La puerta se abrió de repente.

Annie asomó su cabeza hacia la sala, sigilosa y en silencio. El cabello negro como la noche la caía hasta la cintura, liso y opaco. Sus ropas rasgadas y viejas combinaban a la perfección con su decramado rostro, antes bastante atractivo.

Pasó su mirada por todos lados, hasta encontrarla. Una niña de unos siete años, de cabello igualmente oscuro, acurrucada en un rincón de la habitación. Asustada, tapándose la cabeza con ambos brazos.

Annie sonrió psicóticamente. Era una sonrisa demente, llena de locura y violencia. Sus ojos no ayudaban, cargados de odio pero perdidos en la inmensidad.

Se acercó con pasos torpes y lentos hacia la niña, que lanzó unos sollozos. La cortina recibió una gran corriente de viento y la hizo bailar. La chica se giró, bruscamente, buscando el peligro. Olfateó el ambiente, nada.

Giró hacia la pequeña de nuevo. A lo lejos, podía escuchar a dos adultos discutiendo acalorada y violentamente.

-¡NO, MARC, NO! –Gritaba una mujer, antes de escuchar pasos apresurados por la escalera.

La niña se tapaba entonces los oídos, lanzando improperios y maldiciones mientras lágrimas corrían por su rostro.

Annie posó sus delgadas y sucias manos sobre el lustroso cabello de la niña, pero esta no pareció notarlo. Miró la mesilla de noche cercana a la cama, justo a su derecha.

Estiró la mano, cogiendo un cuchillo grande que estaba allí. Quizás por casualidad, quizás el destino.

Se oían puertas que se abrían y cerraban con fuerza.

Sonrió, mientras que pasaba su lengua por el arma.

Un rayo iluminó toda la sala.

-¡DEJA A ANNIE, DEJA TRANQUILA A MI PEQUEÑA! –Volvió a suplicar la señora unos muchos metros más allá.

Por el ruido seco, se deducía que había sido lanzada al suelo sin piedad.

La niña volvió a llamar su atención con un sollozo.

Annie, de catorce años, levantó con sus negras y largas uñas negras el mentón de la niña, sobando pacíficamente cada una de las venas.

Ahora, su cuello estaba indefenso.

La niña abrió sus ojos azules por unos segundos, espantada al ver a la criatura, durante los cuales se conectaron sus miradas. Annie se vio a si misma, siete años atrás, siendo atormentada.

Pero la lucidez no le duró mucho. Volvió a embozar una sonrisa, cada vez más demente y sádica.

Tomó el cuchillo con delicadeza y, con un movimiento rápido, le quitó la vida a la niña, dejando manchas de sangre por toda la alfombra.

Comenzó a llover.

La puerta de la habitación donde estaban, y un hombre entró atropelladamente.

Se detuvo en su lugar al instante, al ver a la chica darse vuelta.

-Annie, are you ok? So, Annie are you ok? Are you ok, Annie? –Canturreó la chica maliciosamente antes de esfumarse en la oscuridad.