Buenas noches, gente!

Tiempo sin estar por aquí en fictionpress, lo sé, pero aquí les aterrizo con el prólogo de una nueva historia que surgió de chiripa luego de ver una serie japonesa del género yaoi llamado "Okane Ga Nai" (Sin Dinero en japonés). Tal vez el contenido del siguiente prólogo no tenga nada que ver con ese manga y anime japonés, pero se me ocurrió esta historia que sonará un poco al videojuego Assassin's Creed.

Al principio pensaba escribirlo como fanfic, pero decidí arriesgarme en crearlo como una historia original inspirada en el videojuego y en el manga mencionados anteriormente, aunque claro, aquí manejaré parejas heterosexuales, no homosexuales.

En fin, espero que les guste.

Saludos!

EuRiv, alias Vicpin en Fanfiction.

EL CREDO DE LOS LOBOS ROJOS:

VICIA.

Prólogo.

Todo se veía borroso.

Lo único que Vicia podía percibir eran sombras y voces a lo lejos; sombras que parecían murmurar algo entre sí, sombras que le observaban detenidamente mientras que una voz cercana la presentaba como un "producto virgen de calidad certificada y comprobada".

¿Producto virgen de calidad certificada y comprobada? ¿Acaso ella era eso, un producto?

No, no podía ser posible. No podía ser que ella sea el objeto a vender frente a un selecto grupo que le observaba con ojos suspicaces. Vicia, en su interior, gritaba que ella no era un objeto, sino un ser humano, gritaba que ella recupere sus cinco sentidos y se de cuenta de lo que sucedía a su alrededor… Gritaba que ella era una víctima más de los traficantes de seres humanos a punto de ser vendida al primer pervertido que pague una cantidad exorbitante por tenerla y luego revenderla al mismo precio a los lenones que controlaban una vasta red de prostitución a nivel internacional.

Desgraciadamente para ella, no podía gritar, no podía llorar ni mucho menos suplicar; ella no podía hacer nada por evitar su triste destino, aunque fuera un simple forcejeo. La droga se había apoderado de su organismo, de su alma, de su espíritu, hasta de su conciencia; la tenían sedada hasta morir, claro que con las obvias intenciones de que ella no opusiera resistencia alguna a aquél que sea su nuevo dueño.

Los precios suben a cada segundo. Los interesados en comprarla oprimen el botón que estaba al alcance de sus manos, teniendo en mente la inimaginable cantidad de cosas asquerosas que le harían a la joven rellenita y semi-ciega que estaba frente a sus ojos.

- El caballero del cubículo cinco ofrece 50 mil – decía el subastador con micrófono en mano-. ¿Alguien ofrece más? ¿Alguien ofrece 55 mil? El caballero del cubículo diez ofrece 55 mil… ¿Quién ofrece m-?

- ¡YO OFREZCO CINCUENTA MILLONES EN EFECTIVO! – gritó alguien.

El subastador, los hombres de los cubículos y hasta los mismos guardias se volvieron hacia el lugar de dónde provenía la voz… Y se quedaron helados de miedo al ver a un varón ataviado de negro de la cabeza a los pies con un cigarrillo en su boca; en su mano derecha sostenía una valija llena de billetes de a mil derrapándose por el suelo y en su mano izquierda llevaba una metralleta de alto calibre.

De cabellos negros, ojos cafés oscuros y de complexión robusta, el hombre esbozó una sonrisa al observar el efecto deseado en los presentes, especialmente del subastador, quien con el nerviosismo en su voz, comentó:

- ¿A-alguien ofrece cincuenta y cinco m-millones? ¿A-alguien?

No hubo respuesta alguna.

Los hombres, que en otro momento pensaban qué hacer con el jugoso producto que le presentaban, habían desistido rápidamente y sin emitir protesta, no tanto por la exorbitante cantidad que el joven había ofrecido, sino porque sabían que aquél joven no era un individuo cualquiera.

No… El joven que se había presentado con la valija llena de dinero era un asesino de proporciones legendarias y ellos, los poderosos, los que pensaban que podían comprar y tirar a la gente como juguetes, sabían que firmarían su sentencia de muerte si se atrevían a competir contra él.

Contra Uncas Weisz, uno de los miembros de elite de los Lobos Rojos.