota, todos decían que era cuestión de tiempo para que la hostilidad entre ellos pasara a los golpes pero nadie lo esperaba realmente, sobre todo si el primer ataque venia de Uriel que solo era agresivo de palabra, Rafael y Gabriel se metieron para intentar separarles pero entonces Miguel desenvaino la espada y Uriel empuño su lanza, de pronto aquello ya era una batalla a toda regla entre dos arcángeles, la nota instigadora había quedado en el suelo y ya nadie estaba pendiente de ella cuando fue atravesada por el filo de una hoz que levanto una ligera cama de niebla gris; Uriel y Miguel se detuvieron para ver a Azrael, el Ángel de la Muerte era el único que no parecía alterado o preocupado por la situación.

-Disculpen…pero yo creía que el Capitulo era un momento para discutir razonablemente, he visto mejores modales en las reuniones del Infierno…-levanto su hoz y el saco la nota-no me importa si quieren matarse pero ya que estoy aquí, ¿Por qué no me lo piden?, nos ahorraría trabajo…-silencio- ¿en serio?, es una pena…

Leyó la nota en voz baja ante la mirada de todos, la verdad es que si había alguien capaz de pasar desapercibido para inmediatamente ser el centro de atención ese era Azrael, tenia poder para arrebatarle el alma a cualquiera, por eso todos andaban con miedo las pocas veces que estaba presente en el cielo, termino de leer sin cambiar de expresión, Uriel le había estado leyendo los labios.

-¡No digas su nombre!-suplico, logro detenerlo en la última línea, era de mala suerte ser nombrado por Azrael.

-Como desees…- le entrego la nota, la gardenia se había marchitado en su mano-si mi opinión cuenta déjenme decirles que actúan como dos niños peleando por un juguete, ¿tienen un problema que sus pequeñas convicciones no resuelven?-señalo hacia arriba-consúltenlo con Padre, es de humildes pedir ayuda…ahora si me disculpan, tengo que matar a la mitad de Europa y aun no sé por dónde empezar…

Salió con mucho garbo y nadie se movió hasta que la niebla se fue con él pero Miguel le tomo la palabra, envaino su espada, subió las escaleras hasta las grandes puertas tras las que estaba el trono de Dios y llamo con fuerza, la puerta se entreabrió.

-¿Si?-se oyó una voz portentosa.

-Padre-se inclino con respeto- lamentamos este vergonzoso incidente y pedimos tu perdón.

-Por supuesto.

-Dame la penitencia que merezco por mi falta y por favor, ¿podrías hablar con Uriel?, es obvio que necesita un correctivo por su conducta.

-¡No necesito un regaño!-salto Uriel, ya estaba harto pero al instante entendió que había hablado de más.

-Uriel, ven aquí, hijo.

-Yo…lo siento, Padre…

-Se que lo sientes, ahora ven, vamos a hablar.

-…Si, señor…

Atravesó la sala cabizbajo y entro, las puertas se cerraron de tras de él y allí estaba Dios, sentado en su trono y provocando el mismo efecto que si estuviera parado a mitad de un estadio con toda una multitud mirándole, extendió su mano para que subiera en ella y lo elevo hasta la altura de su pecho.

-Te escucho.

-… ¿Y no será que Miguel sobreactúa?-dijo a la defensiva-solo son unas cartas…

-Tú y yo sabemos que no son solo unas cartas, Uriel, se lo que piensas, solo quiero oírte decirlo.

-…Yo…creo que la amo...-no sabía que le avergonzaba más, tener que admitir eso ante su padre o tener que admitírselo a sí mismo.

-¿Crees?

-Creo…ella…me hace feliz…-se le llenaron los ojos de lagrimas-no quería aceptarlo…pero…por primera vez me he sentido…no tan solo…no puedo explicarlo…Padre-trato de mirarlo- ¿Qué está mal conmigo?, ¿Por qué no puedo sentirme parte de los demás?

-Nada está mal contigo, yo te hice para ser más inteligente y tú usaste esa inteligencia para marginarte, eres resultado de tus acciones, debes entenderlo-Uriel asintió con pesar-tal parece que solo necesitabas a alguien que halagase tu vanidad para recordarte lo que era estar cerca de las personas, nadie te culpa por ello.

-¿Significa que puedo seguir escribiéndole a Josefine?

-Uriel-su voz se torno compasiva- se el viejo tu un momento, piensa en lo que acabas de decir.

-…No puedo seguir con esto…

-Es humana, su vida es limitada, tú tienes la eternidad por delante, no puedes hacer que te espere inútilmente durante toda su vida, no es justo.

-Lo sé…

-Entonces debes tomar una decisión ahora.

-Pero la amo :(-miro el medallón en su brazo, finalmente había logrado descifras como se quitaba aquel nudo pero no había intentado hacerlo, lo sujeto como si pensara desatarlo- ¿Por qué tenía que ser ella la persona que me ayudase?, no quiero dejarla…pero es humana y yo un ángel…-tiro de la cuerda y se detuvo, parpadeando-un momento-levanto la cabeza con el entrecejo fruncido- ¿Y entonces porque Rafael si puede andar con un demonio?

-Asique ahora vas a reclamarme, estamos en el mismo tema: Tiempo, los demonios viven tanto como ustedes.

-Pero es un demonio-solo la cuerda y trato de ser el viejo Uriel un poco más, para sacar una respuesta adecuada-son nuestros enemigos, ¿significa que está bien amar al enemigo pero no a una persona cualquiera?, eso es absurdo…sin ofender…Josefine es buena y cuando muera, que espero no sea pronto, vendrá aquí.

-Seguirá siendo humana.

-¿Ese es el asunto?, ¿es porque es humana?

-Diste en el clavo, es justo eso.

-Pero la amo-insistió.

-Eres un arcángel, hiciste votos, si los rompes perderás las alas y podrías perder la vida, ¿olvidaste lo que le ocurrió a Rafael?

-Nunca, aun me atormenta…-parpadeo- pero si yo…

-Ya se te ocurrió algo…

-El problema es que es humana y yo un ángel, ella no puede ser un ángel, ¿verdad?

-No.

-No-repitió Uriel, no iba a preguntar porque-¿yo puedo ser humano?

-Solo si estás dispuesto a un sacrificio máximo, a dejar tu divinidad a cambio de la mortalidad y todo lo que implica, una vida dura llena de desafíos, contratiempos y privaciones, expuesto a la enfermedad y al dolor de la muerte a tu alrededor, podrás experimentar la dicha del trabajo logrado pero también sufrirás grandes preocupaciones todo ello mientras cargas un reloj que cuenta hacia atrás y cuando tu hora llegue lo bueno y lo malo que hallas hecho se medirá en la balanza, un pequeño error podría enviarte a las profundidades del Infierno donde serás atormentado por toda la eternidad.

Uriel respiraba con agitación, oír a Dios era casi vivir lo que describía, como ángel estaba a salvo de muchas cosas, como humano podría tener a Josefine pero… ¿lo valía?, ¿realmente valía la pena sacrificar su lugar en el cielo y arriesgarse a una condena eterna por la mujer a la que amaba?, era algo con lo que los humanos vivían todo el tiempo, sus vidas eran una apuesta de fe que necesitaba mucho valor y él estaba increíblemente asustado, una de las razones de su soledad era su miedo a las consecuencias de acercarse a las personas, de depender de ellas y de las que pudieran depender de él, le temía a no ser capaz de llevar esa responsabilidad.

-Sé lo que piensas, Uriel, ahora quiero oírlo.

-Tengo miedo…pero aun la amo…

Casi todos los ángeles habían abandonado el salón mayor para ocuparse de sus tareas, solo quedaban tres arcángeles cuando la puerta se abrió y el cuarto salió lentamente, los miro al pie de la escalera y entonces bajo y los paso de largo, caminando derecho y con la mirada al frente como si no valiera la pena mirarlos, los otros le siguieron.

-¡Uriel!-le increpo Miguel, no le hicieron caso- ¿A dónde vas?

-¿Padre te castigo?-pregunto Gabriel preocupado.

-Algo así.

-¿Algo así?-repitió Miguel- Uriel, detente en este instante y dime que sucedió.

-Renuncie-dijo pero no se detuvo.

-OO ¿Tu…que?

-Ya no soy un arcángel y en unos momentos no seré un ángel tampoco.

-¿De qué diablos estás hablando?-se adelanto poniéndosele al paso, eso le detuvo.

-Te lo voy a decir despacio para que lo entiendas-se arranco la cruz del cuello y casi le golpeo con ella- finalmente te desharás de mí, me voy a la tierra, a regodearme en el dolor y el sufrimiento, a vivir en serio finalmente y si tienes algún problema al respecto tendrás que discutirlo con Padre.

Lo hizo a un lado con brusquedad y siguió adelante, Miguel se quedo donde estaba mirando la cruz con asombro, Gabriel estaba asustado, Rafael les miro a ambos antes de seguirle, lo alcanzo parado al borde de la ventana a la tierra, parecía que iba a saltar.

-D: ¡Uriel!

-No te asustes, Rafael, Padre dijo que tenía que ser de este modo.

-¿Pero qué estás haciendo?, ¿irte?, ¿Abandonarnos?

-La amo, Rafael, pensé que era una tontería pero ya no puedo negarlo.

