Un pequeño cuento, de soledad y tristeza, y si bien no debes depender tan solo en una persona, a veces es solo una persona necesaria para sacarte de tal oscuridad; de tal soledad.


La fábula de la Rosa y la Abeja.

Ensimismada en su propio dolor.

Ahogándose en agua, la rosa baja sus espinas.

Mira el mundo agónica, sin entender cual fue su error.

Sin comprender porqué la gente le teme más a sus pétalos que a sus espinas.

La rosa está sola en el jardín.

Creían tener a sus semillitas a su alrededor, pero estas se le escapan.

No logra detenerlas. Ni contiene su último gemido de dolor.

Si bien se está ahogando, siente que el agua escasea.

Siente como le hace falta.

Y aunque se había dado cuenta con antelación, la soledad presiona su débil tallo. Al borde de cortarse.

La vida le parece curiosa.

Llegó acompañada, y ahora en su agonía, no hay más que ella misma para su deleite.

Su vieja amiga; la Soledad, le sonríe melancólica.

Y como susurró del viento le llega "nuestro último adiós", dice ella.

Las lágrimas resbalan por sus suaves pétalos, se deslizan con sutileza.

Y por primera vez se permite aquella pregunta… ¿Por qué? ¿Por qué le habrán hecho eso? ¿Así debe terminar su camino? ¿Ella que tanto dio sin esperar nada?

Y el coraje y la rabia la invaden, la llenan.

La Soledad sonríe, y se transforma en Locura.

¿Será que ella realmente merece esa clase de destino?

Muy en el fondo sabe que no.

Fue todo lo que esperaban de aquella dulce rosa.

Todo. Siquiera sus espinas nunca hirieron a nadie.

Pero, ¿Qué sucede, qué sucede? ¿Con qué derecho me hacen esto? Se dice ella.

Cae un pétalo de la rosa, y a tacto se consuma.

La rosa, ya llena de ira, grita.

Grita mientras sus espinas vibran.

Y la rosa; erguida. Contiene el resto de sus lágrimas.

No las quiere de vuelta, ya no.

Suavemente, aparece una dulce abeja.

"¡Dulce tu néctar, querida rosa!" Con admiración le halaga la abeja.

"¿De qué hablas, sonsa abeja?" Le reprocha la rosa con crueldad.

"Tus ojos demuestras rudeza, más tu corazón está parchado." le dice con sabiduría. "¿Quién te ha hecho esto, dulce rosa de pétalos caídos?"

Desviando la mirada, la rosa evita la pregunta.

"¡Pero no te preocupes, dulce rosa! Con mi aguijón, juro con mi vida que nadie volverá a hacerte daño, y nadie romperá aquel hermoso y verde tallo tuyo."

Los ojos de la pobre y desdichada rosa se empañan, y un nuevo pétalo cae, más con velocidad y gracia la dulce abeja vuela a recogerlo, devolviéndolo a su lugar…

La rosa le miró con admiración y sorpresa, y bajando sus espinas, le ofreció de su néctar a tan dulce abeja.


De aquí saca la enseñanza que más te plazca, trata de darle el significado que más de llene, y disfruta de la mezcla de sentimientos transformados en palabras.