Feelings of despair será un conjunto de historias, de gente que pasa por cosas cotidianas, que está rozando el fondo de la desesperación, del miedo, del dolor y de la traición, y que con la fortaleza de si mismos logran seguir adelante.

Let him go (Déjalo ir); trata de algo que a al menos alguno le habrá pasado en algún momento, Chantalle ama desesperadamente a alguien, alguien que no está dispuesto a correr riesgos por ella, sin importar cuan mínimos estos puedan ser ¿Podrá la pobre chica darse cuenta de esto, podrá dejarlo ir?


Feelings of despair / Let him go.

Cayó de rodillas, impactándose contra el duro y frío suelo de madera.

¿Q-qué?

—Para que luego no digas que soy un cobarde ¿tienes algo más que decirme?

No la miró a la cara, y su expresión era inescrutable. Ella sintió la desesperación fluyendo por sus venas, llegando a su pecho, presionándola por dentro, matándola.

Titubeó, no tenía la menor idea de qué decir para detenerlo, no sabía siquiera si era lo correcto, tal vez era la hora de dejarlo ir.

Tenía allí enfrente, a la única persona a la que había amado tanto, el sentimiento era mutuo, pero muchas cosas y personas se habían interferido en su amor, y él había decidido que no podía seguir luchando. Aunque ella sabía, que la mayor parte de todo la había puesto ella, ella era la que se había esforzado en todo.

Él le dio su última oportunidad para detener su partida, ella lo sabía, pero ¿había alguna palabra lo suficientemente fuerte para detenerlo? Era un cobarde, ambos lo sabían, pero él era hombre, y su orgullo era demasiado grande para irse sin más, tenía que lavarse las manos primero.

—¿Y bien, Chantalle?

Se quedó sin aire, al escuchar a aquel muchacho de dieciséis años, dirigiéndose a ella con tal falta de cariño ¿no era hace una semana cuando le juró amor eterno?

—A-Andrew... Y-yo... —miró el suelo, tratando de ocultar las lágrimas que amenazaban por caer, tenía miedo de perderle, pero también de salir aún más herida de todo esto.

Comenzó a llorar, aguantando los sollozos, y vio como él suspiraba con lástima, daba media vuelta, y escapaba, como siempre.

Tuvo el impulso de gritarle que se quedara, que no la abandonara, pero sabía que era demasiado.

Se levantó, y lo siguió, al fin sabía lo que quería, y por muchas lágrimas que soltara, él debía saberlo.

Cuando Andrew notó que ella iba tras él, iban a mitad de un parque, eran cerca de las seis de la tarde y se veía el sol bajando por las colinas en pleno atardecer.

—Sabes que te amo y que por mi seguiría contigo, pero no quiero causarle más problemas a tu familia.

Todo había comenzado por culpa de la familia de Chantalle, la cual había prohibido estrictamente su relación, no querían ver a aquel chiquillo con su princesita, con su niñita, con Chantalle.

Cuando llegó la hora de decirle el dictamen de su familia, él se acobardó, y se excusó en «no podemos oponernos a tu familia ¿verdad, cielo?», pero ella sabía, que si realmente le hubiera importado, lo hubiera intentado, al menos.

Y una semana después de aquel suceso, luego de bloquearla en su teléfono y en todo lo posible, apareció, fuera de su casa, con su fría mirada verde, esa que antes cuando era dulce, la había enamorado.

En esa semana había recibido apoyo de muchos amigos, pero en especial de su ex novio, que luego de su rotura, la había tratado con ternura infinita, sin sobrepasar las barreras de la amistad, aconsejándola en todo lo posible.

Y todavía rondaba en su mente, una de sus frases «sé que dice que te ama, pero créeme, que si te hubiera amado lo suficiente, habría echo algo, y solo huyó» ella sabía que tenía razón, infinita razón.

Y ahora al fin, había superado la neblina en la que se hallaba su corazón, su alma, su mente, y al fin sabía que haría.

Tiempo atrás, ella se le declaró, dos meses después, se le declaró él, pero ella tuvo que rogarle que estuvieran juntos, y aunque él aseguraba amarla, nunca intentó convencerla de nada, aunque en ese entonces Chantalle no se daba cuenta de esos detalles.

Unos cuantos meses después, él le había mentido, en muchas cosas, ella le dio muchas oportunidades que no merecía, pero él insistía que rogarle no tenía caso ya que ella lo rechazaría de todas maneras, al final, ella rogó e imploró, y él aceptó, como si la culpa fuera inicialmente de Chantalle.

Por fin lo veía claramente, si bien había sido una relación linda con todos sus altibajos posibles, era una relación masoquista y dolorosa, y sabía que luego se arrepentiría de su decisión, pero también sabía que el dolor seguiría si no lo detenía pronto.