-Pero…eres un ángel, esto es una locura.

-Es la mejor decisión que tome en mi vida-le miro y le sonrió con alegría, casi con sarcasmo-lo único que no puedo entender es que yo me decidiera primero.

-¡Uriel!

Se dejo caer de espaldas con los ojos cerrados, atravesar la ventana fue como pasar del aire al agua, sintió frio, estaba cayendo y no sentía las alas, como si hubiesen desaparecido, entonces…no sintió más.

Lo despertó un agudo dolor en todo el cuerpo como no había sentido desde la guerra, peor aún porque estaba rodeado de nuevas e inesperadas sensaciones, como si toda su vida hubiera estado envuelto en un campo que le daba un matiz agradable al mundo y ahora ya no tenía esa protección, el suelo era duro, olía a basura y a sangre, se levanto con dificultad y se palpo el rostro, le sangraba la siente, había caído de muy alto.

Se sostuvo a la pared, había apuntado la ventana a un callejón, esperaba poder salir y mezclarse pero no había esperado darse ese batacazo contra el suelo, estaba desorientado, se palpo para cerciorarse de no tener ningún hueso roto, aun llevaba la armadura puesta aunque no tenía ni su lanza ni su cruz, tenía que llegar con Josefine, era el único puerto seguro que conocía asique busco en la basura un palo que le sirviera de cayado, salió a la calle y camino tan rápido como podía entre la gente que lo miraba, se estarían preguntando de que pelea salía el caballero maltrecho porque iba hasta cojeando.

Josefine regaba el jardín por la tarde, estaba triste porque no había sabido nada de Uriel y a esas alturas su correspondencia ya era diaria, levanto la mirada al cielo por cuarta vez esperando ver la silueta de una lechuza, luego miro hacia el sendero ascendente y vio a un sujeto con un palo caminado dificultosamente hacia allí, tardo menos de dos segundos en reconocerlo cuando le vio caer de rodillas.

-D: ¡Uriel!- corrió hacia él- ¡Nana, Nana, llama a mi padre!

La nana se asomo y regreso adentro a toda prisa, Uriel no se había dado cuenta de que tenía una contusión por la caída, se desmayo antes de ver salir a un tipo grande y rudo de la casa, lo llevaron adentro, cuando recupero el conocimiento ya era de noche, estaba en una cama de paja con un pañuelo frio sobre la frente.

-¿Josefine…?

-Aquí estoy-dijo ella acercándose, Uriel le sonrió, no la recordaba tan bella-¿Qué te ocurrió?, ¿vienes de una guerra?

-Vine por ti…

-0/0, n/n Uriel…

-Señorita-llamo la Nana-deje descansar al pobre muchacho.

Josefine le dio un beso en la frente y lo dejo descansar, tuvo que permanecer en cama varios días porque ya repuesto de los golpes contrajo una fiebre atroz, nunca se había enfermado y ahora estaba recibiendo oleada tras oleada de lo que un humano de constitución delicada debía soportar, Josefine y la Nana le sacaron la armadura y lo atendieron, la casa confortable era una mescla de aromas y nuevas sensaciones.

La familia de Josefine solo tenía tres personas, ella, su Nana de toda la vida y su padre, la madre había muerto de fiebre tifoidea hacía mucho tiempo y quizás por eso al ver a Uriel delirando Josefine se lo disputo a la muerte con uñas y dientes, su familia tenía una posición acomodada asentada en un negocio para nada elegante, su padre criaba cerdos y tenía la mejor carnicería de la zona, cuando Uriel finalmente recobro el conocimiento y pudo sentarse en la cama tuvo primero que nada que encarar al hombretón con una hachuela ce carnicero y pocas pulgas que parecía no muy feliz de haberlo tenido en su casa.

-Agradezco su hospitalidad-empezó Uriel-y lamento las molestias causadas, señor…

-Te recibimos porque es de católicos ayudar al prójimo-le interrumpió-y porque se lo que hiciste por mi hija pero ya va siendo tiempo de que te vayas a tu casa.

-Padre, por favor, no tiene a donde ir.

-No me interrumpas-dijo cortante- ¿es cierto eso?

-Me temo que si, abandone a mi familia en los campos de batalla luego de que me hirieran.

-¿Desertor?

-No, señor, claro que no, cumplí con mi deber pero mi utilidad allí termino, ahora solo quiero empezar otra vida, si me diese la oportunidad…puedo trabajar y serle de ayuda, pagare como sea mi deuda con usted.

-¿En serio eras soldado?-parecía suspicaz, a Uriel le desconcertó pues le había considerado una persona de educación menor-muéstrame tus manos-Lo hizo, el hombre se rio- son palmas de señorita, ¿Qué hacías en el campo?, ¿agitar la bandera?

-Era estratega-declaro, la verdad era que con su habito de libros no impresionaba a nadie-pero recibí mi entrenamiento y cuando fue necesario luche con valor.

-¿Cuál es tu apellido?

-Di Santi.

-¿No eres francés?

-Es por mi Padre.

-¿Qué arma usabas?

-La lanza.

-Pruébalo.

-Padre, por Dios…

Uriel se levanto con dificultad, allí seguía el palo que había usado de cayado para llegar lo sujeto y lo manipulo hábilmente haciéndolo girar en una mano, el de la hachuela hizo el ademan de golpearle con ella pero Uriel recibió el filo con el palo en un ángulo preciso, eso pareció convencerlo.

-No necesito un lancero ni un estratega-dijo-pero me vendrían bien otro par de manos en la granja, si quieres quedarte tienes que serme útil.

-Como usted diga, señor.

-Josefine, llévalo mañana, veremos si sabe controlar a las bestias.

El padre de Josefine salió dando un portazo, era un tipo rudo pero a Uriel le quedo claro que no era un bruto como la mayoría, se sintió mareado asique volvió a sentarse y se miro las manos, pálidas y delicadas, habituarse al trabajo agrario iba a ser una tortura, de pronto Josefine se las tomo y le sonrió, Uriel le devolvió la sonrisa, que lo machacaran cuanto hiciera falta, iba a volverse digno de ella.

Sin embargo al día siguiente, cuando se vio en una sucia porqueriza con 15 o 20 cerdos chillones de gran tamaño, su aplomo empezó a tambalearse, en la granja estaba el padre de Josefine que parecía no soltar la achuela ni para dormir, dos matarifes que eran los que degollaban y cortaban a los animales, el mozo de cuadra que llevaba la carne de allí a la carnicería y un tipo osco con cara de trol que se encargaba de capar a los cerdos y cortarles los dientes y las uñas cuando correspondía, al momento Uriel se dio cuenta de que era una cabeza más baja que todos ellos.

-Todos aquí, rápido-llamo el capataz-este alfeñique es Uriel Di Santi y piensa que es lo bastante hombre para trabajar con nosotros, le daremos una oportunidad-todos le miraban burlonamente- va a hacer el trabajo de ese flojo de Fransua que se fue a Marsella-aquí hubieron risas-cuento con que lo vigilaran pero tampoco abusen, veremos cuando aguanta.

Asique que se fue todos se dispersaron excepto el tipo más grande, Uriel le sonrió tratando de ganar su confianza, él también sonreía pero parecía que se estaba acordando de un buen chiste.

-¿Cuál era el trabajo de Fransua?-pregunto.

-Era nuestro multitarea.

-¿En serio?, suena importante.

-Y que lo digas, significa que tienes que alimentar a los animales, limpiar las porquerizas, acarrear a los cerdos y cualquier otra cosa que se te ordene-mientras hablaba le fue pasando un balde, una pala y otras herramientas- a menos que pienses que es demasiado para ti.

-._.U…En lo absoluto, solo indíqueme por donde debo comenzar.

Lo mandaron a limpiar la porqueriza más grande, el olor a hacinamiento le provoco nauseas y tuvo que salir a vomitar, el capador se rio en su cara y Uriel no iba a tolerar eso asique cogió aire y regreso al interior, cuando salió haciendo arcadas con la primera cubeta llena vio que su vigilante se había ido, regreso más tarde a ver cómo iba y se llevo una sorpresa al encontrarlo aun allí como si pretendiera dejar brillando los maderos, ignoraba que una vez Uriel se ponía a limpiar se le disparaba el mismo dinamismo obsesivo por terminar que cuando le desordenaban los libros en la biblioteca y tenía que acomodarlos, frunció el ceño y lo mando a la siguiente porqueriza, habían cuatro en total.

Al medio día estaba hasta los tobillos de lodo, vaciando un balde de sobras en el comedero de los cerdos que se le apiñaban gruñendo con fuerza, jamás se había sentido tan cansado y frustrado a la vez, añoraba el suave silencio de su biblioteca, ¿en que habría estado pensando cuando dejo su hogar?, no estaba hecho para ese tipo de labores.

-¿Uriel?-el aludido levanto la cabeza y descubrió a Aldered mirándolo perplejo desde la cerca-D: ¡No es cierto!

-…-no sabía que decir.

-¡Pero por todos los Círculos!, ¿Qué diablos estás haciendo?

-¿Trabajando…?-por alguna razón se sentía terriblemente humillado-es una historia larga…

-Te la ahorro, la ultima lechuza que nos envió Rafael venia con todo el relato, la pobre ave necesito reposo pero creí que era una broma absurda, ¿Qué cosa era tan buena que abandonaste la divinidad para volverte un estúpido?

