Vaya! Un tiempo sin actualizar esta historia! Jeje... Disculpen mi tardanza, señores, pero he tenido algunas cositas qué atender por aquí. :-). En fin, ojalá les guste el presente capítulo que aquí les presento. ¡Un abrazo!

EuRiv (VicPin en )


XIII.

Atando cabos (I)

Budapest, Hungría.

En un restaurante lujoso de la capital húngara, una persona de complexión corpulenta se sentó frente a una mujer de cabellos castaños y de peinado sumamente estrafalario. Ataviada elegantemente con un vestido que dejaba mucho qué desear ante la vista de los hombres, la mujer saca de su bolso un cigarro y, con la ayuda de su gordo visitante, lo enciende y empieza a fumar.

Tras un rato de silencio, la mujer miró con sorna a su visitante y le dijo:

- Parece ser que esa chica te está quitando el sueño, mi querido Quincy. ¿Es acaso ella tan buena en la cama?

- ¡Ya quisiera que fuera eso y no el hecho de no tenerla conmigo, Emile! – exclamó el multimillonario mientras bebía un sorbo de su bourbon.

La mujer rió a carcajadas y le replicó:

- ¡Eres increíble, Quin! Jamás en mi vida te he visto tan ansioso por una mujer desde hace 22 años, mon ami (mi amigo)…

- Lo de hace 22 años fue mi primera falla, Emile. Esta vez no dejaré ir al objeto más preciado de mis deseos.

- Comment ridicule! (¡Qué ridículo!)

- ¿Ridículo? ¡Je! ¡Más bien afortunado!

- ¿Afortunado? No te entiendo, cher (querido). Digo, es una chica virgen que bajó de peso recientemente y hasta la operaron de los ojos, según me comentaste.

- Lo sé…

- Y además que es la compañera de ese Lobo Rojo.

- Uhmmm…

- ¿Por qué dices que eres afortunado si no la tienes en tus manos? Es más, ¿qué la hace tan especial como para que la desees, Quin? ¿Acaso deseas echarte a una mujer de himen intacto por tu mera curiosidad?

- Es mucho más que eso, Toussaud… Es mucho más que eso…

Emile Toussaud notó en las últimas palabras de Quatermine un tono siniestro… Y cuando el hombre más rico del mundo usa un tono así, toda razón saldría sobrando.


Harmon Hills, Colorado, Estados Unidos.

Un hombre barbudo de cabellos negros salía de la piscina tras escuchar el timbre insistente del teléfono durante más de veinte minutos en que realizaba su ejercicio diario.

Harto de estar escuchando el odioso ruido, el hombre corpulento tomó el teléfono y, furioso, inquirió:

- ¡¿Quién habla?!

- ¿Así recibes a los que te llaman, Rufus? – le replicó una voz masculina desde el otro lado de la línea.

El hombre sonrió enseguida.

- Uncas Weisz – dijo con agrado mientras bebía un sorbo de su whisky en las rocas-… ¡Qué agradable sorpresa! ¿A qué debo esta llamada tan inesperada de tu parte?

- ¿Te suena el nombre de Quincy Quatermine?

Rufus escupió el alcohol y exclamó:

- ¡¿Qué hay con ese hijo de puta?!

- Muchas cosas, mi estimado fiscal. Muchas cosas que son más que suficientes para encerrarlo de por vida.

- Sabes que soy todo oídos al respecto, Weisz… Jeje… Siempre he querido encerrar a ese perro de mala muerte de una forma u otra.

- Y tendrás tu oportunidad, Rufus, la tendrás. Por ahora me gustaría que me hagas un favor.

- Lo que quieras, Weisz.

- Quiero que me digas todo lo que sepas de Quatermine. Dónde vive, qué empresas son de su propiedad… Lo que sea me puede ser útil.

- Te lo diré todo a cambio de que me digas a qué se debe tu interés en ese infeliz.

- A eso voy… Pero no aquí por teléfono.

- Entiendo… ¿Dónde estás?

- Estoy en España por ahora.