—¿Que me amas? —rió con ironía— si ese amor del que tanto hablas, fuera un poco mayor del que tienes por ti mismo y por tu pellejo, habrías luchado por mi, aunque sea por verme una última vez.

—¿Y porqué crees que vine aquí? —Andrew frunció el ceño, tratando de dar vuelta los papeles, para dejarla a ella como la culpable— ya sabes que no vivo sin ti, no vivo sin verte, te amo...

—Me amas, pero no lo suficiente.

—Tal vez no mereces tanto amor.

Por segundos, ella creyó que él tenía razón.

Durante su infancia, Chantalle había sufrido de maltratos tanto físicos como psicológicos, y tenía esa facilidad para asumir la culpa de todo.

Pero luego se dio cuenta que no era así. No era su culpa.

Se quedó segundos callada, temblando, debía ordenar sus ideas.

Recordó todo, todo por lo que él la había hecho pasar, y la furia empezó a hacer funcionar su cerebro.

Muchas veces juró amarla, la hizo llorar, sufrir, gritar, y ella siempre aguantaba todo.

Él nunca luchaba por ella, por mucho que dijera que si lo hacía.

No la llamaba, no le enviaba mensajes, solo cuando él se daba cuenta que ella empezaba a perder el afecto, volvía a darle cuidados y atenciones, solo porque no quería perder el gran trofeo que era ella.

Nunca la iba a ver, siempre debían ir a un punto intermedio porque "el dinero escaseaba". Chantalle sabia que no era así.

Siempre ella daba su brazo a torcer, era ella la que ponía el cien en todo, era ella la que lo necesitaba de manera enfermiza, era una adicta a Andrew, era su droga.

Pero era la hora de dejar el vicio.

Y ahí se pregunto ¿porqué se dejó humillar tanto? Si ella alguna vez fue una chica fuerte y digna.

—Ya... es muy tarde.

Se dio cuenta que sería la última vez que lo viera, y le dolió.

—No llores por algo que tú mismo dejaste ir, si me hubieras amado, tú estarías aquí, conmigo. Date cuenta.

Lo miró a los ojos, y suspiró, no daría su brazo a torcer.

—Estoy cansada de las mentiras, estoy cansada de esforzarme por ti, de tener casi una relación conmigo misma de lo poco que te esfuerzas tú en todo esto, no pudiste dar la cara, ni siquiera por ti, debes estar cansado de ganar siempre en este maldito juego, te daré en el gusto, ésta vez perderás.

Él la miró con recelo, no muy seguro de qué decir.

—¿Qué pasa? ¿Se te acabaron los argumentos? ¿Las excusas? ¿Las mentiras, tal vez?

Las lágrimas caían por sus mejillas, le dolía cada palabra, pero era la verdad, y él no decía nada para detenerla.

En el fondo, Andrew sabía que se lo merecía.

—Esta vez, no lograras que me compadezca, no podrás dártelas de víctima ahora.

Esta vez fue Andrew el que cayó de rodillas contra el suelo, se acababa de dar cuenta lo vacía que estaría su vida sin ella. Realmente la amaba, pero no lo suficiente.

No lo suficiente como para tirar su orgullo por la borda e ir por ella, como Chantalle había hecho ya varias veces, porque ella si lo amaba, pero ya era tiempo de dejarlo ir.

—Siempre te quejas de todo, de lo mala que ha sido tu vida, alegando que eres una maldita víctima, te dejaré caer, ahora sí lo perderás todo, me perderás a mi, que, hasta como decías una semana atrás, era tu vida, yo, tu novia, tu todo.

Soltó una risa seca, se sentía tan traicionada, tan estúpida por creer que él la detendría.

Un pedazo de ella, un pedazo iluso y masoquista, pedía con toda su alma que él la mandara a callar, la tomara del mentón y la callara con un beso, le dijera lo mucho que la amaba y le rogara que no lo dejara.

Pero ella sabía que eso no pasaría, él no se atrevía a ello, siempre convencido que la vida lo quiere dejar en todo momento, que nadie lo ama, que nadie lo amará.

Pero ella lo había amado, más que cualquier cosa en ese maldito mundo, y él no supo creer, no supo confiar, y ahora la perdería.

—Realmente, si me amaras, lucharías por mi, ahora deja las mentiras, y sal de aquí, al fin abrí los ojos, y no te quiero en mi vida, no vales el puesto que te di, no vales todo lo que di por ti.

Y así, sin nada más que agregar, dio media vuelta, y lo dejó ahí.

¿Quería escuchar algo? Pues ahí lo tenía.

Y ahora ella sabía, que podría dejarlo ir.


Aclaración; Esta historia está, curiosamente, basada en hechos reales, en dolores existentes y en penumbras por las que yo misma he pasado.