-Me volví un humano ¬¬

-Para el caso es lo mismo, cielos, solo mírate.

Así lo hizo, el resultado no fue bueno, le habían dado una ropa usada en remplazo a su armadura, estaba sucio y cubierto de sudor, sus hermanos se habrían escandalizado de verle en semejante estado.

-Estoy hecho un desastre…

-Por decir lo poco, ¿aun estas a tiempo de volver o ya te condenaste?

-No lo sé…-de pronto Aldered pareció ver algo y se escondió- ¿A dónde vas?

-¡Uriel!-Josefine llego a la granja con una canasta- ¡Ven, es hora de almorzar!

Fue como una brisa de aire puro barriendo con todo, ella era el gran meollo del asunto, por ella soportaría los sacrificios y privaciones, dejo el balde a un lado y fue a su encuentro, había traído pan, carne y cerveza, Uriel pensó que la comida jamás había sabido tan bien.

-Lo estás haciendo bien pero no te esfuerzos tanto, aun no te recuperas.

-No puedo perder el tiempo-le dijo- no se trata solo de mi.

-Creo saber lo que haces, si impresionas a mi padre podrías pedirle mi mano.

-Sí, podría…-se detuvo turbado, no lo había considerado desde ese punto pero era muy obvio, si amaba a Josefine y había dejado las alas por ella el chiste era que llegaran a casarse, se sonrojo sin querer-yo debería pensar esas cosas, no tu.

-Yo pienso lo que se me da la gana-dijo altanera, luego bajo la voz-mi padre admira a la gente que trabaja duro pero admira mucho más a la que le hace ganar dinero.

-Lo tendré en cuenta :)

-n_n… Lubin-su cara se torno oscura de pronto, Uriel le siguió la mira y vio al capador enorme mirándoles con el entrecejo fruncido, como si oliera algo que apestara-ese bruto, odio que me mire…hace un año trato de convencer a papa de casarme con él.

-No te imagino con semejante buey.

-No tiene ni un florín, papá le dijo que ya vería y no se ha vuelto a tocar el tema, espero que no pase.

-Sería muy estúpido de su parte…

-¡Hey!

-D: Perdón.

-Pero tienes razón, cuídate de él, es de los que piensan con los músculos-le miro sonriente-me alegra que estés aquí, me tranquiliza mucho.

-Josefine…-tomo su mano-no te angusties, hare todo lo que sea necesario por ganarme a tu padre y ser digno de ti, estaremos juntos.

- :D

Josefine se fue feliz de la vida, Lubin la miro marchar y se acerco a Uriel para recordarle que aún le quedaban dos porquerizas por limpiar asique comió rápido, descanso diez minutos y volvió a su labor, Aldered le había estado vigilando en espera de hablarle a solas, ya no estaba molesto pero seguía contrariado.

-La chica-dijo-renunciaste a la inmortalidad y la salvación eterna por una chica.

-No es cualquier chica, es el amor de mi vida y voy a casarme con ella.

-OO…-una sonrisita apareció en sus labios- X3 ¡Ya se supo, ya se supo!

-¡Guarda silencio!, asustas a los animales.

-Por allí debimos empezar, mi amigo, ¡enamorado como un idiota e idiota como un enamorado!

-Aldered, por favor…

-¿Cuál es el plan entonces?, ¿trabajar como un galeote hasta que te acepten?, eres más listo que eso, se donde se hacen las buenas apuestas, con tu intelecto y mi talentosa mano arrasaríamos.

-No gracias, ahora soy humano y debo ganarme el pan de forma honrada.

-¿Y tú de donde sacas que los humanos hacen eso?

-¬¬ Sera mejor que te marches, Aldered, no era bueno conocerte cuando era un arcángel, como humano solo lo empeora.

-Como gustes pero prométeme algo, si tienen hijos vas a dejar que me llamen "Tío Aldered", porque todos saben que el tío es el pariente inmediato con más estilo, ¡Adiós enamorado!-desapareció dejando su risa en el aire.

-Hijos…-Uriel sintió que se le aceleraba el corazón-si tenemos hijos n/n, jeje.

Esa noche el padre de Josefine le felicito, nunca había visto las porquerizas tan limpias.

De esta forma inicio la nueva vida de Uriel como ser humano común, dormía en un edredón en el piso del salón, se levantaba antes que todos para hacer sus oraciones matutinas, un habito del Cielo que no lograba quitarse, salía a trabajar y aunque era una agonía poco a poco fue tomando el ritmo, su manos se llenaron de callosidades como las de cualquier trabajador, acabo por hacerse amigo de toda la cuadrilla excepto de Lubin que solo mascullaba ordenes y lo vigilaba, se hizo al propio de vigilarlo también y mantenerlo lejos de Josefine.

Ella era todo su consuelo, llegaba a la granja al medio día con comida, cuando estaba más agotado se sentaba a su lado y le pasaba a escondidas el único libro que siempre estaba dando vueltas por la cas ay que era uno que Josefine cambiaba periódicamente en el convento cercano, luego de un tiempo Uriel logro finalmente convencer al carnicero de que leer y escribir era algo realmente útil y no un lujo de la burguesía como él pensaba asique empezó a darle clases a Josefine pero solo era una pantalla para estar más tiempo juntos, en aquellas sesiones Uriel termino de convencerse sobre su decisión.

Un día, cuando se sentó a hacer cálculos y cayó en la cuenta de que llevaba seis meses y dos semanas como humano, se dio cuenta de que seguía tan pobre como cuando llegara, su trabajo solo era para mantenerse bajo el techo de Josefine, a ese paso nunca sería un buen prospecto, tenía que ir ganando su propio dinero y además tenía que demostrarle al padre de Josefine que podría enriquecerlo; siendo como era un tipo inteligente no había tenido oportunidad de demostrarlo pero ahora por fin podría empezar a utilizar su cerebro.

Asique sustrajo una cinta del costurero de la nada, consiguió un cabo de cuerda largo y paso los siguientes cinco días midiendo la granja por todas partes, los otros lo miraban sin saber cuál era su juego, se puso a indagar los métodos en que preparaban la carne y hacer muchas preguntas extrañas, cuando le pidió al mozo permiso para acompañarle a la carnicería en el siguiente viaje este accedió con gusto porque Uriel le había estado enseñando a escribir y lo apreciaba en verdad.

En la carnicería el padre de Josefine lo hacía todo solo, estaba bien organizado, los matarifes preparaban la carne y la salaban en la granja, el mozo la traía, él solo tenía que acomodarla y venderla, era un buen sistema pero Uriel estaba convencido de que podría hacerlo mejor.

-Discúlpeme, vine a hablar con usted, he estado pensando en formas de mejorar la producción de la granja.

-¿Has estado pensando?-parecía que no le gustaba el concepto-si puedes pensar y trabajar puedes trabajar y hablar, no puedo desatender a la clientela-estaba poniendo trozos de carne en papel encerado para dárselos a una mujer.

-Puedo ayudarle-dijo Uriel mirando a otras tres personas en espera-se sacar cuentas y ya distingo los cortes-el hombre gruño algo y señalo donde había un delantal.

Era la hora pico de venta pero cuando el carnicero metió la mano en una de las bandejas y solo encontró dos patas de puerco se acordó de que no estaba solo, normalmente se tardaba dos o tres minutos sacándola las cuentas, Uriel lo hacía mentalmente en un instante además de que podía manejar varias líneas de conversación al mismo tiempo asique había atendido al doble de personas que él en poco tiempo, reparo en que tenía una forma curiosa de envolver la carne en el papel, no solo la ponía y la cerraba para entregarla, con dedos agiles la envolvía como si fuera un regalo y la ataba con un hilito de cáñamo de los que usaba para colgar cortes grandes en el ahumador, era un buen paquete, la carne iba segura y lejos de la mirada de perros osados o vagabundos hambrientos.

-Es una mera cuestión de orden y planeación-le explico cuando disminuyeron el ritmo- medí el terreno y si movemos las porquerizas habrá lugar para una más, ponemos ampliar el cercado y criar diez o veinte animales más.

-Mas animales significan más trabajadores, no puedo pagarlo.

-No necesariamente, si compartimentamos las porquerizas.

-¿Hacer qué?

-Con tablas ponemos a los cerdos adultos en espacios pequeños y separados, ahora están todos juntos y eso genera pérdidas, los adultos aplastan a las crías, se pelean, si los dividimos podemos controlar la población y disminuir la mortandad.

-No es una mala idea…

-También pensé en la carnicería, la carne salada y ahumada no dura para siempre, además hay muchas sobras al sacar cortes pequeños, podríamos vender los trozos en paquetes para hacer estofados, hay que gastar todos los recursos posibles y eso aumentara la ganancia-El carnicero se meso la barba y gruño algo asintiendo.

-¿Te interesa mi hija, verdad?

-o/oU

-He notado como la miras, es diferente…no como esos brutos que la miran igual a como miran la carne que vendo, no, lo tuyo es distinto, no estás pensando en nada sucio…eso nunca lo había visto.

-Jamás haría algo que perjudicara a Josefine ni a su familia, les debo mucho.