- ¡¿En España?! ¡Mierda! ¡Pensé que estabas por aquí!

- Lo sé…

- ¿Y en dónde quieres que te vea entonces?

- Te envié la dirección vía correo electrónico. Pide al menos una semana libre y… Trae a tus chicos.

Rufus dio un respingo al escuchar la última petición.

- Esto me huele a que hay lío gordo, Uncas – comentó mientras revisaba su correo electrónico y apuntaba la dirección del lugar en donde se reuniría con Uncas.

- Más que un lío gordo, estamos ante algo grande. Nos vemos allá.

- Ok… Bye.

Colgó el teléfono; leyendo la dirección que apuntó, se levantó y se fue a sus aposentos para preparar sus cosas.


Granada, España.

Félix Váregas conducía su moto scooter Vespa por las calles de la ciudad andaluza; llegando hacia su destino final, una antigua casa de dos pisos techada con ladrillos color rojo cobrizo que se ubicaba en el histórico barrio de El Albaicín, el hombre se bajó del vehículo y tocó el timbre.

Inmediatamente se abrió el portón y Félix entró al lugar.

- ¡Hola, Félix! - le saludó una mujer de cabellos rubios y de complexión delgada mientras ambos se daban dos besos en cada mejilla - ¡Gracias por venir, amigo mío!

- Vine en cuanto recibí tu mensaje, Anastasia – le replicó el varón castaño de 35 años -. ¿Dónde están nuestros visitantes?

- Están en el jardín.

- Bien. ¿Y tu hermano Zacarías?

- Está en la universidad. Se tenía que quedar debido a un trabajo en equipo.

- ¡Oh, es una pena! Me habría gustado saludarle.

- Lo harás después. Por ahora necesito que hables con Janos sobre algunos asuntos relacionados con un serio problema que se ha estado acarreando desde Bucarest.

Caminaron por el pasillo hacia el jardín, donde se hallaban sentados Janos, Ortrud y Vicia, quien bebía lentamente su vaso de limonada mientras disfrutaba del cantar de los pájaros que se asentaban en los frondosos árboles de roble.

Félix, al ver a la chica, se volvió hacia Janos y, tras saludarle con un apretón de manos, le preguntó:

- ¿Quién es la chica de los ojos vendados?

- Ella es Vicia Hernández – le respondió el griego.

- ¡¿Esa chica es la amiga de Uncas?!

- Si.

- ¡Pardiez!

- Suenas sorprendido – intervino Vicia mientras intentaba levantarse con ayuda de Ortrud.

- Disculpa, pero es que… Bueno, Anastasia me informó que eras mexicana… Pero nunca pensé que fueras una mexicana de piel blanca.

- Je… Soy morena clara – corrigió la chica.

- Oh…

- Ok… ¿Dónde está Uncas? Hace horas que no lo escucho andar por aquí.

- Está en el Zaidín – respondió Ortrud -. Tuvo una pequeña reunión de negocios de último momento.

- ¿Mercenarios o empresarios de a de veras?

Félix sonrió mientras tomaba sorpresivamente a la mexicana de la mano y comentaba:

- A ti no se te escapa nada por lo visto, guarra*.

¡- ¿Guarra?! ¡¿Me estáis llamando prostituta?! – reclamó Vicia.

- ¡Ea! – exclamó el español muy sorprendido - ¡Pensé que no comprenderías el uso de esa palabra!

- Lo comprendo perfectamente como para darme cuenta de eso, señor… ¿Váregas?

- Llámame Félix, Vicia. Me gusta más que me llamen por mi nombre que por mi apellido.

- Bueno… Félix, pues realmente sí conozco un poco de jerga española… Memo* gachupín*.

Dicho eso, la mexicana se soltó del agarre del español y se retiró del lugar acompañada de Ortrud. Félix y Janos, quien se echó a reír ante la escena que se había desarrollado entre ambos, se sentaron en la mesa.

- ¡Eso estuvo bueno! – exclamaba el griego entre risas - ¡Mexicanos y españoles, ustedes sí que saben cómo hacerme reír!

- Pensé que los mexicanos no sabían mucho de nuestra jerga – comentó Félix muy apenado -, pero veo que me salió el tiro por la culata con esa chica.

- ¡Y tú que te lo buscaste!

- Iba a ser una broma.

- Pues ni se te ocurra bromear de nuevo con esas palabrejas tuyas, Váregas. Ya obtuviste un resultado demasiado adverso.

- Creo que sería mejor que me disculpe con ella.

- Haces bien. No querrás meterte en un buen lío con Uncas, ¿sabes?


Vicia bebía un poco de la leche que Félix le había servido en un vaso de plástico en la cocina; mientras que Janos y Ortrud disfrutaban de un momentito a solas como pareja, el español y la mexicana se quedaron en la cocina para tratar de limar la aspereza que Félix había creado sin intención alguna.

Aclarándose la garganta, Félix se sentó frente a Vicia y le dijo:

- Quisiera… Quisiera disculparme por lo de hace un rato. Realmente no fue mi intención hacerte pasar por un mal rato.

- Lo sé. Ortrud me dijo que gustas de las bromas pesadas.

- De las bromas que no ofenden a nadie… Bueno, casi a nadie. ¿Sabes? P-por un momento pensé que no comprenderías la jerga de mi país.

La chica se echó a reír y replicó:

- Viejo, cuando un mexicano escucha la radio todos los días, especialmente los noticieros de la Radio Exterior de España, realmente se aprende a diferenciar qué palabras se le puede decir a uno de los tuyos y cuáles no.

- Oh…

- Por ejemplo, me llama la atención que a los Guillermo no les llaman "Memo" como en mi país. Aquí usan esa palabra para referirse a alguien que es estúpido o que es, como decimos en México, un tremendo pendejo*, que es casi un sinónimo de "idiota" en la jerga del buen mexicano.

- Ustedes han tomado varias palabras para convertirlas en groserías.

- ¡Je! ¡Por algo tenemos fama de poseer un vocabulario extenso de insultos! Bueno, tal vez antes o después de los argentinos.

- Bien… Tomaré en cuenta esos detalles la próxima vez que me tope con uno de los tuyos.

- Jeje… Se agradece el detalle.

Félix miró detenidamente a la mujer.

La chica era muy bonita, "curiosa y de buen ver" en el lenguaje del varón refinado. Janos le había advertido que la chica no era lo que aparentaba y vaya que lo comprobó al sostener aquella plática un poco sin sentido con ella.

Vicia era demasiado refinada para cualquier hombre, en su conclusión. Era educada y con una mezcla de ingenuidad y malicia; su ingenuidad radicaba en que ella parecía ser de una confianza fácil de ganar, pero su malicia era muy proporcional ante la comprensión de cualquier palabra que posea otro significado en algún lugar de habla hispana, especialmente si ésta provenía de la Madre España.

Comprendió mucho a Uncas en ese momento y, ¿por qué negarlo?, lo envidió por tenerla para él.

Eso sí que es amor, pensó mientras se recostaba en su lecho. Joder… Ese Uncas sí que se ganó la Lotería con ella… Si la hubiera conocido antes, creo que con un poco de oportunidad ya me la habría ganado.

- ¿Pero qué le puedo hacer? – murmuró mientras se acomodaba en la tina y se relajaba.

- ¿Félix la insultó? – inquirió Uncas muy serio luego de enterarse por medio de Ortrud del pequeño incidente entre Vicia y el español.

- No la insultó – intervino Janos -. Simplemente intentó bromear con ella…

- Oh, Dios… Odio que haga esa clase de bromitas con las mujeres – argumentó el inglés mientras sacaba sus dos pistolas Colt .95 de su correaje porta armas.

- Tranquilo, amigo mío. No pasó a más ni hubo rostros molestos, si eso es lo que te preocupa. Además, Félix ya se disculpó con ella.

- Más le valga si no quiere que lo llene de agujeros – gruñó Weisz.

- Vaya… Sí que estás huraño hoy, Weisz– interrumpió Félix, quien entraba a la habitación de huéspedes para saludar a Uncas.