-Esa niña es una mula…pero también es la persona más inteligente que conozco-Uriel se quedo callado, no había esperado que justo ese día se abriera con él-le digo que leer te vuelve pretencioso y altanero, ella se escapa al convento y aprende por su cuenta, no creas que no sé lo que hacen.

-._.U

-Ya estoy acostumbrado a vivir con alguien más listo que yo, su madre era igual, ella me enseño lo que necesitaba para poner este negocio, sin ella…seguramente estaría vendiendo agua en las riberas del Rin-se paso la manga secándose el sudor de la frente- me dije a mi mismo que mi Josefine no se casaría con un bruto como su padre pero que se iba a casar con alguien que fuera más listo que ella, para que le pusieran los pies en la tierra.

-Con todo respeto…creo que Josefine es muy capaz de valerse por sí misma…quiero decir, en otro tiempo y lugar…

-Sigue siendo una mujer, podrá ser lista y osada pero eso no cambiara que solo es una mujer, de hecho lo hace peor, a mi no me importa que quiera demostrarme lo contrario pero se de muchos sujetos que desearían ponerle las manos encima solo para verla indefensa-clavo la achuela tan fuerte en la mesa que la madera se astillo-no voy a estar para protegerla siempre, por eso quiero casarla con alguien que la entienda y que la tolere.

Uriel asintió, no creía que el padre de Josefine fuera un bruto para nada, quizás cuando era un arcángel no habría dudado en afirmarlo pero ahora podía entender que la educación no hacia a las buenas personas ni a las malas, solo las reforzaba; al terminar el trabajo le dio algunas monedas en pago y le dijo que pondrían a prueba sus ideas.

Tuvo tiempo de pasear por la ciudad, se detuvo frente a una vitrina con unos pocos libros y pergaminos y se quedo mirándolos con nostalgia, ¿Quién estaría a cargo de su biblioteca ahora?, entre él y Josefine ya habían acabado con todos los libritos del convento.

-¿Lo echas de menos?

-¿Es que acaso no piensas regresar al Infierno, Aldered?

-Lo hice pero no pude dejar de pensar en ti, aquí a la buena de…tu sabes quién… ¿jugamos una partida?, quiero la revancha.

-Tengo que regresar.

-Te voy a estar vigilando, necesitas alguien que te cuide la espalda-busco algo en su bolcillo-te traje un obsequio.

-No sé si debería aceptar algo de ti-era una cajita, la abrió y encontró un preciosos anillo ornamentado-Aldered, es fantástico… ¿de dónde lo sacaste?

-¡Yo lo hice!, especialmente para ti, guárdalo y dáselo a tu dama en un momento especial.

-…Gracias-cerro la cajita y la guardo-eres un gran amigo, Aldered.

-Wow…en serio eres otro, trata de no volverte un animal de trabajo, extrañaría no tener con quien jugar.

-Eso nunca :)

Los siguientes meses fueron de duro trabajo, la granja fue reacomodada de acuerdo a un plano más organizado, se construyo no una sido dos porquerizas nuevas y los económicos paquetes de sobras se convirtieron en un fenómeno de popularidad inusitada, la bonanza llego apenas a tiempo porque entonces apareció por los territorios una desconocida plaga, los primeros reportes venidos de Inglaterra con ilustraciones de médicos usando mascaras de cuervo pusieron sobre alerta a Uriel que convenció al padre de Josefine de usar la nueva riqueza para abastecerse de vivieres, cerrar la carnicería y alejarse de la ciudad apenas unas semanas antes de que el flagelo llegara, la casa y la granja estaban en una zona rural aislada, allí estaban a salvo.

Una vez Uriel ideo la manera de evitar que los cerdos se congelaran pasaron el invierno sin contratiempos, fabrico un tablero de damas y le enseño a jugar al padre de Josefine, a pesar de su tono áspero y su habito de gruñir ordenes terminaron por llevarse bien, el carnicero había llegado a valorar la inteligencia practica de Uriel y su habilidad.

-Ni se les ocurra fijar la fecha en invierno-soltó un día que los encontró leyendo junto a la chimenea, los otros le miraron sin comprender- ¿no saben que es de mala suerte casarse a fines de año?

-O/O

-:D ¡Oh, papá!

Josefine se levanto de un salto y le abrazo, la Nana aplaudió feliz, Uriel se había quedado aturdido pero finalmente sonrió, ahora solo quedaba esperar el momento correcto para darle el anillo.

Y la primavera llego, la nieve se derritió haciendo un lodazal en los caminos, las flores despertaron de su largo letargo y los cerdos pudieron salir a tomar el sol y a revolcarse luego de meses, todos habían sobrevivido, la enfermedad ahora conocida como la "Peste Negra" seguía causando estragos y no se veía aun el momento de regresar a la ciudad donde había quedado abandonada la carnicería, mucha gente había huido al campo de manera que Uriel sugirió abrir una sucursal económica allí mismo, establecer acuerdos con otros campesinos y establecer un mercado local.

Para mediados del verano estaba en pleno movimiento, Uriel introdujo medidas para mantener a raya y lejos a la peste, al principio nadie entendía la idea de hervir el agua y quemar los montones de basura pero los resultados casi mágicos eran evidentes y la enfermedad se convirtió en un rumor lejano; Uriel se hallo un día mirando su reflejo en el agua de una cubeta sin poder reconocerse, había envejecido rápidamente, tenia barba y el cabello le creció tanto que opto por dejárselo suelto, a Josefine le encantaba jugar con los mechones dorados, se había convertido en una figura respetaba a la que se le pedía consejo para cosechar terrenos y hasta para criar a los niños, ahora era parte de algo, una comunidad que le apreciaba y para la que tenía grandes planes como poner una escuela y traer libros en cuanto fuera seguro viajar a Paris, finalmente había dejado de estar solo.

-¡Oye!-le llamo Lubin-nos falta madera.

Uriel le miro suspicaz pero obedeció, Lubin era el único con quien no se llevaban, habían tenido el gusto de no verlo durante el invierno pero al llegar la primavera regreso con la hosquedad de siempre, tomo el hacha y se dirigió al bosque, tenía que darse prisa, le había pedido a Josefine que viniera al caer la noche pues planeaba darle finalmente el anillo y fijar la fecha en una semana, ya no podía esperar más.

Se alejo hasta dar con un tronco prometedor y estaba por darle cuando escucho un crujido de hojas, por un momento pensó que estaba siendo asediado por un lobo o algo similar hasta que distinguió un brillo escarlata.

-Ya sal de allí, Aldered-el demonio se asomo por unos matorrales, venia en su forma real.

-Si no hubieras abierto la boca no sabría si eras tú.

-¿Y tu disfraz?

-Ordenes del amo-miro que no hubiera nadie y salió a estirarse-para aumentar la histeria… =) ¿Y cómo te trata la vida terrenal?

-Fue la mejor decisión de mi vida n_n

Josefine llego a la granja antes de tiempo, ya había adivinado las intenciones de Uriel y no podía contener su emoción, lo llamo sin resultado y creyó que quizás estaba en la cabaña de los matarifes donde había estado trabajando en algo que llamaba "medidas antisépticas" pero para su desagrado allí solo estaba Lubin afilando su cuchillo de capador.

-Señorita Josefine-saludo.

-Señor-respondió ella orgullosamente-vine a ver a Uriel.

-Está allí atrás-dijo como si tal cosa apuntando al almacén donde se guardaba la carne salada y ahumada.

-Con permiso-lo pasó de largo y abrió la puerta, Uriel no estaba allí y esa era la única puerta- que gracioso ¬¬-dijo molesta, giro sobre sus tobillos para irse, Lubin le tapaba la salida.

-¿No se quiere quedar a charlar?

-Déjeme…déjeme salir…

-=/

-Nunca creí que llegaría el día en que te viera así.

-¿Feliz?

-Descuidado, pareces un nómada pero no lo negare, te hace bien, ese brillo en tu mirada, ya eres todo un humano, ¿Qué tal estuvo la noche de bodas?

-Asique a eso ibas-dijo riendo, le saco las ultimas ramas bajas al tronco-aun no me caso, le daré el anillo esta noche, le pedí que viniera a la granja, vamos a pasear bajo la luna.

-Eso es tan poético pero aclárame algo- miro al cielo que ya oscurecía-¿Por qué no estás con ella ahora?

-o.o-miro al cielo también y de pronto tuvo un funesto presentimiento-tengo que regresar a la granja.

Dejo allí la madera y el hacha, casi corrió y no encontró a nadie al llegar, ni a Lubin que era el último en irse siempre ni a Josefine que ya debería a ver llegado, Aldered le había seguido, su fino olfato lo guio hasta la cabaña de los matarifes.

-Aquí huele a sangre.

-Es el matadero-dijo Uriel apelando a la lógica para controlar sus nervios-siempre huele así.

-Huele a sangre humana-aclaro-los demonios sabemos eso, ¿quieres que entre a mirar?

-…No…yo lo hago…

Entro a la cabaña con el alma en un hilo, todo parecía en orden pero la puerta de la bodega estaba entreabierta, al tomar el pomo creyó que ardía, su corazón latía a mil por horas y entonces…se detuvo.

-¡Josefine!-estaba tendida en el piso con un corte en el vientre, el cuchillo del capador estaba tirado a un lado, aun respiraba, Uriel le tomo en brazos y presiono su herida- ¡Josefine, háblame!, aguanta, por favor.

-Uriel…

-Estoy aquí, resiste- Aldered miraba desde afuera- ¡Ve por ayuda, llama a su padre!

-No puedo-dijo bajando la cabeza.

-¡¿Qué?

-¡Es por la plaga!, el amo nos prohibió interferir...con la muerte…

-¡No está enferma, idiota, la apuñalaron!

-Uriel… ¿a quién le hablas…? _-Josefine no podía escuchar al demonio en su forma real, los humanos no podían pero Uriel si porque le conocía desde antes-Uriel… :( me muero, Uriel…

-No, no digas eso…

-No lo deje…trato de…trato de dañarme…y no lo deje…

-Claro que no, eres muy fuerte…

-Tengo frio…

-Josefine…por favor, no puedes dejarme, te amo…-ella sonrió.

-También te amo…voy a estar bien…

-Josefine…

-Mi amor…te veré…en el Cielo…

Aldered le observaba con cautela, estaba esperando que estallase en cualquier momento pero en vez de eso vio como colocaba a la joven suavemente en el piso, sacaba la cajita y deslizaba la sortija en su dedo antes de darle un último beso en los labios, le miro un instante y entonces volvió a moverse, tomo el cuchillo abandonado, el palo que siempre llevaba con él, se soltó el medallón de Josefine y lo uso para atar una cosa con otra haciendo una lanza rudimentaria, solo entonces se atrevió a preguntarle que hacía.

-Llévame a él-no era una petición, era casi una orden-voy a matar a ese bastardo.

-Uriel, no dejes que la ira de controle…

-¡La dejaste morir!-grito, Aldered se redujo, nunca había sentido semejante carga de odio-¡Es tu culpa también asique llévame donde esta o te matare primero y luego lo buscare!

Era una amenaza absurda, seguía siendo solo un humano y nada le habría costado a Aldered sacárselo de encima pero en recuerdo de su amistad y sintiéndose culpable como nunca se dirigió a la puerta y busco el rastro para él, no sería difícil, había gotitas de sangre en el camino, Josefine se había sabido defender.

Lubin estaba en el bosque, tomando un atajo, no podía ir por la calle porque tenía las ropas manchadas de sangre, iba mascullando, esa maldita, había luchado y chillado como una gata furiosa, nadie lo esperaría en una mujer tan pequeña, al final había tenido que apuñalarla pero entonces ella, demostrando una sorprendente sangre fría, le había arrebatado el cuchillo haciéndole un corte en el brazo, tuvo que escapar.

La herida no era seria, si se movía rápido podría lavar la sangre de sus ropas en un rio y salir de la localidad antes de que se diesen cuenta, había pensado en matarla de todos modos y culpar a Uriel pero todo se había trastocado, a esas alturas era mejor arriesgarse a contraer la peste que quedarse para que lo colgaran.

Llego al rio y se detuvo a descansar, no se había dado cuenta de que desde hacía cinco minutos era observador por un perseguidor implacable, Uriel vio como se lavaba la sangre del brazo y se despojaba de las ropas manchadas, estaba esperando, quería humillarlo y hacerlo sufrir, por primera vez en su vida no estaba razonando, se dejaba guiar completamente por ese instinto asesino que se había apoderado de él, un instinto meramente humano; espero a que se inclinara sobre el agua a lavar sus sucios trapos y se acerco con lentitud, el arma en ristre.

-¡Lubin!-el aludido solo acertó a voltear-dale mis saludos a Lucifer.

La lanza cayo con precisión mortífera, atravesándole desde el hombro al corazón, igual que como se mataba a los cerdos, Lubin aulló como un animal, Uriel extrajo el arma y volvió a atacarle, sus gritos de agonía solo le exacerbaban, la apuñalo una y otra vez mientras su sangre corría hacia el rio y luego arrojo su cuerpo al agua, Aldered vio todo y cuando termino quiso acercarse pero entonces Uriel salió corriendo, no lo siguió, se dio cuenta de que nada que dijera iba a ayudarle.

La tormenta cayo sin aviso de nubes o truenos a la distancia, Dios sabía lo que su hijo había hecho, Uriel huía por el bosque, se diría que escapaba de algo, como si le fuera a caer un rayo si no se ponía a cubierto pero empezó a detenerse, cansado, aturdido, destrozado.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!, ¡¿POR QUÉ?

Cayo de rodillas y hundió la cara en el fango, todo se había perdido, estaba solo de nuevo y completamente devastado, asesinar a Lubin no le había servido de nada, ¿Por qué estaba solo de nuevo?, ¿Por qué le había sucedido eso?, ya ni llorar era suficiente, sentía que estaba enloqueciendo…escucho pasos pesados, levanto el rostro lentamente y vio tres pares de botas negras, miro más arriba y reconoció a sus hermanos, tanto Rafael como Gabriel le miraban con piedad, Miguel parecía un verdugo listo para ejecutarle.

-Lo siento…-musito aterrorizado-en verdad…lo siento…

-Pedir perdón no va a salvarte esta vez-le dijo Miguel, Uriel se encogió, sin sus poderes solo era un pobre mortal frente a un arcángel con una espada afilada-has cometido un crimen terrible.

-No quise…

-El caso es que lo hiciste, la pregunta es: ¿Por qué?

Uriel cerró los ojos y volvió a bajar la cabeza, como si esperara recibir una estocada piadosa que terminara con su sufrimiento, no sabía porque lo había hecho, estaba lleno de rabia y dolor, solo había actuado de la misma forma brutal en que las personas reacciona cuando pierden el control…de pronto recordó que aun era humano, luego de lo que había hecho si moría su alma iría al Infierno, el corazón se le helo de horror pero entonces tuvo una idea desesperada.

-¡Lucifer!-exclamo levantando el rostro-¡Fue su culpa!

-¿A qué te refieres?

-Me tendió una trampa, vio que estaba vulnerable y lo aprovecho-bajo la cabeza, no podía mirarlos mientras mentía-no sabía lo que estaba pasando, me engaño por completo, Dios…no puedo creer que me arrastrara a esto pero lo juro, jamás quise lastimar a nadie…por favor, tienen que creerme…

-Tiene sentido-dijo Rafael, los otros lo miraban- ¿no lo recuerdan?, de niños siempre trataba de culpar a Uriel de sus desastres pero nunca podía, todos sabemos cuán disparatado y duradero puede ser su rencor, vio que se había vuelto vulnerable y aprovecho la oportunidad.

-¡Oh, Uriel!-Gabriel se arrodillo para abrazarle- ¡Sabia que no podías haber hecho algo tan malo!

-Es factible-admitió Miguel a regañadientes- entonces, ¿qué hacemos contigo?, aun eres nuestro hermano.

-…T_T Por favor…quiero ir a casa…-estaba llorando de frustración- me equivoque…ya no soporto este dolor…

-Se piadoso, hermano-dijo Rafael-parece que no rompió sus votos, llevémoslo y que Padre juzgue su corazón.

Miguel no parecía convencido pero finalmente asintió, como estaba muy débil Rafael le cargo en brazos y subieron al cielo, de alguna manera eso no fue mejor para Uriel, se sentía un extraño, la luz resultaba dolorosa y la atmosfera vacía, lo dejaron descansar dos días antes de que Miguel le recordara que debía ver a su Padre; Uriel sabía que era de estúpidos tratar de mentirle a Dios, tomo la lanza artesanal con el medallón de Josefine como única cosa que pretendía conservar si le despojaban de todo y se dirigió al trono de Dios.

-Me parece que debes una disculpa, hijo.

-U.U Si, Padre, mentí y lo lamento de corazón…

-No a mí, Uriel, a él-la mano señalo a su izquierda de donde surgió una figura siniestra.

-._. ¿Lucifer?

-¿Sabes que es muy gracioso?, puse la misma cara cuando me llamo diciendo que teníamos un problema.

Cada año o año y medio el Diablo cambiaba de aspecto de acuerdo a cierto dictamen algo adelantado de lo que sería una imagen pavorosa en boga, lo que le delataba era su presencia diabólica y ese año había elegido el atuendo holgado de los médico de la Peste Negra con sombrero ancho y con una extraña mascara en forma de cabeza de ave, parecía un cuervo mirando un trozo de carne con sus ojillos rojos y malévolos.

-Permíteme ver si entendí esto-dijo acercándose a Uriel, estaba fumando una larga pipa y exhalo el humo sobre su cara haciéndole toser- mataste a un ser humano, ¿y me culpaste a mi?

-…yo…

-jejeje… ¡JAJAJA XD!

-o0?

- En verdad no tienes descaro-dijo el demonio con humor- eres un…

-¡Ejem!, cuida lo que dices en mi presencia.

-Disculpa, Padre- rodeo a Uriel como si lo evaluara-te diré…si fueras cualquier otro en el universo creo que estaría muy molesto pero considerando nuestra historia…jeje, esto en endemoniadamente hilarante, si por algo me molesto es no haber sabido antes la increíble oportunidad de hacerte burla que perdí.

-Padre… ¿quieres que me disculpe con Lucifer?

-Si tu corazón lo cree correcto deberías pero no es esa la razón por la que tu hermano mayor esta aquí.

-Alguien se gano un castigo-canturreo Lucifer- mataste, te corrompiste y vas a tener que pagar las consecuencias.