El varón de cabellos negros le sostuvo la mirada mientras argumentaba:

- Huraño por tus bromas pesadas, diría yo.

- Hey… Yo ya me disculpé con tu chica, Uncas. Yo no sabía que ella conociera algunas cosillas de la jerga de mi país, y eso Janos y Ortrud lo saben de primera mano.

- Lo sé… Y te suplico, por favor, que no bromees con ella en ningún momento en lo que se recupera.

- De acuerdo. Estoy más que de acuerdo… ¡Cielos, Uncas! ¡Realmente necesitas algo con qué bajarle a tu mal humor! Compadezco a tu chica por ese lado…

- ¡Je! ¡Sí, claro!

- Hablo en serio… Y hablando de cosas serias, debo decirte que hay que tener cuidado en estos días, hombre. Pronto se acerca la Fiesta de San Fermín… Y es muy conocido por todos que las fiestas patronales son las fechas preferidas de los traficantes de mujeres para secuestrar a sus víctimas. Odiaría dejar sola a Vicia en esas fechas.

- Para ese entonces ella tendrá el vendaje removido de manera definitiva. Vicia está emocionada con saber qué tan buen resultado dio la operación, ya que lo primero que quiere ver es el paisaje de Andalucía y de Granada mismo.

- Pues dile que puede contar con mi guía personal por si quiere hacer un recorrido por La Alhambra, claro, eso si es que Quatermine no le echa la mano primero.

- Y a todas estas – intervino Ortrud -… Uncas, ¿qué pasó con Rufus? ¿Cuándo vendrá a España?

- Vendrá dentro de unos tres días con algunos de sus chicos.

- ¿Más refuerzos? – inquirió Félix muy interesado.

- Más bien más informantes que quieren a Quatermine muerto.

- Vaya… El tipo tiene miles de enemigos por lo visto, aunque no entiendo qué es lo que quiere de Vicia.

- ¿Acaso la virginidad no es lo único obvio que quiere? – inquirió Janos.

- ¿Para mover a todas las conexiones que tiene con el bajo mundo? Sinceramente no, la virginidad es sólo una excusa ridícula para tenerla. Habiendo tantas mujeres de su edad en el mercado negro, pone sus ojos en alguien específico.

- Yo también me he estado preguntando lo mismo – comentó Ortrud -. Carles nos había dicho que Quatermine solamente quiere disfrutarla para luego regalarla a Emile Toussaud, la regenta de los cincuenta prostíbulos más lujosos de Bruselas…

- O al menos eso es todo lo que quiere que creamos – añadió Uncas con seriedad.

Los Lobos Rojos lo miraron extrañados mientras que Weisz, tomando una hoja de papel y una pluma, empezó a escribir algunos nombres en ella. Luego dio señas a sus compañeros para que se acercaran mientras hablaba:

- Todos sabemos que ésta no es la primera que Quatermine se enfrenta a nuestra Orden, ¿cierto?

- Sí – respondió Félix al sentarse en la silla-… De hecho, esta es la segunda vez, si mal no recuerdo.

- Exacto… Y es la misma historia.

- ¿La misma historia? – cuestionó Ortrud.

- Sí: Esta es la segunda vez que Quatermine se enfrenta a los Lobos Rojos por una mujer.


Glosario:

*Memo:Este sustantivo tiene un uso distinto en España y en Latinoamérica (bueno, algunas partes quizá); en España, por lo que me enteré, "memo" se usa como una grosería y no como el diminutivo de "Guillermo" como se maneja en algunas partes de Latinoamérica.

*Gachupín: Esta palabra ha caído en desuso desde principios del siglo XX. Es un sustantivo despectivo que en México se utilizaba para denominar a los españoles desde antes y durante la Guerra de Independencia de 1810 a 1821.

* Pendejo: Otra palabra que tiene un doble significado en México y en España. En México esta palabra es una grosería, casi un sinónimo para la palabra "idiota" . En España, si mal no recuerdo, denominan pendejo a la cuerda con la que se jala la campana de una iglesia.