-Pretendo que regreses a tu puesto como arcángel pero desde ahora serás siempre un punto y aparte, marginado y separado, el mundo tendera a pasarte por alto y no serás definido como bueno o malo, la condición humana es lo que te hizo dejarnos y eso te marcara hasta cumplir tu penitencia.

-Sí, Padre =(

-Oh, pero esa es solo la parte del regaño-dijo Lucifer poniéndole las manos, casi zarpas sobre los hombros-el castigo lo pongo yo, te alegrara saber que he elegido una penitencia donde puedes perder la vida o ganar algo superior- acerco su pico hasta rozarle la oreja y susurro- Xibalbá.

Uriel retrocedió como si le hubieran golpeado con un palo, Xibalbá era una de las siete puertas terrenales al Infierno y la más peligrosa de todas, era fácil para los demonios salir por ellos como rutas rápidas pero entrar era una locura, para un ángel seria casi imposible, para un humano rayaría en el suicidio, Lucifer le miro fijamente, complacido con el resultado.

-Veras-explico- quizás hayas oído sobre la Llave al Infierno, esa que abrirá las puertas de mi reino el día del juicio final, hace tiempo que Padre y yo venimos discutiendo que hace falta alguien responsable que se haga cargo de cuidarla y la utilice llegado el momento, no va a ser él y no puedo ser yo, no puede ser un demonio y cualquier ángel se vería en peligro al ser expuesto a la energía oscura que irradia de ella, no es un juguete de niños pero entonces nos acordamos de ti.

-¿De mi?, ¿quieren darme la llave a mi?

-Por ahora solo queremos que vayas por ella y si no mueres en el proceso puedes quedártela ;)-Uriel parecía seguir sin entender- tienes las manos manchadas de sangre, ya has probado la oscuridad asique iras por la llave y si la consigues recuperaras las alas.

-Y si fallo estaré muerto…

-Veo que lo entendiste, pero piensa en la recompensa, como guardián de la llave tendrás libre acceso a mis dominios y una tajada del pastel de año nuevo, se de demonios que matarían por eso-Uriel le evadió la mirada.

-¿Cuándo debo partir?

-Ahora mismo…por cierto, y solo en caso de que no lo hubieses notado, aun eres humano.

-D:

Antes de que Uriel pudiera alegar que era imposible que un humano cruzara Xibalbá, Dios chasco sus dedos y desapareció para reaparecer en otra parte, cayó sobre un rio y salió tan rápido como pudo tosiendo, al seguir el cauce se veía una cueva, la entrada a Xibalbá estaba en aquella gruta perdida en lo recóndito de Guatemala, ¿realmente esperaban esos dos que la atravesar sin otra cosa que una lanza mal hecha y su ingenio?

Se sentó en la ribera a tomar aire y pensar sobre lo que se le venía encima, tratando de calcular que le daba más miedo, si atravesar la más mortífera de las entradas al Infierno o caer directo en este como condena a su crimen, se abrazo las rodillas, estaba temblando.

La ruta de Xibalbá se dividía en seis niveles llamados "Casas": la Casa Oscura, en cuyo interior solo había tinieblas, la Casa del Frio, donde un viento helado e insoportable soplaba en su interior, la Casa de los Tigres y la Casa de los Murciélagos, llena de dichos animales, la Casa de las Navajas con sus afiladas piedras y finalmente la Casa del Calor donde solo habían brasas y llamas.

Miro hacia la gruta, tarde o temprano tendría que entrar, no le habían dejado opciones, además…luego de lo que había hecho quizás lo merecía…no por Lubin, él maldito lo merecía…pero Josefine no, ella debió sobrevivir, pudo haber hecho más por ella; asintió decidido, busco ramas y pastura para improvisar una tea, la encendió con dos rocas, no tenia aceite asique hizo varias iguales y cuando el fuego menguara en una la cambiaria, esperaba tener suficiente para pasar la primera casa y resistir la segunda, cargo con las ramas, entro al cauce que le llegaba a las rodillas y se encamino a la gruta.

La boca de Xibalbá estaba hecha para desalentar a los exploradores porque no parecía llevar a ninguna parte, el truco era buscar el agua más oscura y seguirla hasta se tornara negra, eso te llevaría a una pared falsa donde debías escribir tu nombre con sangre, solo entonces podrías atravesarla y entrar a la Casa Oscura, así lo hizo Uriel, esperaba que las teas le ayudaran pero al pasar la pared se dio cuenta de que la luz apenas iluminaba unos centímetros desde su fuente, dio un paso hacia atrás y choco con la pared re materializada, no podía volver asique apunto la tea a sus pies al menos para ver que no hubieran obstáculos en el agua y empezó a caminar.

-Muy bien…-su voz se escuchaba extraña, sin eco-ya estás aquí, Uriel, sigue adelante…

Cambio la tea dos veces en el camino y a cada momento tenía que detenerse, le parecía estar yendo en línea recta pero no sentía que avanzaba, se detuvo a cambiar la tea por tercera vez, cuando su oído, agudizado por el silencio, percibió algo y antes de que pudiera deducir que era algo le sujeto del tobillo haciéndole caer al agua, ahora estaba a ciegas y luchando con la cosa que le había derribado, debía ser alguna especie de serpiente porque se le estaba enrollando intentando asfixiarle.

Desesperadamente trato de encontrar su lanza y al tenerla la enterró en el cuerpo del animal, este se soltó un poco siseando con furia, le mordió el brazo clavando sus afilados colmillos pero entonces Uriel le clavo la lanza en la cabeza, la serpiente se agito, soltó su presa y cayó muerta en el agua, la profundidad permitía que Uriel flotara y se dejo llevar por la corriente mientras respiraba con agitación, había perdido su fuente de luz y calor porque todas las teas habían acabado en el agua, sin ellas estaba completamente perdido.

-Josefine…-murmuro.

Un nuevo sonido le despabilo, una corriente de aire, también escuchaba un bramido de agua, trato de levantarse y vio que no tocaba el suelo, estaba a la deriva y se acercaba a una caída de agua o algo similar que no podía ver y no podía evitar, cuando el bramido se hizo ensordecedor tomo aire y se sumergió, era un remolino, fue jalado por una vorágine que le llevo por un túnel, se le agotaba el aire pero de súbito dejo el agua, cayo de uan gran altura y aterrizo de caro sobre una capa de nieve.

Había entrado en la Casa del Frio.

Tenía todo el cuerpo entumecido, el frio se le había metido a los huesos, si se dormía podía morir pero estaba tan cansado…ya ni siquiera sentía dolor…quizás no fuera tan malo…cerró los ojos y entonces sintió una oleada de calor que hizo los abriera de nuevo, allí había alguien rodeándole con un muro de fuego.

-¿Aldered…?

-Muy bien, lo lamento-empezó el demonio hablando muy rápido-se supone que soy tu amigo y deje que mataras a ese desgraciado, que se lo merecía pero solo te arruinaste más y nada me habría costado noquearte y dejarte amarrado hasta que se te bajara la rabia aunque luego tuvieras que desquitarte conmigo, soy un idiota y lo lamento, ¿pero Xibalbá?, ¿perdiste la cabeza?, si quieres suicidarte hay métodos menos dramáticos, la orca es una rápida elección…-vio que Uriel se estaba durmiendo de nuevo-¡Oye, no me dejes hablando solo!

-0o!

-Vamos, hombre-se lo echo a la espalda-te sacare de aquí.

-No…no puedo…

-Hay maneras más fáciles de superar una decepción amorosa.

-No, no entiendes- el cuerpo de Aldered era muy caliente, eso le despertó, trato de levantarse-no estoy aquí por gusto…es mi penitencia…

-¿Tu Padre te mando a hacer penitencia a Xibalbá?...y yo que decía que el Amo era drástico ._.

-No tengo tiempo de explicártelo, ¿Dónde quedo mi lanza?-la encontró a un metro, la había soltado para no caer sobre ella-la cosa es…que tengo que llegar al fondo y encontrar una llave… ¿me dices por donde?-a su alrededor no miraba más que nieve y además estaba nevando asique era puro blanco en todas direcciones.

-¿En serio lo harás?

-No tengo elección.

-Rendirse siempre es una elección-suspiro-pero te la debo por no ayudar cuando debí hacerlo, iré contigo.

-:D

-No sonrías, este lugar es abominable hasta para los demonios, no sé de ninguno que lo lograra.

-D:

-Pero como somos un par de genios quizás seamos los primeros =/-oteo el horizonte- por acá, sígueme.

-Si ningún demonio a atravesado Xibalbá-pregunto cuando ya estaban caminando- ¿Cómo sabes cuál es el camino?

-No se trata de saber, se trata de sentir, soy un demonio, mi flama se aviva cuando me acerco a mi hogar, ¿no están los ángeles más cerca del altísimo en casa?

-Supongo que así era…pero aun soy humano, cuando me llevaron…es extraño, todo se sentía irreal…

-La perfección es irreal para cualquiera, si no puedes sentir que vives, ¿de qué sirve hacerlo?

Uriel prefirió con contestar, se sentía como muerto por dentro y hablar solo consumía energías que necesitaba, procuro mantenerse cerca de Aldered cuya aura caliente acabo por generar una nube de vapor a su alrededor, no podía verlo y la nevada degeneraba en ventisca cuando sintió que algo se le enroscaba en la muñeca, tiro de aquello.

-¡Ay, oye!-exclamo Aldered-¡Es mi cola lo que jalas!

-D: Perdón, no veo nada.

-Por eso te la di, quédate cerca…-cada vez tenían que caminar más lento, Aldered comenzaba a enfriarse- _ ¡Bruu, que frio hace aquí!

-¡¿Te encuentras bien?-tenían que gritar para oírse sobre el silbido del viento-¡Si proyectas fuego frente a nosotros podríamos lograrlo!

-¡Necesito levantarme para eso…y extender las alas para levantarle…!-si extendía las alas el viento le arrojaría por los aires.

-¡Hay que trabajar juntos…levántate y apóyate en mi!

Aldered se afianzo y entonces abrió las alas, el impulso el puso sobre sus patas traseras en un segundo, Uriel le atajo, se desgarro parte de la ropa y le amarro las alas juntas para que quedaran hacia atrás sin provocar ese efecto de paracaídas, Aldered levanto los brazos y levanto un muro de fuego frente a ellos, de nuevos estaban rodeados de vapor; reemprendieron la marcha, Aldered sujetando a Uriel con la cola enrollada a su brazo, Uriel casi pegado a Aldered para recibir su calor y agradeciendo en el alma que su único amigo en el mundo estuviera a su lado, ya estaría muerto sin él.

-¡SUJETATE!-grito de pronto.

-¿¡QUE!

Cayeron sin aviso por una rampa de hielo, el blanco fue remplazado por paredes rocosas como deberían de verse en una cueva, cayeron sobre un montículo de nieve al final, aun hacia frio pero en contraste con lo pasado se estaba a gusto excepto por el olor, olía a encierro de animales, a sangre y desperdicios.

Habían llagado a la Casa de los Tigres.

-Llegamos a la tercera casa, gracias Aldered.

-Sí, de nada… ¿quieres quitarme esto de las alas ¬¬?, es muy incomodo.

-Lo lamento-le soltó el amarre-hay que andar con cautela, ¿Cómo de grandes son los tigres aquí?

-Considerando que nadie ha llegado más allá de la segunda casa-dijo levantándose y frotando su espalda adolorida-no estarán muy bien alimentados, el tamaño es lo de menos.

Hizo aparecer su arma, un enorme martillo con una agarradera trasversal, Uriel miro su lanza y se dio cuenta de que había perdido la mitad del palo, la vara debía de hacerse roto en el descenso asique ahora tenía una lanza corta, no le serviría para mantener a raya a los animales, el demonio olfateo el aire y de pronto salió corriendo a toda velocidad, Uriel fue tras él, entendía la idea: si caminaban los tigres podrían rodearles y cercarlos, mientras antes salieran de allí mejor.

Empezaron a ver ojitos rojos muy pronto, allá adelante había un agujero oscuro, el paso al siguiente nivel, entonces dos tigres saltaron frente a ellos, Aldered le dio al primero con el martillo lanzándolo a través del oyó pero el resto de la jauría les rodeaban, no eran tigres normales sino bestias infernales negras con rayas rojas, el fuego no es asustaba, gruñían y exhalaban un aliento venenoso.

Habían como veinte tigres a su alrededor bufando, ver como Aldered había arrojado al primero debía de haberles alarmado pero ahora parecían listos para volver al ataque, Uriel recibió al siguiente con una estocada directo al corazón, las garras le rasparon, ahora todos los tigres trataban de arrojarse sobre ellos, la mayoría era repelidos por Aldered que agitaba su martillo tan bien como podía procurando no lastimar a Uriel de paso pero uno o dos se escabullían y el tenía que defenderse solo con su lanza corta, rasgo el aire espantando a uno cuando otro se le acerco y le lanzo un zarpazo a la espalda.

-¡DX Aah!

-¡Uriel!

Tiro su martillo sobre el tigre, abrió las alas y se lanzo sobre Uriel arrojándose junto a él por la boca oscura, cayeron varios metros hasta otra sección de la cueva, el tigre que había derribado primero yacía muerto allí, los otros se apiñaron y rugieron desde la boca antes de regresar a sus madrigueras.

Ahora estaban en la Casa de los Murciélagos.

-¡Diablos!-su brazo izquierdo no reaccionaba-¿acaso todos los malditos pasos tienen que ser caídas?, Aldered- le busco con la mirada, Aldered estaba sobre el tigre muerto-._.U ¿Qué estás haciendo?

-Estoy exhausto y hambriento, no te muerdo a ti porque te conozco-un hueso crujió bajo sus dientes.

-XS

-Lo sé, normalmente no soy tan vulgar…mmh, pero tampoco puedes ser exigente ahora…aprovecha, estamos a la mitad.

-¿Cómo llegue a punto en que eso resulta razonable?-su lanza había quedado reducida a un cuchillo atado a un palito.

Se aproximo para sacar un trozo de carne del tigre, tenía entendido que la carne de los extraños animales criados en el Infierno estaba cocida ligeramente y que así vivían, eran especies inusitadas diseñadas por su Padre y entregadas a Lucifer como una concesión para alimentar a los demonios que estaban obligados a vigilar y encerrar a las almas humanas a cambio, la carne de tigre infernal tenía un desagradable sabor mescla de almizcle con salmuera, le provoco arcadas pero comió cuanto pudo, quedaba esa y otras dos salas pero ya se sentía al límite de sus fuerzas.

-Creo que estos son murciélagos reales-dijo Aldered en voz baja-nunca he visto murciélagos en el Infierno.

-Debemos estar a kilómetros bajo tierra…un murciélago no podría salir de aquí-agito la cabeza.

-Usa la cabeza, son pequeños, quizás conozcan un pequeño camino que lleve a la superficie…

-Quizás…-se estaba mareando-no puedo pensar…claramente…

-El aire esta enrarecido pero no puedes dormirte, hay que seguir.

-Si…necesito levantarme…-se puso en pie, camino un poco y se detuvo- :( Snif…

-¿Estas llorando?

-…

-Uriel- dijo con lastima- está bien, desahógate, se que todo esto es muy difícil para ti…

-…X(…X)…jeje…jejeje…

-00? ¿Uriel?

-jejeje…jejeje…

-._. Oye, me estas espantando-de pronto soltó una sonora carcajada- D: ¡Uriel!

-XD ¡JAJAJA!, ¡¿Qué es lo que quieren de mi?-grito, su voz hizo eco en la cueva-esto…esto es una locura, es irreal…no puedo, no puedo creer esto.

-Vamos, amigo, no enloquezcas ahora.

-Seguramente ya es tarde-dijo sonriendo torcidamente- porque solo un loco preferiría entrar al Infierno a través de Xibalbá que morir y pasar directo-se escucharon chillidos, los murciélagos estaban despertando, sus ojos eran rojos y sus alas lucían un reborde filoso.

-Tenías razón, no son murciélagos normales…

-¿Te digo algo?-se guardo la cuchilla en el cinturón-si estoy loco o no me importa, solo importa llegar al fondo y restregársela en la cara a Lucifer-los murciélagos saltaron del techo y Uriel corrió a su encuentro.

-¡No!

Abrió las alas y le atrapo antes de que fuera acribillado por un centenar de murciélagos, voló entre ellos sintiendo como se le prendaban y trataban de hacerlo caer pero se los sacaba de encima, los evadía intentando proteger a su carga cuando vio que el techo se llenaba de estalactitas, descendió pero no lo bastante rápido para evitar que sus alas fueran violentamente rasgadas, cayo y dio la vuelta en el aire cayendo sobre su espalda, al borde de un camino de estalagmitas, estaban al borde del penúltimo nivel.

La Casa de las Navajas.

Luego de que le levantaran en el aire, Uriel cerró los ojos y no se entero de nada hasta que el mundo dejo de dar vueltas y los chillidos se acallaron, abrió los ojos, el cuerpo de Aldered estaba tibio lo que no era bueno porque debía ser más caliente, se incorporo trabajosamente y le miro, tenía las alas destrozadas y parecía a ver perdido el conocimiento.

-Aldered…-dijo en un hilo de voz- ¿pero qué he hecho? :( Aldered…tenias razón, me volví un idiota…todo es culpa mía, yo deje morir a Josefine, me creí más listo y lo arruine…-su brillo menguaba, se estaba enfriando-no, no voy a dejar que esto acabe aquí…me equivoque pero ahora voy a hacer lo correcto.

Se lo hecho al hombro, parecía un peso muerto, ante ellos se extendía un laberinto de estalactitas y estalactitas afiladas que casi se rozaban unas a otra, Uriel tomo aire y entro, tenía que caminar despacio y con mucho cuidado para evitar herir más a Aldered pero no podía evitar cortarse, percibió un brillo en su compañero pero unos momentos después disminuyo, se detuvo, regreso sobre sus pasos hasta que las marcas de Aldered brillaron de nuevo, eso era, su flama se avivaba con la cercanía al Infierno asique podía usarlo como una brújula para salir de allí.

El método demostró su utilidad, además mientras más cerca estaban más caliente se ponía el cuerpo del demonio, si lo llevaba hasta el Infierno estaría bien, ya casi había olvidado para que estaba allí pero cuando vio a lo lejos una boca roja y flameante como la puerta de un horno lo recordó, había venido por la llave del Infierno, empezó a sudar y a sentir que su piel ardía, para cuando salió del laberinto ya había entendido que no había forma de entrar a la sexta casa, la Casa del Calor a menos de que se arrojara de cabeza a las flamas y no era lógico pensar que le habían mandado allí solo para morir en vano, debía dar un último salto de fe asique empezó a correr y atravesó la boca en llamas.

Aldered despertó sintiendo un contacto frio, le dolían las alas pero ahora podía tolerarlo, abrió los ojos y vio que estaba sobre un suelo de mármol, levanto la cabeza, conocía ese lugar, paredes blancas de aspecto anónimo bañadas por una luz perpetua.

-No es cierto…-dijo mirando a su alrededor- Uriel, no vas a creer donde estamos, ¡Es la Mansión de los Justos!, estamos en el Primer Círculo… ¿Uriel?

Lo vio más adelante, caminando con paso tambaleante, se veía extrañamente trasparentado cuando paso por una puerta arqueada una silueta encapuchada se despego del muro y le siguió, llevaba una hoz enorme, alarmado, Aldered miro a su lado y vio a otro Uriel en la forma de un cuerpo muerto y quemado, no se podía estar en el infierno en un cuerpo humano, había muerto en el paso de la Casa del Calor y era su alma en pena la que seguía adelante, como un espirito atrapado hasta cumplir un propósito, si Azrael lo golpeaba con su hoz le destruiría, trato de alcanzarles peor la puerta se cerró frente a él, Uriel estaba solo.

Uriel no se había dado cuenta de nada, no sabía que acababa de morir ni que la muerte le estaba siguiendo, iba como en trance y solo podía pensar en lo cerca que estaba de la llave, en lo pronto que terminaría esa pesadilla, paso un largo pasillo sin distraerse por las muchas puertas a los lados que daban a amplios salones llenos de fantasmas pasados, finalmente el camino desemboco en un amplio vestíbulo donde unas cincuenta llaves de varias formas y tamaños flotaban mágicamente en el aire y allí estaba él, Lucifer, con su disfraz de cuervo tempestuosos y sus ojillos de carroñero.

-Debo admitir que estoy impresionado…

-…-Uriel apenas le escuchaba, estaba mirando las llaves, tratando de adivinar cuál era la correcta-la llave…la llave…

-No va a resistir mucho más, Lucifer…-dijo Azrael a sus espaldas-nunca vi un espíritu tan torturado, la aniquilación eterna es su único descanso…

-Te creo pero Padre quiere que lo llevemos hasta el final, asique…

-Tiene-levanto en alto la hoz de modo que pudiera dejarla caer sobre su cabeza-exactamente dos minutos…

-Depende de ti ahora, Uriel, la llave del infierno está en esta sala, solo tómala.

-Quizás puedas darle una pista…

-Padre no dijo que no…muy bien, para encontrar la llave que abre la puerta del Infierno la clave está en su dintel…

Uriel se concentro, sentía que se le escapaba algo, el dintel de la puerta del Infierno era famosos por su pavorosa inscripción condenatoria…

"Por mí se va a la ciudad del llanto;
por mí se va al dolor eterno;
por mí se va a la condenada raza;
la justicia animó a mi Sublime Arquitecto;
me levantó la divina Potestad, la suprema Sabiduría y el primer amor
Antes de mí no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal;
y yo duro eternamente.
¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!"

-Por mi…por mi…

-Un minuto…

-Por mi…-paseo la vista por las muchas llaves, todas tenían formas oscuras o decoraciones pero justo detrás de Lucifer había una pequeña llave de metal, lisa y sin detalles, en nada distinta a una llave de celda-por mi…-sonrió-fuera de mi camino, Lucifer.

Desconcertado, Lucifer se hizo a un lado y Uriel avanzo justo antes de que Azrael descargara su ataque, la hoz quedo clavada en el suelo, Uriel camino hasta la llave pequeña y adelanto su mano.

-Yo soy…-dijo tomándola-la llave al Infierno…

Entonces paso algo asombroso, todo el dolor, toda la oscuridad acumulada en su alma se convirtió en una sustancia oscura que fue absorbida por la llave como si fuera una esponja, se volvió oscura y aumento su tamaño hasta hacerse tan grande como una persona, al transferir todo ese veneno un destello invadió la sala y Uriel recupero sus poderes, nuevamente era San Uriel Arcángel, el más brillante, el más solitario.

-¿Cómo?, ¿Cómo lo resolviste?

-Me prepararon para esto-dijo-solo un humano lo sabría, porque ellos son así, llevan el cielo y el infierno en su interior, luchando constantemente por el dominio de sus almas.

-¿Y el infierno te invadió?

-Yo le deje hacerlo-lo miro-no voy a molestarme preguntando porque debía ser yo pero hice lo que deseaban y quisiera irme ahora.

-Eres libre por mis territorios, puedes irte-les paso de largo sin despedirse- uno diría que solo recuperamos al viejo Uriel, parece no haber aprendido nada.

-Aprender es saber, no presumirlo…-le hizo notar Azrael-me alivia no haberlo matado…pero lamento que su existencia este condenada a la soledad…

-Mato a alguien, de un modo u otro eso siempre le seguirá.

-No es esa muerte la que va a seguirle…

Aldered estaba rasguñando la puerta con desespero, no había encontrado ningún otro camino o ventana que le permitiera alcanzar a su amigo, no sabía qué hacer cuando la puerta se abrió sola desde dentro, salto hacia atrás cuando vio salir a Uriel tal y como lo recordaba de antes de que se volviera humano, cargando una llave enorme, el arcángel producía una repercusión extraña en el ambiente.

-¿Te encuentras bien?-le pregunto con cortesía.

-¿Tu estas bien?

-Lo estoy, gracias por ayudarme a llegar hasta aquí-en eso reparo en el cadáver, frunció el ceño como si no lo reconociera- ¿acaso yo…?

-Si…

-Tiene sentido-despego la vista del cuerpo y le miro, solo entonces se permitió una expresión de pena ante sus alas heridas-lamento eso, deberías irte a descansar.

-¿Te vas?

-Me voy a casa.

-=) Bueno, eso debes hacer…

Lo vio marchar, quizás la llave se había tragado todo su dolor o solo lo suficiente para dejarle manejarlo, como fuera el caso iba a estar bien, nada podría ser peor que lo ya pasado al menos.

Rafael estaba escribiendo una carta, termino y la ato con una cinta azul, al salir de la biblioteca vio a Uriel en el mostrador llenando ficha tras ficha con el ceño fruncido, estaba molesto porque en su ausencia nadie había sabido mantener su imposible sistema de organización en la biblioteca.

Por ordenes de Dios nadie le importuno a su regreso, Uriel guardo la llave en un cuarto privado de la biblioteca y regreso a sus labores como si nunca se hubiera ido, siempre había sido de alejarse peor ahora eran las personas a su alrededor las que ponían a distancia, asustados por las implicaciones de su descenso al Infierno, él parecía no escucharlos y en unos meses nadie volvió a mencionar el incidente.

-Hola-saludo con precaución.

-Hola-respondió sin mirarle.

-¿Cómo estás?

-Si miras con atención veras que estoy ocupado…desearía que dejaran de hacerme esa pregunta.

-Disculpa, no te molestare entonces-se alejo despacio.

-Rafael, si vas a enviar una carta, ¿puedes mandar algo de medicina para Aldered?, para sus alas.

-:) Por supuesto, pero antes, ¿quieres acompañarme?, hay algo que debo mostrarte.

-¿Es importante?

-Podría jurarlo.

Más allá de los bosques, en el gran jardín celestial, estaba el Edén de los Cielos, básicamente el jardín perfecto que Dios bajaría a la tierra luego del apocalipsis, mientras tanto era lugar de estadía para las buenas almas humanas que por su corazón y actos habían merecido la salvación eterna.

-Tengo demasiado trabajo, Rafael, espero que esto valga la pena.

-Lo vale, la busque por meses.

-¿la buscaste?

-Allí, mira.

Señalo cerca del lago, las personas con sus túnicas blancas conversaban y reía, Uriel no sabía lo que estaba buscando hasta que lo encontró, una cortina de cabello castaño, Josefine leí un libro junto al agua, era una imagen de paz y perfección.

-Ve, habla con ella-pero Uriel le había dado la espalda-Uriel…

-Gracias, Rafael…

-=( ¿Cuál es el problema?

-No hay ningún problema, solo que ya no tengo nada que ofrecerle… ¿sabes?, siempre me pregunte cual era tu escusa para no dejar las alas y escapar con Evel.

-Yo no me excuso ¬¬

-Somos ángeles, tenemos nuestro lugar en el universo y el mío es este que vez, solo y a cargo de mis responsabilidades.

-Es es tan triste e injusto…

-Tengo fe en que un día recibiremos nuestra recompensa, mientras tanto-le sonrió-hay que tener fe.

-:)

-Vamos, Rafael, vamos a casa.

Se alejaron por el camino, en ese preciso momento Josefine levanto la vista de su libro y miro hacia allá, parpadeo al reconocer a Uriel con su armadura verde, una lágrima corrió de su ojo a su boca donde se convirtió en una sonrisa.

-Te veré…mi amor.

-0-